Los sentimientos que circulan por esta colección de cuentos impresionan por su sinceridad y, por tanto, por su legitimidad. No se trata de repetir las tradicionales historias de amor ni tampoco desbarrancarse por la sordidez de cierta literatura porno- marginal en boga entre ciertos círculos. Cuentos que parten de la realidad, diversa y, a veces, dura, no tienen que ver con el llamado “realismo sucio”.
Por los temas y su tratamiento uno sabe que está frente a una autora cubana de la época de la revolución. Comprometida con la saga contemporánea de su pueblo, el más largamente atacado y el más solidario, penetra desde adentro el espacio y el tiempo que le ha tocado vivir, y lo hace con valentía y compromiso. El primer cuento,”Domicilio desconocido”, cuenta de una experiencia internacionalista en el cuerno de África, y el primer desencuentro, con alguien que, al regreso a la patria, ya no está donde debió estar, porque decidió marcharse del país. La ausente de ahora era nada menos que la voz de la radio cubana de onda corta que la internacionalista logró, en algún momento de su estancia en el extranjero, escuchar, rastreando en las bandas de radio; la voz que la conectaba con lo más querido, la voz de Cuba. Al regreso de la misión había que hacerle saber lo que su voz significaba para los que cumplían un alto deber humano a miles de kilómetros de su casa, su familia, sus amigos. Sin embargo, aquella que era aliento de otros no lo fue de sí misma. Quizás, ahora, en algún lugar del mundo, cuando el desarraigo y la nostalgia del suelo natal la hieran, busque alivio en la sintonía de la que fue su emisora, y llore, a solas, con los relatos de la que un día fue su oyente agradecida.
“Mala suerte”, el segundo cuento, transcurre en el ambiente de una trabajadora del sector del turismo. Lilian, la protagonista, va a salir de vacaciones ya planeadas y muy deseadas cuando una emergencia en su trabajo la obliga a viajar a otra provincia nada menos que un martes 13. Esta circunstancia le permite conocer a una muchacha que debe volar en el mismo avión y ambas entablan un fluido dialogo que las va aproximando. Acuerdan un futuro encuentro en la ciudad a la que viajan, pero ocurren complicados incidentes que impiden el encuentro deseado, a pesar de haber acudido ambas a la cita. Es el segundo desencuentro.
El tercer cuento,"Aniversario”, trata de antiguos alumnos de un instituto pre universitario que acuerdan reunirse para celebrar el vigésimo quinto aniversario de su graduación. Y para ello quieren invitar a todos los compañeros que vivan en el país, no importa en que ciudad. El día de la fiesta sirvió para recordar a todos los ausentes. Cuando la nostalgia por ellos alcanzó su clímax, decidieron telefonear a Fifa, la que siempre fue el alma del grupo, ahora a noventa millas de distancia. No era posible el olvido.Al conectarse con Fifa, ésta explicó que también habían celebrado ese aniversario, junto a los profesores que quedaban y en el mismo local del Instituto. De pronto conocemos que los emigrados no son los que parecían serlo. Este cuento toca el sensible tema de la separación de las familias cubanas, la dispersión de los que un día estuvieron juntos y los sentimientos de afecto que perduran a pesar de la distancia y el tiempo. Otro desencuentro.
“La paciente” nos lleva a dos mujeres que se conocen y luego tendrán que verse nuevamente, en calidad de médico y paciente, lo que lleva a un cierto enredo en el que ninguna se atreve a identificarse como la persona ya conocida, a pesar del íntimo deseo de ambas de hacerlo. Con una narración que transcurre interpolando lo que una y otra piensan llegamos a un final doloroso que se convertirá en un valladar para el desarrollo de una relación deseada. Otro desencuentro.
El siguiente desencuentro tiene un carácter distinto. No corresponde a la esfera de los sentimientos amorosos, sino a un desencuentro cultural, a costumbres de otras geografías y religiones en las que la mujer tiene un desempeño social distinto al del hombre, subordinado y discriminado para los parámetros del mundo occidental. La tradición local se impone a la relación alumno –profesora. Triste experiencia para la internacionalista cubana en la relación con su alumno local más cercano.
