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Opinión
Ambrosio Fornet y la alegría de sus amigos. Fecha: 2012-02-07 Fuente: CUBARTE
Ambrosio Fornet y la alegría de sus amigos.
Ambrosio Fornet y la alegría de sus amigos.

Para Ambrosio Fornet, lo más importante de un premio, es lo que arrastra  la alegría de sus amigos, no solo de los que un día escucharon sus sabias palabras en un ambiente más personal e íntimo, sino de los que a pesar de no haber tenido esa oportunidad, lo hemos admirado siempre con el sano orgullo de tenerlo como uno de los intelectuales más lúcidos y transparentes de nuestra cultura en los últimos años.

Fornet es un cubano legítimo, nacido en 1932, en Veguitas, en el municipio Yara  de la provincia Granma, un barrio bayamés ocupado por un terreno llano y fértil, paralelo a las márgenes del río Buey. Bien orgullosos se sienten los habitantes de este núcleo urbano por tener un hijo merecedor de dos premios nacionales: en el 2000, el Premio Nacional de Edición y en el 2009, el Premio Nacional de Literatura.

Tenía casi 21 años, cuando escribió su primer ensayo. Fue en 1953, Centenario del nacimiento del Apóstol y fecha del histórico ataque al cuartel Moncada. En aquel momento, era secretario de la Juventud ortodoxa. La situación se fue complicando. El joven Fornet cayó preso, allanada la casa fue amenazado y la madre, estaba desesperada. La vida como él mismo ha expresado,  se “le hizo durísima” y entonces en 1955,  abandonó el trabajo en el Banco donde se desempeñaba como sub-contador y decidió marchar  a Estados Unidos. Tiempo después, viajó a España. Realizó en Nueva York estudios sobre Literatura Norteamericana y en la Universidad Central de Madrid, un curso de Cultura Hispánica.  Regresó a Cuba en 1959 y con su primer libro de cuentos bajo el brazo publicado en Barcelona: A un paso del diluvio. Ya tenía 27 años. ¡Qué diferente a la Cuba que había dejado algunos años atrás!

A partir de ese momento, este cubano muy especial, y en plena Revolución triunfante, se vincula al mundo editorial de nuestro país durante veinte años. Fue Edmundo Desnoes quién en 1961 lo introduce en este medio, primero en el Ministerio de Educación, después en la Editora Nacional y posteriormente en el Instituto Cubano del Libro. Dirigió por más de siete años la editorial Arte y Literatura. Por otra parte, ha realizado una significativa labor en el Consejo Editorial de la UNEAC.

La vida lo ponía a prueba. El trabajo paciente y consciente del editor lo entusiasma, sin abandonar sus sueños de mantener las más hermosas tradiciones ensayísticas y de crítica literaria, que iluminan la historia de la cultura cubana. Era un lector infatigable y nunca ha dejado de serlo. Amante del arte de la narración, siguió cultivando el cuento y hasta interesado en la novela. Recientemente anunció, que Ediciones Bayamo publicará sus más recientes  trabajos con el título Yo no vi ná y otras indagaciones.  

Su labor fue fundamental a partir del cambio revolucionario que se operaba en nuestro país.  Editar textos para el pueblo, era lo más importante en su vida. ¡Cuánto contribuyó Ambrosio Fornet, a entregar lo mejor de la literatura de vanguardia, a las  manos de los ansiosos lectores cubanos!

Nunca pensó en términos de todo o nada, de ganar o perder, lo único que le importó  era seguir en la lucha. Esa fue su decisión y ahí radica la fórmula de su satisfacción permanente.

Aunque es editor, ensayista, narrador, crítico literario, guionista y traductor, oficios que se complementan, desde hace muchos años lo he concebido como un gran maestro, de esos que hacen gala de su condición de buen comunicador, ágil, inteligente, coherente y convincente, con el mínimo de palabras exigidas, para trasladar con éxito cualquier conocimiento por difícil que sea. Basta leer Harry Potter: una reflexión sobre la crisis del libro y la lectura,  conferencia con que clausuró el V Seminario “Herramientas para la promoción de la Lectura” realizado en el 2008 en México, para que se confirme el poder de su magisterio.

