Poesía de Martí en Tsotsil / Por Pedro Pablo Rodríguez


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Que Martí se hace cada día más universal se constata una y otra vez. A la presencia de su palabra en la voz y en los hechos de muchas personas de los más variados ámbitos geográficos, sociales y culturales, se une el traslado de sus textos a otras lenguas, sin dudas la mejor manera de permitirle el acceso a su obra escrita a las amplias mayorías de los hablantes en esas hablas.

Y no porque suelan permanecer invisibilizadas ante los idiomas empleados por muchos millones de personas, y sobre todo ante aquellos que se han convertido en conocimiento obligatorio para moverse por muchas zonas de la contemporaneidad, las lenguas aun vivas de los pueblos originarios de nuestra América han comenzado a abrirse a los textos martianos desde hace algunos años.

Sabemos de traducciones de buena parte de la poesía del Maestro al guaraní, tenemos noticias de traspasos al quechua y al nahuatl, y ya  se tradujo al maya “Las ruinas indias” de La Edad de Oro. Ahora se une a esta lengua en su versión tsotsil una colección de poemas impresa el pasado año en México y traída a la Feria del Libro cubana.

Se trata de un proyecto del colectivo editorial llamado Del Espejo Somos, cuya tirada de quinientos ejemplares fue preparada en la imprenta que lleva el nombre de Fray Bartolomé de las Casas, en San Cristóbal de las Casas, en el estado de Chiapas. Su título, una frase de Martí: Un verso forjé donde crece la luz.

La modestia numérica no implica la falta de rigor editorial: el libro tiene su ISBN, un cuidado diseño de cubierta y de interior debido a Sabrina Molinari Tato y un interesante prólogo titulado “¿Por qué José Martí?” bajo la firma de Claudia Molinari, quien cierra sus palabras señalando su deseo de “volver a las  semillas de José Martí, germinar con ellas una milpa de luceros que nos guíen y protejan en estos tempestuosos tiempos tan aciagos, en los que la guerra nos hiere con crueldad y señores monstruosos gobiernan el mundo con el fin de destruirnos.”

Xun Betán, un chiapaneco antropólogo, escritor de ensayos y poemas es quien vertió a su lengua maya tsotsil las veinte piezas poéticas de Martí que componen este libro que también reproduce en español los veinte textos escogidos.  

La selección es un muestrario de la diversidad poética martiana. Hay piezas  para gente de su cariño como las dedicadas a sus hermanas Antonia y Amelia y los versos de la cárcel a su amigo de infancia Fermín Valdés Domínguez y “Primera brigada 113” para su madre, más otros como “Dos honras”, “A una mi amiga y señora” y “Cuando me puse a pensar”.  Del cuaderno Ismaelillo se hallan “Sueño despierto”, “Mi caballero” y “Valle lozano”, más el prólogo al que el traductor ha titulado “Hijo”. De Versos libres, “¡Oh, Margarita!”,  “Dos patrias” y “De mis tristes estudios” y siete poemas del libro Versos sencillos: el conocido como “La niña de Guatemala”, y los que comienzan con los versos “Yo soy un hombre sincero”, “Por tus ojos encendidos”,  “Yo quiero salir del mundo”, “¿Qué importa que tu puñal…”, “Cultivo una rosa blanca” y “Pinta mi amigo el pintor”.

La pequeña muestra de la ancha creación martiana en verso resulta apropiada para interesar en su disfrute a quienes no la conocen: las concepciones éticas, filosóficas, éticas y patrióticas del Maestro pueden ser apreciadas y desde ellas irse enterando del enorme alcance humano de su pensar y de sus notables cualidades expresivas.

Me atrevo a asegurar que el poeta, también traductor él, estaría feliz de esta posibilidad de que su arte llegue a personas de los pueblos originarios en su propia lengua, e imagino que conversaría con Xun Betán y el equipo realizador del libro para escuchar el sonido de sus palabras en tsotsil y sentirse apreciado por una cultura antigua de nuestra América cuyas grandezas refirió con emoción admirada en más de uno de sus textos. Me uno, pues, al agradecimiento del Maestro por esta traducción de sus versos.


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