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Opinión
Argentina en la modernidad de Nuestra América: una mirada emancipadora desde el periodismo martiano* (I parte) Fecha: 2011-04-15 Fuente: CUBARTE
Argentina en la modernidad de Nuestra América: una mirada emancipadora desde el periodismo martiano* (I parte)
Argentina en la modernidad de Nuestra América: una mirada emancipadora desde el periodismo martiano* (I parte)

En el decurso de la década del 80 del siglo XIX era el Maestro un emigrado en los Estados Unidos, desde donde dosificaba su tiempo entre las tareas políticas para organizar esa guerra necesaria por la independencia de su amada patria y las extensas jornadas de faena escribiendo para la prensa periódica latinoamericana. De sus proyectos de publicaciones, son las colaboraciones brindadas a la República de Argentina. En una carta, fechada el 30 de agosto de 1883, le escribió José Martí a su amigo Manuel Mercado dando fe de la recepción de sus trabajos por La Nación de Buenos Aires: “Dé las gracias a La República, que se acuerda de mí. Ese “Peter Cooper” fue una mísera correspondencia mía, escrita de pie para La Nación de Buenos Aires, donde empiezan a quererme.”(1) El examen martiano sobre Argentina se explicitó además en trabajos posteriores para La América de Nueva York, El Sudamericano, de Buenos Aires, La Revista Universal, de México, El Partido Liberal, de México, La Revista Ilustrada de Nueva York y en Patria, de Nueva York. Aunque no es tan extenso en su obra el tratamiento a la Argentina, no se pueden desconocer sus enriquecedoras valoraciones para esta nación, comprendidas entre 1882 y 1891, donde fue designado por decreto presidencial, Cónsul de la República de Argentina en Nueva York, para el 24 de julio de 1890.(2)

 Con la palabra y la pluma como instrumentos eficaces, José Martí reveló las prácticas de constitución identitaria, las temporalidades, los espacios y sus reclamos de representación simbólica en el escenario de instalación de la modernidad para Hispanoamérica como horizonte preferente de referencias y teleologías de incertidumbre y perplejidad. “La modernidad”, como ha profundizado la especialista Silvia Álvarez Curbelo, “se constituyó en el gran evento cultural del siglo XIX en Occidente. Artefactos como el mercado capitalista, la nación-estado, la ciencia experimental, el derecho natural secular y la filosofía del sujeto se impusieron en las sociedades hasta entonces bajo el dominio del trono y del altar. Simultánea e irónicamente, la modernidad estimuló sus propias fugas y sus otredades, sus ambigüedades y sus destinos centrífugos, contestarios y desestimadores.”(3)

En ese entramado de las medianías y fines del siglo XIX, la nación argentina comienza a vislumbrar un proceso de cambios, que concebidos por la elite ilustrada, pretendían insertarla en el concierto de las naciones civilizadas “trayendo Europa a América”.(4) Se trató de un proyecto de modernización y transformación integral del país que intentaron poner en práctica los grupos dirigentes, elaborado por pensadores de la organización nacional como Alberdi y Sarmiento. Las nuevas condiciones de la economía mundial, estructurada sobre la base de las ventajas económicas comparativas, suponían una división internacional del trabajo en donde los países europeos sufrieron un fuerte proceso de industrialización que abrió sus mercados a los productos alimenticios de las naciones templadas de ultramar. Estos sistemas se vieron incrementados por la afluencia de importantes capitales extranjeros. Gran Bretaña, banquero mundial, fue, desde luego, el gran proveedor de Argentina. El flujo de inversiones de las metrópolis del viejo mundo hacia las naciones periféricas se vio acompañado también por importantes movimientos de población. La inmigración incluida en la nueva Constitución Argentina de 1853, donde se manifestaba “asegurar los beneficios de la libertad [...] para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”(5) era deseada por los gobiernos. Fue oficialmente fomentada y organizada por una ley, a partir de 1876, durante la presidencia de Nicolás Avellaneda.

Paralelamente José Martí, para esta época, hace su entrada inicial en México (1875), y se nutrió de “la práctica y la profesión de periodista”.(6) Las lecturas a la Revista Universal de Política, Literatura y Comercio de México(7), evocan la laboriosidad intensa del cubano como escritor en periódicos mexicanos del momento. Desde la citada revista apreciamos los iniciales comentarios sobre la temática argentina, y del papel coherente que, a juicio de Martí, deben jugar para la prosperidad económica de cada nación americana, el equilibrio entre agricultura, industria y comercio, y esboza a Córdoba como “ciudad próspera” en Hispanoamérica.(8)

 Como sus homólogos latinoamericanos, en sus propuestas discursivas modernas, los argentinos imitaron, resemantizaron, y subalternizaron los discursos modernos. Crearon una ciudad letrada(9) desde la cual constituyeron el país a despecho de sus atrasos seculares. Aceleraron imaginariamente los “tiempos agrarios”, acogieron la novedad y operaron como agentes subjetivadores al constituir identidades ciudadanas virtuales. Pero también como los civilizadores latinoamericanos confeccionaron una agenda de fundaciones, homogeneizaciones y normalizaciones que les aseguraran un lugar indispensable de representación.

