Inicio   |   Mapa   |   Español ∇   |   Martes, 02 de Septiembre, 2014
ir al portal cubarte
Columnas
GAZAPERÍAS Fernando Carr Parúas
Monterroso: Hondureño de nacimiento, guatemalteco por nacionalización y mexicano por adopción (IV parte y final) Fecha: 2011-06-25 Fuente: CUBARTE
Monterroso: Hondureño de nacimiento, guatemalteco por nacionalización y mexicano por adopción (IV parte y final)
Monterroso: Hondureño de nacimiento, guatemalteco por nacionalización y mexicano por adopción (IV parte y final)

Hasta que llegó el momento de decir: «Yo también [...] soy escritor»”.

 

A poco de llegar a Guatemala el adolescente Monterroso trabajó como contable en una carnicería, todos los días del año, excepto el Jueves Santo, como él mismo apunta: “[...] porque el Viernes Santo no se vendía carne”. El dueño de la carnicería fue muy obsequioso con él, pues le regalaba cantidad de libros —casi todos verdaderos clásicos— y comenzó a interesarse seriamente en la literatura. Allí trabajó hasta que tuvo 22 años; esta tarea le duró siete años.

Ya en Guatemala el joven Augusto Monterroso se nacionalizó guatemalteco —lo cual debe haberle sido fácil por ser su padre natural de ese país—.

Desde que trabajaba en la carnicería empezó Monterroso a leer sin cesar. Allí en Guatemala, en los primeros años de la década del cuarenta, comenzó a publicar sus primeras colaboraciones, en periódicos y revistas como Acento, El Imparcial, Revista del Maestro y la Revista de Guatemala. En ese entonces insertó también sus primeros cuentos. Se agrupó en la llamada “Generación del 40”, la cual no solamente se ocupó de asuntos literarios, sino que políticos.

Pero tuvo que exiliarse en México, al suscribir una declaración política, por causa del terror de la dictadura de Jorge Ubico y la de Federico Ponce, que le siguió, derrotada en 1944.

Fue diplomático en los gobiernos progresistas de Guatemala: Con el de Juan José Arévalo (1944-1951) trabajó en la misión diplomática de Guatemala en México, y con el de Jacobo Árbenz (1951-1954), destinado como primer secretario en Bolivia. Ante el cruento golpe militar inspirado por el imperialismo yanqui que derrocó la democracia en Guatemala, volvió a exiliarse, primero en Chile, donde fue secretario de Pablo Neruda, y dos años después volvió a México. Vivió desde entonces (1956) en la capital mexicana, donde escribió la mayor parte de toda su obra.

Siempre estuvo en contra de las dictaduras y contra la explotación de los yanquis. Un día se enteró que los Estados Unidos lo puso en una lista de las personas que nunca recibirían visa de ese país. Y se jactó de ello. Murió en la ciudad de México, el 7 de febrero de 2003.

Como este no es un trabajo literario, sino biográfico, histórico, no voy a entrar en ningún análisis de la obra de Monterroso, sino que solamente voy a relacionar algunos de los títulos publicados por él, los principales y mejor recibidos por la crítica, que son: Obras completas (y otros cuentos) [1959], La oveja negra (y demás fábulas) [1969] y Lo demás es silencio [1978], todos publicados en México, estos con algunas rediciones.

Su libro Los buscadores de oro, tantas veces citado aquí, la crítica lo ha calificado como “una obra menor”.

En sus textos sobresalen, en primer lugar, la calidad, pero también la brevedad, el humor, la sátira, la ironía.

Decía Monterroso que comenzó a escribir cuentos cortos después de que cierta vez vio un anuncio del Gobierno mexicano, para promocionar su servicio telegráfico, que decía: “No escribas, telegrafía”.

Sin embargo, su Honduras natal siempre lo tuvo en cuenta. El Premio Príncipe de Asturias en Letras lo obtuvo después de ser nominado por la Academia Hondureña de la Lengua. La Universidad Nacional Pedagógica Francisco Morazán le confirió el título de Doctor Honoris Causa, y tuvo una delegación de la Universidad —y en ella fue mi amigo Víctor Manuel Ramos Rivera— que llegarse hasta México a entregárselo, pues... como nunca quiso regresar a Honduras... Más tarde, la propia Universidad Francisco Morazán quiso inaugurar la Cátedra Augusto Monterroso, y se le había invitado, pero nunca llegó a ir, y en eso murió.

Su cuento, la obra literaria que se le presentó para que la descubrieran los panelistas del programa de la televisión cubana, conocido como el cuento más corto escrito jamás y que deslumbró al escritor cubano-italiano Italo Calvino, titulado El dinosaurio, y que dice: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, compite con otro cuento suyo titulado Fecundidad: “Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta línea”.

Es de saber, definitivamente, que Augusto Monterroso Bonilla nació en Honduras, se nacionalizó en Guatemala y fue adoptado por México, donde puso su residencia, escribió todos sus libros y vivió por cincuenta años. Pero, más que eso, su obra pertenece al patrimonio de América Latina.

Antes de terminar, quisiera decir lo siguiente:

Ya en 1990 era Augusto Monterroso y Bonilla una persona harto conocida. Pero no está citado en el Diccionario histórico-biográfico hondureño, de Mario Argueta (Editorial Universitaria, Tegucigalpa, 1990), y pensé que se debía al hecho de que siempre se presentaba el autor como guatemalteco. Sin embargo, tampoco aquí aparecen políticos de alguna importancia, como el caso de los presidentes de Honduras: Policarpo Bonilla, Manuel Bonilla, Francisco Bertrand Barahona. Otro libro del mismo Mario Argueta: Diccionario de artistas plásticos hondureños (Ediciones Subirana, Tegucigalpa, 1996), el cual está dividido en secciones: “Pintores”, “Escultores”, etcétera, en la de “Caricaturistas” no trae a Augusto Monterroso Lobos, el cual, como pudimos ver en este trabajo, estuvo vigente en las décadas del diez, del veinte y del treinta en las publicaciones hondureñas. Estos dos diccionarios citados son muy pequeños, muy breves, y por supuesto, incompletos.

En el año 2000, cuando apareció la Revista de la Universidad, editada por la Universidad Nacional Pedagógica Francisco Morazán, bajo la dirección del miembro de la Academia Hondureña de la Lengua, el médico y escritor de cuentos infantiles, mi querido amigo Víctor Manuel Ramos Rivera, fue que se le dedicó casi un número completo, como homenaje, a Augusto Monterroso, el hondureño.

A Víctor Manuel Ramos también le debo algunos otros datos para haber podido completar este trabajo.

Temática: Cultura General
compartir en:
Lector crítico
Enviar comentario »
adicionando comentario ...
Noticias   •   Artículos   •   Columnas   •   Entrevistas   •   Críticas   •   Reseñas   •   Dossier    Multimedia   |   Foros   •   Prensa   •   Boletines
optimizado para 1024 x 768 px
- Realización: CUBARTE