En FIL la novela Lágrimas negras y la necesidad de no olvidar

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Fotos: Susana Méndez.

Por: Susana Méndez Muñoz
Categorías: LIBRO Y LITERATURA, NOTICIA

La presentación de la novela Lágrimas negras del escritor y guionista cinematográfico cubano Eliseo Altunaga tuvo lugar en la sala Alejo Carpentier de la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, como parte del programa académico de la 26ta Feria Internacional del Libro La Habana , 2017.



 

Publicada por Ediciones Unión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, esta quinta novela de Eliseo Altunaga (1941) realiza una revisión histórica desde la literatura acerca de la insurrección  y posterior masacre de los Independientes de color o Guerrita del 12 en Cuba con todas sus complejidades, en una  narración cuyos personajes aparecen humanizados y muestran sus dudas, tensiones y contradicciones.


  

 

En las palabras de saludo, la escritora Olga Marta Pérez, directora de Unión auguró que “esta es una novela que va a dar  mucho de qué hablar”.



 

La presentación corrió a cargo de la ensayista Zuleica Romay Guerra, Premio Casa de las Américas, quien compartió con los presentes un agudo texto titulado Rostro sepia sobre fondo negro o la necesidad de no olvidar en el que analizó el contexto histórico de la novela, la incidencia en la trama narrativa de cada uno de los personajes y la actualidad de la reflexión que realiza Altunaga.

 

Zuleica explicó que la historia se inicia en las postrimerías del XIX y ahonda en las confrontaciones ideológicas, la psicología social y las prácticas políticas que caracterizaron el debut republicano y que tiene como centro a cubanos negros y mestizos y su lucha por materializar el ideal de igualdad prometido en la manigua y proclamado en 1901en el primer texto constitucional nacional.

 

Se refirió igualmente a la excelente caracterización de los personajes, no solo de los protagonistas, todos los cuales simbolizan personajes de la época, valores y psicologías sociales y políticas.

 

Señaló la presentadora que el personaje principal es Evaristo Estenoz, del cual el autor revela sus angustias, tribulaciones y autoinmolación; este representa a un «nuevo negro», denominación  dada a los descendientes de africanos   caracterizados por su afán civilizatorio, adscriptos a la  llamada cultura occidental y con premeditada lejanía de los elementos más palmarios de la herencia cultural africana; Estenoz es un  maestro de obras admirador de Danton, perteneciente a la clase media negra , hombre de buen vestir y cierto refinamiento en sus gustos.

 

Del joven general Federico Castellanos, coprotagonista de la novela, apuntó que representa a la clase burguesa patriota, nacionalista e incipientemente antimperialista, la que cree en la fraternidad interclasista e interracial forjada en la última guerra.

 

Más adelante la escritora confesó: “Disfruté el tratamiento desencartonado que da el autor a figuras esquematizadas por la historiografía tradicional, como José Miguel Gómez y Martín Morúa Delgado”.

 

Expuso que el discurso antirracista de Lágrimas negras aborda con hondura psicológica, sin apelar a artilugios semánticos ni palique alambicado,  la confrontación entre el ideal maceista de la nueva generación republicana y el anexionismo de la élite burguesa aliada al poder interventor; la ideología mambisa subsistente en las capas populares así como las estrategias discursivas que desvalorizaron el aporte de los de abajo a la forja de la nación y sobredimensionaron el papel jugado por el patriciado y los intelectuales liberales al servicio de la burguesía emergente.

 

Romay subrayó que la novela insiste una y otra vez en las tácticas empleadas por los dominadores para reprimir en lo sujetos subalternos cualquier manifestación de dignidad y orgullo “que se sabe, armas defensivas contra todo tipo de opresión”, recalcó.

 

Seguidamente declaró: “estamos sin duda ante una novela mayor no solo por la sólida investigación que la sustenta y el modo convincente en que se enhebran personajes e historias, también por su prosa elegante en la que a ratos destella la plasticidad del buen guión cinematográfico”.

 

La ensayista culminó su intervención enfatizando en que cada uno de los personajes de Lágrimas negras “se las arregla para hacernos viajar a ese lóbrego periodo de tiempo de la historia de Cuba y recalcarnos que no tenemos derecho a olvidar porque las angustias, los miedos y dolores de 1912 aun esparcen sombras sobre nuestro presente”.

 

Al culminar Zuleica, Eliseo Altunaga, quien demoró siete años en escribir Lágrimas negras, reveló que el libro surgió luego de que un día reunidos él, Joel James y Eusebio Leal, James se preguntaba cómo era posible que los generales que habían peleado en la guerra de independencia hicieran esa República a lo que Leal, sabiamente, respondió: « Es que la República nació enferma».

 

“Quise trabajar sobre la Guerra del 12 que era un mito, una leyenda, algo oculto, inclusive hay quienes culpan a los independientes de color de esta guerra, y me di cuenta de que Eusebio había dicho algo muy profundo”, aseveró Altunaga.

 

A continuación comentó que incorporó a la narración personajes que ya había desarrollado en A medianoche llegan los muertos, pero que la complejidad de identidad y la traslación de esa identidad a la psicología del cubano contemporáneo “me hizo entender que no era eficaz escribir solo sobre la guerra sino que debía hacer un desmontaje de qué fue lo que pasó”.

 

Llamó la atención asimismo en que la novela -que es casi coral, a juzgar por la cantidad de personajes y su participación en la historia- plasma una multiplicidad de miradas, ideologías y pensamientos que “la Revolución cubana heredó, y que siguen manifestándose en explicaciones a veces muy superficiales y que forman parte del proceso que desde el siglo XIX se concibió para conformar una República blanca, pronorteamericana que existe porque es más fácil cambiar asuntos económicos que la mente de la gente”.

 


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