Graduada de varias escuelas de arte, Dania asume una de las temáticas que aún hoy es un tabú para parte de la sociedad cubana. Con imágenes de excelente factura, sus obras nos develan un mundo sensual, que van desde de elementos del cuerpo humano como orejas, senos y atrayentes genitales, hastafiguras surrealistas. Esta artista merecedora de la Orden Juan Marinello, nos abre, por esta vez, las puertas de su hogar, para que descifremos juntos los caminos de su arte.
¿Cómo se inició en las artes plásticas?
De niña tuve inclinación por las artes y siempre se me veía con un instrumento musical, o con una hoja dibujando o simplemente pintando en el cemento del patio de mi casa. Estaba cursando el sexto grado cuando un buen día fueron a la escuela unos profesores de arte, buscando alumnos interesados en estudiar música, danza o artes plásticas. Yo que soy una apasionada por estas disciplinas, me presente a las pruebas y me aceptaron en artes plásticas. ¡Al parecer ese era definitivamente el destino! Comencé a estudiar esta especialidad a partir de séptimo grado, hasta que me gradué en el Instituto Superior de Arte (ISA), estudie una carrera de doce años. A pesar de que la profesión de mis padres no tiene nada que ver con la mía, porque ambos son militares, me apoyaron todo el tiempo. De hecho soy única hija y mi primera escuela de arte “Albergues Cañeros”, estaba en Batabanó. Mi mamá no quedó para nada convencida por las condiciones y la lejanía, pero afortunadamente mi padre le hizo entender que me dejara decir lo que creía que era mejor para mí y gracias a eso pude estudiar la carrera que quería.
Su quehacer artístico ha transitado por varias etapas ¿Cuánto ha variado o se ha mantenido la iconografía en su obra desde sus comienzos, hasta lo más reciente que ha hecho?
En realidad no ha habido en cambio radical. He tratado varios temas pero no he dejado de hacer uno para comenzar con otro. Lo que he hecho es insertar otras temáticas dentro de lo que ya yo venía trabajando. Durante mis estudios en el ISA y recién graduada, que es cuando estaba buscando una iconografía o un perfil que definiera mi obra, comencé a trabajar con muchos temas a la vez. Las primeras obras que hice eran muy recargadas de imágenes, como muy bosqueana. Eso se lo debo a mi pasión por la obra de Jerónimo Bosh (El Bosco), Alberto Durero, Pieter Bruegelytoda esa generación. Yo sigo mucho a estas personalidades por la exquisitez técnica y por sus cuadros recargados de imágenes, que me resultan sumamente misteriosas.
En mis obras pasa algo súper curioso. Puedes estar mirando durante un mes entero un grabado o un dibujo y descifrar en las imágenes una cosita que no habías visto el día anterior. Lo digo porque a mí, que soy la que las hago, me ha pasado. Entonces, si que ha habido una variación en la iconografía. Digamos que he ido sintetizando las imágenes. Los cuadros que hago ahora, a pesar de estar muy recargados, no tienen nada que ver con los de los años 90, que eran casi que un horror al vacío. Yo todo lo abarrotaba con muchos detalles y muchos personajes. Hay una serie de dibujo en grafito, la única que tengo sobre esta técnica, que empiezo con mucha imagen dentro del papel y después voy sintetizando. A partir de ahí es que se ve el cambio de la síntesis iconográfica y no de la síntesis temática.
¿Existe variación en el tema?
En mis inicios comencé a trabajar todo lo relacionado con el ser humano. No es que no hice paisajes, aunque forma parte de nosotros y del entorno, sino que traté al hombre en específico, con sus contradicciones y anhelos, en la búsqueda del equilibrio, en sus proyecciones sociales y de vida. Era como un trabajo muy filosófico, tenía que ver con la búsqueda de una ideología de vida y todo lo relacionado con ello. Estos temas me empezaron a interesar, el miedo o los miedos porque no es uno solo, del primero se derivan los demás. Los relojes de arena, con el motivo del tiempo que es muy importante, las velas como la búsqueda de la iluminación, pero además está el motivo de la muerte, del diablo o de lo diabólico del ser humano. Trabajo mucho con el inconsciente, aunque no hago una obra propiamente onírica, porque no hay nada de sueño, no tengo que dormir para que el inconsciente salga, nada más es pensar en violar la realidad. Ello me llevó a trabajar todos estos temas a la vez.
