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PATRIMONIO, IDENTIDAD Y MEDIO AMBIENTE Juan Páez Costa
Más allá del Día de los Monumentos Fecha: 2012-04-18 Fuente: CUBARTE
Ermita de San Francisco de Paula.
Ermita de San Francisco de Paula.

Hoy 18 de Abril, celebramos el Día Internacional de los Monumentos por acuerdo de la 7ma. Asamblea General del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), celebrada en Alemania, en mayo de 1984.

Podría decirse que esa fue la causa aparente, pero la verdadera, la esencial, parte de una necesidad sentida, conservar las raíces, lo que somos, de donde venimos, nuestra identidad. Para eso se conserva y protege, para eso se salvaguarda, se estudia, se exhibe y se divulga, por eso se enseña y se educa en los museos y a través de los museos.

Martí dijo: La cosa más pequeña, insignificante en sí, adquiere valor sumo, como símbolo de tiempo. El espíritu de los hombres afectado de uno de otro modo, según las influencias que en él actúan, se refleja con todos sus accidentes en cada uno de los objetos que imagina para el adorno o para el uso…

Los monumentos y sitios no son el fin, son la imagen, la memoria, el camino, la próxima meta, enriquecida consecuencia de la dinámica de los siempre nuevos tiempo, el universo que está siendo. Se parte de lo autóctono, de lo verdadero, mucho de lo “Hecho en casa”; y poco, lo selecto, lo conveniente de “Made in Hong Kong”.

Qué árbol puede sobrevivir sin sus raíces, si estas se cortaran de cuajo, tuberculizadas, necrosadas, o peor, si fueran sustituidas por otras, no afines ni al terreno, ni al clima, perecería. Surgiría, más temprano, que un asunto de incompatibilidad entre “cadenas de DNA”. Y de eso se trata, de impedir que “caiga con esa fuerza más” por nuestras comunidades, la globalización de la extirpación de lo originario y el implante de lo del “otro”. Recuérdese la idea martiana de que el mundo puede injertarse en nuestras Repúblicas, pero el tronco tiene que ser el de nuestras Repúblicas.

En asunto de calendario, justo un mes después, el 18 de Mayo, se celebrará otro acontecimiento también relacionado con el patrimonio, el Día de los Museos, y debido a que ambos acontecimientos forman parte de un mismo sistema, el autor de estas líneas propuso, y fue aceptado por el sistema de patrimonio cultural de la Capital, la celebración de una Jornada que comprende el período que separan ambas efemérides.

Por tanto, durante abril y mayo se estarán celebrando actividades en saludo a estos acontecimientos.

Un ejemplo de ello fue la efectuada recientemente por el Museo Municipal de San Miguel del Padrón, por sus festejos fundacionales y por la mencionada Jornada. La actividad desarrollada incluyó una de las más de sesenta Rutas Arco iris en funcionamiento en toda la Capital, la de San Francisco de Paula. ¿Qué la hace particularmente interesante? ¿Qué fue y qué es ese poblado, quién fue ese santo, qué relación hay entre ellos, debido a quién y bajo qué circunstancias se estableció esa relación?

Seguidamente y de forma breve usted podrá conocer cómo se desarrolló esta historia, y quizá encuentre, en el apasionante mundo del patrimonio, una razón o muchas, para seguir luchando por su conservación y realce.

Y, como lo intenta “esta Columna”, alertar a tiempo su salvaguarda. Salvar para la sociedad, para la belleza interior de lo humano, esas reliquias, esas raíces, pues de otro modo se perderán inexorablemente bajo la indiferencia y la ignorancia.

Cómo olvidar la tristemente famosa “Reconcentración de Valeriano Weyler”. Pues aquí, bajo el polvo y la tierra de ese suelo, se enterraron los sufrimientos, los sueños y las esperanzas de famélicos cuerpos y cuarteadas pieles ceñidas a sus huesos. Muchas cubanas y cubanos murieron a consecuencia del hambre y las enfermedades por el hacinamiento a que estos campesinos fueron sometidos. No importaron sus padecimientos con tal de impedir una posible ayuda de ellos al Ejército Libertador de los mambises que peleaban por la Independencia de Cuba.

Entonces, es importante que nada de ello se pierda. A excepción de la Ermita, el resto de los monumentos coloniales de San Francisco de Paula están, como muchas especies biológicas, en peligro de extinción, o ya de hecho, algunos han desaparecidos y otros están en alerta roja, forman esos “hot points” de la naturaleza que se recogen en libros de algunas organizaciones internacionales y usted, caro lector, se le invita a que conozca de ellos y quizás, tan solo con su visita a los mismos, pueda ayudar a salvarlos y a mejorar su estado.

Para conocer un poco el origen de todo ello podría empezarse por el nombre de San Francisco de Paula (1416-1507): el hombre, que devino santo de la Iglesia católica,  fue un eremita beatificado en 1513 y canonizado en 1519, fundador de la Orden de los Mínimos. Casi cuatro siglos después el poblado con su nombre fue fundado en 1797.

