De Carmen se vuelve a hablar… / Por: Toni Piñera

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Sadaise Arencibia en Carmen. Foto: Nancy Reyes

Por: Toni Piñera
Categorías: ARTES ESCÉNICAS, BALLET

La Carmen, de Alberto Alonso, es sin dudas su obra cimera, y tiene, además, el mérito indiscutible de haber huido del folclorismo barato, y haberle dado el vuelo externo de una manera contemporánea. Ello se corrobora cada vez que llega a nosotros, a través de los años en disímiles pieles. Es una pieza subyugante por muchas aristas: la concepción tan actual de matizar la danza, los diseños originales de escenografía y vestuario (Salvador Fernández), la música excepcional de RodionSchedrin sobre la original de George Bizet —que la eleva en el plano sonoro—, pero faltaría añadir algo que también la hace imperecedera: el aporte de ALICIA al personaje, porque cual escultora de gestos/movimiento/arte dejó huellas muy profundas, erigiendo en el recuerdo de quienes la pudimos disfrutar, un aura en su Carmen imposible de obviar/olvidar…

Pero el tiempo ha pasado, y las nuevas generaciones acercan nuevas personalidades —porque cada uno de nosotros somos entes únicos— que, siguiendo su camino, reconstruyen el emblemático personaje de la novela de Merimée, desde sus concepciones/posibilidades para regalárnoslo otra vez vestido de diferentes formas y tiñéndolo con cada alma, fuero interno, intimidad, y lo experimentado en el paso por la vida.

La temporada del clásico de la mano del Ballet Nacional de Cuba en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, dejó grabado un buen recuerdo en su primera semana, al que se sumaron otras piezas que la acompañan: Umbral y A la luz de tus canciones, coreografías de Alicia Alonso.

Fueron funciones plagadas de ovaciones, buenas actuaciones y de jóvenes que se acomodan, poco a poco, en el firmamento danzario cubano a fuerza de baile y tesón, junto a los ya consagrados. Porque muchos de ellos han tenido que sobrepasar —por fuerzas mayores— etapas necesarias dentro de una compañía y dar vida a protagónicos en un abrir y cerrar de ojos, con todo lo que conlleva de esfuerzo, entrega, peligro y voluntad que es menester reverenciar. Otro tanto para los preparadores: ensayadores, maîtres y profesores, que deben pulir esas “gemas” para que se acerquen al brillo de sus predecesores —y sobre todo mantener viva la Escuela Cubana de Ballet—, en obras como las que hoy ocupa este espacio, y donde grandes de la danza, cubana e internacional, dejaron una impronta indeleble. Y a la Maestra, ejemplo que sigue vigilando su descendencia.

No valen aquí las comparaciones. Cada uno entregó lo mejor de sí, ¿Qué se puede mejorar? Por supuesto, es algo inherente al trabajo artístico, a todo lo que conlleve el esfuerzo humano, pero el resultado de lo visto en las tres primeras jornadas alienta, aun y cuando haya tela por donde cortar, detalles y actuaciones que delinear, expresiones que contornear al decir del estilo, bailes que encauzar, todo ello, teniendo en cuenta las dificultades danzarias que el coreógrafo sembró hace 50 años en la obra, que ha vuelto a revivir ante nosotros con el aliento necesario para poder disfrutarla como siempre.

SadaiseArencibia vistiendo el protagónico de la gitana Carmen, demostró ante todas las cosas ser una ARTISTA. Con una línea hermosa en grado superlativo, técnica y deseos de dar, bordó el difícil rol de principio a fin, sorteando para ello toda una gama de recursos expresivos realzados por sus condiciones físicas naturales, y sobre todo recreando acentos, estableciendo matices y relaciones con quienes la rodearon en la escena. Mientras que en la segunda jornada, Anette Delgado la construyó desde adentro, más audaz en unas oportunidades, reservada y cautelosa en otras, tejió su personaje con sumo cuidado estético, disfrutando cada paso, para regalar una excelente actuación. Descontada la sutil técnica que la abraza en cuanto acomete, bordeó los sentimientos que delinean la Carmen, con inteligencia.

Viengsay Valdés apareció con la fuerza característica y la pasión a flor de piel, desbordando la escena con su carisma. Y es que este protagónico, como en ningún otro trabajo de Alberto Alonso, exige mucho de la rigurosa técnica de la bailarina, y fundamentalmente el dominio de su capacidad expresiva. Cada gesto puede traducir un sentimiento de diversa índole: de sensualidad, pasión, alegría, tristeza, indiferencia… Y ella lo logró, paseándolos con creces por la escena con seguridad.

Como detalle a tener en cuenta para próximas Carmen, estas artistas deben poner especial atención al trabajo de los brazos, pues, por momentos, llegan a un tal refinamiento que nos recuerdan algunos clásicos, creándose una ruptura con la pasión que late en el resto del cuerpo. Algo que en nada opacó una labor que motivó el verdadero disfrute de quienes aman la danza, más allá de esa sensación externa que una exhibición virtuosa puede provocar. No hay dudas, las tres llevan en sí la herencia estilística de sus antecesoras, amén de que han madurado.


TALENTOS SOBRE LA ESCENA


Las novedades de las Carmen estuvieron en los debuts de varios bailarines en distintos papeles.

