Herminia Sánchez: teatro de fuerza y candor


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Herminia Sánchez en Macbeth. Dirección: Bertha Martínez. Grupo Teatro Estudio.

Con este título, el que la actriz, directora, dramaturga Herminia Sánchez Quintana seleccionó para su libro más reciente, aún en proceso de laboreo por ediciones UNIÓN, es posible acercarse a una definición de la trayectoria vital y profesional  de nuestro Premio Nacional de Teatro 2019, el más alto reconocimiento instituido por el Ministerio de Cultura y el Consejo Nacional de las Artes Escénicas  por la obra de toda la vida.

En efecto, Herminia integra la constelación de grandes intérpretes de la escena cubana por derecho propio, en una carrera que comenzó sobre 1948, cuando estudiaba en la Escuela de Comercio y el bedel —actor profesional que debía buscar su sustento fuera de la escena— del centro tuvo la iniciativa de crear un grupo aficionado con los estudiantes. Antes Herminia había comenzado clases con Joaquín Riera en el Centro Gallego, las que no pudo continuar porque entraba en contradicción con sus horarios de trabajo en una pequeña y mal pagada empresa editorial.

Pronto el Grupo Teatral Esproco, que dirigía ese actor generoso que fue Hilario Ortega, tuvo a la joven en las tablas interviniendo en obras como  Don Juan Tenorio, de Zorrilla; Amor con amor se paga, de José Martí, Tierra baja, de Ángel Guimerá, y otras. En 1949 Herminia se graduó de Contador y Pericial de Aduanas, mientras Antonio Vázquez Gallo, director y profesor del Seminario de Artes Dramáticas de la Universidad de La Habana la conducía al mismo en la matrícula del curso 1949 – 50, pues estaba buscando una actriz para interpretar el personaje de Belisa, en La discreta enamorada, de Lope de Vega, con el Teatro Universitario, y nuestra bisoña actriz le pareció la indicada.

La casa de Bernarda Alba. Dirección: Bertha Martínez. Grupo Teatro Estudio.

Luego vinieron Juana de Castilla, El lindo Don Diego, El círculo de Tiza, y Electra, de Sófocles, en el papel protagónico, que fue reverenciado en la reseña crítica que por entonces firmara el Dr. Mario Rodríguez Alemán. Con el Teatro Universitario, codo a codo con actores como Violeta Casal y Gaspar de Santelices, visitó Guatemala, México y Estados Unidos y más tarde integró elencos en las salitas habaneras, como se les dio en llamar a las instituciones que emergieron en la primera parte de la década del cincuenta. Patronato del Teatro y Atelier la tuvieron en sus escenarios, en este último estrenó en Cuba el célebre monólogo Antes del desayuno, bajo la dirección de Julio Matas.

El triunfo de la Revolución la lleva a integrar el primer grupo teatral creado tras el triunfo revolucionario en el Teatro Nacional, institución matriz de tantos excelentes proyectos culturales en el año 59. El que dijo sí y el que dijo no, de Bertolt Brecht, en puesta en escena de Eberto Dumé, fue el primer título. Le siguieron Santa Juana de América, de Andrés Lizárraga, donde compartió escena con Myriam Acevedo y René de la Cruz. Pasó al Conjunto Dramático Nacional, allí interpretó De película, de Carlos Felipe, La esquina de los concejales, de Nicolás Dorr, y Cleopatra y los otros, dirigida por Dumé y se probó en la ignota cuerda de la comedia.

De 1964 al 68 integró las filas de Teatro Estudio y participó en La muerte de Bessie Smith, El alma buena de Se Chuán, Todos los domingos, de Arrufat, bajo la dirección de Bertha Martínez; La casa vieja, el clásico drama de Abelardo Estorino, en el cual defendió el más complejo personaje, el de Flora; luego hizo La ronda, compartiendo escena con Sergio Corrieri, hasta llegar a realizar la Bernarda, en la primera versión escénica de La casa de Bernarda Alba realizada por Bertha Martínez. En Teatro Estudio conoció al amor de su vida, Manolo Terraza, director y teatrólogo, entonces uno de los valiosos técnicos del equipo de la institución. En el 68 intervino como primera figura en Lucía, filme de Humberto Solás, y junto a Corrieri y otros colegas fundó el Teatro Escambray en las montañas de esa cordillera central. Fue la autora del segundo texto con que contó el incipiente grupo para presentarse: Escambray mambí, el primero en hablar desde el teatro de la zona y su cultura, el que responde a las altas metas de la misión que se habían propuesto. La salud deteriorada y la avanzada edad de su madre determinaron que Herminia y Manolo hayan de regresar a La Habana. Con la colaboración de Corrieri se encargaron de la disciplina de Teatro en la Cátedra de Apreciación Artística en la Escuela Especial Lenin, una institución escolar creada por el Comandante Guevara para que los estudiantes de mayores resultados procedentes del interior del país pasaran un curso intensivo que les permitiera la preparación suficiente para ingresar a la educación superior. Allí emergió la primera versión de Cacha Basilia de Cabarnao, texto de Herminia escrito en colaboración con Manolo.

