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Letra con filo
Galeano o la verdad de los espejos Fecha: 2012-01-13 Fuente: CUBARTE
Galeano o la verdad de los espejos
Galeano o la verdad de los espejos

Por esa manía de comprar libros, hace dos o tres años compré uno con un título definitivo: La cultura. Todo lo que hay que saber, por supuesto, de un alemán, Dietrich Schwanitz; el texto editado en España con más de quinientas páginas, tiene una primera parte titulada “Saber”, que contiene una selección de la historia de Europa desde la literatura, el arte, la música, sus filosofías y un debate sobre los sexos; el segundo y último capítulo, “Poder”, resulta un estudio manipulado del lenguaje, el libro y la escritura; la inteligencia, el talento y la creatividad; una geografía política para la mujer y para el hombre; así como “lo que no habría que saber”; en el índice onomástico solo había nombres alemanes y algunos ingleses: era como para morirse de la risa. Hace muchos años, cuando era niño, en mi casa teníamos algunas enciclopedias: la Británica, en varias decenas de tomos; El tesoro de la juventud, en 20; una Historia del mundo, de José Pioján, en 5 tomos, y entre otros, un volumen que pretendía ser el resumen de los anteriores: Breve historia del mundo, de H. G. Wells. En la medida en que crecía, me iba dando cuenta de la estafa representada por estos libros que trataban “de todo” solo desde un punto de vista, y presentaban como “universal” una pequeñísima parte, de otra pequeña parte del planeta Tierra. Pasé mucho tiempo sin encontrar un texto con proyección enciclopédica, que al menos diera cuenta resumida de otros temas, visiones, lugares, actores, historias, sucesos, mensajes… que no fueran los mismos, con su ya insostenible y ridículo trazado unilateral del conocimiento. Entonces apareció Memorias del fuego, de Eduardo Galeano, una enciclopedia de saberes de la historia de América Latina y el Caribe en tres tomos que merece constituirse en lectura complementaria de todas las escuelas latinoamericanas y caribeñas; para cada clase de Historia de América que se impartiera, se debería complementar con la lectura de un grupo de esos breves textos que muestran otra versión de la clase: la invisible, la de las gentes, la contada más allá de los límites de la didáctica paternalista, la que genera dudas y preguntas, la incómoda para unos y otros… la rebelde; podía erigirse también en un itinerario de los sentimientos de los pueblos, alejado de la racionalidad con que se sigue impartiendo la historia, y capaz de desacralizar el pasado y descubrir la verdad en la leyenda, en los mitos.

Memorias… es un libro de consulta y su impresionante bibliografía facilita y amplía la búsqueda. Sin embargo, Espejos. Una historia casi universal, Premio de narrativa José María Arguedas 2011 de la Casa de las Américas (Siglo XXI Editores, México, 2008), sin renunciar al espíritu enciclopédico, pero burlándose de sus pretensiones, se propone, mediante el método de pequeñas narraciones, reconstruir hechos, sucesos, acontecimientos, eventos, informaciones… que han sido distorsionados, deformados, desfigurados, falseados, manipulados, manejados… desde diferentes “Poderes” a lo largo de la historia del hombre. Es un libro “políticamente incorrecto”, incómodo y cuestionador, profundamente humanista y crítico, antipropagandístico y buceador de verdades, desconcertante para los ideólogos, antidoctrinario, reflexivo y tierno. En él se recopilan todas las fundaciones posibles ―el fuego, la belleza, la contaminación, las clases sociales, la división del trabajo, la escritura, la taberna, el correo, la música, el comercio, el idioma, el racismo, Santa Claus, el azúcar…―, como buscando el origen del origen para remitirnos al destino del destino del mundo. Espejos… es una “Biblia” de meditaciones sobre la naturaleza y las cosas creadas por el ser humano, nuestro Eclesiastés y Salmos al mismo tiempo, y más, un compendio de historias de objetos que se han inventado para hacer la vida más cómoda y algunas veces más desgraciada, reflexiones en torno a la realidad social cuyos mensajes nos descubren lo que todos los días hemos visto y no habíamos mirado. Los inventarios de la naturaleza de las cosas, los peligros invisibles que se hacen visibles, las guerras y barbaries despojadas de disfraces, las personalidades y personajes sin halo de santidad, los retratos o fotos vistos desde abajo y adentro, la anatomía de las prohibiciones, las infinitas resurrecciones de lo verdaderamente inmortal, la permanente fiesta de la fantasía… son recopilados recorriendo de Occidente a Oriente, y viceversa, pero siempre desde el Sur; las tradiciones de la cotidianidad, como la cerveza y el vino, son mezcladas con lo que fueron noticias y especulaciones para conciliar la curiosidad con paradojas de la Historia, de cualquier historia, como si estuviéramos conversando en una cantina con amigos; lo que parecía muy complicado para el entendimiento de personas comunes, aquí se transforma en una charla entre comadritas, vecinos o colegas que dialogan una tarde de domingo. Por tal razón, quizás este compendio sigue una lógica histórica, pues su lectura se rige de manera cronológica, como una amalgama enriquecida de algunos textos que todavía recuerdo: un libro de infancia que reseñaba el origen de los objetos, llamado Lecciones de cosas, y otros como Caída y decadencia de casi todo el mundo, de Willy Cupy, y millares de libros, revistas y periódicos que se han diluido entre las fuentes bibliográficas del saber desplegado por el autor.

