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Entrevistas
Lo realmente importante es promover y preservar la afición a la lectura Fecha: 2012-02-06 Fuente: CUBARTE
Lo realmente importante es promover y preservar la afición a la lectura
Lo realmente importante es promover y preservar la afición  a la lectura

Ambrosio Fornet es de esas personas sabias que hablan con claridad y sencillez, y a la vez, con la hondura que los hace trascender en la mente de los otros humanos.

Tiene muchos años Fornet, nació en la histórica ciudad de Bayamo en 1932, y la mayoría de éstos los ha dedicado a los libros, tanto como editor, ―la profesión que considera tener básicamente y que desempeñó veinte años― o como investigador, crítico literario, periodista, profesor y guionista de cine, entre otros del popular filme Retrato de Teresa, de Pastor Vega.

A sus  importantes aportes como escritor, a su amplísima obra como crítico, se suma en valor  su labor de compilador y antólogo de numerosos y significativos títulos de la literatura cubana y universal.

Una vida larga y activa la de Fornet;  varias profesiones, todas desempeñadas con esmero, y múltiples colaboraciones en  publicaciones  como la revista El Bancario, ―donde publica su primer ensayo en 1953 sobre José Martí―, Carteles, Lunes de Revolución, Casa de las Américas, Unión, Revolución y  Cultura y La Gaceta de Cuba.

Ambrosio Fornet es Profesor Titular Adjunto del Instituto Superior de Arte, dirige el Consejo Editorial de la UNEAC  y es, muy merecidamente, miembro de la Academia Cubana de la Lengua; ha recibido numerosos lauros y distinciones, de los más apreciables  que  se  entregan  en  la  isla, entre ellos los Premios Nacionales de Edición (2000) y de Literatura (2009). 

Pero a esta persona sabia le deberemos  agradecer siempre, su faena cardinal en la Imprenta Nacional; haber contribuido a que muchos cubanos tuvieran por primera vez en sus manos algo de lo mejor de la literatura universal, comenzando por la edición de cien mil ejemplares de El Quijote, ―que se vendió a 1 peso― y pasando por Homero, Balzac, Dickens y Dostoieski, entre otros muchos.

Este escritor y maestro cubano será por todo esto y más homenajeado en la ya muy próxima Feria Internacional del Libro, junto a la Premio Nacional de Ciencias Sociales Zoila Lapique.

Fornet ha sido entrevistado muchas  veces, pero no quisimos dejar de conversar en esta ocasión, también a modo de homenaje y  así aprender y disfrutar ―la mejor manera de hacer lo primero― con sus certeras respuestas, acerca de asuntos relacionados con su propio mundo: el de los libros y la literatura.

Según su apreciación ¿cuál es en nuestros días el género literario que más puede aportar al mejoramiento humano?

En algunos momentos de la historia universal esa pregunta ha tenido respuestas categóricas: la Biblia, el Corán, el Contrato social, el Manifiesto comunista… Pero en nuestra época no hay libro ni género literario que garantice que el lector ―o la lectora― va a ser más humano de lo que es.

Habrá que pensar en otros canales, como los que pueden aportar los padres y la escuela con el ejemplo y con la formación cívica del niño y el adolescente.

En  las palabras de agradecimiento a propósito de la entrega del Premio Nacional de Literatura, usted hacía referencia  a su preocupación acerca de las maneras posibles de hacer llegar la literatura a un público más amplio, fuera del ámbito reservado a los especialistas y el papel de los modos de expresión en este empeño ¿Se mantiene esta inquietud o ha crecido?

Se mantiene y ha crecido. Porque el énfasis que se pone hoy en día en la naturaleza de los soportes ―el libro, por un lado, y los medios electrónicos, por el otro―, hace olvidar a menudo que lo importante ―lo realmente importante― es promover y preservar la afición  a la lectura, sea cual sea el medio que elija el lector.

