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Opinión
Documenta a la vista Fecha: 2002-10-04 Fuente: CUBARTE

Sigue siendo impresionante el hecho de emplear 5 años para curar y organizar una megaexposición, en este caso Documenta de Kassel, considerada hoy la "meca" del arte contemporáneo para muchos artistas y para el público en general. Si no es la "meca", al menos gran parte de la prensa especializada y el mercado, de los coleccionistas, críticos y curadores, coinciden en que se trata de un escenario propicio para medir el pulso de las prácticas artísticas actuales desde el punto de vista conceptual y curatorial por encima de otros reconocidos eventos internacionales como son las Bienales de Venecia, San Pablo, La Habana (aunque Sydney, Estanbul o Kwangju hayan comenzado a cobrar notoriedad en los últimos años.) Así lo confirmaron 3 mil periodistas acreditados en esta 11ª. edición y los más de 600 que acudieron a la conferencia inaugural el pasado 7 de junio para escuchar los argumentos de su director artístico, el nigeriano-americano Okwi Enwenzor al lado del equipo de 6 curadores asistentes: Ute Meta Bauer, Carlos Basualdo, Octavio Zaya, Susanne Ghez, Sarat Maharaj y Mark Nash.

Precedida de un elaborado proyecto de 4 plataformas: Berlín-Viena, Nueva Delhi, Santa Lucía, Lagos, en las que se debatieron variados temas de relevancia crítica hoy: Democracia irrealizada, Los procesos de la verdad y la reconciliación, Criollidad y creolización, y Cuatro ciudades africanas bajo sitio, mediante conferencias, talleres, libros, videos, filmaciones, en el que participaron un importante grupo de intelectuales y artistas de cada región donde se celebraban, la exhibición conocida como Documenta resultó la quinta y última de las plataformas luego de iniciadas aquellas otras dos años atrás.

Esta megaexposición de alto presupuesto (más de 10 millones de dólares) cuya propuesta artístico-reflexiva abre nuevas lecturas en el universo visual continúa representando, casi desde su misma fundación en 1952, un espacio polémico, controvertido, audaz, provocador, sin dejar dudas acerca de una "puesta en escena" cada vez más costosa. Desplegada en 5 sedes de la antigua ciudad de Kassel, 118 artistas exhiben sus obras a la par de un amplio programa diario de 100 jornadas conformado por conferencias, performances, paneles, videos, hasta el cierre mismo del evento el 15 de setiembre.

Quienes tuvimos la posibilidad de visitar la anterior Documenta en 1997, constatamos ahora, en el año 2002, una suerte de continuidad ideológica con aquella en la que su directora artística, Catherine David privilegió, para asombro y desdén de muchos, el carácter político y social del arte en momentos en que eran otras las preocupaciones de críticos y curadores (multiculturalismo, otredad, desterritorialización, desmaterialización, migracionismo), lo cual le valió no pocas críticas en circuitos especializados. Ahora encontramos nuevos elementos, por supuesto, pues el tiempo no ha pasado en vano y el mundo ha dado demasiadas vueltas de las previstas por analistas y expertos en política, ciencia y tecnología, sobre todo si consideramos que la globalización (relevante entonces pero no tanto) alcanza hoy niveles inimaginables y una preeminencia sustancial en la base de la mayoría de los discursos culturales y sociales contemporáneos. De ello tiene una gran conciencia Okwi Enwenzor y así lo manifestó en múltiples entrevistas y ensayos, y de hecho materializó en otras exposiciones curadas por él, entre las que sobresale Africa: The Short Century, realizada en Berlín el pasado junio del 2001.

En Documenta 11 hallamos una notable presencia de artistas africanos (como no había sucedido antes), de asiáticos, latinoamericanos (entre ellos 2 cubanos, Carlos Garaicoa y Tania Bruguera, muy bien representados) y de países de Europa Oriental que expusieron, a mi juicio, algunas de las mejores obras del evento. Para solo referir algunos, nombraré entre ellos a Chohreh Feydzjou y Shirin Nesaht (Irán), Mona Hatoum (Líbano-Palestina), Fiona Tan (Indonesia), Yang Fudong (China), Nari Ward (Jamaica), Doris Salcedo (Colombia), Olamide Osifuye (Nigeria), Santu Mofokeng (Sudáfrica), Víctor Grippo (Argentina, fallecido el pasado año y cuya obra aquí expuesta pudimos apreciarla en la 5ta. Bienal de La Habana, 1994), Gabriel Orozco (México), Ivan Kozaric (Croacia) y los colectivos Raqs Media Collective (India), Huit Facettes (Senegal), Le Groupe Amos (Congo).