Galeano aporta un mensaje de fantasía sobre los objetos, los lugares, los personajes o los momentos climáticos o inadvertidos, siempre colocado en una dimensión literaria de crítica rebelde y protesta emancipadora frente a una ridícula educación mantenida y ya imposible de conservar con sus estereotipos, que cuentan una y otra vez las mismas historias falsas; algún dato perdido de la prensa es rescatado del olvido y situado como auténtica revelación, listo para ser reconocido por fin en su contexto; verdades escondidas o entreveradas de falsedades, son puestas a la luz y limpiadas de los embarres adquiridos a través de siglos de dominación colonialista, neocolonialista, imperialista y neoliberal; conceptos viciados de tufo conservador y ropaje monárquico, mirada neoconservadora y empaque yanqui o gringo, son puestos al desnudo, mirados con los ojos de la gente común y la lógica formal. Uno de sus aciertos consiste en que constantemente nos va descubriendo la raíz de las desigualdades, el principio de la injusticia, y así escudriña en sus temas; a veces, aunque haya una apariencia de frivolidad, se remonta a un sitio en que devela su fin humanista y justiciero. Y constantemente nos recuerda nuestra condición de mortales, y que todos iremos a parar al mismo lugar, al barro; no hay civilización que no se haya dado cuenta de que somos polvo y nada más; entonces, ¿por qué tanta vanidad? Al argumento de la inmortalidad, nos invita a lanzarle una explosiva carcajada, como cuando se pincha un globo; al encumbramiento de ciertos personajes y personajillos, nos insta a que, al menos los cubanos, le tiremos una resonante trompetilla; al encartonamiento de solemnes leyendas convertidas en liturgias, le quita el ropaje manipulador ceremonioso y lo deja en el hueso, como las carabelas de Posada; al ritualismo con que se han acogido ciertos relatos más fantásticos que reales, pero que pasaron al imaginario como verdades insólitas de la fe, les aplica su juguetona pero demoledora ironía rioplatense, a la que sucumben hasta los más porfiados y resistentes dogmas; los milagros se convierten en maravillas, y todo lo mágico y misterioso termina iluminado, explicado con argumentos simples, pero con la ganancia de otra magia y otro misterio.

El hiperbolismo o la exageración del criollo, junto a una simplificación pragmática con que no pocas veces uno se encuentra en cualquier lugar de Nuestra América, entran en el juego de equilibrio entre fantasía y realidad que tanto necesita el ser humano para alimentarse; a veces el hilo transversal de una lectura de Espejos… resulta facilitador para acceder a conocimientos escondidos o no vistos en otras posibles lecturas. Dioses y reyes bajan del cielo o de sus tronos y se humanizan entre nosotros, con una plenitud de informaciones poco manejadas, desde ángulos no muy explorados. Poco a poco nos enteramos de que no fueron los reyes, ni los sátrapas, ni los cónsules, ni emperadores o presidentes… quienes han construido los símbolos de las civilizaciones, sino los ejércitos de trabajadores de cada etapa de la humanidad: los esclavos, los siervos y los obreros han edificado las maravillas de estas culturas, bajo una inhumana explotación y un escandaloso y perpetuo anonimato. Detrás de todo este arsenal de revelaciones y de traspaso de glorias, hay un lector crítico y desconfiado, cuya obsesión por la verdad insta a cruzar informaciones y a ser relativo en sus versiones; sobrepasa los límites de la aceptación común para admitir como válidas noticias que han resistido la prueba de varias comprobaciones, siempre construidas desde el reino autónomo de la creación artística, desde el cual se parte para la exposición de suspicacias que terminan por encontrar otra historia, la que nunca publica ninguna prensa y no pocas veces permanece oculta en las lecturas ingenuas; solo de esta manera pueden ser extraídos de las tinieblas algunos datos de la historia para ponerlos a debatir de las maneras más ingeniosas. Otras veces acude a la sorpresa de la imaginación creativa: ¿alguna vez se pensó que una gallina que pusiera un huevo diario, podría tener un hijo por día? Las fantasías de los relatos se pueden transformar en leyendas partiendo de verdades; la realidad y lo irreal se confunden; los límites entre lo existente y lo fantástico se difuminan, como muchas veces ocurre en la vida misma.

