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La lucha debe ser porque la sociedad se desracialice (I parte) Fecha: 2012-01-31 Fuente: CUBARTE
La lucha debe ser porque la sociedad se desracialice (I parte)
La lucha debe ser porque la sociedad se desracialice (I parte)

Zuleica Romay Guerra, escritora, investigadora y presidenta del Instituto Cubano del Libro, obtuvo en el recientemente celebrado Premio Casa de las Américas, el lauro Extraordinario de Estudios sobre la presencia negra en las Américas y el Caribe contemporáneos, con su libro Elogio de la altea o las paradojas de la racialidad.

Ya la Premio Casa, comentó  a otro colega, que cuando estudiaba en el preuniversitario, sus compañeros, pensando que la halagaban, le decían la "altea", esas barras blancas recubiertas de chocolate, un símil más dulce de la expresión archiracista “negro con alma de blanco”, pero racista igual.

Al paso de los años Zuleica se ha propuesto entender por qué esos amigos que la querían, eran tan discriminatorios sin saberlo, y buscar las explicaciones a un fenómeno que tanto degrada a todos los seres humanos.

Zuleica aceptó conversar con Cubarte sobre este libro acreedor de tan prestigioso galardón.

¿Cuándo y cómo surge la idea del libro Elogio de la altea o las paradojas de la racialidad?

Creo que ese libro fue creciendo dentro de mí desde que nací, pero específicamente en el año 2005 hubo un Congreso Cultura y Desarrollo y uno de los paneles de debate era sobre la temática de los marginados y excluidos en el mundo; en ese momento yo trabajaba aquí en el Instituto del Libro, como vicepresidenta, y los organizadores del evento me solicitaron que participara en el panel con una ponencia.

Yo tenía mucho miedo de aparecerme allí con algo que se pudiera considerar panfletario, porque realmente a ese forum internacional yo iba como funcionaria del estado cubano. Traté de hacer un texto que no fuera propagandístico, pero no se me ocurría, hasta que  un  día  dije  «pero si yo con contar la historia de mi familia tengo», y en alrededor de tres cuartillas conté los episodios más relevantes y las figuras más descollantes de mi familia en las cuatro últimas generaciones: desde mi bisabuela Crecencia, que nació en un barracón de esclavos, hasta mis hermanos y yo.

Leí aquello en el congreso, muy expectante de lo que iba a pasar, y para mi sorpresa, cuando terminé  de leer, todos los que estaban en la sala se levantaron a y empezaron a aplaudir; después me di cuenta que muchas de aquellas personas tenían experiencias de vida similares a la mía, porque esa es la Revolución, fue ella la que nos permitió salir de “allá abajo” y llegar a donde estábamos y por eso muchos de los allí presentes se emocionaron. A mí esa reacción me…, bueno me halagó, claro, porque todos tenemos un pedacito de corazoncito vanidoso, pero también me dejó pensando «si esto es tan común, cotidiano y normal en nuestro país, ¿por qué algunos se emocionaron tanto?», me preocupó eso y quedó como una semillita ahí germinando.

No puedo decir que en aquel momento  me decidí a escribir el libro, pero ya a finales de los 2000 empezó a aparecer en Cuba en el sector académico, más literatura que aludía, no solo a temas asociados  a la cuestión racial, sino también a  la desigualdad social, a las manifestaciones de homofobia y xenofobia, y entonces me sorprendí más de una vez acordándome de aquel momento y me decía   «si yo pudiera escribir sobre eso», pero no me decidía y opté al menos por ir leyendo lo que otros publicaban.

Eso debe haber sido alrededor del 2007; empecé a leer y cada vez me fui interesando más y la bibliografía de un libro citaba a otro y fue  como una especie de descubrimientos sucesivos  que me fueron metiendo en el tema hasta que un día me dije «me voy a sentar a escribir», y empecé; cuando tenía 30 o 40 cuartillas empecé a dudar de lo que estaba escribiendo porque ¿qué práctica científica  tenía yo para afirmar estas cosas?, y decidí salir a la calle a entrevistar y conversar con personas; lo que escribía y lo que averiguaba lo empecé a reunir  en un mismo texto.

