En el mes en que la Revolución cubana del primero de enero llega a sus cincuenta y cuatro años de existencia, celebramos también el aniversario ciento cincuenta y nueve del natalicio de José Martí, el gran mentor de la república cubana independiente y solidaria.
Pasan los años y el pensamiento del excepcional habanero mantiene plena vigencia para iluminar el quehacer contemporáneo de sus compatriotas.
Prácticamente, no existe esfera de la vida en la que no se encuentre alguna idea martiana que invite a la reflexión y sirva de guía. El contar con ese patrimonio es un verdadero privilegio que convoca al deber de preservarlo y, sobre todo, ponerlo en práctica en lo que de esencial contiene.
Pero, además de las ideas, esta el ejemplo de sus acciones, de lo que llevó a la práctica durante su vida. Esto podría resumirse en lo que fue su ética, signada, fundamentalmente, por la sinceridad, por la honradez, por la honestidad y la limpieza y por un profundo amor a la humanidad, comenzando por el amor a su pueblo. Su aspiración a alcanzar toda la justicia posible para todos fue lo que le hizo decir que el sentido de la vida era entregarla a una misión y ennoblecerla. Hombre que antepuso siempre el interés social al personal ha sido reconocido por las generaciones de cubanos que le han sucedido como el Apóstol, como el Maestro y como el Héroe Nacional. El fue, como nadie, el forjador ideológico de la unidad de la nación cubana y su visión de la república independiente y soberana que había que conquistar, una cuyo primer deber sería el respeto a la plena dignidad humana y su principal característica que trabajara con todos y para el bien de todos.
Condenado desde su temprana adolescencia a brutales trabajos forzados en el presidio colonial, fue desterrado después y obligado a un largo exilio que lo llevó de España a México, Guatemala, Venezuela y finalmente a Estados Unidos de Norteamérica, a la ciudad de Nueva York, salvo una brevísima estancia habanera al término de la Guerra de los Diez Años, que le ocasionó un segundo destierro. No regresó a Cuba hasta después de haber fundado el Partido Revolucionario Cubano y organizado la última guerra por la independencia del colonialismo español, iniciada el 24 de febrero de 1895. Apenas tres meses después caería muerto en combate, en la forma en que lo previó en sus Versos Sencillos: de cara al sol.
Su vida lo hizo partícipe en los esfuerzos independentistas, aunque no en el campo militar, sino en la batalla de ideas, en la contienda iniciada por Carlos Manuel de Céspedes y luego en la Guerra Chiquita liderada por Calixto García, que siguió al nefasto Pacto del Zanjón, rechazado por Antonio Maceo en Baraguá, hasta su obra cumbre de la guerra necesaria en 1895. La de Martí fue una vida consagrada a la causa redentora de su pueblo, a la que siempre consideró como parte del esfuerzo mayor por la causa de la que llamó Nuestra América, esa que en nuestros días acaba de dotarse de una organización intergubernamental, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
Pero el ideario martiano rebasa la dimensión continental para alcanzar una universal y su propósito, como cubano y como latinoamericano y antillano, era contribuir a fijar el equilibrio del mundo porque, en última instancia, la patria es la humanidad toda.
Podemos tomar, al azar, algunas ideas martianas y, con ellas, mostrar lo que fue su visión del mundo para constatar su validez para este siglo XXI.
Refiriéndose a las razones de Cuba para ser un país soberano e independiente Martí escribe:
“Cuba reclama la independencia a que tiene derecho por la vida propia que sabe que posee, por la enérgica constancia de sus hijos, por la riqueza de su territorio, por la natural independencia de este, y, más que por todo, y esta razón está sobre todas las razones, porque así es la voluntad firme y unánime del pueblo cubano”. (1)
Para Martí el problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu: “Con los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores.” (2) Y enfatizaba la necesidad de “afirmar la independencia absoluta, sin la que jamás habría trabajo ni honor en nuestra tierra”. (3)
Esa Cuba independiente debía ser: “…una nación capaz de asegurar la dicha durable de sus hijos y de cumplir, en la vida histórica del continente, los deberes difíciles que su situación geográfica le señala”. (4) “Queremos la isla sana y trabajadora. Queremos la confianza y el respeto entre todos los que hemos de vivir juntos.” (5) Y hay que vivir “…con el corazón abierto a todos los derechos, y a todos los méritos, y a todas las glorias, de nuestro país.” (6)
La organización política del país debe ser una república democrática que no tenga que ver con las gastadas monarquías colonialistas ni con el caudillismo imperante en Nuestra América post-colonial ni tampoco con la falsa democracia del imperialismo, en cuyas entrañas vivió durante tres lustros. Sus ideas sobre la república son:
“La garantía de las repúblicas está en la cantidad numerosa de voluntades que entran en su gobierno.” (7)
“La república se levanta en hombros del sufragio universal, de la voluntad unánime del pueblo.” (8)
“Estamos fundando una república honrada, y podemos y debemos dar el ejemplo de la más rigurosa transparencia y economía.” (9)
“¡República es el pueblo que tiene a la derecha la chaveta de trabajador, y a la izquierda el rifle de la libertad!” (10)
El propone “una república de trabajo y de pensamiento.” (11)
