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Letra con filo
Premio de la crítica 2011: los que se me quedaron Fecha: 2011-11-28 Fuente: CUBARTE
Premio de la crítica 2011: los que se me quedaron
Premio de la crítica 2011: los que se me quedaron

En los inicios de los años 80, el Ministerio de Cultura, como parte de sus empeños por lograr un sistemático reconocimiento a la labor creativa en el país, decidió convocar un grupo de concursos y premios literarios para jerarquizar obras y autores; entre los más importantes se encontraban el Premio Nacional de Literatura, el Premio de la Crítica a las mejores obras literarias, el Concurso Mirta Aguirre --que reconocía los mejores ensayos, artículos y reseñas publicados en un año, y celebraba además un evento para repasar lo publicado en estas modalidades anualmente en revistas literarias-- y el Premio La Edad de Oro --coauspiciado con un grupo de instituciones para promover no solo la literatura infantil y juvenil como creación literaria o investigación histórica, sino también las canciones infantiles y su apreciación, así como las artes plásticas. A finales de esta década, en la entonces Dirección de Literatura, se organizaban estos y otros premios y concursos, además de un grupo de encuentros y eventos. Participé en la readecuación de sus convocatorias, que en los casos del Premio Nacional y de la Crítica siguieron algunas pautas de la experiencia internacional, sobre todo la hispánica, aunque no se copiaron mecánicamente; en el primero, se logró integrar la participación de las instituciones con la labor de un jurado, y en el segundo, después de algunos tropiezos iniciales, se consiguió perfeccionar las nominaciones de libros que participaban. En ambos premios, solo se alcanzó una renovada participación de jurados en los años 90, pues durante un período los integrantes, y sobre todo los presidentes, se repetían.

Después de desvincularme de la promoción de estos reconocimientos, he sido invitado por el Instituto Cubano del Libro para participar en dos ocasiones como jurado en el Premio de la Crítica; sus bases se han mantenido casi intactas y ahora su organización se ha perfeccionado, entre otras razones, por la esmerada labor de las promotoras del Centro Dulce María Loynaz, institución que en estos momentos lo convoca. Este año participé para otorgar premio a "los títulos literarios o artísticos más importantes publicados por las casas editoriales cubanas" del 2010, junto a Rogelio Rodríguez Coronel, quien fue el presidente del jurado, Martha Lesmes, Ulises Rodríguez Febles, Basilia Papastamatiú, Susana Haug, Enrique Saínz, Charo Guerra y Víctor Fowler: el número mágico de integrantes para decidir las obras premiadas debe ser impar para que no exista la posibilidad de empate. Viendo en este momento las cosas como parte del jurado, me doy cuenta de que resulta imposible dilucidar con absoluta justicia la cualidad de lo "importante" en más de cien libros presentados --una parte de estos textos no debieron enviarse a concursar, y dos o tres, ni siquiera debieron llevarse a imprenta. No sabría precisar si lo que más pesaba en esa "importancia" era la pertinencia, el interés, la utilidad, el rigor... siempre desde una perspectiva crítica, ni hasta dónde estábamos en condiciones de sopesar la superioridad de un texto sobre otro en temas, géneros y modalidades muy diferentes. Rodríguez Coronel había comentado con buen juicio que siempre íbamos a ser injustos, y se trataba, entonces, de ser lo menos injustos posible. Esta alternativa se hizo más visible cuando encontré, en más de un centenar de títulos que concursaban, tres decenas de libros que podían merecer el premio.

Todos habíamos coincidido en que el premio se otorgaría sobre la base de los textos, sin atender al reconocimiento o a la consagración de los autores participantes, aspecto que en los inicios del Premio de la Crítica no pocas veces empañó las buenas intenciones de los organizadores. Tampoco se tuvieron en cuenta los cuestionados "equilibrios" genéricos y temáticos, asunto también muy criticado en las primeras ediciones, cuando fueron repartidos los laureles con el mismo criterio igualitarista con que se distribuían los productos de la entonces suficiente canasta básica. Creo que cada uno de los colegas que participamos tenía el mismo problema: el asunto no era ser más justo, sino ser menos injusto. Las bases exponían que se trataba de "literatura creativa", de "obras de autores cubanos vivos editadas o coeditadas por editoriales cubanas en el 2009". Además, se incluían "las antologías personales siempre que se encuentren conformadas por un sesenta por ciento (60 %) de textos no recogidos con anterioridad en forma de libro"; esta restricción invalidó uno de los mejores textos de poesía presentados, pues no cumplía este requisito: El infierno otra vez, de Damaris Calderón. Es cierto que casi todos sus poemas habían sido publicado con anterioridad en forma de libro, pero al leer el volumen me di cuenta de que estaba en presencia de uno de los textos más desgarradores de la poesía cubana contemporánea; su lectura me transmitió con impresionante coherencia un dolor profundo hasta el agotamiento, preñado de dudas en el padecimiento que lo recorre, casi siempre en situaciones límites, y en diversos contextos, como las relaciones familiares, la vida amorosa, la convivencia social... hasta en la misma condición humana.