¿Por qué el inconsciente?
Hay una cosa que a mí siempre me ha parecido muy estática. Y es que esta vida, este cuerpo no lo podemos violar. Somos personas con dos brazos y dos piernas, y fuera de ahí no podemos transgredir más nada, excepto en la imaginación. Yo decidí romper con ese esquema tan rígido y ya que no lo puedo hacer normalmente, al menos lo hago en mi creación. Por lo que comencé a desarticular el cuerpo humano y de ahí emergieron cosas interesantes. Mucha gente piensa que hago una pintura erótica y en realidad no tiene nada que ver, al menos desde mi intención particular. Aunque sé que al final por trabajar esas imágenes siempre va a haber un corte erótico, de eso estoy bien consciente. Esto ocurre porque descontextualizo el cuerpo humano y lo trabajo tal si fuera una arquitectura o un paisaje con discursos determinados. Coloco en mis obras ojos, narices, bocas todas por separados y los enriquezco con otros elementos al llevar estas imágenes al papel o al lienzo. Cuando llegué a la zona de los órganos sexuales, ahí me detuve un poco, porque en este tema aún tenemos que romper esquemas. En definitiva cuando analizamos nuestro cuerpo, los órganos sexuales son tan naturales como el resto de sus partes. Y si no tenemos prejuicios al pintar un ojo, una boca, una nariz, un rostro, porque no se nos hace natural pintar imágenes de la sexualidad, un pene, una vagina, un seno, unas nalgas. Al menos yo lo vi como algo muy normal y empecé a jugar con ellas. Entonces la obra tomó un carácter más lúdico y adoptó un poco de sentido del humor. Claro está, que las cosas prohibidas cuando salen a la luz a la gente le causan un poco de gracia, y más con las características de los cubanos en particular, que todo lo que tenga que ver con la sexualidad, se torna simpático.
De hecho la obra Las Diferencias que es un díptico, todo el que la ha visto se le hace hilarante. En ella llevo la imagen sexual a otro contexto, hay un hongo, un árbol, una vela, una planta convertida en cuerpo de mujer. Son imágenes que hacen alusión al tema que conocemos, lo interesante es que no están viendo completamente imágenes sexuales, pero no dejan de serlas. Lo mismo pasa con las vaginas colgadas en la tendedera, no dejan de ser lo que son, pero no son lo que ves. Yo juego con eso y hago que la obra sea un poco ambigua. Es como pintar un paisaje, pero para que quiero pintar un paisaje si yo lo puedo ver todos los días. Salgo a las afueras de la cuidad y lo veo, si no admiro una linda fotografía o una postal. ¿Y por qué no hacer algo diferente? Hay quien me ha dicho, y no lo he hecho conscientemente, que he trabajado el paisaje. Si lo he realizado ha sido a través de desarticulación del cuerpo humano. La idea era romper los esquemas de la rigidez del cuerpo a través de la imaginación y luego eliminar los tabúes que aún existen respecto a esto.
Has trabajado muchísimas obras en blanco y negro ¿Qué buscabas con la incorporación del color?
Nunca he sido una artista que ha trabajado mucho el color, en realidad comienzo a incursionar en él a partir del 2003 o 2004. Yo creo que no soy muy consciente de lo que me hizo incorporarlo. En principio fui como fanática del blanco y el negro, por el contraste conceptual y visual que da. Con él no hay términos medios, pero en el transcurso del tiempo me di cuenta de que existen y que en ellos vivimos. Cuando empiezo a hacer las obras en grafito, ya no es solamente el contraste del blanco y el negro tan fuerte, sino que aparece una gama de grises. Luego de esta aparición fue que utilice el color, y creo que cuando me detuve en las imágenes de la sexualidad, el tema también me hizo cambiar. Esta es una temática que aún tiene tela por donde cortar, y que no he podido explorar en su totalidad por ser tan complejo. Pero que me ha legado criterios encontrados que me llevaron a analizar este asunto desde otro punto de vista.