Dicen que El Quijote y La guerra y la paz son las más grandes novelas de todos los tiempos, ¿no? Pues estoy seguro de que ya se pueden leer (o escuchar, porque también se graban) por medio de algún artefacto más o menos electrónico. ¿Qué no sería lo mismo? Eso es lo que tendríamos que analizar.

¿Cuál sería su propuesta personal para estimular la  pasión de la lectura en los cubanos, especialmente entre los jóvenes?

Como quiera que a leer se aprende leyendo, yo propondría que  los abuelos y los padres acostumbraran a los niños a hojear los libros que les leen y a familiarizarse con sus ilustraciones, con sus páginas… Y entonces, cuando ya aprendan a leer, les recordaran lo ya leído antes, o asociaran el texto a alguna experiencia o fantasía del niño… Se trata de que el niño se acostumbre a pensar que los libros forman parte de su vida, de su medio… Antes de que la escuela empiece a desempeñar su papel, hacen falta griots hogareños, abuelos y padres que trasmitan la memoria tribal y la sabiduría colectiva.

En alguna parte cuenta Rilke que los etnólogos, al llegar a las aldeas y hablar con los niños, enseguida detectaban cuáles eran huérfanos: eran los que no se sabían los cuentos y canciones de la región. En dos palabras, hay que empezar por el principio, y el principio ―el que precede incluso a la escuela, como ya dije― es la  familia. No hay que dejarle esa función al televisor.

¿Qué elementos considera que conspiran en los tiempos que corren contra la lectura de la poesía por parte de los no especialistas?

En general, la poesía moderna nos propone un tipo de lectura que pudiéramos llamar ―dependiendo de cómo se mire— codificada… o no codificada. Los códigos ―o la ausencia de ellos— provienen de un lenguaje basado en lo alusivo, lo metafórico, la libre asociación de ideas, un lenguaje no destinado a la comunicación inmediata.

Claro que en nuestra época existe también una poesía “comunicativa” ―la llamada poesía coloquial tiene en nuestro idioma notables ejemplos— y además sus “consumidores” se multiplicaron cuando la poesía tradicional volvió a sus orígenes, se hizo lírica de nuevo y  encontró un nuevo medio de difusión en la radio.  

Hoy en día la poesía cantada, la de los trovadores, la de los compositores e intérpretes que musicalizan poemas propios o ajenos, esa poesía tiene un público ―joven, sobre todo— que un viejo poeta no hubiera podido imaginar. Pero alguien podría objetar que es eso, precisamente, lo que ahora conspira contra la lectura de poesía ―la “conversación con los difuntos”, la asimilación silenciosa y entrañable de la voz del poeta―, y entonces el debate quedaría abierto de nuevo.

Lo que sí está claro es que la poesía ―sea cual sea su soporte, su canal de difusión— sigue siendo una necesidad, una imperiosa necesidad de diálogo emocional.

¿Cuáles serán sus obras, nuevas o con carácter de reimpresión, que se presentarán en la venidera Feria Internacional de Libro, que le está dedicada?

Durante la Feria aparecerán tres títulos nuevos: en la Editorial Letras cubanas,  Rutas críticas ―una colección de ensayos y artículos nunca antes recogidos en libro― y A título personal ―un conjunto de entrevistas que me han hecho en el curso de los últimos treinta años―; y en Ediciones Bayamo, Yo no vi ná y otras indagaciones, donde se recogen varios cuentos y fragmentos de novela escritos y publicados en los años sesenta, pero que se reúnen aquí por primera vez.

Como reimpresiones aparecerán Narrar la nación, de Letras Cubanas, Las trampas del oficio, de Ediciones ICAIC, y el ensayo ―ahora con honores de libro— Nicolás Guillén y el laberinto de la diáspora antillana, una bella edición artesanal de Ediciones Papiro, de Holguín.

 

 

 

 

Foto: Cortesía de la autora.

Temática: Libro y Literatura
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Lector crítico
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