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Columnas
PATRIMONIO, IDENTIDAD Y MEDIO AMBIENTE Juan Páez Costa
Del Patrimonio, sus tradiciones y costumbres Fecha: 2009-06-23 Fuente: CUBARTE
Del Patrimonio, sus tradiciones y costumbres
Del Patrimonio, sus tradiciones y costumbres
Lo patrimonial conforma una trama de relaciones insospechadas y no debe considerarse que un tipo de patrimonio o nodo, de esa trama o red de interacciones, sea más importante que otro.

En una danza, un pregón, en los refranes populares, en las décimas o una comida, y otras muchas expresiones, se materializan, a través de una mujer o un hombre, o de un grupo de ellos, ese patrimonio cultural. Una voz que expresa un lenguaje y su mensaje, o unas manos que se mueven y golpean un cuero, o el objeto que se pregona, o sobre lo que se compone una rima, o lo que se cocina dándole vuelta a un palo sobre el calor de las brazas, en todo ello va parte de nuestra identidad.

¿De que está hecha la tumba, la maraca y el bongó?, si no es de elementos de la naturaleza. ¿Acaso no se juega el pellejo el chivo que rompe tambó? o ¿la caserita que no se acuesta a dormir sin comerse un cucurucho de maní? Sentarse en un taburete en la campiña cubana o en el muro del Malecón habanero ¿no son costumbres de nuestra población rural y urbana? Ahí nos va lo cultural y lo natural de nuestro patrimonio, que no debe perderse.

Si bien, patrimonio cultural y natural o, patrimonio cultural intangible o tangible, están concatenados, sin dudas, el papel que desempeña el patrimonio también llamado inmaterial, es sumamente importante en la diversidad cultural de los pueblos, en su identidad.

Qué es la memoria viva, si no la concentración de la expresión de una cultura popular en una persona, representativa de una comunidad de intereses acumulados e integrados en una época determinada.

Hampâté Bâ  (Mali, 1901–1991) decía que: "En África,un anciano que muere es una biblioteca que desaparece..."

En el proceso educativo cubano, al menos en la etapa preescolar, está incorporado en el contenido de su programa escolar, el estudio de los valores locales, de las tradiciones económicas, culturales e históricas de su comunidad, de las costumbres y tradiciones de la ciudad y del campo e incluso de otros países, pero, ¿acaso se realizan con la profundidad y sistematicidad necesarias? para que se incorporen en la conciencia como valores de la identidad local, o lo reducimos, en el mejor de los casos, a simple folclor.

Mientras antes se incorporen los sentimientos de pertenencia e identidad, tanto más se defenderán después, por ello es importante potenciar estos contenidos desde las primeras edades y no descuidarlos tampoco en edades posteriores.

El director general de la UNESCO,  Kiochiro Matsuura en el año 2002 lanzó un mensaje a la comunidad internacional que por su relevancia reproducimos.

El término “patrimonio cultural” nos hace usualmente pensar en monumentos, museos, cultura material, obras de arte, etc. Sin embargo, no se debe olvidar que el “patrimonio cultural intangible”, que puede definirse como las creaciones colectivas de una comunidad cultural, enraizada en sus tradiciones, es igualmente parte fundamental del patrimonio de la humanidad. La transmisión del patrimonio cultural intangible, incluyendo las tradiciones orales y gestuales, es modificada con el paso del tiempo, a través de un proceso de recreación colectiva. Las diferentes formas del patrimonio intangible se expresan a través de los idiomas, las tradiciones orales, las costumbres, la música, la danza, los ritos, los festivales, la medicina tradicional, la artesanía y las habilidades constructivas tradicionales.

Para muchas culturas, y en particular para las poblaciones minoritarias e indígenas, el patrimonio cultural intangible es una fuente esencial de identidad. Su visión del mundo, filosofía, valores, ética, actitudes y formas de pensar son traspasadas a través del lenguaje, de sus tradiciones orales y otras expresiones culturales comunes en ellos.

Hay una creciente toma de conciencia sobre el hecho de que el patrimonio intangible juega un papel esencial en nuestra cultura y actividades sociales, sirviendo a menudo para garantizar la unidad social, a través del lenguaje,  a la vez que enriquece nuestras vidas mediante la diversidad de expresiones creativas. Hoy, sin embargo, hay una progresiva necesidad de darle mayor reconocimiento y apoyo al patrimonio intangible en todo el mundo, debido principalmente al impacto, sin precedentes, que la globalización está ejerciendo sobre las culturas locales. Mientras que los desarrollos globales, como la difusión de la tecnología de la información, pudieran ofrecer excelentes oportunidades en la promoción del patrimonio cultural, pueden también tener un efecto adverso, al imponer un solo patrón cultural, amenazando, por lo tanto, a muchas formas únicas de expresiones culturales locales, populares y tradicionales.