En mis dibujos podrán notar la fuerza que tienen las imágenes sobre la sexualidad. Hay personas que las han asimilado muy bien y hasta se han identificado con ellas, pero hay otras que no. Tengo una dura experiencia con una señora que me cuestionó y que me preguntó el por qué era tan cruda la forma de representar la sexualidad. Sin embargo, otros me dijeron que no hiciera caso, que las imágenes estaban muy bien trabajadas, con gran sutileza y con muchas metáforas.
Puedo decir que el color llegó a mí de manera experimental, un poco que para suavizar las imágenes tan fuertes que venía trabajando monocromáticamente. Lo primero que hice fue una obra muy recargadita. Es todo un paisaje que tiene dos zapatos con remos y un árbol que sale del cielo y cae hacia a tierra, la idea era invertir la cosas. Me gustó incursionar en el color a sabiendas de que me lleva mucho más tiempo, por la forma que tengo de pintar, aunque cuando salgo del blanco y el negro un poco que me pierdo.
Yo trabajo sobre la gama de los colores cálidos, semejando los pintores de la antigüedad porque no me interesa tanto el colorido. Hay quien dice que soy muy colorista, ya que predomina el amarillo, el azul, el rojo y el verde solo que son siena. Y los hago así debido a que trabajo imágenes de fuerza, con el color trato de suavizarlas, de esta forma han tenido más asimilación, y creo que con esa determinación enriquecí muchísimo mí obra.
A pesar de ser una artista contemporánea trabajas los conceptos del Medioevo, de cuadros llenos de imágenes ¿qué encuentras de atrayente para llevarlo a tu obra?
En mis inicios siempre trabaje el banco y el negro, pero lo hice con una iconografías que tenía que ver con imágenes de la antigüedad. Siempre me llamo la atención la exquisitez técnica de El Bosco y sus temáticas. Para mí era todo un acontecimiento que cuando muchos pintaba el paraíso, el pintaba el infierno. Me pregunté entonces, ¿por qué no tocar ese tema?, ¿por qué estaba prohibido?. No, él lo sacó, lo pintó según su imaginación y según las historias de la época. Su obra me atrajo precisamente por eso, porque fue muy atrevido para su tiempo y desenfadado en la manera de pintar, en tanto a la par que te mostraba el paraíso, exponía el infierno. ¿Dónde está uno y dónde está el otro? cuando miramos sus cuadros no sabemos en realidad definir, dónde hay más belleza, si en el paraíso o en el infierno que el pinta. Su obra es tan misteriosa, tan rica en imágenes. Y es así porque a raíz de la religión, se movían muchos conceptos de filosofía de vida y de tantas otras cosas. De mitos y leyendas que enriquecieron la imaginación popular y que en definitiva era lo que pintaban. Como siempre me gustó la historia de llenar los espacios con muchos temas, definitivamente mi quehacer salió de ahí. Esa forma de hacer no solo técnicamente sino conceptualmente me atrapó.
Trabajas la pintura, el grabado y el dibujo, ¿en cuál de estas manifestaciones te sientes mejor y por qué?
No sé decirles. Me gustan todas, pero es el dibujo el que más trabajo. Por ejemplo, cuando hago un grabado en punta seca sobre la base de la plumilla, eso es puro dibujo. Incluso ha habido personas que me han preguntado, eso es una plumilla o es un grabado. Igual pasa con la pintura que vengo haciendo. No hago una pintura de textura, sino sobre la base de la acuarela, de las aguadas y eso también es dibujo. Por ello me puedo demorar en un cuadro aproximadamente tres meses, porque lo voy haciendo por capas, trabajo el amarillo primero, luego los verdes y los rojos siena.