Entre las notas altas de las funciones debe destacarse el Zúñiga aportado por Ariel Martínez, que queda como un alto instante de esta reposición del clásico, siempre arriba, cuidando cada movimiento hasta el último detalle. Mientras que su diestro Escamillo, iluminó las tablas. Con una fuerza vital demostró que tiene madera para empeños mayores. Bailó, interpretó y aportó lo establecido, para dejar una huella en el personaje en su primera vez. La labor de pareja fue de alto nivel, y sobre todo sorteó con desenfado diversos matices en el diálogo con Carmen. Algo que adoleció, por momentos, el mismo personaje en la piel de Patricio Revé, quien interpretativamente pudo dar mucho más, aunque técnicamente estuvo muy preciso y volvió a salir airoso en su prueba.

El también juvenil Adrián Sánchez sorprendió favorablemente a todos los presentes con la exquisitez que abordó el difícil rol de Don José, realizando, cual un consagrado, y pleno de sangre fría, una encomiable labor, tanto técnica como interpretativamente; mientras que el Zúñiga de Adniel Reyes vivió en la escena con personalidad y elegancia, siendo preciso en cada movimiento, e interpretativamente lo tiñó con la fuerza que llega de un muy joven bailarín que lleva el histrionismo en la venas, algo demostrado en papeles muy pequeños que él ha enaltecido con su presencia en los mismos. Muy bien podría catalogarse la selección de los personajes para esta puesta de Carmen, pues, Adrián Sánchez dejó agradable estela en el proprio Zúñiga la tarde del domingo, y Rafael Quenedit, elegante/preciso en un Don José que también convenció. Lo que no quiere decir que comienza ahora una etapa, para todos estos jóvenes, de estudio, mejoramiento y perfección de cada rol.

La bailarina principal Ginet Moncho —que esperemos escale en un futuro cercano otra “posición” en el BNC, coronándose como primera figura, pues condiciones tiene de sobra y lo ha demostrado con creces a lo largo de los años—, exhibió sus dotes en el Destino. Ella está dentro de los parámetros marcados para el simbólico personaje y proyectó de manera impositiva esa especia de “alter ego” que tiene con Escamillo y Don José.

Entre las debutantes la excepcional Claudia García volvió a dejar en claro su clase y que es una bailarina de talento que poco a poco va alcanzando el firmamento del BNC, aprovechando al máximo sus excepcionales dotes físicas. Glenda García, una artista de excelente técnica y condiciones, se esforzó pero no logró brillar del todo en el Destino. Sin dudas, bailándolo encontrará el camino para dominarlo, pues, es una bailarina de fuerza en toda la extensión de la palabra.

Del cuerpo de baile masculino (diez hombres), es menester comentar que después de una primera jornada exenta de homogeneidad, tuvieron un desempeño que fue en ascenso positivamente para irse adaptando al decir del coreógrafo, con sumo cuidado, mientras que las cuatro mujeres lograron un bastante buen desempeño, sobresaliendo, especialmente el trabajo de las consagradas Aymara Vasallo/Ivis Díaz. Es necesario destacar el especial colorido que aportó en estas jornadas la Orquesta Sinfónica del GTH Alicia Alonso, dirigida por el maestro Giovanni Duarte en su interpretación de la partitura de RodionSchedrin sobre la original de Bizet que sonó impecablemente.


OTRAS OBRAS ESCOLTARON A CARMEN


Otras dos piezas firmadas por Alicia Alonso llenaron las jornadas de esta primera semana de Carmen: Umbral y A la luz de tus canciones. En la primera, estrenada hacia el año 2000, Alicia rinde homenaje a uno de sus maestros: George Balanchine. En pocos minutos, emergen aristas del estilo del célebre coreógrafo ruso que calaron hondo en Alicia, y “bailan” en escena con la música de Johan Christian Bach, el menor de los hijos de Johann Sebastian Bach.

Es una obra sin muchas pretensiones, atractiva, con instantes de lirismo y plasticidad, que entregaron con su baile Ginet Moncho (días 6 y 8 de octubre) y Claudia García (día 7 de octubre), junto con un novel bailarín que cada día se acomoda más sobre las tablas y llena los personajes de un hálito especial: Raúl Abreu.

En la pieza que se distingue y enriquece con los diseños de escenografía de la destacada artista plástica cubana Zaida del Río, el muy juvenil cuerpo de baile, a pesar de realizar un inmenso esfuerzo, por momentos estuvo alejado de la homogeneidad que debe caracterizarlo. Es importante observar al máximo el cuidado de sus posiciones, mantener la distancia adecuada entre las bailarinas y la alineación precisa para que no se esfume el brillo de la pieza.

Muy bien estuvo la joven Directora asistente IdalgelMarquetti al frente de la Orquesta Sinfónica del GTH Alicia Alonso en esta pieza. Mientras que en A la luz de tus canciones, que resulta un homenaje a Esther Borja y fue estrenada en su centenario (1913-2013), volvió a ser protagonista su Voz traída por la música de Ernesto Lecuona, Orlando de la Rosa y Adolfo Guzmán, y traducida en la escena, en la coreografía de Alicia Alonso, bailada por jóvenes intérpretes que matizaron con sus movimientos esta pequeña joya coreográfica que regala nostalgia a nuestros recuerdos del ayer. Un bien pensado programa que seguirá en cartelera por otros dos fines de semana en el coliseo de Prado, La Habana Vieja.

 

Publicado: 10 de octubre de 2017.


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