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Opinión
La familia Maceo en palabras de José Martí Fecha: 2011-06-21 Fuente: CUBARTE
La familia Maceo en palabras de José Martí
La familia Maceo en palabras de José Martí

La primera carta conocida de José Martí a Antonio Maceo tiene fecha 20 de Julio de 1882 y está escrita en Nueva York. La carta se la envía con Flor Crombet y es para tratar de asuntos relacionados con un nuevo esfuerzo por reanudar la lucha por la independencia de Cuba. En ella le dice: “No conozco yo, general Maceo, soldado más bravo ni cubano más tenaz que Ud. Ni comprendería yo que se tratase de hacer, ---como ahora trato y tratan tantos otros---, obra alguna sería en las cosas de Cuba, en que no figurase Ud. de la especial y prominente manera a que le dan derecho sus merecimientos.” Más adelante la carta incluye este sensible tema: “Ni tengo tiempo de decirle, General, cómo a mis ojos no está el problema cubano en la solución política, sino en la social, y cómo esta no puede lograrse sino con aquel amor y perdón mutuos de una y otra raza, y aquella prudencia siempre digna y siempre generosa de que sé que su altivo y noble corazón está animado. Para mí es un criminal el que promueva en Cuba odios, o se aproveche de los que existen. Y otro criminal el que pretenda sofocar las aspiraciones legítimas a la vida de una raza buena y prudente que ha sido ya bastante desgraciada”. La carta termina así: “Yo sé que no está Ud. cansado de hacer cosas difíciles. Y que su juicio claro no se ofusca como el de la gente vulgar, y abarca toda la magnitud de nuestra tarea y de nuestra responsabilidad".

 

Tal vez, por mi odio a la publicidad inútil, ignore Ud. quien escribe esta carta. Flor Crombet se lo dirá. Y yo le digo que se la escribe un hombre que sabe cuánto Ud. vale, y lo tiene en tanto.” (T.1-Págs. 171-173)

 

Esta carta la escribe Martí dos años después del fallido intento de la Guerra Chiquita a la que Maceo quiso asociarse con Calixto García y en cuya preparación Martí participó como subdelegado del Comité Revolucionario de La Habana, hasta ser detenido y desterrado a España, de donde escapó hacia los Estados Unidos y fue el último presidente (interino) del Comité Revolucionario de Nueva York.

 

Para Martí no hay dudas de que no puede emprenderse tentativa alguna de lucha armada en Cuba en la que no esté presente, con el rango que a sus méritos corresponde, el Mayor General Antonio Maceo. Y Maceo debe ser un factor determinante para trabajar por la solución del problema social, asunto clave de la nación cubana.

 

Ese mismo día Martí le escribe a Máximo Gómez invitándolo también a incorporarse al nuevo empeño. Flor Crombet será también quien lleve la carta. En ella Martí le habla a Gómez de la necesidad de un partido revolucionario.

 

Aquella tentativa de 1882, abortó en 1884. En carta a Máximo Gómez de 20 de octubre, Martí le explica las razones por las que se retira de aquel proyecto después de una conversación sostenida con él y con Maceo. A Martí le preocupó que la independencia resultara en un régimen caudillista, de despotismo personal hecho a nombre de la revolución.

 

Fue a comienzos de la década de los noventa que se reanudaron con la mayor intensidad los esfuerzos libertadores con José Martí como principal animador. Así, surge el periódico Patria el 14 de Marzo de 1892 y se funda el Partido Revolucionario Cubano el 10 de Abril de ese año.

 

En la edición de Patria del primero de noviembre de 1892 hay un articulo titulado “El Delegado en New York”, en el que se dice que el Delegado, en recorrido por las Antillas Mayores, visitó en Jamaica a la madre y a la esposa de Antonio Maceo.

 

El primero de febrero de 1893 hay carta de Martí a Maceo sobre los nuevos preparativos para la guerra revolucionaria. Martí le dice del armamento y equipos que tiene listos para enviárselos al punto que Maceo diga. También le acusa recibo de carta en la que Maceo le habla de Mariana, su madre, a la que Martí llama “querida viejecita” (T.2-Pág.221).