Ajeno a las descargas académicas y con un lenguaje sencillo y cautivador, expresa todo cuanto debe decir para que se entienda mejor. No hay fraseologías adulteradas en sus escritos, ni descargas intelectuales innecesarias.

Ambrosio Fornet, expresa las ideas con la naturalidad y la gracia incuestionable de un buen conversador, no solo de la palabra hablada, sino de la palabra escrita.  Como auténtico cubano, en los más rigurosos temas a tratar, introduce frases irrebatibles;  por ejemplo, para no decir “viejo experimentado”  afirma que “se tiene el pellejo tan duro”, y para hacer notar que todos estamos comprometidos con la misma causa, habla de que estamos “en el mismo barco”.

Hombre de extremada delicadeza y esmerada educación, está convencido que hay que mantenerse en la vida  siendo el mismo, con toda coherencia y autenticidad. No asume poses, ni engola la voz, y su cubanía como él podría decir, le sale por los poros, tanto frente a un renombrado especialista, como ante un sencillo hombre de pueblo, como aquellos que lo saludan en su edificio o lo encuentran en sus amenas caminatas por la ciudad. Es tan sencillo, que no se cree importante y esto, especialmente, es el signo de su inmensa grandeza.

Miembro de la Academia Cubana de la Lengua y Profesor Titular Adjunto del ISA. Fue y es una persona muy relacionada profesional y emocionalmente con la lectura y con los libros, en fin, un heredero luminoso de los grandes bibliógrafos de nuestra historia. Trabajar con Herminio Almendros en el Ministerio de Educación en aquellos primeros años, fue decisivo para su vida, esa vida que hoy nos muestra Ambrosio Fornet con una  gran riqueza creadora.

Estoy convencida, que la cercanía de Almendros, lo nutrió de las importantes experiencias que acumulaba ese gran pedagogo hispano cubano, autor del entrañable texto Había una vez, que disfrutaron y disfrutan aún hoy, los niños y adolescentes. El  trabajo en el Ministerio de Educación, con sus originales ediciones, fueron tan apreciadas por los maestros, asesores y funcionarios de aquella época, que a pesar de los años, hay que reconocer, la utilísima labor que se realizaba, para hacer de la lectura “un esfuerzo gustoso y productivo”.

Por supuesto, que la labor de editor no lo limitó en sus creaciones ensayísticas y en sus tareas investigativas de gran relevancia.

Ha trabajado Ambrosio Fornet con grandes bríos, eso sí. Imprescindibles textos como Entre tres y dos (su primer libro de crítica literaria), En blanco y Negro, El libro en Cuba siglos XVIII y XIX, Las máscaras del tiempo, La coartada perpetuaCarpentier o la ética de la escritura Las trampas del oficio, El otro y sus signos,  y Narrar la Nación, entre otros textos, se presentan en su bibliografía activa.

Trabajos periodísticos han aparecido en las más destacadas revistas y otras publicaciones periódicas. La crítica literaria no la abandona, y además, se ha destacado como prologuista, ha realizado valiosas compilaciones, como “la  Antología del Cuento cubano contemporáneo”, que no se puede dejar de mencionar.

A lo largo de su existencia, ha impartido charlas, ofrecido cursos y talleres en Cuba y otros países de América y participado en Eventos Nacionales e Internacionales. Ha sido Jurado en  prestigiosos Concursos, como en los de la Casa de las Américas, durante un buen número de años y todos  sabemos que aún tiene mucho que contar.

El libro en Cuba, es un extraordinario texto de consulta, tanto para principiantes,  como para los más dotados especialistas.

Me limito a transcribir textualmente parte de la nota del editor en la contraportada de este libro: El libro en Cuba, no es un estudio bibliográfico,  ni una crónica sobre impresores, editores o libreros del pasado: es una sociología de la actividad editorial, el intento de establecer los nexos socio económicos de la producción intelectual cubana desde que aparece la imprenta (1723), hasta que termina la dominación española (1898).

