El más importante evento del libro que se realiza en Cuba cada año, la Feria Internacional del Libro, se ha dedicado en su 21 edición a Zoila Lapique Becali y a Ambrosio Fornet Frutos, dos intelectuales que aportan a la cultura obras de incalculable valor literario e histórico
Graduada en la Escuela de Bibliotecarios y Licenciada en Historia, títulos recibidos en la Universidad de La Habana, Zoila Lapique Becali, Premio Nacional de Ciencias Sociales 2002, es reconocida por la elaboración de un método para la clasificación de la música. Su primer trabajo historiográfico El Filarmónico Mensual fue premiado y publicado en la Revista de Música de la Biblioteca Nacional José Martí, 1961.
Es una mujer que lleva la música en su alma, quizás como primera y única vocación. No la estudió, sin embargo, es una de las más importantes estudiosas de musicografía de Cuba y de ahí el respeto y el sitio que como intelectual ocupa en la cultura. Creció en un hogar donde la zarzuela, la ópera y la música de los grandes clásicos, entre ellos Beethoven, era prácticamente el pan de cada día, escuchada a través de la radio o del teatro.
De niña, y acompañando a su hermana Rosa, tuvo el privilegio de conocer y escuchar conferencias de Fernando Ortiz, Emilio Roig de Leuchenring y otras personalidades de la intelectualidad. Después, cuando estudiaba Bibliotecología en la Sociedad Económica Amigos del País, se relacionó con el grupo de los pensadores y cultos que frecuentaban asiduamente aquella institución, como Alejo Carpentier.
Entretanto, le nacía la obsesión por adentrarse en la investigación, sin sospechar el gran aporte que le haría a la historiografía musical de su patria y al mundo, pues es sabido que la música es uno de los mayores aportes de Cuba a la cultura universal.
A inicios de la década de 1960, devino en paciente e incansable investigadora sobre las piezas musicales que en el siglo XIX fueron publicadas en revistas y periódicos, y fue así con salió a la luz editorial el primer tomo de Música Colonial Cubana (1812-1902).
Este volumen enriquece extraordinariamente la historia de la musical y del periodismo, al ofrecer de manera cronológica el desarrollo editorial y musical, durante 90 años, la mayor parte de ellos transcurridos en el siglo XIX. El libro nos posibilita conocer una copiosa nómina con las piezas musicales creadas por criollos, españoles y foráneos en general, que ameritó espacio en diversas revistas y periódicos.
Dio a conocer en esa obra las investigaciones que efectuó sobre los procedimientos tipográficos (xilografía y litografía) que se emplearon para la publicación de las primeras partituras musicales. Reseñó, además, títulos, fechas, directores, periodicidad y características de numerosas publicaciones, así como los periodistas y cronistas dedicados a la divulgación de la música.
Durante diez años Zoila se dedicó a la ardua labor investigativa, en archivos, centros de documentación, bibliotecas y hemerotecas de varias provincias cubanas, en particular en la Biblioteca Nacional José Martí, donde trabajó cuarenta años, fundamentalmente en la Sala Cubana.
En aquella etapa conoció a Argeliers León Moreno Fraginals, Carlos del Toro, Ana Cairo y Roberto Friol, “seres eruditos” según sus propias palabras, que la estimularon a proseguir en el difícil empeño por rescatar con rigor la música impresa en Cuba durante la colonia.
La autora de Música Colonial Cubana ofrece también un análisis del panorama político-económico-social que era reflejado en cada revista o periódico y de cómo la música en particular, en su constante evolución y enriquecimiento, tanto la creada por cubanos como por foráneos, al ponerse en contacto con las corrientes africanas transculturadas a Cuba, se modificaron o fundieron con ellas.
En cuanto a la prensa, no caben dudas de la importancia de su estudio para la cultura cubana. De ahí las abundantes publicaciones con música impresa que circularon en La Habana durante el siglo XIX, seguida por Matanzas.
Así, descubrió que el primer periódico en divulgar y enseñar música fue El Filarmónico Mensual o Cartilla para Aprender con Facilidad el Arte de la Música, fundado en La Habana en 1812, luego de decretada la primera libertad de imprenta.
En 1822, y en pleno período de la segunda libertad de imprenta establecida en la Isla, el dibujante y litógrafo francés Santiago Lessieur y el español Enrique González editaron el Periódico Musical, el cual comprendió: música vocal (dúos, nocturnos, cavatinas, canciones, romanzas, boleros y tiranas) con acompañamiento de arpa o fortepiano; la instrumentación abarcaba oberturas, rondoes, vals, contradanzas y minués para guitarra, flauta, arpa y fortepiano. Todas las piezas publicadas correspondían a los mejores autores nacionales y extranjeros.
En el tomo mencionado, Zoila con su impecable estilo de escritora y especialista del tema casi logra que escuchemos Las alturas de Simpson de Miguel Faílde, la que constituye la primera obra en el género danzón. Además, explica que el título de la pieza se debe a un barrio de Matanzas.
Y, cómo calificar la manera diáfana de presentar al lector su estudio cuando advierte que El cocuyé, conga introducida probablemente a fines del siglo XVIII en las comparsas de Santiago de Cuba por grupos de esclavos llegados de Haití y Santo Domingo, fue en 1836 incluida en el repertorio del músico español Juan Casamitjana, director de una banda militar, quien poco después la interpretaría en las retretas.
La llamada canción de ida y vuelta, La habanera, alcanza gran destaque informativo en la obra de Zoila. De acuerdo con su investigación, se presume que fue en el café de La Lonja, a la entrada de la calle O’Reilly, junto a la Plaza de Armas, donde en 1841 por primera vez se cantó una contradanza con versos expresamente dichos al compás de la música, lo cual dio pie a la denominada y famosa: habanera. En la página 21 del primer tomo de Música Colonial Cubana, expresa la autora:
Esos versos cantados al compás de la contradanza del país ―que también llamaban contradanza habanera―, con su característico esquema rítmico, sería la novedad de entonces y el punto de partida más tarde de la conocida internacionalmente habanera, género mixto, musical cubano. Una publicación de esos años, La prensa, en 1842, regaló a sus suscriptores una pieza musical, de la que comentaban “… creemos que nuestras amables lectoras recibirían con placer La Prensa de hoy; porque el amor en El amor en el Baile es una canción enteramente habanera, que expresa todo el sentido abandono de los trópicos, que sólo pintan con verdad la naturaleza y las voluptuosas danzas de Cuba”.
Zoila no dejó el arduo trabajo de la investigación y tras Música Colonial Cubana, preparó los libros Historia documentada de la litografía en Cuba e Iconografía de la Guerra de los Diez Años, mientras continuaba los estudios acerca de la musicografía. A punto de celebrar 82 primaveras, nacida el 27 de junio de 1930, en La Habana, anuncia que otra investigación suya anda por el camino de la edición
Para Zoila Lapique Becali las gracias de los cubanos de cualquier generación, por su arduo quehacer investigativo, devenido en una bendición, ya que la música es el alma de los pueblos, parafraseando a nuestro José Martí.
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