Tratar de buscar la originalidad, cruzar caminos diferentes, encontrar del vocabulario danzario en general, palabras nuevas que decir, parece ser el rumbo que marca la aguja de la brújula artística de una compañía que acaba de aparecer en el firmamento cubano de la danza…
No cabe dudas: una agradable sorpresa constituyó para todos, ver, la semana pasada, el nacimiento de una nueva agrupación danzaria: la Compañía Irene Rodríguez, durante la entrega de los Premios CARICATO 2011 de la UNEAC, en el teatro ASTRAL.
En un espectáculo bien concebido, variado y sin ninguna laguna, algo extraño en estas galas de premiación, apareció un momento estelar, un soplo de pasión, originalidad y maestría sobre la escena del teatro habanero, guiados por la mano certera de la conocida bailarina Irene Rodríguez. Era la naciente compañía que lleva su nombre, con el espectáculo al-Andaluz, basado en la influencia morisca en el arte flamenco. La coreografía, firmada por la propia artista, y que había visto la luz en un Festival La Huellade España, con el BEC, está integrada por dos movimientos: el primero, Soleá x bulerías (uno de los palos básicos del flamenco) donde se llevó a este ritmo el poema Soneto a Andalucía, de Juan Morales Rojas (1918-1991). A partir de sus versos se describen las provincias andaluzas, resaltando la belleza de Granada y su influencia árabe. Y el segundo, interpretado por toda la compañía, evoca, a través de los movimientos de los bailarines, la arquitectura morisca granadina.

La agradable coreografía tiene esos “ingredientes” que el auditorio degusta como un manjar visual-musical-baile, elaborado a la medida… Donde sobresalieron además el talento y el carisma de Irene Rodríguez, secundada por un grupo de jóvenes bailarines, cuya pasión y energía permearon sus danzas. La música en vivo estuvo a cargo de los excelentes artistas: Alejandro Truffín, en la percusión flamenca, y Samir Osorio en el cante. La música utilizada para el segundo movimiento es un arreglo de Irene, y del ingeniero de sonido Fabio Corrieri, a partir de varias piezas flamencas.
Los gritos de ¡Bravo!, las ovaciones y la alegría manifestada en la ocasión por el público, demostraron que había llegado, con creces, su quehacer danzario al auditorio. Tanto los bailaores, como los músicos y cantaores de la Compañía Irene Rodríguez, con la carga emotiva de la entrega, la profundidad de los sentimientos, la proyección del gesto hicieron de este código escénico un ejemplo elocuente de cuánto puede penetrar la danza en la naturaleza humana y en la idiosincrasia de un pueblo, para expresarlas.
Conversación con Irene Rodríguez…
La Compañía Irene Rodríguez, ¿en que se basará, quienes la integran, qué esperas y sueñas? La labor coreográfica tuya, principios e ideas para el futuro de la CIR... “La Compañía Irene Rodríguez nace a raíz de la necesidad de transmitir a las nuevas generaciones ciertas líneas de trabajo, que ya fuera en mi interpretación o en la obra coreográfica, se venían dibujando desde hace algunos años. Esa necesidad de hacer, de crear, de formar con mis propios códigos totalmente revolucionarios y transformadores, son el elemento fundamental que dieron impulso a la decisión de fundar una agrupación y darle un nuevo camino a mi carrera”.

La Compañía IreneRodríguez está compuesta por 10 bailarines: de ellos 5 mujeres y 5 hombres. Todos sus integrantes son graduados y evaluados como bailarines de Danzas Españolas y para ingresar a ella, tuvieron que sobresalir en rigurosos procesos de selección tras audiciones realizadas por un jurado integrado por miembros del Ballet Nacional de Cuba y de la Escuela Nacional de Ballet.
Nuestros planes futuros, dijo, son en primer lugar: mantener viva la cultura española presente en nuestras raíces y fomentar el desarrollo teatral del mismo; así como su enseñanza a las jóvenes generaciones. Por otra parte, estamos muy enfocados en crear nuevas tendencias que hagan evolucionar este género, fusionándolo con todo aquello que amplíe el vocabulario escénico como pueden ser las artes dramáticas, la danza contemporánea, los ritmos nacionales. En fin, todo aquello que nos permita hacer confluir la tradición y modernidad de un género de carácter internacional, y nuestra manera, muy cubana, de afrontarlo.
¿La danza, lo español y el ballet para Irene Rodríguez?
Para la destacada bailarina, la danza clásica, es la madre de todas las danzas. “Es la base técnica universal que unifica a todos los bailarines del mundo. Como bien dijera la gran Mariemma, conocida intérprete y coreógrafa del género ibérico: “las posibilidades de la Danza Española son ilimitadas si a nuestros bailarines se les dota de una técnica académica, de una técnica clásica, universal”.
Mi quehacer danzario, comentó, se ha caracterizado por un amplio espectro interpretativo. Gracias a mis conocimientos de ballet, lo cual me ha ofrecido la oportunidad de poder trabajar con una compañía netamente clásica: el Ballet Nacional de Cuba. Por eso, la base de entrenamiento de la Compañía Irene Rodríguez, tiene la danza clásica, además de la técnica del flamenco y de la Estilización de las Danzas Españolas, entre otros. Pues no quisiera que las líneas de trabajo de la agrupación se vieran supeditadas solo a la interpretación de un género netamente folclórico; sino que, con el dominio de la técnica clásica, la danza moderna, las artes dramáticas…, poder abrir el diapasón creativo de este género sin limitante alguno. En una palabra: poder ser capaces de utilizar cualquier vocabulario expresivo que haga posible nuestra comunicación con el público.

¿Del debut de la CIR, de la primera actuación? “A solo 3 semanas de funcionar como compañía, tuvimos el honor de ser invitados a participar en la Gala de entrega de los premios CARICATO, lo cual suponía nuestro debut escénico como agrupación. Fue una muestra de confianza la que depositó su director artístico, Pancho González, y la UNEAC, institución que confiere dichos galardones, en las posibilidades artísticas de la agrupación que dirijo y evidentemente en mí. Además, el hecho de tener como público en nuestro debut a los más distinguidos actores y actrices nacionales, en las más disímiles categorías artísticas suponía una “prueba de fuego”. Sin embargo, la acogida fue fantástica y los emocionados aplausos y el hecho de que el Cine-Teatro Astral, en pleno, se pusiera de pie luego de terminar nuestra actuación, lo dijeron todo. Estoy muy complacida y te aseguro, que este primer éxito servirá como impulso para cada día dejar el alma en la escena”.
Como en la escena, Irene Rodríguez es la danza pura, y permea al auditorio con su energía… ¿Qué sientes cuando bailas?
En realidad salgo muy concentrada, señala. Antes de salir a escena me pongo un poco nerviosa (creo que es algo común entre los artistas), debido a las exigencias que yo misma me impongo en cada representación. Ya sabes, el público siempre pide más y uno espera poder cumplir con sus expectativas. Es también como el temor a defraudar todo ese cariño y confianza que muestran. Pero una vez dentro del escenario, solo disfruto lo que hago, trato de, como se dice, meterme en el personaje o en la temática de lo que esté interpretando. “Siempre doy lo mejor de mí: con gran pasión, como si fuera mi primera actuación; con gran entrega, como si fuera la última”.

Fotos: Adrián Pérez y Luis Alberto Alonso