Inicio   |   Mapa   |   Español ∇   |   Miercoles, 22 de Octubre, 2014
ir al portal cubarte
Opinión
El Cuentero: nuevo desafío en las letras cubanas Fecha: 2006-10-17 Fuente: CUBARTE
El Cuentero: nuevo desafío en las letras cubanas
El Cuentero: nuevo desafío en las letras cubanas

(Cubarte) En enero de este año vio la luz por primera vez la revista El Cuentero, del Centro de formación literaria Onelio Jorge Cardoso, como uno de los anhelos principales de los creadores de dicho proyecto cultural abierto en 1998, por cuyas aulas han pasado desde esa fecha más de 400 jóvenes escritores de todas las zonas del país, para recibir las técnicas esenciales del oficio de narrar.

Desde las páginas de esta primera entrega que coincidía con la apertura del año, se podía leer la esencia de lo que sería la revista en esa y las sucesivas ediciones, conformada como una de las pocas del continente americano y única en Cuba dedicada a los géneros narrativos en general y al cuento en particular, que compartía los pasos de sus antecesoras de vital importancia El Cuento, mexicana, dirigida por Edmundo Valadés, y "Puro cuento", Argentina, a cargo de Mempo Giardinelli.

También se patentizaba en ese primer número que la revista sería un permanente y merecido homenaje al narrador Onelio Jorge Cardoso, y que constituiría la plaza por excelencia para mostrar las creaciones de la más joven narrativa nacional, a la vez que dialogaría con los escritores clásicos publicando trabajos narrativos y teóricos de los más importantes de todas las épocas y países, para hacer un adecuado intercambio entre lo que ya ha transcendido por sus propios valores y lo que se propone desde nuestra Isla como lo más reciente, lo que se hace hoy mismo dentro de la literatura más joven.

Se publicaba en ese número la primera entrevista, esa vez con el narrador argentino Mempo Giardinelli, donde el escritor expresaba sus criterios sobre esta nueva propuesta cubana, los diálogos que podía establecer con la que él dirigiera años atrás, y sus propias consideraciones acerca del género cuento. Aparecían inéditos de Eduardo Galeano, Mario Benedetti, Sylvia Iparraguirre y Luisa Valenzuela, nombres importantes en la literatura de nuestro continente que también formarían parte del Consejo de colaboradores de la revista, como se conoció en esa primera publicación.

El resto serían otros escritores de reconocida trayectoria, cada uno en sus ámbitos, y allí podíamos ver también a Abelardo Castillo, Ambrosio Fornet, Alberto Garrandés, Francisco López Sacha, Liliana Heker, Margarita Mateo, Rogelio Riverón, el propio Mempo y José Saramago, algo que sin duda prestigiaba esa primera aparición y las que vinieran después, ya que estos escritores enriquecerían el panorama de la revista enviando sus propias colaboraciones y la de amables amigos que desde sus respectivos países quisieran prestar sus textos a este nuevo desafío.

La polémica y el riesgo que están presentes en todo proyecto cultural, como declaraba Eduardo Heras León, director de El Cuentero y del Centro Onelio Jorge Cardoso, se definían aquí como la esencia de este nuevo magazín literario, presentado como el espacio de confrontación ideal para los jóvenes narradores cubanos, el sitio donde venían a confluir las tendencias literarias de todos los tiempos, y el punto a donde habría que llegar si se quiere conocer lo que de narrativa se habla hoy en nuestro país y en Latinoamérica, pues la revista pretende ser la casa de los narradores de nuestro continente, siempre apreciando una única condición: los valores literarios presentes en cada obra.

El Cuentero no persigue ninguna definición por encima de otra, ni propone a sus lectores un estilo único en la presentación de sus trabajos, como se declaró en el primer editorial. Es un espacio abierto, fresco, renovador y polémico que solamente expone distintos tipos de hacer dentro de la narrativa e incita a que se establezcan diálogos entre los propios creadores y se enriquezca así el trabajo de todos en cuanto a la literatura, venga de donde venga, siempre que se encuentren en ella los valores artístico-literarios necesarios de cada obra.