Como nota sobresaliente, diría también significativa, Documenta 11 apostó por la fotografía, el video documental, el cine, la arquitectura y la instalación (en ese orden) como los espacios futuros donde ha de manifestarse más plenamente el hecho artístico. Solo fueron invitados 3 pintores y no había escultura en el sentido ortodoxo del término; menos aún grabado y dibujo. Resultó interesante el interés por mostrar los "estudios " (el "laboratorio", la "cocina") de varios artistas (trasladando todos sus instrumentos de trabajo, bocetos, útiles, herramientas, materiales, obras en proceso, ropas, radios, grabadoras, en un montaje decididamente instalacionista) tal vez como una manera de ayudar a comprender los procesos creativos por "dentro" y develar parte de la "magia" que muchos atribuyen al hecho artístico.

(Aunque se trata de un hecho anecdótico me gustaría comentar que cuando Okwi Enwenzor y parte de su equipo nos visitó en la pasada Bienal de La Habana, me llamó la atención las constantes sugerencias que nos hizo en torno a la inclusión del cine, el video, las artes escénicas, en la Bienal nuestra, por lo que pienso le hubiese gustado, seguramente en aquel momento -2 años atrás- obtener apoyo en otras zonas del mundo a su propuesta curatorial ya en camino y en proceso de desarrollo.)

Y apostó también por la historia (de la humanidad y del arte) sin prejuicios de ninguna índole, al incluir un grupo notable de obras producidas en décadas anteriores (pienso en Luis Canmitzer y su serie La tortura, 1982-3, exhibida en La Habana en aquella década, o en las maquetas y proyectos del arquitecto Yona Friedman, de los 60), desechando cualquier esquema o dogma en torno a la "novedad" de este evento considerado "lo último", la mejor "puesta al día" para toda clase de público en materia artística experimental. Tales atribuciones tomadas por el equipo de curadores fueron de singular audacia pues en ellos lo esencial era exhibir obras que mantuviesen su vigencia, sin importar el año de su producción, capaces de reforzar la idea y el concepto de Documenta, y provenientes de cualquier medio expresivo contentivo de imágenes originales, reproducidas, fijas o en movimiento.

El otro elemento importante de consideración fue el de los contextos, principalmente sociales y políticos, en que los artistas desarrollan su trabajo: de ahí el tratamiento de temáticas candentes en el mundo de hoy y la inclusión de colectivos que trabajan en comunidades del interior de sus respectivos países (lo mismo en Africa, Asia o Europa) o que hurgan en problemas que ocurren lejos de ellos. Esas obras son difíciles de clasificar pues se trata más bien de cierto tipo de documentación, de registros fotográficos, fílmicos, objetuales, escritos, acerca de prácticas muy cercanas a la antropología y la sociología e incluso al trabajo educativo, de concientización política.

Paradójicamente encontramos, sin embargo, en esta Documenta, artistas sobradamente reconocidos cuya obra ha sido apreciada de un confín a otro del orbe: me refiero a Louise Bourgeois, Leon Golub, Jeff Wall, Lorna Simpson, Steve Mcqueen, Stan Douglas, Destiny Deacon, Bernd y Hilla Becher, Bodys Isek Kingelez, Isa Genzken, por ejemplo, o artistas cuyas propuestas no van más allá de las que encontramos en otros eventos similares. Había también su cuota de land art, de divertimentos (el laberinto de espejos de Ken Lum) y algo de espectacularidad en las obras de Annette Messager, Hanne Darboven. Esto ejemplifica, y pone de manifiesto de alguna manera, algo recurrente en este tipo de eventos: no siempre se cuenta con la información suficiente sobre lo que ocurre en variados e interesantes sitios del planeta para seleccionar entre cientos de artistas notables que hoy trabajan en buenas y malas condiciones. Señalo esto porque me hubiese gustado encontrar nombres de nuevos artistas (aunque ya los colectivos de trabajo lo son) luego de intensas exploraciones por el mundo por espacio de 5 años. El equipo de curadores prefirió trabajar, como hacen otros, sobre terreno firme en sentido general para restringir así al mínimo las posibilidades de riesgo y garantizar al menos una asistencia alta ed público, convocado por la presencia de "figuras" de reconocimiento internacional.

