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EL AZAR RECURRENTE Roberto Méndez Martínez
Mañach vs. Lezama, una polémica cultural (II parte) Fecha: 2011-07-30 Fuente: CUBARTE
Mañach vs. Lezama, una polémica cultural (II parte)
Mañach vs. Lezama, una polémica cultural (II parte)

La reacción de Lezama ante el texto de Mañach no se hizo esperar. En la Bohemia del 2 de octubre de 1949 apareció “Respuestas y nuevas interrogaciones. Carta abierta a Jorge Mañach”. Desde las primeras líneas se hace evidente que el autor de Enemigo rumor quiere superar a su adversario en ironía y en argumentos aplastantes, su técnica es la de replicar, como en la oratoria forense, punto por punto, a cada argumento del contrario. Después de señalar que Mañach en su epístola les ha entregado “sin paliativos sus negaciones, lejanía e indiferencias” comienza por rechazar la interpretación que aquel hiciera de la viñeta de Portocarrero que aparece en la portada de La fijeza:

allí donde usted creyó ver una lámpara, sin que sea acaso necesaria la rectificación, se trata de un tornillo sin fin...Referencia tal vez a cierta plaza de la cultura cubana, donde pocos deseaban situarse y donde yo precisamente he insistido en levantar mi tienda con tan reiterada constancia que ha motivado siempre el total entrecruzamiento de flechas.
 
Con ello quiere dejar constancia de su controvertido rol en la cultura cubana: su interés no está en ser claro, sino en ahondar en misterios, bucear en profundidades que otros hasta ahora no han revelado.

Frente a la obsesiva repetición de Mañach de su “no comprendo”, el poeta opone la defensa de lo oscuro como misterioso y estimulante para la cultura:

El incentivo de lo que no entendemos, de lo difícil o de lo que no se rinde a los primeros rondadores, es la historia de la ocupación de lo inefable por el logos o germen poético. ¿Qué es lo que entendemos? ¿Los monólogos misteriosos del campesino o el relato de sus sueños a la sombra del árbol del río? ¿Y qué es lo que no entendemos? ¿El artificio verbal, esa segunda naturaleza asimilada ya por la secularidad, y en el cual el hombre ha realizado una de sus más asombrosas experiencias: otorgar un sentido verbal, destruirlo y verlo como de nuevo se constituye en cuerpo, liberado del aliento de la palabra o del ademán de su compañía. En realidad, entender o no entender carecen de vigencia en la valoración de la expresión artística.

Lanzado ya en el terreno de la más cruda polémica es capaz de decir al conocido ensayista que su carta está recorrida por el pro domo sua, es decir por la parcialidad interesada: “muestra usted el orgullo de su ciudad intelectual y enarca la Revista de Avance”. Lezama la emprende entonces con esta publicación, procura recapitular las páginas que leyó en su juventud y se refiere a la mezcla de estilos y tendencias que allí aparecían, está convencido de que se carecía de “una línea sensible o de una proyección”, puede reconocer que: “Sus cualidades eran (...) de polémica crítica, mas no de creación y comunicación de un júbilo en sus cuadros de escritores”.

Bajo estas líneas yace una sutil contraposición con Orígenes : la generación de 1925 queda así estrictamente asociada con la voluntad de cambio, con el choque de ideas incendiarias, mas la unidad, la coralidad, la plenitud, corresponden en realidad a quienes se nuclean en torno a la publicación lezamiana ; por esta razón, puede percibirse que el autor de La fijeza considera a la revista de los años juveniles de Mañach como un capítulo cerrado para la cultura nacional : “Creemos que aquella Revista de Avance cumplió y se cumplió”. Ahora es el momento de otra de esas “gestas casi hercúleas en nuestra circunstancia cultural” y aprovecha para situar una especie de manifiesto:

Orígenes era la culminación de unos esfuerzos anteriores, en cuadernos y pequeñas revistas, que al fin logran alcanzar cierto ecumenismo huyendo siempre del énfasis- producto de que se había constituido-, huyendo también de la excesiva omnicomprensión, una pequeña república de las letras. Saint John Perse, Santayana, Eliot, autorizaban en sus páginas la inserción de sus manuscritos al igual que lo autorizaban para muy pocas revistas del resto del mundo culto. ¿Filiación y secuencia de la Revista de Avance? Había radicales discrepancias. A Orígenes sólo parecía interesarle las raíces protozoarias de la creación, la propia norma que lleva implícita la riqueza del hacer y participar (...). Decir lo dicho solamente por sus propias huellas, que fuese su progresión lo que quedase de su flecha.
 