Pero fíjate, cuando te digo que el libro  fue creciendo dentro de mí desde que nací, es porque creo que cada cubano pudiera escribir un libro sobre eso si tuviera la capacidad técnica, la paciencia y la voluntad de hacerlo, porque es muy difícil que tú no encuentres en alguna familia una incomprensión que se genera en la intolerancia al otro que es diferente; es muy usual que haya al interior de la familia conflictos que se generen por eso: la negra o el negro que no quiero, el homosexual que no quiero, el palestino que no quiero; a veces no tiene que ver con una condición sino con una apariencia, con el peinado o el largo del pelo, con un tatuaje o una manera de vestir, de hablar, pueden ser hasta los gustos musicales, hay muchas razones por las cuales las personas manifiestan intolerancia con respecto a los gustos o prácticas sociales de otras.

Creo que los seres humanos en general no hemos desarrollado suficientes herramientas para la convivencia armoniosa y respetuosa con los demás y no creo que sea un fenómeno exclusivamente cubano, creo que parte de la condición del ser humano que es extraordinariamente social en las maneras de desarrollarse con los que son iguales a sí mismo, pero a su vez tiene siempre algunas actitudes, comportamientos y maneras de ver las cosas que afectan la convivencia, me da la impresión de que eso es parte  de la condición humana  y que la tarea de cualquier sociedad, sobre todo de una como la nuestra, es educar a las personas para que esa convivencia sea cada vez más armoniosa pero también más espontánea, sin excesos de condicionamientos sociales que obliguen a aceptar las diferencias, que sea la naturaleza de las personas  la que entienda que lo realmente natural es lo diferente y a veces es lo que más trabajo nos cuesta aceptar, porque queremos que todo sea a partir de una formulita.

¿Cuáles son en su opinión las grandes paradojas de la racialidad?

Entre las grandes paradojas de la racialidad, no pretendo mencionarlas todas. La primera que hay que citar es la interacción entre lo subjetivo y lo objetivo que en este caso es muy contradictoria  porque la clasificación racial es totalmente subjetiva, la especie humana es una sola, las diferencias no son biológicas, son genéticas y las que tienen que ver con el color de la piel tienen una proporción ínfima en cuanto a la  constitución genética de los seres humanos, no llega ni siquiera al 0, 5 porciento, además de que el color de la piel, los atributos del pelo, las formas de las facciones --sobre todo las del rostro--, son un resultado totalmente accidental y dependiente de las inimaginables combinaciones que pueden hacer los genes de dos personas.

 Sin embargo las consecuencias en las sociedades racializadas de tener uno u otro color, e incluso dentro de la misma  clasificación cromática, las diferentes gradaciones del color son totalmente objetivas. Creo que hay muy pocas nociones como la del color de piel o raza que demuestran la extraordinaria objetividad de lo subjetivo, porque la clasificación es subjetiva, pero las consecuencias no; para mí esa es una gran paradoja.

Otra contradicción tiene que ver con los criterios de clasificación que son muy voluntaristas; mientras que en Estados Unidos el que tenga una gota de sangre negra ya no es blanco, en Cuba cualquiera que no sea suficientemente mestizo, es blanco, y esa es otra paradoja, ¿quién determina quién es o no blanco?,  bueno, la clasificación que hace la sociedad, que es totalmente anárquica y subjetiva: ¿qué hacemos con un blanco que sea ñato?, o ¿qué  con un negro que no sea bembón?, ¿qué va a predominar la forma de la nariz y la boca o el color de la piel?, y ahí es donde te das cuenta de que todo es un rejuego en el cual la propia sociedad ha entrenado a las personas para posicionarse socialmente en función de atributos presuntamente raciales, todo es una maniobra y al final esa clasificación racial depende de las posibilidades que las personas tengan.