No soy una artista de hacer instalaciones. No dejo de reconocer que hay muchas que me llaman la atención, pero hay otras muchísimas con las que no me he identificado y que no me han dicho nada. Este no es un medio que en realidad me interesa explotar. No me identifico mucho, aunque tengo una, porque soy una eterna dibujante y parto de ahí como la música del solfeo. Como el dibujo es la base, me apoyo en él para llevar a cabo todas las ideas y conceptos que quiero desarrollar a través de cualquier de las manifestaciones que trabajo.
Se ha dicho que tu quehacer artístico apunta a un discurso alegórico a la sexualidad y que existe un cuestionamiento de las actitudes y de la propia esencia del ser humano. ¿Es esa tu intención?
Primero la idea salió como un juego. Cuando en los años 90 estuve haciendo una serie de dibujos con tinta china, empecé a incluir imágenes de la sexualidad. Somos un país tropical y eminentemente sexual. Es bien sabido por todos, la imagen que se vendía de la Cuba en aquel tiempo. A mí me interesaba saber que era lo que atraía a los extranjeros, que buscaban, independientemente de la arquitectura y del paisaje. Había algo más que era muy fuerte y que los sigue atrayendo. Esta temática me llamó tanto la atención que comencé a insertar esas imágenes desde el punto de vista social, estaba como tema en mis obras, pero acompañado de otros. Hasta que, definitivamente, comencé a trabajarlo por separado, porque creí que había que hacer un paréntesis en ellas. La idea me vino cuando en una exposición colectiva en Venezuela expuse un pene dentro de una bola de cristal descansando, ¡el solo era un personaje! Pues llegó alguien muy molesto criticando mis imágenes y eso me motivó más a seguirlas trabajando. ¿Pero por qué se escandalizó? Muchos me dijeron que hiciera caso omiso, que con mi obra yo no estaba provocando a nadie, más bien hacía un culto y por suerte muchos la leyeron así.
Después me introduje en poco más en el tema, a través de las lecturas de Sigmud Freud y de Carl Gustav Jung. Ellos planteaban que la sexualidad y la muerte tienen punto de coincidencia y que el orgasmo era como una pequeña muerte o sea, un cambio en un instante de la vida. De una vida llena de sexualidad y de sexo, que sin ellos no hay reproducción y no habría un montón de relaciones.
¿El objetivo? 
Hay actitudes que realmente son criticables. Poseo un cuadro que tiene dos títulos, Prueba de fuerza o Adánico empeño. El mismo es una muestra de la rivalidad y de quién es el más fuerte. Todo ello va enmascarado, en vez de ser dos hombres, son dos penes. Estas imágenes representan la competición entre el hombre blanco y el negro, porque también trabajo la raza. La idea salió como en forma de juego, no es que en realidad yo tenía la intención del criticar al hombre y que la prueba sea mediante la sexualidad, sin embargo, salió así. Lo hice porque el ser humano tiene ese instinto competitivo y lo lleva a todas las esferas de su vida. Luego de haber terminado el cuadro mis amigos me dijeron: tremenda crítica que le has hecho al macho latino, en particular al cubano.
A veces uno hace las cosas y no se percata en el momento del por qué las está haciendo y luego se da cuenta cuando las terminas. Realmente si hay una crítica insertada, lo que sale a veces de manera involuntaria. Es algo que uno tiene ahí, que está regado en nuestra cultura, en la naturaleza social, en el inconsciente y uno lo saca. Pero en el momento que se está pintando no lo ves ¡Mira por donde venía mi mente, y cómo yo lo saqué, no es que tuviera la intención de provocar, ni de criticar! Ningún hombre que ha visto esa obra se ha disgustado, todo lo contrario, a pesar de que pueda verse como una crítica, también puede ser un culto. Creo que las obras tienen la ambigüedad que a mí me interesa trabajar. Las puedes leer de una forma o de otra, no hay rigidez, de hecho la idea es romper con todo lo rígido. Yo les doy un discurso que hago a partir del juego, ustedes lean lo que quieran.