 

El 25 de mayo de ese año, Martí le escribe a Maceo desde Nueva York carta en la que le informa que sale de viaje a verlo y que estará en Puerto Limón del 15 al 30 de junio. En la carta le dice: “Precisamente tengo ahora ante los ojos “La protesta de Baraguá”, que es de lo más glorioso de nuestra historia. Ud. sabrá algún día para lo que vive este amigo de Ud.”. Y más abajo dice: “A mi amiga María, la más prudente y celosa guardiana que pudo dar a Ud. su buena fortuna, dígamela otra vez todo mi respeto y cariño. Ahora volveré a ver a una de las mujeres que más han movido mi corazón: a la madre de Ud.”. Y casi al final le escribe: “Espéreme con los brazos abiertos, que ya yo sé por mi cuenta que lo único que pudiera faltar a Ud. es la ocasión, que ahora se renueva, de mostrarse grande”. (T.2-Págs.328-329).

 

El 29 de agosto de 1893, Martí le escribe a Máximo Gómez, desde Nueva York, sobre la visita que le hizo a Maceo en junio. En ella le dice: “Ud. y yo debemos estar contentos de la aceptación plena y afectuosa por el general Maceo de la parte de obra que considera Ud. como natural de él, y que él acogía de antemano en la carta que envió a esperarme en Puerto Limón”. Y sigue: “… No creo engañarme al decirle que él, y lo que le rodea, está pronto a ocupar su puesto en el pensamiento general, y a ocuparlo con entusiasmo y fe”. También le informa a Gómez del acuerdo de Maceo en que este sea el General en Jefe del ejército libertador. Luego Martí le refiere a Gómez las entrevistas, acompañado por Maceo, con el Presidente y el Ministro de Guerra de Costa Rica. Y también le especifica a Gómez que Maceo, para trasladarse a Cuba, “no desea expedición grande, ni barco de aquí, no cree que lo acompañen –ni lo desea- más que unos cuantos Jefes y Oficiales escogidos. Para él el plan está en que le adelantemos cuanto podamos la organización en Oriente” (T.2-Págs.385-391).

 

Ese era el ánimo y la disposición nueve años después del abandono del esfuerzo de 1884. La unidad de acción se fraguaba. Parecía entonces que las hostilidades podrían comenzar en diciembre de ese año. Martí cree llegada la hora en que las condiciones están listas y así se lo hace saber a Gómez en carta de 28 de noviembre de 1893. El 15 de diciembre Martí le escribe a Maceo carta en la que le da cuenta de todo lo hecho desde la entrevista que tuvieron en Costa Rica. Es la carta de una cita que se ha hecho famosa: “Ahora sólo estas líneas le puedo poner, y la seguridad de que, lo que yo haya de hacer, ni con ligereza ni con demora será hecho. Yo no trabajo por mi fama, puesto que toda la del mundo cabe en un grano de maíz, ni por bien alguno de esta vida triste, que no tiene ya para mi satisfacción mayor que el salir de ella: trabajo para poner en vías de felicidad a los hombres que hoy viven sin ella”. El párrafo final dice: “Y de su gran pena de ahora ¿no ve que no le he querido hablar? Su madre ha muerto. En Patria digo lo que me sacó del corazón la noticia de su muerte: lo escribí en el ferrocarril, viniendo de agenciar el modo de que le demos algún día libre sepultura, ya que no pudo morir en su tierra libre: ese, ese oficio continuo por la idea que ella amó, es el mejor homenaje a su memoria. Vi a la anciana dos veces, y me acarició y miró como a hijo, y la recordaré con amor toda mi vida” (T.2 –Pág.458-460).

 

El articulo de Patria al que Martí se refiere se titula “Mariana Maceo” y comenta el fallecimiento de la anciana de 85 años en Jamaica, el 27 de noviembre. De ella escribe Martí: “¿Su marido, cuando caía por el honor de Cuba no la tuvo al lado? ¿No estuvo ella de pie, en la guerra entera, rodeada de sus hijos? ¿No animaba a sus compatriotas a pelear, y luego, cubanos o españoles curaba a los heridos? ¿No fue, sangrándole los pies, por aquellas veredas, detrás de la camilla de su hijo moribundo, hecha de ramas de árbol?... ¿No vio a su hijo levantarse de la camilla adonde perecía de cinco heridas, y con una mano sobre las entrañas desechas y la otra en la victoria, echar monta abajo, con su escolta de agonía, a sus doscientos perseguidores? Y amaba, como los mejores de su vida, los tiempos de hambre y sed, en que cada hombre que llegaba a su puerta de yaguas, podía traerle la noticia de la muerte de alguno de sus hijos”. Y el artículo termina diciendo: “Patria, en la corona que deja en la tumba de Mariana Maceo, pone una palabra: ¡Madre!” (T.5-Págs. 25-26).

