


















Entre las muchas figuras de interés que intervienen en la trama de la película, muchas de ella históricas, me llamó la atención la del ex- esclavo negro Olaudah Equiano (¿1745?-1797), también conocido como Gustav Vassa. Según sus propias palabras, había nacido en Nigeria y muy joven fue vendido a un oficial de la Marina. Un dueño posterior, en Filadelfia, le permitió aprender a leer y escribir hasta que, con su trabajo, pudo comprar la libertad y convertirse en marino, lo que le hizo conocer lugares muy diversos. En Londres el movimiento abolicionista existente allí, al cual pertenecía Wilberforce, lo incitó a escribir su autobiografía, que tituló La interesante narrativa de la vida de Olaudah Equino o Gustavo Vass, el africano, escrita por él mismo (1789), que al ser publicada tuvo una gran repercusión. Esta obra se tiene como una de las primeras autobiografías escritas por esclavos, junto a las del “príncipe africano” J. A. Ukasaw Gronniosum (1772) y la del nativo africano residente en los Estados Unidos Ventura Smith (1798), todas publicadas también en Inglaterra.
Uno de los miembros de la Sociedad Antiesclavista, el joven médico y escritor irlandés Richard R. Madden (1798-1886), de decidida voluntad abolicionista, fue nombrado en 1833 Juez de Paz en Jamaica, para encargarse, junto con otros seis magistrados especiales, de vigilar la liberación de los esclavos. Su firme actitud le ocasionó problemas y al año siguiente tuvo que abandonar Jamaica. En 1836 fue nombrado Superintendente de los africanos libres en La Habana, de acuerdo con un tratado impuesto por Inglaterra y aceptado a regañadientes por España. En Cuba Madden desarrolló una activa labor abolicionista e hizo amistad con cubanos como José la Luz y Caballero y Domingo del Monte. Cuando regresó a Inglaterra publicó en 1840 Poemas por un esclavo en la Isla de Cuba, recientemente liberado, traducidos del español por R .R. Madden, con la historia de la vida temprana del poeta negro, escrita por él mismo. Se trataba, por supuesto, de ese texto esencial en nuestra cultura conocido como la Autobiografía de Juan Francisco Manzano (1797-1854).
El historiador cubano Juan Pérez de la Riva se lamentaba de que una figura como Madden, de tanto peso en el despertar del abolicionismo en la isla, estuviese “ignorado por todos hoy en Cuba”, afirmación que a pesar de haber sido expresada hace ya medio siglo, casi mantiene su vigencia. Por ejemplo, el acucioso historiador Ramiro Guerra lo ignora. Y existen muchas imprecisiones acerca de su labor en Cuba. El propio Pérez de la Riva afirma que gracias al inglés Manzano obtuvo su libertad, pero su biógrafo Roberto Friol afirma que la llegada de Madden, en el verano de 1836, ocurrió coincidiendo con la liberación, y que no es hasta 1838 cuando la Autobiografía llega a sus manos a través de Domingo del Monte. Apoyándose en los datos y fechas conocidos, Fina García Marruz sostiene que tanto la redacción del texto como la colecta para la liberación se debieron sólo a la iniciativa de Del Monte, pues el nombramiento de Madden ocurrió en junio de 1836. Aunque hay que notar que ya desde noviembre de 1834 había tenido que abandonar Jamaica y quien quita que en vez de viajar a Inglaterra lo hiciera a la vecina Cuba.
Aunque no tenemos ninguna testimonio concreto que lo pruebe, nos resulta difícil pensar que tanto en el caso de Del Monte –lector de textos abolicionistas en inglés− como, sobre todo, de Madden, al incitar la redacción y luego la publicación del texto de Manzano, no tuviesen presentes los pocos intentos anteriores, específicamente la autobiografía de Equiano, por la trascendencia que esta había tenido en Inglaterra. Por supuesto, la obra de Equiano difiere bastante de la de Manzano, pues su autor la redactó ya en plena libertad, sin acuciantes penurias económicas y hasta sintiéndose socialmente reconocido por los grupos antiesclavitas. El texto, que puede ser consultado libremente en INTERNET, es mucho más extenso y elaborado que el del cubano. Manzano escribió su desgarrador relato dentro de una sociedad que le era mayoritariamente hostil y que trataba de ignorar las ignominias de la esclavitud sobre las cuales sustentaba sus riquezas.
Sin embargo, entre las características de la obra de Equiano se ha reconocido el empleo de estrategias como la “perspectiva del ojo inocente” (innocent eye perspective) y la utilización de paralelismos con pasajes bíblicos, así como ciertas reminiscencias de la picaresca española del siglo XVI. Elementos todos que no son ajenos a la obra del cubano, cuyo texto ha sido considerada como la primera y, al parecer, única autobiografía escrita directamente en español por un esclavo, a pesar de que el género se cultivó bastante en los Estados Unidos durante el siglo XIX. No creo nada ilógico pensar en una línea de continuidad entre Equiano y Manzano, vía Madden y Del Monte. Pero, como ya se habrá percatado el lector avisado, este artículo, más que producto de un proceso investigativo es una provocación para realizarlo.