La década del 80 fue un período rico en heterogeneidad y visión crítica respecto a los modelos tradicionales de percepción del arte por las mujeres. ¿Cómo influyó toda esta efervescencia en tu obra para crear una identidad simbólica y trasgresora?
Con el crecimiento de las escuelas de arte, una en cada provincia, se han sumado un grupo de féminas no puramente al mundo de las artes plásticas, ha habido más inclinación sobre la danza y la música. Pero hay que reconocer, que en la plástica se han sumado con un discurso potentísimo, cuestionando temas sociales y de género, como lo es la obra de Marta María, Elsa Mora, Rocío, la de Sandra. Las mujeres han tocado todos los temas, pero yo siempre me he mantenido en el que me apasiona, con algunas variaciones, claro. He ido quitando cosas, poniendo otras o me he detenido en algo en específico. Digamos que la vorágine de discursar por discursar, de hacer una técnica tal para estar insertado en el medio, en realidad no me ha llamado la atención. Yo hago lo que hago, le guste o no a la gente. Siempre trato de que los demás se sientan complacidos, pero primero tengo que complacerme yo. En el arte contemporáneo se estila mucho eso, existe una complacencia a los tiempos nuevos. Se dice, voy a hacer algo para estar insertado y al final la obra por esas características no se está comunicando, ¿qué estás expresando? si lo único que has hecho es crear una obra que tenga que ver con el discurso expresivo de los tiempos modernos y que no siempre tiene un final feliz.
La década de los 80 fue una etapa importante para mi obra y la de mis amigas artistas que nos hemos enriquecido de diversas formas. Pienso que todo el que vea la obra de una mujer, siempre va a ver un discurso fuerte. No sé en qué va eso, a lo mejor las imágenes de la sexualidad que trabajo no tendrían el mismo tratamiento que le daría un hombre. Sencillamente porque es la visión de una mujer que está expresando, que está diciendo, que está cuestionando y que está jugando. El hombre quizás lo ve de otra manera. Me parece que el discurso femenino es valiente, las mujeres estamos muy seguras de lo que hacemos, trabajamos los temas sin prejuicio, ya sean de corte social, político, o de género. Hay algo ahí que no se explicarles bien, pero siempre que vayan a ver la exposición de una mujer, ella logra convencerlos.
¿Qué condiciones deben existir para que puedas crear; en que piensas y cómo decides a cuál manifestación llevar tus ideas?
Primero debe haber mucha tranquilidad. Actualmente la vida es muy convulsa, y no me da tiempo a sentarme y a valorar las cosas. Estoy en una efervescencia de trabajo tremenda. Ahora mismo estoy reproduciendo obras que ya había hecho, pero además estoy preparando los cuadros para una exposición, que no he terminado porque no he tenido la suficiente tranquilidad, pero todas las imágenes están en mi mente. De hecho he decidido que ni siquiera voy a bocetearlas, porque como trabajo con tanta iconografía, cuando me decido a llevarlas a alguna manifestación, la energía no es la misma. Entonces decido guardarla y ¿qué hago? pues escribo las imágenes que estoy viendo y luego las analizo. Incluso a veces las inserto en una obra y luego las saco de ahí y las pongo en otra. Me parece que cuando la escribo, la obra se enriquece más que cuando la boceteo y así me da más tiempo para pensar y reflexionar acerca de la imagen. 
