El Mediterráneo la baña con todas sus sonoridades y la eleva como uno de los estandartes de su música y su cultura: la cantante mallorquina María del Mar Bonet resulta una de esas joyas, casi desconocidas de este lado del Atlántico.
La Bonet, digna representante de la Nova Canco y del movimiento artístico Els Setze Jutges, reivindicador de la cultura catalana y demás espacios de la vida social en contra de la dictadura franquista, ha sobrevolado con su música los diferentes espacios territoriales, interpretando las canciones folclóricas de todas las tierras del Mediterráneo.
Cuenta que a sus 18 años, con sueños de estudiar cerámica, llegó a Barcelona y supo del trabajo cultural de Els Setze Jutges: “conocí todo el trabajo del grupo por restaurar nuestra lengua, prohibida por la dictadura franquista en todos los ámbitos sociales. En aquellos tiempos la música era muy vacía en nuestra lengua, solamente era cantada en algún coro. Fui junto a Joan Manuel Serrat, de las últimas personas en unirse al grupo, específicamente la número 14 y, poco a poco, fue ganándome la música más que la cerámica y aquí estoy, cantando todavía, ganándome la vida con la música”.
Bellver fue el fonograma que la trajo a Cuba gracias al Premio Internacional Cubadisco 2011, por la maestría en la forma de combinar la voz de María del Mar con la orquestación sinfónica, en ese repaso íntimo al concepto y espacio mediterráneo en un itinerario musical por las ciudades que comparten con Mallorca el baño de un mismo mar, a través de un trabajo muy personal en clave sinfónica.
“Bell ver más que definir mi música, resulta una definición de mí misma y de lo que hago. Busco a Mallorca en todas partes y en el Mediterráneo, la encuentro en todos los rincones. Mallorca se ha nutrido, por su pequeñez, de todas las culturas que la ha rodeado: eso lo dicen sus poesías, su gente; el Mediterráneo ha sido la gran madre de esta pequeña Isla y de todos los países catalanes de la zona; y éste a su vez se ha nutrido de ellas”, asegura la cantante que ya cumple 45 años de carrera musical.
Relata también, sus ocasionales incursiones en otros caminos artísticos como la pintura y la literatura: “El libro La cuina de mumare (La cocina de mi mamá) es un homenaje a todo lo que escribió mamá en el periódico de Mallorca durante casi 40 años: recetas dietéticas y sanas para un público de domingo en búsqueda de cosas sencillas. Es un recetario que de niña he admirado de mi madre y me apetecía reverenciarla con pinturas mías y de mi padre para las diferentes recetas”, asegura, aunque lo ve como algo esporádico.
En cuanto a la pintura expone: “No deje nunca de pintar. Creo que hay muchos músicos y cantantes que también lo hacen. No es algo muy especial en mí, y aunque no se puede hacer todo, cuando tienes estas inclinaciones debes seguirlas, porque a veces la música me lleva a la pintura y viceversa, ambas me dan ideas, márgenes para descansar de ambas y me ayudan mutuamente. Desde pequeña siempre pintaba junto a mi abuelo y mi padre, es una cosa que viene de una familia de pintores aficionados. Pero nunca he dedicado tanto trabajo y lugar a la pintura como el que le dedico a la música. Simplemente un amigo me dijo que debía hacer alguna exposición y así empezó todo. Realmente no exponía, simplemente las hacía y regalaba a mis amigos. Pero ya llevo 5 o 6 exposiciones, pero las expongo no más y no las vendo”.
El arte de la Bonet ha dado vida a muchos otros proyectos de artistas de diferentes manifestaciones: el coreógrafo y bailarín Nacho Duato ha realizado en varias ocasiones coreografías con las canciones de la mallorquina, en clara simbiosis del arte de la voz y de las expresiones mediante el cuerpo. “Soy muy feliz cuando veo bailar mi voz y música. Es un camino y un premio muy especial ver bailar tu música, y todo esto gracias a Nacho”.
¿Por qué cantarle durante casi medio siglo de carrera al Mediterráneo?
“El Mediterráneo es para mí como para vosotros el Caribe. Porque soy una cantante que ha vivido en medio de la mar, que está a mediodía de Córcega o de Italia; siendo el Mediterráneo todo un mar pequeño, que parece más un país, entonces ¿por qué no cantar las canciones de todos sus rincones? Es lo que me gusta hacer, trabajar con géneros y músicos del Mediterráneo porque es mi tierra”.
“Hay que buscar lo que nos une y la música es un camino y lenguaje maravilloso para eso. Si aquí en el Caribe, venezolanos, cubanos, mexicanos, cantan canciones de todos, por qué no voy a poder yo cantar las canciones de Túnez o de Argelia, si también son mis tierras y las siento como hermanos. Lo mío es la música mediterránea”, sentenció.
Un claro intercambio entre Cuba y la artista resultó el concierto único que ofreció el pasado 20 de enero en el capitalino teatro Lázaro Peña, donde su voz se unió a la maestría interpretativa de los maestros Jorge Reyes y su Quinteto Cuba y Enrique Pérez Mesa, al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional, para brindar un espectáculo con dos visiones divergentes musicalmente (clásica y popular), pero a su vez aunadas por el toque singular de la Bonet, a la que se unió en escena la Diva del Buena Vista Social Club, Omara Portuondo, en un dueto para la historia del clásico Quiéreme mucho, solo a contrabajo.
“A mi lo que me gusta es conectar e intercambiar con músicos de otras tierras, y poder trabajar junto a ellos para aprender de ellos. Pienso que todos los cantantes debemos nutrirnos unos de los otros y Cuba es, como el nombre de mi gira Ille de la Mar (Isla del Mar), una de esas islas que se dan la mano culturalmente”, aseguró la cantante.
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