La metamorfosis del “orbe nuevo” es registrada por el Maestro desde su llegada a Nueva York en 1880 hasta 1895. Es en esta estancia neoyorquina como esbozó Camila Henríquez Ureña en el ensayo “Martí, el periodista”, que “vemos surgir el escritor de visión americana total, con un claro sentido del porvenir de América. Desde entonces será éste, en su obra tema esencial”.(10) Es por ello que para ese tiempo el cubano ha producido un texto maravilloso en el que atisba el complejo andamiaje novedoso de la modernidad, fijando su mirada en uno de sus fragmentos: un parque de diversiones. Se trata del célebre Coney Island, espacio simbólicamente denso, lugar de fascinación, pero también de asombro para el poeta. Escenario donde prima la indiferenciación, en el que se habían perdido las jerarquías y los pudores, donde los cuerpos se mezclaban con bailes, comidas y risas bajo el signo de la masividad y lo nuevo.

Julio Ramos en Desencuentros de la modernidad en América Latina. Literatura y política en el siglo XIX (11) afirma que “Coney Island” es una crónica de la sexualidad desatada por la ciudad moderna. Como fluir y turbulencia, la urbe deshace lo orgánico y lo natural. Su descalabro, a la vez, constituye un problema de representación para el intelectual que queda impresionado por el desorden. Es la modernidad, en su acepción más centrífuga, la que turba el discurso. ¿Cómo se manifiesta Martí, se cuestiona Julio Ramos? Al reclamar ante los saberes privilegiados por la racionalidad moderna, la superioridad del arte, único saber “capaz aún de proyectar la armonía futura”.

 Ilustrativa es su primera crónica, fechada el 15 de julio de 1882, con plena lucidez, para La Nación de Buenos Aires, importante diario argentino, donde expresó las coordenadas de la época:

El combate será tal que conmueva y remueva el Universo. Estas que hierven, son las leyes nuevas. Esta es en todas partes época de reenquiciamiento y de remolde. El siglo pasado aventó, con ira siniestra y pujante, los elementos de la vida vieja. Estorbado en su paso por las ruinas, que a cada instante, con vida galvánica amenazan y se animan, este siglo, que es de detalle y preparación, acumula los elementos durables de la vida nueva.



Continuará…


(*) Trabajo presentado en el Coloquio Internacional José Martí: unidad y revolución. Celebrado en el Centro de Estudios Martianos. Mayo 2010.


Notas:

(1) José Martí: “Carta a Manuel Mercado”, Nueva York, 30 de agosto de 1883, en Obras Completas, La Habana, 1963-1973, t. 20, p. 69.

(2) Véase Ibrahim Hidalgo Paz: José Martí. Cronología. 1853-1895, La Habana, Centro de Estudios Martianos y Editorial de Ciencias Sociales, 1992, p. 68. [En una edición posterior (2003) del Centro de Estudios Martianos, el autor actualiza y enriquece esta cronología].

 (3) Silvia Álvarez Curbelo: Un país del porvenir: el afán de modernidad en Puerto Rico (siglo XIX), Ave. Las Palmas, San Juan, Puerto Rico, Ediciones Callejón, 2001, pp. 9-10.

(4) Véase: Guido Pascual Galafassi: “Colonización y conformación de las tierras del Delta de Paraná, Argentina (1860-1940)”, en Revista Complutense de Historia de América, Universidad Complutense, Ciudad Universitaria, Madrid, vol. 30, 2004, p. 115.

(5) Ibídem, p. 115.

(6) Andrés Iduarte: Martí escritor, La Habana, Publicaciones del Ministerio de Educación, 1951, p. 13.

(7) En La Revista Universal de Política, Literatura y Comercio de México, Martí inició sus colaboraciones desde el 2 de marzo de 1875 hasta el 19 de noviembre de 1876, cuando el periódico dejó de publicarse.

(8) Véase José Martí: “Progreso de Córdoba. —Agricultura. Industria y comercio”, en Revista Universal, México, 16 de octubre de 1875, OC, t. 6, p. 348.

(9) Término acuñado por Ángel Rama: La ciudad letrada, Hannover New Hampshire, Ediciones del Norte, 1984. Véase además: Silvia Álvarez Curbelo: Un país del porvenir: el afán de modernidad en Puerto Rico (siglo XIX), Ave. Las Palmas, San Juan, Puerto Rico, Ediciones Callejón, 2001.

(10) Camila Henríquez Ureña: Martí en los Henríquez Ureña, [Selección y prólogo de Yolanda Ricardo] Santo Domingo, Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos, Ciudad de Santo, 1995, p. 209.

(11) Julio Ramos: Desencuentros de la modernidad en América Latina. Literatura y política en el siglo XIX, México, Fondo de Cultura Económica, 1989. Citado por Silvia Álvarez Curbelo: Ob. cit., pp. 291-292.

(12) Ibídem.

(13) José Martí: “Carta de los Estados Unidos. Muerte de Guiteau”, en La Nación, Buenos Aires, 15 de julio de 1882, OC, t. 9, p. 325.

Temática: Cultura General
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