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Opinión
¡Feliz Día de las Madres! Fecha: 2012-05-13 Fuente: CUBARTE
¡Feliz Día de las Madres!
¡Feliz Día de las Madres!

En Cuba, el segundo domingo de mayo celebramos el Día de las Madres. Aunque casi siempre agasajamos a mamá con un regalo, aquí no acontece el festival comercial que se presencia en otras latitudes, particularmente en las metrópolis del mundo capitalista; claro está, en este último algunos tienen con qué comprar y otros, muchísimos, nada tienen.

Este día tan especial, constituye una de las más bellas y justas fiestas familiares tradicionales arraigadas en la sociedad cubana desde el siglo pasado. Ser madre es un importante deber del género femenino, y también su mayor distinción y orgullo.

La Historia de Cuba se hizo y está escrita a partir de grandes amores de madres heroicas: recordemos a la valiente y consagrada Mariana Grajales, símbolo ella de la bravura y el honor de la estirpe Maceo. Madre de todos los cubanos y cubanas, ejemplo imperecedero para las madres de ayer, de hoy y del futuro. La comprensión cabal del sacrificio que solicitaba la forja de  nuestra Patria, su resistencia y firmeza frente a la pérdida del esposo e hijos, su entrega sin fin a la independencia y la libertad de todos los cubanos señaló a Mariana como el paradigma político de las cubanas en todas las épocas.  

En nuestro tiempo se añaden nuevos desafíos. La madre es, en la actualidad, una mujer que ha estudiado ―como mínimo―,  hasta el noveno grado de la enseñanza general.  Gran parte de las nuevas generaciones de cubanas tienen la oportunidad de cursar estudios técnicos y preuniversitarios; al finalizarlos, compiten por plazas para carreras universitarias en variados campos científicos. Se sabe ―sin consulta previa a las estadísticas oficiales―, que más del 50% de la fuerza de trabajo de alta calificación es femenina.

Así las cosas, mamá puede ser una licenciada en Pedagogía, doctora en Medicina, ingeniera en Vías o Hidráulica, jurista investigadora de la Policía Nacional Revolucionaria o  presidir el Tribunal Provincial del Poder Popular, excelente bailarina de ballet clásico o folklórico, pintora reconocida, historiadora… en fin, una técnica, científica o profesional de valía en cualquier especialidad que aborde.  ¡Y esto es admirable, porque a pesar de ello, y sin ansiedades, no ceja en sus tareas de mamá!

La mujer culta que Alejandro de Humboldt encontró en Cuba a inicios del siglo XIX (1801) entre las habaneras ricas, se ha multiplicado al infinito gracias a nuestro sistema único de enseñanza,  a su gratuidad  y, desde luego, debido a que la Revolución Cubana existe y ha legitimado la posición de la mujer, de la trabajadora y de la madre como componente determinante de nuestra sociedad socialista.  Ello dista de ser la realidad de incontables lugares del ancho mundo, incluida en esta afirmación la región latinoamericana y caribeña a la que geográfica e históricamente pertenecemos.  Los abusos de todo tipo contra las mujeres ―hasta llegar al homicidio―, forman parte de la vida cotidiana que transcurre en nuestro planeta; razón por la cual la igualdad y la protección jurídica de la mujer integran los programas de las luchas sociales en numerosas naciones.    

Sin embargo, pienso que en Cuba las madres no han alcanzado aún toda la justicia y el reconocimiento social que merecen.  Un día de celebración al año no es suficiente para que el propósito fundamental de estimular,  facilitar y apoyar la vida de la mujer-madre avance en la conciencia colectiva y se transforme la situación imperante en no pocas familias (urbanas o rurales) que descansan sobre los hombros y las espaldas de las madres todo el peso de la atención al hogar y los hijos.

La doble ―a veces triple, si estudia además de trabajar―  jornada de la mujer, frente a la indiferencia de otros miembros de su hogar para asumir labores domésticas, es cada vez más reprobable e indigna. La falta de prioridad en el presupuesto de la sociedad para equipos electrodomésticos,  a precios accesibles o mediante créditos familiares, que faciliten las referidas labores caseras, se presenta como una limitación “ad calendas graecas”, es decir, sin fijar un término para el cumplimiento de este urgente asunto.

Otro serio problema es la planificación del transporte público sin tener en cuenta los horarios de mayor demanda por parte de las madres y sus hijos.  Con frecuencia se observa en el ómnibus la falta de consideración, para no hablar de elemental cortesía o urbanidad  de los hombres ―muchos de ellos jóvenes―, hacia la madre que está de pie con su hijo pequeño o que ya es una anciana. ¿Por qué ocurre este abuso? ¿Por qué no se tiene en cuenta como una expresión de conducta antisocial?

Falta aún para llegar a prácticas culturales que incluyan toda la protección que necesitan y merecen las madres cubanas. Debemos ser conscientes de ello.  Es impostergable promover, por todos los medios posibles, el cambio necesario en beneficio de la mujer y la madre en la sociedad que estamos construyendo. Solamente así festejaremos radiantes, plenas de gozo, el Día de las Madres.  




Imagen: Internet

Temática: Cultura General
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Lector crítico
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