Cubarte.- Poco o nada se publica sobre los usos militares de las nuevas tecnologías de información, y sin embargo, su origen proviene de laboratorios que persiguen el desarrollo de innovaciones o el invento de nuevas armas, y no de la necesidad de comunicarse, de ver filmes de acción o de entretenerse con juegos de video.
La primera prioridad y las mayores inversiones son para el sector militar. Cuando la URSS puso un satélite en el espacio en 1957 y detrás de ello envió a Gagarin, la Tereshkova y la perra Laika, el desafío fue demasiado para Estados Unidos.
Por eso Kennedy invirtió 100 000 millones de dólares en la NASA y no paró hasta que lograron poner un hombre en la luna. Ahora, en la carrera por los microprocesadores aplicados Norteamérica pretende rodear a Rusia con misiles antimisiles, a la vez que este país anunció que cuenta con antimisiles más efectivos, basados en el desarrollo avanzado de una electrónica sofisticada.
Mientras tanto, Google afirma que la mitad de la humanidad estará oyendo música en sus teléfonos móviles para el 2015. La famosa corporación no dice nada de los “otros”, los que ni sueñan con tener iPods e Phones! ni saben si tendrán que acostarse sin comer.
La rapidez del cambio es de tal naturaleza que todavía no se acaba de anunciar una novedad cuando ya hay otra en camino. La competencia no permite dudar porque la incertidumbre en este campo puede significar la pérdida de mercados. De ahí que la mayor parte de las firmas inviertan un 30% de sus ingresos en investigación-desarrollo.
Un ejemplo es la aparición de las computadoras “polimórficas”, capaces de cambiar su configuración según la aplicación que estén desarrollando en cada momento. El “Monarca” permitirá el desarrollo de nuevas tecnologías que requieran dispositivos pequeños y poca energía. La empresa Raytheon y la Southern University de California han presentado el primer equipo “inteligente” con poder autónomo de decisión.
El complejo militar-industrial
Los primeros usos prácticos del MONARCH (Morphable Networked Micro-Architecture) son militares, utilizados para el procesamiento de videos y radar espacial, relacionados con los antimisiles, sin descontar su aplicación en automóviles “inteligentes” e imágenes médicas. El proyecto, al costo de 70 millones de dólares, ha sido auspiciado por DARPA (Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados), dependiente del Pentágono.
Estos trabajos pueden ser útiles para desarrollar tecnologías equipadas con sistemas informatizados que requieran poco espacio y energía, como en los satélites de comunicación y de funciones complejas. Otra función es evitar la distorsión por parte del enemigo de los sistemas GPS de posicionamiento geográfico global.
Monarca trabaja como un sistema único en un chip y realiza el trabajo de varios de ellos para proporcionar potencias de cálculo del orden de los teraflops. Se usa como medida del rendimiento del cálculo científico que requiere grandes operaciones de punto flotante. “Lo que hemos creado es una super-computadora en un chip”, afirma John Granacki, director del Instituto de Investigaciones de la Southern University de California. Es una computadora flexible que se reconfigura por sí misma para cada nueva tarea, lo que significa mayor eficiencia y rapidez en menor espacio.
La microarquitectura del MONARCH es única en su habilidad para configurarse sola, con capacidad de realizar de modo simultáneo tareas de procesamiento y control, a la vez que permite a sistemas de diferentes tamaños organizarse en formaciones de sistemas con puertos individuales de entrada y salida, lo que facilita el movimiento de datos entre múltiples chips, sin interrupciones.
En los test preliminares de la tercera fase del proyecto, el prototipo del sistema consistió en la aplicación de seis microprocesadores MONARCH con los que los ingenieros lograron un rendimiento de 64 gigaflops, con más de 60 GBps de ancho de banda de memoria. Los mismos avances en el diseño de componentes impulsan más aún las posibilidades de operación de los equipos, que todavía no parecen tener término en cuanto a sus posibilidades de innovación.
Continúa desarrollo del software
El impulso recibido por nuevas posibilidades del software son, ante todo, militares. Una prueba es el proyecto IRIS (Internet Router Protocol in Space), promovido por el Departamento de Defensa de Estados Unidos. Su primer objetivo será lanzar un satélite en el 2009 para facilitar el envío de audio, video y datos a fuerzas desplegadas en cualquier parte del mundo. El sistema encauza el flujo de paquetes de información sin tener que ser enviado a través de estaciones terrenas.
El “enrutador” será desarrollado por la corporación Cisco, especializada en gestión de redes, mientras que el satélite geoestacionario IS-14, será fabricado por INTELSAT. El IRIS será para el futuro de las comunicaciones lo que ARPANET fue para Internet en los años 60.
Arpanet (Red de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados) fue impulsado por la Secretaría de Defensa. Y como sucede con todo tipo de proyecto, después de las primeras pruebas los equipos estarán disponibles para uso comercial. Baste recordar que el proyecto del hombre a la luna puso en el mercado 35 000 nuevas líneas de productos. Uno de los primeros enrutadores de ese tipo fue el UK-DMC, satélite que forma parte de una red internacional para la observación de desastres naturales.
Este enrutador emplea los últimos estándares de protocolo de Internet para enviar imágenes a estaciones terrenas de modo que puedan ser utilizadas en operaciones de rescate. La NASA y uno de los creadores del protocolo de Internet, Vinton Cerf, también han investigado la posibilidad de utilizar dicha tecnología en las investigaciones referidas al sistema solar.
Es recomendable no dejarse sugestionar por la publicidad comercial vinculada al cómodo uso de los video-juegos, los filmes de acción y la música “bajada” de cualquier rincón del mundo. Las principales investigaciones no se hacen para mejorar este mercado sino para aumentar el potencial militar y sacar ventajas a partir de las fuerzas de destrucción, cada vez más automatizadas y de más largo alcance. El requisito para la supervivencia en un mundo erizado de armas “inteligentes” será, al menos, dejar de ser ingenuos.