Hay un libro muy interesante que está por salir de dos investigadoras cubanas  María de los Angeles Meriño y Aynara Perera, que es extraordinariamente aleccionador porque ellas, en su investigación, se dieron cuenta de que en el pasado las mujeres no blancas en Cuba podían ascender racialmente en función del matrimonio, o sea que una mulata soltera que se casara con un blanco, inmediatamente era reclasificada como blanca, e igualmente ocurría con una negra soltera, si un blanco decidía admitirla y exhibirla socialmente como esposa, se convertía en mulata solo por ser la esposa de un blanco, e interesantísimo: cuando la unión desaparecía, estas mujeres volvían a la clasificación anterior ; uno se da cuenta  de que las clasificaciones raciales, no solo en Cuba sino en América Latina, son muy, muy, muy caprichosas.

Hay una investigadora de origen francés llamada Elizabeth Cunin, que ha estudiado mucho las sociedades latinoamericanas, que le dice a eso competencia mestiza, que es la capacidad de jugar con el color y posicionarse en función de éste, a lo que las investigadoras cubanas que te mencioné anteriormente le llaman el uso social del color.

Y la tercera y más complicada paradoja que yo veo, es que no puedes ver el tema racial aislado del resto de las cualidades o atributos en función de los cuales las personas pueden ser minimizadas, que es algo que yo a los compañeros les digo con mucha frecuencia; no se puede identificar, ni clasificar a los discriminadores ni a los discriminados  en Cuba porque muchas veces la mismas personas juegan ambos roles según la cualidad que se esté juzgando; si se juzga el origen, no es lo mismo un habanero que un guantanamero; si es el género no se tiene la misma percepción social de un hombre que de una mujer; si se está evaluando la orientación sexual no son iguales un heterosexual, un homosexual y un bisexual.

En función de todas esas maneras de pretender clasificar e inferiorizar a las personas cuando tienen atributos que se salen del canon o de lo “socialmente aceptado” entonces tú puedes ser discriminador o discriminado, y muchas personas lamentablemente jugamos ambos roles.

¿Quisiera comentar acerca del fundamento documental de Elogio de la altea o las paradojas de la racialidad?

Consiste en que a mí me preocuparon mucho los complejos de culpa de la sociedad cubana en   relación a la no erradicación de las manifestaciones de prejuicios y discriminación racial   y eso es más perceptible en la actuación de personas individuales y este es un problema que además de tener 500 años, posee una base fundamentalmente cultural.

Entonces traté de ver cómo se reflejan hoy en el siglo XXI las tensiones y contradicciones de naturaleza racial en países que tienen historias parecidas a la nuestra, que fueron colonias de las metrópolis europeas, que importaron africanos y los esclavizaron para el desarrollo de una actividad económica que iba a conectarse con el comercio internacional del capitalismo, que por entonces emergía como un sistema social más promisorio que la etapa feudal que se dejaba atrás.

Descubrí algo muy interesante y es que casi todos los países que fuimos colonizados  por España y Portugal,  sobre todo, tenemos  historias económicas, sociales y culturales muy parecidas; los africanos vinieron a las diferentes naciones a hacer las mismas actividades económicas por tanto tuvieron  formas parecidas de rebelarse contra su condición esclava y de contribuir desde la cultura, a la formación de la nueva nacionalidad.

Esto es tan demostrable como que incluso hoy algunos de los proverbios que se usan para  inferiorizar a los que no son blancos son muy parecidos; en Cuba se dice “si ves un negro con dinero, es músico o deportista”; en Brasil  se dice “si ves un negro conduciendo una auto importado, es futbolista  o narcotraficante” y en Panamá  dicen “blanco que corre, es atleta; negro que corre, es ladrón”; cuando comparas estos proverbios te das cuenta de que la percepción del negro, su papel  en la sociedad y del origen de  su probable bienestar material es el mismo, son cualidades que no están asociadas al desarrollo del pensamiento ni al cultivo del intelecto, porque tenemos una misma  herencia cultural; entonces  me dije que el  problema de Cuba no es tan simple como a veces lo planteamos que es que los blancos discriminan a los negros.

A partir de ahí seguí buscando cómo se comporta el fenómeno en Colombia, Perú Guatemala, Venezuela, hay muchos países a los que nos parecemos mucho como Brasil que  aunque fuimos colonia de diferentes metrópolis, sí tuvimos actividades económicas y manifestaciones culturales y religiosas y parecidas, pero hay otros casos como Venezuela y Perú, donde  los negros se mezclaron lo mismo con los  blancos europeos que con los indígenas americanos, o como en Argentina y Uruguay donde  los indígenas y los negros fueron exterminados y donde hoy solo perviven en comunidades con determinadas características culturales y no aparecen en el censo, porque éste no toma en cuenta el color de la piel, por tanto los negros no existen, no están.