Las bases del Premio de la Crítica no admitían reediciones ni traducciones, tampoco concursaban libros de testimonio, periodismo y ciencias sociales. Es lógico, pues la mayoría de estos sectores temáticos tienen su propio reconocimiento, establecido por las instituciones que los atienden. La restricción más notable era la de premiar solamente siete libros; una decisión basada en razones financieras que hacía aún más compleja la labor del jurado, pues tradicionalmente se premiaban diez libros y había años en que tampoco esa cifra era suficiente. No puedo asegurar que a cada miembro del jurado le haya sucedido lo mismo, pero creo que varios elaboramos listas iniciales que duplicaban, triplicaban o cuadruplicaban el número permisible, lo que revela la apreciable calidad de una buena parte de las obras concursantes. Como mi lista personal de "premiables" alcanzaba la imposible cifra de treinta, me dispongo a mencionar entonces los libros que, junto con los que finalmente obtuvieron de manera muy merecida el galardón, me hubiera gustado premiar.

Al lado de las excelentes novelas El hombre que amaba a los perros de Leonardo Padura y Sangra por la herida de Mirta Yánez, brillaban, al menos ante mi vista, otros textos de narrativa: Sol negro de Agnieska Hernández Díaz, Café bajo sombrillas junto al Sena de Emerio Medina, Cuerpos de mujer en el tiempo de Diana Fernández Fernández y Una Biblia perdida de Ernesto Peña González. De ensayo, posiblemente el género que mostró mayor nivel y rigor artístico, seleccioné ocho textos: los premiados Virgilio Piñera o la libertad de lo grotesco de David Leyva González y Crónicas de lo ajeno y lo lejano de Rinaldo Acosta, además de Espacio literario y escritura femenina de Olga García Yero, Los cien caminos del cine cubano de Joel del Río y Marta Díaz, El cuento fantástico en Cuba y otros estudios de José Miguel Sardiñas, Lezama. La indagación del barroco de Luis Álvarez, Literatura y cine. Lecturas cruzadas sobre las Memorias del Subdesarrollo de Astrid Santana Fernández de Castro y Móviles y otras músicas de Leonardo Acosta. Ocho cuadernos listé también de poesía: el galardonado, El libro de los sentidos de Caridad Atencio, y El infierno, otra vez de Damaris Calderón --que por razones ya comentadas finalmente no compitió--, Se fue anoche de Rigoberto Rodríguez Entenza, La vena rota de Rolando Estévez, El límite del tiempo abolido de Alberto Marrero, La sombra que pasa de Miladis Hernández Acosta, Naufragios de Raúl Luis y El último tango en París de María Liliana Celorio. En teatro consideré tres: Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro de Nara Mansur, merecedor del Premio; Ícaros y otras piezas míticas de Norge Espinosa y /Ataraxia /de Abel González Melo. De literatura para niños y jóvenes fueron cinco: As de corazones de Nelson Simón, que completa la cifra de siete ganadores; Vuelve la sombrilla amarilla de Ivette Vian Altarriba, En compañía de adultos de Ronel González, Leyenda de los cinco reinos de Yoss y Para subir las cumbres de Anely Fundora.

El Premio de la Crítica a las mejores obras de literatura artística publicadas en un año, debería contar con reseñas de los libros seleccionados, encargadas especialmente, y sería saludable la celebración de un evento posterior que debatiera sus resultados; además, merecería una promoción especial de los textos galardonados, no solo en ferias nacionales e internacionales, sino también en las universidades, lo que podría conducir a una posterior reedición de estos. La Cámara del Libro y Agencia Literaria Latinoamericana podrían atender preferentemente tales libros, pues la mayor utilidad del Premio y su establecimiento verdadero se relaciona con la promoción que puede generarse a partir de su otorgamiento; esta demanda ha sido repetida desde que nació el Premio, cumplida parcialmente, entre otros factores, por la falta de recursos para enviar a escritores a ferias internacionales, y en otras ocasiones, por la desvinculación que existe entre las instituciones y los resultados de la convocatoria. Es justo reconocer que se ha mantenido una discreta promoción, un sencillo plegable, algunas promociones nacionales e internacionales, y que contra viento y marea se entrega una remuneración que resulta modestísima si tenemos en cuenta que el costo de la vida ha subido diez veces y el monto de lo otorgado solo se ha duplicado desde que comenzó. Los que nos dedicamos a escribir sobre libros y escritores somos responsables también de que esta promoción no esté a la altura de sus merecimientos, pues nos dedicamos demasiado a las fechas y a las celebraciones, o a los autores consagrados que tienen detrás una considerable bibliografía, y nos resulta más cómodo o menos problemático referirnos a ellos. Casi siempre es más difícil y riesgoso enfrentar un texto de un escritor que no pocas veces emerge a partir de esta promoción.

 

 

Imagen: Internet

Temática: Libro y Literatura
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Lector crítico
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