 

El 6 de enero de 1894, unas tres semanas después, del artículo anterior, aparecía en Patria otro titulado “La madre de los Maceo”. Comienza así: “¿Qué sino la unidad del alma cubana, hecha en la guerra, explica la ternura unánime y respetuosa, y los acentos de indudable emoción y gratitud, con que cuantos tienen pluma y corazón han dado cuenta de la muerte de Mariana Grajales, la madre de nuestros Maceos? ¿Qué había en esa mujer, qué epopeya y misterio había en esa humilde mujer, qué santidad y unción hubo en su seno de madre, qué decoro y grandeza hubo en su sencilla vida, que cuando se escribe de ella es como de la raíz del alma, con suavidad de hijo, y como de entrañable afecto?” Y más adelante relata la anécdota del día en que trajeron a su hijo Antonio herido y todas las mujeres se echaron a llorar y Mariana, “como quien espanta pollos echaba del bohío a aquella gente llorona: “Fuera, fuera faldas de aquí! ¡No aguanto lagrimas!” y a Marcos, el hijo más pequeño, niño aún, le dijo:” Y tú, empínate, porque ya es hora de que te vayas al campamento” (T.5-Págs.26-27). Así rendía tributo Martí a Mariana Grajales de Maceo, y con ella, a toda su heroica familia.

 

Comienza el año de 1894 y ya el 6 de enero Martí le está escribiendo a Maceo. Le cuenta de las dificultades surgidas en Cayo Hueso con los fabricantes de tabaco yanquis que comienzan a importar mano de obra española en sustitución de los tabaqueros cubanos, para debilitar así la unidad de los trabajadores y, objetivamente, afectar las bases de apoyo principales del Partido Revolucionario Cubano. En la carta, Martí le escribe a Maceo: “…Siento en Ud. un alma hermana. No me diga lisonjero, ni que le digo esto por necesitar ahora de Ud. para llevar adelante como gloria mía esto que he desenvuelto de manera que sea la obra de todos y no pueda ser sin todos. Dígame que lo he conocido,-que vemos el porvenir con los mismos ojos y hágame sentir desde allá el calor de sus brazos”. (T.3-Pág.35-37)

 

El año de 1894 es decisivo en los preparativos de la nueva guerra, la guerra necesaria, como la calificó Martí. De ese periodo, entre enero y diciembre, se ha publicado una veintena de cartas de Martí a Maceo. Sabemos, por el propio Martí, de cartas a Maceo y Gómez que no llegaron a su destino. El gobierno español actuaba con todos los medios a su alcance para impedir el éxito de los preparativos revolucionarios y utilizó agentes que crearon dificultades; pero la sagacidad de Martí, su grado de alerta máximo, su pupila insomne, pudo neutralizar y minimizar los daños a la obra gigantesca que dependía de su paciencia, tenacidad, habilidad, sagacidad y firmeza. Y sobre todo, de su sinceridad y capacidad de sacrificio, de su bonhomía.

 

En ese periodo la correspondencia de Martí con Máximo Gómez, General en Jefe a cuyo cargo estaría la conducción máxima de la guerra, y con Antonio Maceo, Lugarteniente General, tenia que ser continúa. Ellos eran los pilares del nuevo esfuerzo. También con otros jefes y patriotas la correspondencia del Delegado del Partido Revolucionario Cubano sería intensa. De otra parte, la tarea ideológico-política a través de Patria reclamaba también su atención, junto a las innumerables gestiones en distintos puntos de los estados Unidos y en México, la América Central y las Antillas.

 

Todo este trabajo preparatorio, venciendo intrigas, lo hace Martí tratando con limpieza y transparencia las relaciones con los dos grandes jefes militares de la revolución.

 

En carta de 8 de enero, Martí le escribe a Maceo: “…Sin compararme con Ud. en el valor, me siento uno con Ud. en la capacidad de morir con el país, y de servirle con sinceridad, y mejorarlo desde las raíces y de suprimirme y de sufrirlo todo por su servicio,  siento en Ud. un alma hermana” (T.3-Pág.36).