Decidir llevarla a una de las técnicas es algo bien complicado. He comenzado a hacer cosas en dibujos y luego las he llevado al grabado, porque he necesitado que sigan ahí para reproducirlas. Otras han transitado del dibujo a la pintura, porque tienen una fuerza que no me ha convencido totalmente y porque me doy cuenta de que el público no está todavía preparado para asimilar este tipo de imagen, entonces incorporo el color y las suavizo. Pero eso es un proceso que se da dentro de la creatividad, poco a poco. Por ejemplo, tengo unos cuchillos que en un principio pensé hacerlo en lienzo y luego terminaron como objetos instalativos desde la base del grabado. Son matrices en las que trabajo el grabado en punta seca, las recorté en forma de cuchillo y les hice un estocado en madera. Este sí que fue un cambio de palo para rumba, para la exposición de Villa Manuela. Fue un cambio muy bueno y cuando veo el primer dibujo que hice en un lienzo me digo: es verdad que la fuerza que tenían los cuchillos eran como objetos, en pintura no me hubieran salido igual. Además son cuchillos, que por sí solos son imágenes fuertes y trato de utilizar este tipo de iconografía en mis obras. Elementos cortantes como tijeras, porque me gusta poner objetos hirientes. Pero no porque vean un cuchillo tienen que leer que es algo negativo, que es algo que corta. Si, puede cortar pero por lo sano, cortar para que se quite lo que no sirve y dejar lo que sirve, no siempre hay que verlo como un discurso peyorativo.
Muchísimas de mis imágenes salen de pura inspiración y de cuando estoy así como medio que levantándote o acostándome. Ese es el momento que cojo para fabricar o para producir. Dicen que hay un momento en el sueño en el que una no está dormida, pero tampoco totalmente despierta. En ese momento estoy muy tranquila y en un estado de relajación que empiezan a salir imágenes. Entonces utilizo mucho esos instantes para crear. El cuadro Instrumento maternal, salió de ese estado, lo único que en vez de horizontal, vertical, más porque el papel que yo tenía a las dos de la mañana era así. El boceto en blanco y negro era precioso, sin embargo, decidí hacerla a color y realmente mejoró muchísimo. Escuchar mucha música de Silvio Rodríguez y de Joaquín Sabina que trabaja con las imágenes de la sexualidad, es otro elemento que me ha servido de inspiración. Es impresionante la lectura que puedo hacer a través de sus canciones y cuando pongo uno de sus discos, toda una exposición me sale con su música.
¿Qué le gusta hacer a Dania en su tiempo libre?
Pinto, porque casi no tengo tiempo libre. Me gusta también leer, pero no siempre tengo el tiempo destinado a eso.
¿Cuál es la cualidad que más aprecia de sus amigos?
Yo diría que la honestidad.
¿Su pintor preferido?
El Bosco
¿Cuál es la obra que te gustaría haber realizado?
El jardín de las delicias del Bosco.
Si te dieran la posibilidad de ser un libro. ¿Cuál elegirías?
Hay uno que yo tengo como libro de cabecera y que se llama Un curso de milagro. Sé que es de una psicóloga norteamericana. Según cuenta, ella sintió que su nombre no debía transitar en las editoriales porque había hecho un libro para el mundo. Luego hubo un problema porque alguien quiso auto titulárselo, y por eso se supo que la autora era ella, pero aún así se imprimió sin su nombre.
Hay otro libro que me gusta mucho que se llama El Kybalión. Fue escrito por varios filósofos de la antigüedad, pero no tenía impreso el nombre de ninguno de ellos.
¿Si fueras una canción?
Yo fuera, Historia de la silla de Silvio Rodríguez y Como un dolor de muela de Sabina. Esta última es una canción que tiene el poder de hacerme llorar cada vez que la escucho.
¿Y un poeta?
Creo que escogería a Sabina también.
¿Una ciudad?
¿Pero por qué una cuidad, no puede ser el campo? En realidad sería un campo, no soy muy citadina. De hecho una vez me dijeron que me pasaba como a Pedro Pablo Oliva, que sigue en Pinar del Río porque donde mejor él crea, es en ese ambiente. A mí me pasa lo mismo, amo mi casa en San Antonio de los Baños. Ahí tengo mi patio, mis plantas y una tranquilidad envidiable y como crecí entre árboles, animales y esa libertad sana que da las zonas rurales, yo no fuera nunca cuidad, fuera campo.
Fotos: Cortesía de la artista