Valiosos documentos inéditos, y una destacadísima información iconográfica con más de trescientas ilustraciones, aparecen en esta obra imprescindible para el estudio e investigación de nuestra cultura editorial.

Esfuerzo extraordinario de Ambrosio Fornet, para entregarnos esta obra capital que nos llena de profundo goce.

Ha viajado este distinguido intelectual, por diversos países de Europa y América,  impartió clases durante un semestre en una Universidad de Estados Unidos a fines de los años 90 y fue muy respetado y nadie se hubiera atrevido a dudar de su fibra cubana y patriótica.

Hombre inteligente, convencido de sus ideas, en una ocasión afirmó: “Mi generación tiene mucho que agradecer a los dogmáticos  de la década de los sesenta y setenta, pues pusieron a prueba la solidez de nuestras convicciones estéticas y políticas”. Promotor del debate y la polémica como método para encontrar las más acertadas soluciones, es algo que lo distingue. Como buen maestro, sabe perfectamente, que las nuevas generaciones tienen muchas cosas que decir y hay que saberlas escuchar. Buscan su propio camino y defienden verdades por las que uno siente que vale la pena luchar.

A partir de sus propias vivencias, este gran cubano, recomienda a los jóvenes, voluntad, disciplina y capacidad de concentración. Por supuesto,  que las musas y la suerte son fundamentales. Está convencido que si desde niños, como indicaba Almendros, cultivamos la imaginación y nos adentramos en la fantasía, seremos capaces de desarrollar, con mejores resultados, nuestras capacidades creativas.

Valora positivamente el movimiento ensayístico y de crítica literaria en la Cuba de hoy. Si en las distintas instituciones se realizan esos esfuerzos investigativos, los medios de difusión, tienen el deber de reflejarlos con mayor intensidad.   

Para Ambrosio Fornet, la sociedad está obligada a construir un lector capaz de interesarse por lo mejor de la cultura. Hay que trabajar también  para  crear un gusto por la poesía, afirma.

Muy vinculado al Instituto de Arte e Industria cinematográfico (ICAIC) desde 1979,  se desempeñó como Asesor de esa Institución, impartió Cursos de Guión y Dramatización y fue jurado del III Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

Probó fuerzas como guionista de la pantalla grande  en la película El retrato de Teresa, del director Pastor Vega, y disfrutó el gran éxito de este filme. Después, vino Habanera, no tan apreciada por el público. Ya anteriormente había trabajado con Enrique Pineda Barnet  en Aquella larga noche y en Mambí,  con los hermanos Ríos.

En una reciente entrevista expresó: En lo que a mí respecta, el guionista del séptimo arte, no es exactamente un cineasta, su tarea no es hacer cine, sino “cinelitura”.

Al inaugurarse la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en 1986, un verdadero sueño de Fidel y de Gabriel García Márquez, que en aquel año se hacía realidad, Fornet desarrolla un proyecto editorial de varios volúmenes de dramaturgia cinematográfica.

Dice el distinguido escritor, que escribe caminando y yo diría pensando en Martí,  que escribe viviendo, trabajando sin descanso, desde casi un niño, cuando al finalizar el bachillerato, decidió dar clases, una manera de ganarse la vida  dignamente en aquella república pre-revolucionaria.

Las palabras pronunciadas al recibir el Premio Nacional de Literatura, constituyen  una clase magistral: “soy un ensayista dialogante”, expresó. Ostenta en su pecho otras importantes distinciones, la Raúl Gómez García,  Por la Cultura Nacional y la Alejo Carpentier. Dentro de pocos días, la Feria Internacional del Libro de la Habana abrirá sus puertas, y Ambrosio Fornet, rodeado de la alegría de sus amigos, recibirá el aplauso emocionado de su pueblo.

 

 

 

Imagen: Internet

Temática: Libro y Literatura
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Lector crítico
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