A mí me interesaba  mucho la comparación, no para construir una justificación de por qué la sociedad cubana, pese a una  Revolución que lleva 53 años en el poder, no ha resuelto el problema, si no para entender por qué es tan difícil resolverlo, y las claves pare entenderlo me las dio la cultura.

¿Qué elementos son los que señaló el jurado como  experiencias propias?

El tema está en que entre los muchos mitos culturales que se construyeron en el siglo XIX, en Cuba y en  otros países de América y se consolidaron en el XX, está aquel de que los negros y mulatos  iban a lograr redimirse y liberarse por medio de la educación, y que los negros y los mulatos lo que tenían que hacer era estudiar mucho, superarse y eso les iba a permitir equilibrarse social, económica y culturalmente a la población blanca.

Por eso es que existieron el Club Atenas, las Sociedades de negros y mestizos, con aquella extraordinaria vocación de superación que tenían, las escuelas, y por eso existieron a lo largo sobre todo de la República tantos esfuerzos de  los estratos sociales más retrasados y más oscuros por llegar al nivel que tenían los estratos blancos.

A mí siempre me preocupó por qué yo percibía en algunos amigos y familiares egresados de la universidad, con importantes títulos científicos y académicos que ellos seguían sintiéndose objeto de discriminación, porque se supone que si habían logrado todos esos lauros el problema desaparecería, sin embargo yo notaba eso, nunca en una conversación a fondo, pero sí en comentarios, frases, anécdotas, y entonces decidí que antes de escribir el texto iba a tratar de conocer por personas de ese tipo, sus propias experiencias.

Para esto, con casi treinta personas, todos negros y mestizos, graduados universitarios, todos más o menos reconocidos como exitosos en su entorno familiar y en su microentorno social,  conversamos largamente para ver cómo les había ido.

Después tuve que escoger grupos de personas con características semejantes para tratar de identificar comunidad de opiniones con relación a ciertos temas; hice tres o cuatro entrevistas grupales en centros de trabajo; tuve una conversación interesantísima con un grupo de estudiantes de la secundaria que está al lado de mi casa, también con un grupo de graduados de derecho, y así fui buscando grupitos de personas y les planteé temas problémicos para que se manifestaran y con todo esto obtuve mucha información.

Finalmente, como en una etapa de mi vida fui investigadora, especialista en estudios sociales, diseñé una encuesta y se la apliqué a alrededor de ciento veinte personas, a todos los que había entrevistado individualmente, a una parte de los que entrevisté grupalmente y a otra muestra que escogí de forma aleatoria; a pesar de que conozco cómo se hace, no me propuse diseñar una muestra estadística con ningún nivel de confiabilidad, lo único que requería saber era qué opinaba la gente sobre determinados asuntos, por eso tales datos  los uso en el libro con mucha discreción  y cautela porque sé que desde el punto de vista de la metodología, la muestra que yo escogí es totalmente intencional y por tanto a la hora de sacar conclusiones y generalizarlas eso no va a tener la misma capacidad de persuasión que si fuera una muestra estadísticamente seleccionada.

Yo fui haciendo las dos cosas paralelamente, cuando podía hacía trabajo de terreno y cuando tenía psicológica, material y  temporalmente, creadas las  condiciones, escribía y  ya al final  busqué en qué medida casaba lo que encontré en el terreno con lo que iba escribiendo y se dio el caso de resultados que pudieron perfectamente sustentar determinada hipótesis y también cosas que reescribí porque me di cuenta que la práctica no estaba confirmando lo que había escrito antes y así fui armando el libro.