¿Qué son estas viñetas?: ¿historia o crónica?; ¿relatos o poesía en prosa?; ¿gotas de saber para un ensayo o apuntes para un poema?; ¿periodismo cultural o lecciones condensadas de filosofía?... ¿Y qué importa lo que son, si al final uno agradece cada fragmento o ciclo cerrado pero permanentemente abierto, después de dinamitados todos los géneros y hasta las disciplinas del conocimiento? La independencia de estas breves incitaciones aviva la inteligencia y los textos son tan breves que pueden leerse cuando se espera a que se abran todos los globos de una atrasada computadora, pero además, se pueden transcribir para un amigo, escogidos al azar para pagar los “izquierdos de autor”. Un segmento biográfico sigue a un texto sobre el origen de un objeto o una materia, y lo característico en esa discontinuidad irónica es su relación con la vida. Uno disfruta la repetida manera en que se comprueba cómo la estupidez humana concurre y frecuenta una y otra vez, resulta tan persistente que no hay sitio ni momento en que no aflore lo irrazonable de algunas actuaciones. Si lo asumimos como un texto escolar, uno visita casi todos los lugares y una buena parte de las leyendas conocidas, ahora re-conocidas, pero “al revés”, porque se han mirado desde el pupitre del educando a la mesa del profesor; lo más productivo desde esta óptica educativa sería inducir el debate o dejar pendiente una polémica para la clase siguiente, incluso, se podría organizar un curso interactivo de esa manera; las fábulas o provocaciones que nos espolean el pensamiento encontrarían su natural contenido en nuestra propia existencia, como una continuidad afirmativa y una posibilidad de emancipación imprescindibles para la nueva escuela, esa que debe confundirse con la vida. Si aceptamos el texto como un espejo de la sociedad, resultaría perturbador para algunos; las doctrinas religiosas y políticas que partieron de principios justos pero distorsionaron su rumbo, han sido denunciadas aquí de manera despiadada por un “quitadisfraces”, y es tan destructivo ese desmontaje minucioso, que no me extrañaría que conservadores, calambucos y burócratas prohíban hasta los espejos para no verse retratados.  

Estos flechazos de rebeldía y denuncia mantienen una visibilidad incómoda, especialmente para oligarcas y burócratas; rarísimas informaciones y extraños datos singulares se rescatan de las desmemorias que se han programado pacientemente para despojar de su papel a los sujetos descalificados de siempre: las mujeres, los niños, los negros, los indígenas, los homosexuales… es decir, los diferentes, los que se distancian de la prístina imagen del hombre maduro, blanco y heterosexual, que tiene todos los derechos de propiedad sobre la razón. El sentido de universalidad manejado a lo largo del texto proyecta una constante comparación de culturas, útil para estimarlas y apreciarlas por igual, sin dictaminar pontificiamente la superioridad de una sobre otra, y degustar las diferencias y al mismo tiempo las semejanzas de su esencia, dignas herederas de la cultura del primer homínido africano, del que todos somos descendientes. Se relacionan discriminaciones y humillaciones que pasan a ser costumbres y tradiciones, se hacen visibles grandes injusticias históricas que han pretextado condiciones biológicas y ocultado circunstancias sociales; las mitologías machistas y los mitos racistas que intentan consagrar la opresión, son triturados por una lógica arrasadora; a cada divinización tiránica, su correspondiente razonamiento profano liberador, y a cada casualidad y maldición, la causalidad y las versiones libertarias. Cada frase que entiende todo el mundo, sintetiza complejas mitologías para presentar la otra cara de las historias, su lado oculto, el mensaje invisible guardado o sepultado en la imagen del espejo. Galeano, bajo el mismo espíritu emancipador de Las venas abiertas de América Latina, ha edificado una obra que muestra la manipulación de los saberes; esta vez sale a flote el saqueo de los patrimonios y utiliza el arma del humor, a veces del cinismo, para inculcar más rebeldía, y prepara al lector para mostrarle la verdad que le enseñan los espejos; el autor de Pata arriba. La escuela del mundo al revés, ha desnudado la hipocresía de argumentos esgrimidos para perpetuar la opresión a lo largo de la historia. Estoy seguro de que el lector cubano agradecerá su entrega, y colocará este volumen entre los libros que ni se regalan ni se prestan.

 

 

 

Imagen: Internet

              

Temática: Patrimonio
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Lector crítico
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