“Créditos finales” nos trae la historia de dos amigas y una hermana. La hermana casada deja todo el peso del cuidado de los padres ancianos a la soltera, cuyo único consuelo y felicidad es la compañía de su amiga. El relato es una mezcla de realidad y sueño. La protagonista confunde lo que le ocurre. El desenlace se presenta como fatal. Pero la amiga llega oportunamente para devolverle afecto y esperanza. El cuento aborda las dificultades que debe enfrentar, socialmente, una pareja del mismo sexo.
“Confesión” es un cuento de un contenido fuerte. El lenguaje es duro. Su tema es el incesto. Una consulta psiquiatrica sirve de marco para diversos pacientes, entre ellos una madre y su hijo sobre los que los demás comentan que tienen relaciones incestuosas.
Ante la situación creada, la madre pide al médico que diga, ante todos los presentes, que no es cierto lo que se dice. El médico lo hace, pero la madre quiere más, que lo diga todo, y es ella quien confiesa entonces que, ante la indiferencia de las mujeres hacia su hijo, ella, por verlo feliz, le propuso que se acostaran juntos. El hijo se negó a hacerlo y le pidió que jurara no proponérselo jamás. Eso confesó, ante todos, la madre, para que nadie pensara mal de su hijo, aunque ella si estaría dispuesta a todo si su hijo se lo pidiera y con ello le daría la más grande prueba de amor. Afortunado desencuentro de una sobreprotección obsesiva desembocada en la enajenación.
“Fin de una historia” es un cuento de enredos entre una pareja de amigas, en que se narra una aparente infidelidad, que no lo es, y culmina aclarándolo todo. El ambiente del Vedado habanero, de La Rampa y el malecón, le sirven de marco a esta narración. Aquí hubo un aparente desencuentro que culminó en reencuentro.
“Diálogo” es cuento que permitirá, a propósito de una conversación telefónica en la que se habla de un viaje a Brasil que debe hacer el esposo de una de las interlocutoras, realizar una incursión por Río de Janeiro; pero, sobre todo, nos presentará el drama de la ancianidad y los trabajos y pesares de las personas a su cargo –la hija en este caso- y el doloroso enfrentamiento a la decadencia senil que trastorna lo que un día fue alguien. Es el desencuentro con la blanda demencia del anciano de la que también un día seremos victimas si vivimos lo suficiente.
El penúltimo cuento,”Huellas”, nos introduce en el tema de la separación de la familia. Las dos hijas de un matrimonio se han marchado al extranjero y sus padres deciden ir a una sesión de terapia colectiva. Será la madre la única que hable; será un monólogo sobre la dolorosa experiencia, salpicada de cierto humor dado por un hábito aritmético, por un afán de sumas y cifras de la monologante, que culminará con la más tremenda declaración de amor de una mujer por su marido, sentado allí, calladamente, junto a ella: por ti contaría la arena del mar.
El último cuento lleva el título del libro; “Desencuentro”. Aquí la autora narra un imposible amor hacia un alumno por una persona que vive ya con otro hombre y se debate en una fuerte lucha interna entre la nueva pasión que le despierta el alumno y el compromiso con su compañero. Finalmente, vence la fidelidad. Sólo en la última línea conoceremos, que la persona que ama apasionadamente, con toda la ternura de la feminidad, es un hombre.
El libro es, en parte, una defensa de la diversidad, de la otredad, del respeto al derecho ajeno. Escrito con nobleza y gracia en el lenguaje, con suave humor y cubania, con mirada generosa y solidaria, desde el protagonismo femenino, Desencuentro es una contribución a la literatura cubana contemporánea que nos lleva, con naturalidad, a la convivencia respetuosa en el seno de la sociedad.
Apuntado queda también el tema de la diáspora como un desencuentro lamentable que transita aún en el tiempo y el espacio y cuya curación no se logrará con los falsos reencuentros manipulados para reimponernos el yugo de la dominación extranjera, sino con el necesario acercamiento de los que, en las dos orillas, o en cualquier orilla o trozo de tierra de este mundo, aman el bien y creen en la posibilidad de un mundo mejor.