Por esta razón, sitúa la posición de ambos ante sus respectivas publicaciones como esencialmente diferentes, no sólo en el plano estético sino en el pragmático: uno añora lo que hizo en el pasado, el otro da vida a algo realmente actuante:

Dispénseme, pero su fervor por la Revista de Avance es de añoranza y retrospección, mientras que el mío por Orígenes es el que nos devora en una obra que aún respira y se adelanta, que aún demanda como la exigencia voraz de una entrega esencial, que volquemos nuestras más rasgadas intuiciones en la polémica del arte contemporáneo.

La consecuencia que deriva Lezama de todo esto es de mayor alcance que el artístico, es ética, los animadores de aquella generación pasada no tenían ya para ellos “la fascinación de una entrega decisiva a una obra y que sobrenadaban en las vastas demostraciones del periodismo o en la ganga mundana de la política positiva” y peor aún “habían adquirido la sede, a trueque de la fede”, es decir se habían acomodado en posiciones públicas, perdido ya el fervor primero en las cualidades fecundadoras de la cultura.

Esta acusación es grave y no totalmente justificada, es cierto que muchos de los hombres de nuestra “vanguardia” militaban en los más heteróclitos partidos y no siempre habían salido inmaculados de su relación con “la cosa pública”, pero en el caso de Mañach nada hacía pensar que el Secretario de Educación de Mendieta, fundador del Departamento de Cultura que tan provechoso resultó para apoyar muchas iniciativas artísticas, especialmente en el terreno de la plástica, el periodista defensor de una reforma en la vida nacional ajena a interferencias foráneas, mereciera tal reproche. Mas el poeta, absoluto y dominador como todos los fundadores y cabezas de grupo, está más dispuesto a defender su pensamiento que a reconocer la deuda de éste con el pasado; sintiéndose agredido, usa todas las armas del idioma y no teme ser injusto.

Si Diez poetas cubanos había motivado el “no comprender” de Mañach, ahora Lezama le opone el reconocimiento que el volumen ha tenido por parte de Octavio Paz “considerado como el mejor poeta de su generación en su país”, el espaldarazo de éste queda opuesto a ciertas “rudas negaciones e incompresiones vacilantes”. Por último, no pretende el futuro creador de Paradiso negar el que Avance trajera el “arte nuevo”, pero la misión actual es otra y aprovecha para colocar una síntesis del programa de Orígenes:

Pero de esa soledad y de esa lucha con la espantosa realidad de las circunstancias, surgió en la sangre de todos nosotros, la idea obsesionante de que podíamos al avanzar en el misterio de nuestras expresiones poéticas trazar, dentro de las desventuras rodeantes, un nuevo y viejo diálogo entre el hombre que penetra y la tierra que se le hace transparente.
 
El texto de Lezama resultaba demasiado provocador como para que Mañach permaneciera mudo, sobre todo cuando la polémica había calado en ciertos medios literarios y periodísticos. Un síntoma de ello fue el artículo publicado por Luis Ortega el 2 de octubre en Prensa Libre, donde aseguraba que el balance de ese duelo entre dos generaciones marcaba “la defunción intelectual de los hombres del 25”. Tal página es significativa, pues intenta, traducir la polémica estética al más desnudo lenguaje de la política:

No puede entender, esto es, se ha aniquilado porque anda demasiado entreverado, demasiado asenderado. Mañach ha sido siempre un escritor. Pero además ha sido político, orador de barricada, periodista, profesor, congresista, ministro, etc. Él y todos los que ayudaron a componer esa especie de generación literaria han abarcado todas las ramas del saber y del hacer. Se forjaron en el puro quehacer de la cultura, pero la revolución los lanzó al pasquín callejero. Luego han vivido angustiosamente tras la conquista del poder. De pueblo en pueblo, de barrio en barrio han ido mendigando el voto.

Y Mañach es el tipo de ejemplar de aquella hornada intelectual. Es el más puro, el más limpio, el más admirable. Y por eso en él la caída es más dura y la confesión íntima más angustiada. Ha caído de lo más alto.



Continuará...

Temática: Cultura General
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