Según María del Carmen Pérez Cernuda y Aranelis González Campanioni en Historia de San Miguel del Padrón y según lo narrado por Hilda Concepción, museóloga investigadora y guía de la Ruta Arco iris, la Ermita fue la primera edificación levantada en el poblado y al mismo tiempo la que dio origen al nombre local, San Francisco de Paula.

El origen, según se cuenta, parte de Francisco José de Arocha quien había hecho una promesa, durante un accidente del barco en que viajaba: “si sobrevivía a este hecho, fundaría un poblado en nombre de su santo”. El respeto a la palabra dada era un imperativo de aquella época y cosa de honor. Arocha, sobrevivió y cumplió. Cabalgando por esas tierras a unos ocho kilómetros al sur de la bahía de La Habana encontró una pequeña loma donde decidió fundar ese pueblo prometido y lo primero que construyó fue la Ermita.

Comenzada su edificación en 1795, este santuario inició sus servicios el 2 de abril de 1797, a partir de lo cual se acrecentó el asentamiento de los vecinos.

San  Francisco  de Paula se encuentra situado en el Camino Real de Güines y dado ello los viajeros tenían necesariamente que pasar por él, lo que motivó el desarrollo de su comercio. Forraje para los caballos, venta de viandas y hortalizas y otros productos de necesidad para los de “a camino” condujeron a su desarrollo.

Según cuentan las citadas autoras, entre  1845 y 1848  se construyó  la carretera  del sudeste entre Luyanó y San Francisco  de Paula la cual constituyó la  vía mejor trazada y terminada del país en su época. Esta nueva  carretera favoreció aún más el desarrollo del poblado durante la segunda mitad del siglo XIX, pues era el único caserío importante que existía hasta El Luyanó.

Ya en 1871, San Francisco de Paula era todo un  poblado de 65 casas  y 373 habitantes y se había convertido en la puerta de acceso a La Habana.

Además del olor a coraje de mambí que todavía se recuerda, y cuyas huellas se inscriben en la historia de algunas de las fachadas de los cinco elementos coloniales que más resaltan hoy en día, dígase la Ermita; la casa de su fundador y del poblado de San Francisco de Paula, Francisco José Arocha; el Cuartel de Caballería; la Casa del Jefe del Cuartel, y el Cementerio.

Lamentablemente, salvo la Ermita que se mantiene en buen estado y donde se ofician los servicios religiosos, el resto de los sitios patrimoniales coloniales, se encuentran en precario estado y sin ninguna señalización, que al menos indiquen sus valores. Hubo un tiempo que en la Ermita existió una placa de bronce donde se daba información y se explicaba acerca de la casa de Arocha, pero vándalos rateros sin sentido identitario, se la robaron y hasta ahora no ha podido reponerse.

La casa de quien fuera el fundador, calló en ruinas primero, y después por indicaciones de no se sabe quién, fue definitivamente tumbada, quedando hoy solo la escalera de cemento que daba acceso a la elevación donde estaba edificada. Hoy el terreno donde una vez estuvo el inmueble al fondo de la Ermita está aplanado. Algunos de sus restos, afortunadamente pudieron ser recogidos  y guardados por el museo municipal, y hoy se exhiben en su sede en San Miguel del Padrón.

Por su parte, una sección de la fachada de lo que fuera el Cuartel y la de la casa del jefe del mismo, están ahí, como mudos testigos de una época que pasa inadvertida para cualquiera de los miles de personas que transitan a diario por su frente y que mañana pueden ser transformadas por ignorancia y por indisciplina para definitivamente borrar, con “la modernidad” hasta el último vestigio material de su historia.

Por último, el pequeño cementerio, que pudiera ser una joya por su ubicación, por su entorno y por su historia, reclama una mayor atención por diversas razones, entre ellas, la de que aquí yacen personas que fueron enterradas en su lecho, consecuencia de la política despiadada y de los derechos inhumanos del poder colonial, durante la ya mencionada Reconcentración. Ni una valla, ni algo que anuncie los gritos de dolor que emanan aún de su suelo.

Muchos actos y actividades debieran vincularse con estos monumentos de la época colonial, ellos reviven la historia, ellos educan en los hechos, ellos son parte de nuestra identidad. Mucho podrían darnos a los cubanos en lo ideológico y también pudieran contribuir en lo económico, si una gestión sabia y diligente fuera realizada y adecuadamente divulgada.

Por fortuna, el museo saca la cara con su Ruta Arco iris, y con sus investigaciones sobre el patrimonio cultural y natural del municipio, pero no es suficiente, falta apoyo y recursos, falta amor por el pasado y visión de futuro.

 

 

 

Imagen: Internet                                                                           

 

                                                                                        

Temática: Patrimonio
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Lector crítico
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