La UNESCO ha concluido consecuentemente, el programa de patrimonio intangible, para salvaguardar, revitalizar, promover, y trasmitir la cultura popular y tradicional, como uno de sus programas prioritarios, para que pueda jugar un papel central en la preservación y fortalecimiento de las culturas locales, como paso vital para perpetuar la diversidad cultural del mundo, que no es más que la fuente del enriquecimiento de toda la humanidad.

La década del 70 es fecunda en acontecimientos de relevancia cultural y científica. Entre estos sucesos se encuentra la Conferencia General de la UNESCO que aprueba la Convención para la protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural, ya entonces se comenzaba a hablar de la necesidad de proteger la cultura tradicional y popular. Bolivia particularmente, en 1973, resultó un abanderado en destacar estos aspectos.

Estas acciones, al principio más o menos aisladas, se consolidan en 1989, 17 años después de la Convención, cuando se adopta la Recomendación de la UNESCO sobre la salvaguardia de la cultura tradicional y popular.

El conjunto de creaciones que emanan de una comunidad cultural fundadas en la tradición, expresadas por un grupo o por individuos y que reconocidamente responden a las expectativas de la comunidad en cuanto a expresión de su identidad cultural y social; las normas y los valores que se trasmiten oralmente, por imitación o de otras maneras. Sus formas comprenden, entre otras, la lengua, la literatura, la música, la danza, los juegos, la mitología, los ritos, las costumbres, la artesanía, la arquitectura y otras artes.

En 1993 se ponen en marcha dos proyectos importantes por la UNESCO: Los Tesoros Humanos Vivos y El Libro de las lenguas en peligro. El primero se refiere a personas que encarnan, en grado máximo, las destrezas y técnicas necesarias para la manifestación de ciertos aspectos de la vida cultural de un pueblo y la perdurabilidad de su patrimonio cultural material. El segundo es una iniciativa dirigida a evitar la pérdida de esta forma de comunicación representativa de lo más autóctono de los pueblos. Según la UNESCO, cerca de la mitad de las lenguas existentes están amenazadas en su integridad y continuidad.

En 1998, el Consejo Ejecutivo de la UNESCO aprobó los criterios de elección de los aspectos culturales susceptibles de ser proclamados símbolos del patrimonio oral de la humanidad y, en 1999, decidió crear la distinción internacional de Obras Maestras del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, cuya proclamación inicial se realizó en París, en mayo de 2001.

Otros acuerdos y acciones en general han continuado estos esfuerzos iniciales, entre ellos, en 2001 la 31a reunión de la Conferencia General, decidió orientar su derrotero hacia la elaboración de un nuevo instrumento normativo. El texto del anteproyecto de la Convención fue enviado al Consejo Ejecutivo que recomendó a la Conferencia General la adopción del texto como Convención de la UNESCO, que lo aprobó en la 32a. reunión de la Conferencia General el 17 de octubre de 2003. Posteriormente, en este contexto se reafirmó la importancia del patrimonio inmaterial y la UNESCO  convocó la IIIa Mesa Redonda de los ministros de Cultura del mundo en Estambul en 2002, en torno al tema El patrimonio cultural inmaterial, espejo de la diversidad cultural.

La  Declaración de Estambul aprobó siete posiciones comunes y compromisos entre las que podemos destacar algunos aspectos de su contenido:

Las expresiones múltiples del patrimonio cultural inmaterial están en los fundamentos de la identidad cultural de los pueblos y las comunidades, al tiempo que constituyen una riqueza común para el  conjunto de la humanidad. Profundamente enraizadas en la historia local y en el entorno natural, encarnadas entre otras en una gran variedad de lenguas que son otras tantas visiones del mundo, constituyen un factor esencial para la preservación de la diversidad cultural.

En otras de las posiciones comunes se considera que… El patrimonio cultural inmaterial crea en las comunidades un sentido de pertenencia y de continuidad y es considerado como una de las fuentes principales de la creatividad y de la creación cultural.

Más adelante la Mesa Redonda estableció: La vulnerabilidad extrema de este patrimonio, sobre el que acechan amenazas de desaparición o marginalización, derivadas sobre todo de conflictos, intolerancias, comercialización excesivas, urbanización incontrolada o empobrecimientote zonas rurales, llama a los gobiernos a una acción decidida, respetuosa de los contextos en los que se desarrollan las expresiones del patrimonio inmaterial.