Las sedes fueron, una vez más, el importante Museo Friedericianum, la Orangerie, Documenta Halle y Banhof (la vieja estación de ferrocarril), a las que se añadió Binding-Brauerei (la antigua fábrica de cerveza local.) Las obras se emplazaron de acuerdo con las características de cada espacio individual sin tomar necesariamente en cuenta afinidades temáticas, ideológicas, de soportes o de otro tipo (algo que nos preocupa siempre en las Bienales de La Habana y que no siempre resolvemos con eficiencia para lograr la coherencia de los discursos propuestos): cada sede era portadora de las más disímiles relaciones entre las obras, abiertas y orgánicas en unos casos, contradictorias y aleatorias en otros.

Documenta 11 subrayó los vínculos del arte con la vida (desde la cotidianidad doméstica, familiar, laboral hasta grandes y pequeños dramas humanos como las constantes migraciones de sur a norte, el problema palestino-israelí , los refugiados africanos dentro y fuera del continente, conflictos étnicos recientes en Europa del Este, xenofobismo), lo que subrayó el eje social que atraviesan las práctica artísticas en numerosas circunstancias y momentos. Se distanció de la experiencia contemplativa, del concepto de fruición estética (a la usanza retiniana, de larga data e historia.) Legitimó las artes reproductivas y la creación colectiva como testimonios de las enormes posibilidades de incidencia del arte en la comunidad. Le dijo adiós a la pintura, la escultura y el dibujo...aunque no creo que para siempre.

Demostró, además, la necesidad de contar con cierto presupuesto y patrocinios para asumir la producción de proyectos significativos y su consecuente montaje y exhibición: de ello dan fe la presencia de tantos equipos de proyección, pantallas de variados tamaños, salas convenientemente oscurecidas, iluminación y sonorización "a la carta", materiales en variedad notable, panelería para paredes y techos. Se obtuvieron posibilidades de invitación a artistas y expertos que hicieron posible la materialización final del evento, además de contar con la publicación de una guía breve (sólo con imágenes de obras, textos sobre cada artista y una corta Introducción) a bajo precio y un Catálogo mayor con ensayos expresamente encargados y mayor cantidad de imágenes. Se diseñaron varias alternativas para la compra de entradas, y se coordinó una amplia red de visitas dirigidas con guías en varios idiomas.

Su proyección cada 5 años seguirá marcando pautas, por lo que resulta banal y hasta ridículo cualquier intento de imitación. Documenta pertenece al área más económicamente desarrollada del mundo y es un reflejo fiel de la riqueza de recursos materiales que tiene detrás para afrontar cada edición. Pero no se trata de una exhibición pantagruélica ni desmedida, ni esgrime una parafernalia con o sin sentido: sus curadores y organizadores asumen una posición seria y rigurosa ante la producción simbólica de hoy que cada vez propone nuevos caminos, o vuelve sobre los anteriores para hacer "relecturas" edificantes. No favorece corrientes o tendencias específicas en detrimento de otras: tampoco es fuente y origen de jerarquizaciones y legitimaciones manipuladoras que buscan notoriedad o falsos brillos pero sin dudas, para muchos artistas, ser invitado a participar representa la máxima aspiración posible en el mundo.

Nosotros debemos seguirla de cerca, estudiarla, y sacar las variadas lecciones que entraña para poder alimentar las expectativas que poco a poco hemos ido creando, con nuestros propios eventos, en esta parte del mundo donde, por cierto, el arte sigue estando conectado con la vida.

Temática: Cultura General
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Lector crítico
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