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Críticas
¿Cuáles son los destinos de la trova tradicional espirituana? Fecha: 2012-03-26 Fuente: CUBARTE
¿Cuáles son los destinos de la trova tradicional espirituana?
¿Cuáles son los destinos de la trova tradicional espirituana?

En la etapa neocolonial en Cuba, el portador de la cultura popular raras veces resultaba reconocido al nivel de su calidad y sus necesidades. Solo la voz de sus contemporáneos y algunos exegetas se levantaba para distinguir la importancia ignorada, de quien desde la humildad no cesaba en el empeño de tributar para presente y futuro, la obra que establecería rangos de competencia con la escogida por los rubros de la preferencia.

Con el triunfo de la Revolución en 1959, comenzaría una gradual recuperación de esas personas y el fruto de tanta obra creada en diversas manifestaciones del arte y, muchas veces, definitivamente perdida por los rumbos del abandono.

Ese cambio gradual no resultó todo lo acelerado que el requerimiento de la historia exigía, pero afortunadamente salvó del olvido y a favor de la memoria, la presencia de tanto tributo afortunado.

Un proceso de institucionalización iniciado a principios de la década del sesenta y estabilizado en los años ochenta del pasado siglo XX, se instauró en la vía para conseguir el reconocimiento y la protección de autores, intérpretes, y obras y procesos culturales.

Estos cambios intervinieron en el espacio espirituano, ante un deprimido escenario cultural, que dependía esencialmente de ese discurso popular, atendido solo eventualmente y muchas veces demeritado por una expresión académica de la cultura, que, por otra parte, no llegaba a alcanzar niveles de alta competencia con relación al resto del país.

De esta forma las nuevas y consecutivas estructuras recibían agrupaciones como las tonadas trinitarias, complejo musical urbano de esa ciudad, con redaños en las sonoridades del fandango español y sintetizado con los ritmos congos establecidos forzosamente en esos predios. Similar a estas agrupaciones fueron recuperados los coros de clave trasplantados a la ciudad de Sancti Spíritus y que se diluyeron en la década del cuarenta por el efecto extensivo de los septetos de sones.

En esa ciudad fue posible preservar la parranda campesina, estructura organológica procedente de las áreas rurales y componente inevitable de la música urbana en Sancti Spíritus, donde la trova en esta ciudad y en Trinidad, había establecido fórmulas de profundas identificaciones, desde finales del siglo XIX.

Estos constituyeron los principales exponentes musicales localizados a principios de la década del 1960 y fortalecidos, institucionalmente, en 1980 en la provincia, como supervivencias de necesidades espirituales muy bien definidas en la idiosincrasia de esta región.  

Actualmente aquella agrupación donde se sostenían las tonadas trinitarias ha desaparecido de ese contexto, para dejar un vacío inobjetable en el espacio que pudiera articularlas con la memoria y una zona de peligro para nuevas generaciones que por la ausencia, no encuentran referentes de identidad en cuyo rostro poder reconocerse y afirmarse.

El coro de clave, única institución que sustenta el vigor fundante del siglo XIX, oscila entre las nuevas sonoridades, un nuevo público escasamente preparado para aceptar las resonancias de la memoria y los estropicios que provoca el desconocimiento insensible de cierta burocracia.

La trova de marca más tradicional se sostiene en el empeño de dos o tres agrupaciones a la usanza de los tríos que inauguraron el discurso del siglo XX, mientras que el estatuto del trovador en solitario ha desaparecido, muchas veces absorbido por sonoridades y formatos que han apabullado la instancia tímbrica desde la cual ganaba sus propósitos de comunicación con un destinatario muchas veces íntimo.

Los años 90 abrieron las posibilidades de pequeños formatos ante un turismo poco exigente y muchas veces desconocedor de las esencias que caracterizan a nuestras canción y con esto la promoción de tríos a la usanza mexicana o puertorriqueña, que si bien existen en nuestra tradición desde hace más de sesenta años, no constituyen lo fundamental que debemos preservar de nuestra memoria.

La transmisión de esos valores tradicionales cuentan hoy con las posibilidades que hace más de cincuenta años no existían institucionalmente, porque quedaba esa transmisión informativa al arbitrio de grupos familiares o sociales, sin embargo, no existen instituciones que faciliten, además de la estimulación de los gustos o su formación, según las exigencias de nueva época, la permanencia por formación de agrupaciones de corte más tradicional y cuando surge alguna, como resulta en Sancti Spíritus por la iniciativa individual de alguien como el maestro guitarrista Roberto Jiménez, se orienta más hacia los denominados tríos armónicos y no hacia aquellos de denominación tradicional.

Por otra parte, un número apreciable de sextetos surgieron también en los años noventa por razones que no resulta explicar. Algunos escogen para su repertorio temas de la trova y eso ayuda, pero no representa, en este territorio, lo fundamental en la memoria.

Es que en lugares como estos donde  la tonada trinitaria, el coro de clave, el trío tradicional y el trovador de solitario curso e imprescindible tenacidad marcaron un destino, resulta un reclamo protegerlos de implacables agresiones y de la indiferencia, porque perder estos estatutos significaría desaprovechar un área  sustantiva de nuestra cultura, imposible después de ser recuperada.

 

 

Imagen: Internet

Temática: Música
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Lector crítico
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