También considera que: Los procesos de globalización, aunque representan grandes amenazas para la homogeneización de las expresiones del patrimonio inmaterial, pueden facilitar su difusión…

Debemos comprender que nuestra espiritualidad es la fuente principal de nuestros deseos y de nuestras acciones, a veces reprimidas o estimuladas por un contexto social determinado. Cierto es que desde el punto de vista social y moral debemos encauzar nuestra espiritualidad hacia lo que no atente contra el propio ser humano y la naturaleza en general, pero verdadero es también que su expresión materializada no debe ser extirpada porque no compartamos costumbres, creencias y tradiciones. Con todos y para el bien de todos, como nos enseñara Martí.

La pretendida globalización de ciertas culturas, que por su poder económico, militar y mediático trata de imponernos un determinado estilo de vida, el de ellos, tampoco debe ser permitido.

Ese poder, logrado sobre la base de la explotación de los pueblos y de esas otras culturas les ha permitido en muchos espacios destruir prácticamente la identidad de pueblos al arrasar con su cultura. La estigmatización de esos otros, otorgándoles el calificativo de culturas inferiores, poco civilizadas o incivilizadas o también de culturas bárbaras, reflejan el desprecio y la discriminación que sienten por ellas.

Si se fuera a evaluar a los verdaderos bárbaros, a los verdaderos salvajes e incivilizados, habría que ubicar en primerísimo lugar a esos que han desarrollado una cultura que ha provocado abismales desigualdades de todo tipo, impiden el acceso al conocimiento, a la diversidad cultural, a la salud física y mental, a salvar millones de muertes evitables, y han provocado guerras donde han muerto decenas de millones de personas a lo largo de la historia. Si hubiera que extirpar una cultura sería la de éstos egoístas inhumanos e innaturales.

Sin embargo, estas verdades no pueden empañarnos la vista de nuestras propias limitaciones locales.  Existe descuido, subestimación y lo que es peor, olvido de nuestras costumbres y tradiciones locales.

El mundo cambia y con ello nuestro modo de actuar, por eso la cultura es algo vivo, no está estática, todo lo contrario, es dinámica, lo que provoca enriquecimientos, reajustes y cambios,  pero hay que encontrar el equilibrio, en el cual no se limiten los elementos de nuestra identidad, de nuestras procesiones o festejos populares, por ejemplo, entre otros aspectos. Deberá estimularse todo aquello que represente la cultura popular tradicional, donde se revitalice nuestro patrimonio cultural intangible y se propicie el intercambio entre personas de la comunidad, en un sano aprovechamiento de su tiempo libre, a veces escaso, y a veces con escasas opciones de sitios donde acudir.

Se ha ido generalizando el entretenimiento a través de la bebida, acompañado o no de música tan alta que parecería una fiesta popular, permitiéndose también esa otra forma de imposición, la de un “gusto” individual, que se abroga un derecho por nadie concedido.  Comprar una botella de ron para tomársela en una acera, un parque o en el propio muro del Malecón y molestar de una u otra forma, no es precisamente la cultura tradicional que debemos revitalizar.

Las limitaciones económicas influyen, pero siempre habrá alternativas para ajustarnos a nuestras posibilidades y afianzar nuestra identidad. Quizás sea más simple y populista elevar la chabacanería y el mal gusto a la categoría de cultura popular, pero ello no debe ser confundido con el patrimonio cultural del que estamos hablando, el nuestras verdaderas tradiciones y costumbres.

No era costumbre, tampoco era permitido, vociferar o prender un radio y sus amplificadores en franca demostración de todas las capacidades de su expresión en decibeles a cualquier hora del día y mucho menos después de las doce de la noche y, sin embargo, hoy eso sucede en prácticamente cualquier barrio de nuestras ciudades y esto no es más que un solo ejemplo.

No nos durmamos en nuestros laureles, en el paradigmático e indiscutible éxito de nuestro desarrollo cultural, paradigma para muchos pueblos del mundo, existen manchas o insuficiencias importantes, que si deben ser extirpadas más temprano que tarde, porque pueden convertirse en un cáncer que contribuya a devorarnos desde dentro. Como expresamos una vez, la homogeneidad es la muerte, pero la diversidad tampoco es cualquier cosa.

El patrimonio de tradiciones y costumbres tiene una enorme importancia para los pueblos, es parte de nuestra historia y de nuestra identidad, elevemos su lugar en la sociedad, revitalicémoslo ahora, el futuro nos lo agradecerá.

Temática: Patrimonio
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Lector crítico
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