En el foro promovido por  el Portal Cubarte, se encuentra una entrevista que Heriberto Feraudy hiciera a la doctora Graziella Pogolotti a propósito del tema que abordamos, en la que entre otras ideas ésta plantea: “Se trata, claro está, de un tema delicado por cuanto intervienen en él, no solo elementos del pensamiento lógico sino zonas más oscuras que impregnan el inconsciente. Esas consideraciones han influido en el abordaje cauteloso de un asunto que puede fragmentar la sociedad cubana. Pienso, por lo contrario, que el silencio contribuye a ahondar fisuras”. ¿Cuál es su opinión en este sentido?

Hace unos días en una entrevista que salió en  La Jiribilla, yo argumentaba que el silencio social es un mecanismo defensivo que todas las sociedades utilizan, no existe prácticamente ninguna sociedad en la historia de la especie humana que no tenga temas tabú, cosas de las que la gente solo habla en el ámbito privado, porque la sociedad siempre tiene una diferencia entre los valores que proclama y los que se materializan en su práctica cotidiana; no es un diseño hipócrita de la sociedad,  porque es un cuerpo vivo,  siempre un desfase generalmente porque la sociedad se atrasa con respecto a los valores que proclama y cuando ese desfase afecta el funcionamiento de la sociedad o de las actividades políticas, educacionales, el desarrollo de las artes y las ciencias siempre hay estrategias de silenciamiento del problema.

Históricamente las artes han sido mucho menos conservadoras pero las Ciencias Sociales en varios momentos de la historia humana, rezagadas de la práctica, se han dedicado a argumentar soluciones de la sociedad que la práctica está diciendo que ya no funcionan; eso ha ocurrido desde las ciudades estado griegas hasta nuestro días; la quiebra del silencio es como la fiebre; una sociedad está tapando determinando asunto, tal parece que a nadie le preocupa, todo el mundo muy tranquilo y de buenas a primeras se arma un debate social y tú dices ¿qué pasó?, pues que se rompió el equilibro y la gente empezó a expresarse, como si tuvieras una cantidad de microorganismos superior a la que tu sistema inmunológico permite y entonces cuando se quiebra  el silencio es como la fiebre en el cuerpo y hay que averiguar las causas de la fiebre y de que  a estas alturas la gente esté hablando de eso y pasa lo mismo con asuntos culturales, sociales, o políticos.

Fue apreciable por ejemplo en Chile, que parecía una sociedad conforme con todo el trauma que había sufrido hasta que fue posible acorralar a Pinochet y entonces toda la oposición que ese régimen generó salió a relucir, ahí estaba la rebeldía de la sociedad chilena; aparentemente en Bolivia lo que pasó con el Che y sus compañeros era un secreto muy bien guardado, pero cuando aparecieron los restos de ellos nos dimos cuenta que mucha gente allí sabía lo que había, pero no podía hablar de eso.

No logro todavía explicarme cuáles son los misteriosos y secretos mecanismos que desatan esas respuestas, pero lo que sí es verdad es que la sociedad cada vez que encuentra una asintonía entre los valores que proclama, los que defiende y lo que ocurre en la practica social busca mecanismos de defensa  y uno de esos mecanismos de defensa es el silencio..

Una de las cosas que más me preocupó fue que algún lector predispuesto pensara que yo estoy tratando de justificar algo y el libro lo hice para intentar explicarme lo que pasa con lo que no estoy de acuerdo, pero lo primero que tengo que hacer es entender por qué pasa  porque si no va a ser muy difícil que yo logre contribuir a que esa situación se transforme y yo creo que a veces en Cuba nos apresuramos mucho en juzgar las situaciones, en clasificar  los hechos  y los procesos sin primero explicarnos por qué pasan; es muy importante saber por qué ocurren las cosas, sobre todo cuando hay una respuesta que es colectiva, de la que participan personas diferentes, con historias de vida diferentes también y reaccionan igual, eso hay que intentar explicárselo antes de quererlo transformar para evitar que las medidas que se tomen no sean adecuadas, y volvemos al ejemplo del enfermo, si no hay diagnóstico clínico no hay tratamiento médico, en la sociedad es igual, y yo estaba tratando de contribuir --no sé si lo habré logrado--,  al diagnóstico.

 

 

 

Continuará...

 

 

 

Fotos: Rafael de la Osa

Temática: Libro y Literatura
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Lector crítico
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