El endure en dos. Grupo Teatro Estudio.

Con sumo esfuerzo se insertaron en el Puerto de La Habana y más tarde apareció Amante y Penol, que se estrenó en julio de 1972 en el Teatro Musical de La Habana: por vez primera la mayoría de los portuarios y sus familias entraban a un teatro a ver un hecho inédito: los obreros portuarios actuando sus personajes, compartiendo escena con la primera actriz Herminia Sánchez. A esta pieza le siguió Audiencia en la Jacoba (1973) y más tarde se presentó en el Teatro Martí, a solicitud del Consejo Nacional de Cultura, Cacha Basilia de Cabarnao, pero bajo el título de Me alegro (1974), una frase muy peculiar que usan los vecinos del Escambray para saludarse. En este año Herminia fue jurado del Premio Teatro en el Concurso Literario Casa de las Américas.

Corrieri les participó que por lógicas razones de lejanía no podrían continuar trabajando bajo la égida del Teatro Escambray. Herminia y Manolo fundaron el Grupo de Participación Popular. En 1976, tras la fundación del Ministerio de Cultura y sus direcciones nacionales, entre ellas la Dirección de Teatro y Danza, el nuevo conjunto teatral pudo contar con un espacio propio para ensayar y conservar su patrimonio. Se abren las puertas de un local en la esquina de Compostela y Leonor Pérez, en La Habana Vieja.

También se abrieron por ese entonces las de la Facultad de Arte Teatral en el Instituto Superior de Arte, adonde el Dr. Mario Rodríguez Alemán, ahora su Rector, invita a Herminia a ejercer como docente, tarea a la cual dedica diez años, hasta 1989, y en la que cosecha el afecto de no pocos estudiantes que aún la siguen de cerca.

Participación Popular reclamaba toda la energía, desde él se trataron historias de determinados barrios de la zona vieja de La Habana, de la industria azucarera, la elaboración de la cerveza y surgieron, una tras otra las obras Belén, Belén, Ajiaco habanero, Dame una fría, El Endure en dos.

Dame una fría.

Regresó a la escena profesional al llamado de Bertha Martínez para hacer una nueva y definitiva Bernarda, caracterizada por la austeridad de recursos y el esplendor del intérprete, a la cual continuó la visceral y audaz versión escénica de Macbeth donde compartió escena con José Antonio Rodríguez. De la mano de Tomás Piard volvió al mundo del audiovisual para actuar en dos largometrajes, Ítaca y El viajero inmóvil. Antes había retornado al celuloide con Hello, Hemingway y años después protagonizó La señora de los perros, con la directora griega Evi Karampatsou. Para la TV hizo Gozar, comer y partir, de Arturo Infante; Forense, con Vicente González Castro; Dos hermanos; el teleplay La encrucijada de Catuca, bajo la dirección de María de los Ángeles Nuñez Jauma; los seriados Blanco y negro no, de Charlie Medina; La otra cara, de Rudy Mora, Violetas de agua, hizo también los filmes Eva-Habana y Al fin el mar, para cine. No escatima esfuerzos con los jóvenes estudiantes de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños y con noventa años y una cadera semifracturada hizo el corto La Lavadora, de Yoel Infante, que clasificó para la edición correspondiente del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y, como no sabe vivir sin el teatro, desde el 2003 hasta el 2013 ella y su inseparable Manolo animaron el grupo teatral Manelic que organizaron en la Sociedad Catalana, en la casona de Consulado número 68, en La Habana Vieja, a escasas cuadras de su hogar.

Le han sido conferidos la Medalla Raúl Gómez García, el reconocimiento como Fundadora de la Uneac y de Teatro Escambray, la Distinción por la Cultura Nacional, el Premio Caricato Honorífico (2017) y la Orden Alejo Carpentier, entre los galardones más significativos.

Ha publicado Herminia Sánchez, Teatro, en 1982, y “Echando un quinto” en Monólogos teatrales cubanos, en 1989, ambos por la Editorial Letras Cubanas, y De pie, Editorial Unión, 1984. En preparación, y para próximo disfrute de todos, Teatro de Herminia Sánchez: fuerza y candor.

Nació Herminia en Barcelona, en la helada noche del 23 de diciembre de 1923, en el Hospital del Mar, hija de una cubana y un andaluz, así que ya ha remontado los 95 años, y no se esconde para decir “me encantó nacer en Barcelona y vivir en La Habana”. Y nosotros, sobre todo los habaneros, pensamos qué endiablada suerte hemos tenido con ello.


1 comentarios

Nancy Benitez
19 de Enero de 2019 a las 14:37

Muy bien , ella se merece el premio y tu articulo.

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