 

El 20 de abril de 1894 Martí envía carta a Maceo en la que tiene que salir a desmontar intrigas: “Descanse Ud. Descansen todos. Nadie ha pretendido, ni pretenderá, pasar por sobre Ud., ni por sus compañeros. Ud. es imprescindible a Cuba. Ud. es para mí…uno de los hombres más enteros y pujantes, más lúcidos y útiles de Cuba…Ud. es demasiado grande, Maceo. Y yo, que en hora necesaria dije a Ud. mismo la verdad que sentía (se refiere a lo ocurrido en 1884.NB) , y a nuestra patria le era entonces útil, yo le digo que siento por Ud. cariño entrañable, intimo; como si hubiera…nacido en su misma cuna; que lo defendería y mantendría, en caso necesario, con más brío que a mi mismo; que aborrezco, persigo y ahogo toda injusticia e intriga; que tendré acaso mi día más feliz, cuando en Oriente, único suelo digno de nosotros, cuando en suelo cubano, pueda Ud. decir, ente los hombres que no se han de desmontar: “Un hermano este””. Y más adelante: “ Escribo con mi sangre y muero. Descanse, que jamás, mientras tenga yo mano, se prescindirá de Ud.” (T.3- Págs.149-150) Y así sería un año y días después, cuando el 6 de mayo de 1895, Maceo formó, en los campos de Cuba insurrecta, en Oriente, a su tropa de dos mil hombres para saludar y vitorear a Martí y a Gómez y aquellos guerreros escucharon la palabra santa de la patria en la voz de Martí y vieron luego el abrazo fuerte de hermanos que, sin desmontarse de sus cabalgaduras, se dieron al despedirse estos tres héroes.

 

En carta de 18 de junio, Martí le habla a Antonio Maceo sobre su hermano José: “¿Le hablaré de la larga y satisfactoria conversación que tuve con José, con todo lo general que era de justicia decirle, aunque sin detalles en lo local, que ya le dije que quedaba enteramente en manos de Ud.? Le quité toda pena de que pudiera creerse desdeñado, y le expliqué nuestra concentración de responsabilidades, a fin de que haya más probabilidades de éxito. Creo que tuve con él,- sobre la guerra pasada y sus tropiezos y yerros, sobre ésta, y el espíritu nuevo con que la comenzamos,- una conversación de realidad y eficacia” Y en otro momento escribe, refiriéndole su encuentro con Flor Crombet: “Lo bello de estas cosas es que llegamos a donde estamos sin una sola reserva, doblez ni ocultación. Lo pequeño, a la hora grande, se funde en lo grande. Yo a Flor le expliqué el plan general de lo que se ha de hacer aquí, diciéndole que a Ud. quedaba la dirección total y absoluta de lo que hubiera de hacerse aquí” (T.3-Pág.209). Cuatro días después, Martí vuelve a escribirle para informarle de gestiones hechas en Panamá. La carta concluye con esta frase: “No olvide que tiene compañero y escudo en su José Martí” (T.3-Pág.212). Y tres días después de la carta anterior fechada en Panamá, Martí le escribe a Maceo desde Jamaica con gran sentido previsor: “”… En estos días en que debíamos estar al habla sin cesar, en que me parece como innatural y cruel que no estemos al habla continuamente, ni un instante deje de pensar que en cuanto esté en su mano no le permitirá a la fortuna ni atentados, ni abandonos , ni desdenes contra Ud., ni abusos de su nombre, ni más peligros para Ud. que el que todos a la vez corramos-y si no, no- este hombre que fía en Ud., que lo tiene por cubano de singular pujanza y de toda especie de grandeza, y que lo quiere.” (T.3-Pág.216). El 10 de noviembre en San José, Costa Rica, Maceo fue víctima de una agresión, por un grupo de españoles y herido, a traición, en la espalda.

 

Maceo había tomado decisiones graves ese año en cuanto a su estabilidad económica en Costa Rica para liquidar sus negocios y marchar a Cuba. No quiso participar en la política interna de Costa Rica y dar apoyo al Presidente de la República y sus partidarios, con lo que perdió su apoyo. Tenía prisa por pasar a la nueva etapa de la guerra de liberación. Martí también la tenía, pero Gómez era el que debía decidir: Martí le había trasladado esa responsabilidad al General en Jefe y este actuaba con más lentitud y cautela.

 