Aquel primer número se tituló "El Cuentero Andante", pero así vemos que en el transcurso de este año han aparecido dos más, ésta vez con los nombres de Lector (el segundo, dedicado con especial énfasis a las problemáticas de lector tradicional frente a los desafíos actuales de las nuevas tecnologías e Internet, que proponen nuevos modos de lectura y encuentros con los libros desde las pantallas y las liberarías, etc.), y luego el tercero que se denominó Mínimo, adjetivo adjudicado a la producción de esas mínimas ficciones que la crítica ha decidido llamar género minicuento, y que las vemos en la literatura desde la antigüedad y con un gran desarrollo en los últimos tiempos en nuestro continente y en Mundo en general, también muy especialmente en Cuba donde cada vez son más los narradores que escogen esta forma de expresión escrita como vehículo para canalizar sus propias literaturas.

La revista posee en cada número distintas secciones, como la publicación de inéditos, una selección de narradores destacados que han pasado por el Centro Onelio desde su apertura, entre ellos Yordanka Almaguer, Rafael Rodríguez, Luis Alfredo Vaillant, Orlando Luis Pardo, Herbert Toranzo y Ahmel Echevarria (por sólo mencionar algunos), trabajos críticos sobre la obra narrativa y su concepción, etc., comentarios a cerca de los últimos libros de autores cubanos y latinoamericanos, las entrevistas, (en los tres números aparecidos se pueden leer sendas conversaciones con Mempo Giardinelli, Alberto Garrido y Ángel Santiesteban), artículos sobre el desarrollo inherente a los procedimientos narrativos, una selección de los decálogos tradicionales de autores de nuestro continente que realizan apologías sobre lo que creen de la literatura y la figura del escritor (encontramos en estas tres ediciones los de Roberto Bolaño, Juan Carlos Onetti y Luis Britto), fragmentos de obras que están por publicar, cuentos y fragmentos de novelas de egresados del Centro, premiados en concursos de gran importancia como el David y el Casa de las Américas, las críticas sobre libros de reciente publicación en Cuba, la página dedicada a las noticias y convocatorias a concursos nacionales y extranjeros, y la última dedicada a la correspondencia que se estableció desde la primera edición con lectores de todas partes del Mundo.

También es lícito mencionar el inteligente y audaz diseño gráfico de esta revista, a cargo del joven diseñador Eric Silva Blay, que propone en cada entrega nuevas lecturas visuales de los trabajos que se pueden leer, estableciendo siempre un paralelo igualmente disfrutable con los textos publicados. Son casi obras pictóricas que se presentan a la par de las riquezas encontradas en los diversos textos, que refrescan la vista con trazos de moderna concepción y cierto halo de misterio literario-visual, que siempre dejan deseos de ver más en el siguiente número.

Igualmente destacable es la cuidada edición de Ernesto Pérez Castillo, la interesante selección y búsqueda de Jorge Enrique Lage como jefe de redacción, y la importante mirada y contribución de Eduardo Heras León como director de esta propuesta, gracias a los cuales el campo literario cubano y artístico por extensión ya cuenta con una nueva revista que ha definido muy bien sus perfiles, y que desde sus comienzos ha querido lanzar nuevas formas de hacer en todo sentido, siempre proponiendo la verdadera calidad como única premisa. Esperemos que siga como va, por sus caminos de sobriedad conjugada con las más disímiles tendencias y formas de hacer narrativa, siempre manteniendo su sello de creatividad. Todo nuevo proyecto literario (o artístico en general) viene a ser un desafío desde que muestra sus cartas de presentación, sobre todo en un país como Cuba tan rico en tradiciones culturales y literarias. Esperemos que El Cuentero lo siga siendo.

Temática: Libro y Literatura
compartir en:
Lector crítico
Enviar comentario »
adicionando comentario ...