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Letra con filo
La intimidad de la historia Fecha: 2011-11-25 Fuente: CUBARTE
La intimidad de la historia
La intimidad de la historia

En El corazón de Voltaire, bajo el signo de la posmodernidad, Luis López Nieves construye un relato mediante el intercambio de correos electrónicos. Con ese procedimiento propone una metáfora. Sugiere que el acontecer de la historia se disuelve en el aire como lo hacen en el espacio nuestros actuales intercambios de mensajes. Allí donde no existe, si útil, el suceso puede ser inventado al modo de Seva, narración ficticia de una supuesta resistencia armada de los puertorriqueños frente a la invasión norteamericana.

Y, sin embargo, los viejos epistolarios escritos en soporte de papel afirmaban, a través del apunte cotidiano, la existencia real del transcurrir histórico. Revelaban desde la intimidad la trascendencia de lo efímero, atrapado a vuela pluma sin exceso de maquillaje. Ofrecían el testimonio necesario para dar cuenta de la mentalidad de un tiempo ido y restablecer un diálogo viviente entre el presente y el pasado.

El azar de otros estudios me condujo tardíamente a la lectura del nutrido epistolario de Juan Marinello. Los dos tomos publicados por el centro de investigaciones cuyo nombre honra la memoria del ilustre intelectual y político abarcan hasta 1940. Cubre la etapa correspondiente a la Revista de Avance, a la lucha contra machado a la guerra civil española y al proceso de radicalización de las ideas del escritor hasta su entrega definitiva a la militancia en Unión Revolucionaria. Se trata de un período crucial en el desarrollo de la nación y de la cultura, eslabón imprescindible para entender lo que somos, revelado en el día a día de un hombre lúcido y apasionado.

La correspondencia privada recoge buena parte de lo que subyace tras el discurso público. El testimonio de la cotidianeidad muestra, con nitidez que escapa a los macro relatos de la historia, la interdependencia entre el individuo y los procesos sociales que intervienen en el rumbo de las biografías personales. El despegue de la generación intelectual de Marinello se inició con la toma de conciencia grupal de la necesidad de refundar la nación mediante la conquista de los espacios públicos en los ámbitos de la cultura y de la acción cívica. Así lo ilustra la secuencia que lleva de la protesta de los trece al manifiesto minorista y a la creación de la Revista de Avance. El espíritu de la modernidad animaba el aliento renovador en todos los planos de la vida. El debate de ideas se concretaba en tareas inmediatas. Presionados por el ineludible deber de asegurar la existencia propia ganando el pan en el periodismo, la abogacía o modestas funciones burocráticas, dedicaban tiempo útil, con sacrificio de la recreación y de la búsqueda de mayores fuentes de remuneración, a la ardua labor de hacer una revista. Para ello, no bastaba con procurar la convergencia de las ideas, a la vez actualizadas y congruentes con las demandas del país en aquellas circunstancias específicas, sino de asumir los más variados menesteres de oficios anónimos. Aprendieron a ser imprenteros, a dominar las posibilidades del diseño tipográfico. Buscaban suscriptores y llevaban estricta contabilidad de los modestos ingresos. Postergaban la realización de la obra personal en beneficio de un proyecto que los sobrepasaba. Abrieron canales de comunicación con sus similares de España y de América Latina.

Pero, como una explosión en la catedral, la política intervino abruptamente. Algunos se atuvieron a una conducta cívica consecuente. Otros se comprometieron directamente en la lucha antimachadista. El combate agudizó las diferencias latentes y fue situado a las cabezas visibles del grupo en campos distantes. Jorge Mañach pasó al ABC y Juan Marinello se involucró en la izquierda radical hasta desembocar en la militancia comunista.

Las definiciones políticas implicaron desgarramientos en zonas íntimas del ser humano. La profunda amistad que unió a dos protagonistas de la primera mitad del siglo XX, empezó a sufrir desde entonces rupturas y reconciliaciones. Ambos devinieron emblemas de posiciones intelectuales contrapuestas. Mañach esbozó las directrices conceptuales de un pensamiento liberal. Marinello se entregó con disciplina a la causa de los trabajadores. Más allá de la época cubierta por este epistolario, llegaría a su polémica Conversación con los pintores abstractos. Pero, en los años treinta respalda a Antonio Martínez bello en su crítica al salón de artes plásticas que premió a los más mediocres académicos mientras soslayaba a quienes, como Carlos Enríquez, Víctor Manuel, Eduardo Abela, Amelia Peláez y Ponce, representaban el espíritu renovador de la vanguardia. Denominador común para todos, tanto para quienes encontraron refugio en la soledad del gabinete, como para aquellos empeñados en el batallar político, se evidenciaba en el esfuerzo por sistematizar el estudio de la obra de José Martí. De su primer exilio mexicano, Marinello convoca a los amigos a preparar textos para publicaciones de otros países, ensalza y divulga la aparición de Martí, el Apóstol de su fraterno Mañach.

Deberes y pesares configuran el vivir de quienes encontraron en el trabajo razón de ser de su cotidianidad. La correspondencia constituye homenaje a la amistad y tesón en el debate constructivo. A través de ellas, Marinello rompió las barreras de la cárcel, la clandestinidad y el exilio. Cortés y respetuoso siempre, afincado en su confianza irreductible en el mejoramiento humano, fue contraparte optimista en el diálogo con José Antonio Ramos y sin mengua del respeto debido a su obra, pudo mostrar severidad ante las flaquezas de Ramiro Guerra.

En el recuento de las cartas se entrecruzan los universos macro y micro. El diálogo amistoso induce a abordar asuntos familiares, los malestares y las dificultades pecuniarias, a mostrar ciertos costados de la intimidad, todo ello entremezclado con acotaciones literarias y políticas. Se convierten para los historiadores en fuente de inestimable valor para el rescate del sutil proceso de transformación de las mentalidades. Es una zona que nos falta explorar para el mejor conocimiento de un pasado limitado muchas veces, sobre todo en lo que se refiere al siglo XX, a generalizaciones reduccionistas de un panorama que polariza buenos y malos, al modo de los filmes del oeste. El desafío está en aprender a utilizar la lupa sin perder de vista los contextos y las coordenadas fundamentales. Para intentarlo, la correspondencia de Marinello ofrece un rico material, virgen y abierto a todas las miradas.

 

 

 

 

 

 

 

Imagen: Internet

Temática: Libro y Literatura
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Lector crítico
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