Otro contratiempo muy grande fue lo ocurrido con los tres vapores pequeños que Martí tenía alistados para salir desde el puerto de Fernandina, en la Florida, para trasladar hombres y armas a Cuba. Uno llevaría a Máximo Gómez desde Santo Domingo hasta Camagüey, otro a Antonio Maceo y a Flor Crombet desde Costa Rica hasta Oriente y el tercero a los generales Serafín Sánchez y Carlos Roloff hasta Las Villas. La operación fue descubierta y las autoridades estadounidenses abortaron el plan. Martí, en carta a Maceo explica lo ocurrido y la responsabilidad del fracaso en la acción de última hora del Coronel Fernando López de Queralta, que había sido designado por el General Serafín Sánchez como guía de su grupo. En esa carta de 19 de enero de 1895 Martí dice que el Coronel entregó directa o indirectamente la expedición. De inmediato se trabajó por recuperar todo lo posible y el ánimo de Martí no decayó y se preparó la orden para el alzamiento en Cuba para la fecha del 24 de febrero. Martí iría a Santo Domingo para embarcar con Máximo Gómez y Maceo lo haría desde Costa Rica. Maceo le solicitó a Martí una suma de dinero superior a la que se disponía en ese momento y Martí le responde que Flor Crombet podía, con menos de la mitad de esa suma, organizar la travesía. La suma de Flor era igual a la que se usaría para el traslado de Gómez y Martí. Desde Montecristi Martí le escribe a Maceo para pedirle que se siga el plan de Crombet para el traslado a Cuba. Difícil decisión. Martí concluye su carta así: “Ahora, detalles, abnegación, abandonado de todo, menos de la idea de subir al tren y a la mar, costo de los pocos de San José que deben bajar a la costa, olvido inmediato de las cosas tentadoras de la tierra, para lo cual se requiere más valor que para encararse al enemigo ¿cómo he de proponerme yo hablar de esta cosas con Ud.? ¿A pedirle virtud? ¿A permitir que nadie dude de que la mostrará suprema? ¿A creer que hay en nadie más valor y desinterés que en Ud.? Cuba está en guerra, General. Se dice esto, y ya la tierra es otra. Lo es para Ud. y lo sé yo. Que Flor, que lo tiene todo a mano, lo arregle todo como pueda. ¿Que de Ud. pudiera venirle el menor entorpecimiento? ¿De Ud. y Cuba en guerra? No me entrará ese veneno en el corazón. Flor tendrá sus modos. Del Norte irán las armas. Ya sólo se necesita encabezar. No vamos a preguntar, sino a responder. El ejército está allá. La dirección puede ir en una uña. Esta es la ocasión de la verdadera grandeza. De aquí vamos como le decimos a Vd. que vaya. Y yo no me tengo por más bravo que Ud., ni en el brío del corazón, ni en la magnanimidad y prudencia del carácter. Allá arréglense, pues, y ¡hasta Oriente! Cree conocerlo bien su amigo José Martí.

 

Y así ocurrió. Nuestros héroes se encontrarían en Oriente, en el ingenio La Mejorana, el 5 de mayo, después de azarosos traslados a Cuba. Nuestra última guerra de liberación contra el colonialismo español estaba en marcha.

 

Los desacuerdos en La Mejorana no fueron obstáculo para continuar con el esfuerzo común. Así quedó patentizado al día siguiente cuando Gómez y Martí llegaron al campamento de Maceo como ya he dicho más arriba. Desde la manigua Martí le escribirá a Maceo seis días después de su último encuentro, el día 12 de ese mes de mayo. Es carta pidiéndoles noticias de la marcha de la guerra en la zona en la que Maceo opera alrededor de Santiago de Cuba. En la carta elogia a José Maceo, al” generoso José, que ya no se nos saldrá del corazón agradecido”. Y concluye la carta en tono animosos: “Súbase en los estribos, y haga arder los hombres a su voz. Se va el correo, y con él un abrazo, y gracias por los sucesos que le adivino en estos días, de su amigo José Martí.” (T.4-Pág.165).

 

Deseo cerrar estas notas en que Martí nos habla con una breve parte de lo que escribió sobre Antonio Maceo en el periódico Patria el 6 de octubre de 1893:

 

Maceo tiene en la mente tanta fuerza como en el brazo. No hallaría el entusiasmo pueril asidero en su sagaz experiencia. Firme es su pensamiento y armonioso, como las líneas de su cráneo. Su palabra es sedosa, como la de la energía constante, y de una elegancia artística que le viene de su esmerado ajuste con la idea cauta y sobria. No se vende por cierto su palabra, que es notable de veras, y rodea cuidadosa el asunto, mientras no esté en razón, o insinúa, como quien vuelve de largo viaje, todos los escollos o entradas de él. No deja frase rota, ni usa voz impura, ni vacila cuando lo parece, sino que tantea su tema o su hombre. Ni hincha la palabra nunca ni la deja de la rienda. Pero se pone un día el sol, y amanece al otro, y el primer fulgor da, por la ventana que mira al campo de Marte, sobre el guerrero que no durmió en toda la noche buscándole caminos a la patria. Su columna será él, jamás puñal suyo. Con el pensamiento la servirá, más aún que con el valor. Le son naturales el vigor y la grandeza.”

 

Bibliografía:

Martí, José: Obras Completas. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1975.

Temática: Cultura General
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Lector crítico
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