Y advierte que “si la república no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la república.” (12)
En el caso de una república parlamentaria, en la que el poder mayor se le otorga al parlamento, Martí considera que “en una nación parlamentaria, es necesario que el parlamento sea la copia legítima del pueblo que lo eligió.” (13)
Martí defendió desde comienzos de la década de los años ochenta del siglo XIX la necesidad de fundar un partido político que uniera a todos los cubanos que anhelaban la independencia del país. Sólo la unidad era garantía del triunfo. Ese partido, además, no estaría sujeto a los vaivenes caprichosos de los individuos, sino funcionaría con un centralismo democrático para controlar cualquier desvío de sus estatutos y su programa. Así, el Partido Revolucionario Cubano por él fundado tendría en cuenta lo siguiente:
“El Partido Revolucionario Cubano no se propone perpetuar en la República Cubana…el espíritu autoritario y la composición burocrática de la colonia, sino fundar… un pueblo nuevo y de sincera democracia.” (14)
“El Partido Revolucionario Cubano no tiene por objeto llevar a Cuba una agrupación victoriosa que considere la isla como su presa y dominio… Se establece para fundar la patria una, cordial y sagaz… y sustituir al desorden económico en que agoniza con un sistema de hacienda pública que abra el país inmediatamente a la actividad diversa de sus habitantes.” (15)
Y advertía: “A su pueblo se ha de ajustar todo partido político.” (16) “Los partidos no se conservan en el gobierno si no tienen las manos limpias de interés, y la raíz en la verdad.” (17)
Dentro de esa república trabajadora y democrática Martí destaca el papel de los campesinos, los trabajadores y los estudiantes: “Los campesinos… son la mejor masa nacional, y la más sana… Las ciudades son la mente de las naciones; pero su corazón, donde se agolpa, y de donde se reparte la sangre, está en los campos.” (18) “Todo trabajador es santo y cada productor es una raíz.” (19)
“Del trabajo continuo y numeroso nace la única dicha, porque es la sal de las demás venturas, sin la que todas las demás cansan o no lo parecen: ni tiene la libertad de todos más que una raíz, y es el trabajo de todos.” (20) “Los estudiantes… son el baluarte de la Libertad, y su ejército más firme.” (21)
Con respecto al papel de la mujer opina que “el corazón de nuestra libertad está en nuestras mujeres.” (22)
Martí, que fue padre y maestro, consideraba a los niños como la esperanza del mundo y reclamaba el mayor espeto para los ancianos porque “el hombre se siente consagrado en los ancianos.” (23)
En una sociedad que apenas acababa de abolir la esclavitud como resultado de la lucha revolucionaria, le prestaba mucha atención a los rezagos poderosos del racismo e insistía en la identidad de todos los seres humanos y la falsedad de las seudo teorías racistas y en que la condición de cubano, como la de hombre, era más que ser blanco, negro o mulato. Martí no aceptaba ningún tipo de discriminación, como no fuera la imprescindible entre el bien y el mal en todas sus manifestaciones.
Su programa político incluía la lucha armada como el medio único que la potencia colonial dejaba a los cubanos para alcanzar sus derechos como nación, pero intentaba que esa guerra inevitable y necesaria fuese lo más breve posible. La república que surgiera de ella estaría abierta a todos los hombres de buena voluntad y libre de odios. Nada debía temer el español bueno.
En la economía de la nueva república debía prestarse atención primordial a la agricultura porque “la agricultura es la única fuente constante, cierta y enteramente pura de riqueza.” (24) Y es que la agricultura provee no solamente el alimento, sino materias primas para las industrias. Si hay tierra suficiente hay que ponerla a producir. Y no solo la producción de alimentos con un desarrollo agropecuario: también hay que cuidar de los bosques: “La cuestión vital de que hablamos es esta: la conservación de los bosques donde existen; el mejoramiento de ellos donde existen mal; su creación donde no existen. Comarca sin árboles, es pobre. Ciudad sin árboles, es malsana. Terreno sin árboles, llama poca lluvia.” (25) “Hay que cuidar de reponer las maderas que se cortan, para que la herencia quede siempre en flor.” (26)
Martí dice lo siguiente respecto a la tierra: “La tierra es santa. La tierra no niega nunca al hombre lo que ha menester. Posea tierra el que la trabaje y la mejore. Pague por ella al Estado mientras la use. Nadie posea tierra sin pagar al Estado por usarla.” (27)
También aboga por el desarrollo de la industria nacional, particularmente la que se aviene al país y puede obtener de él sus materias primas. En todo caso, la industria ha de elaborar productos de la mejor calidad y a precios competitivos.
A las ciencias les otorgaba un papel fundamental: “Hasta que no enseñemos ciencia en las escuelas, no tendremos a salvo la República.” (28) “Es preciso fomentar el estudio de las ciencias como vía única para el conocimiento de las verdades.” (29) “Se ha de conocer las fuerzas del mundo para ponerlas a trabajar, y hacer que la electricidad que mata en un rayo, alumbre en la luz.” (30)
El comercio exterior debe basarse en lo que convenga al país. “Hay que equilibrar el comercio, para asegurar la libertad. El pueblo que quiere morir, vende a un solo pueblo, y el que quiere salvarse, vende a más de uno… El pueblo que quiera ser libre, sea libre en negocios… El comercio va por las vertientes de tierra y agua y detrás de quien tiene algo que cambiar por él, sea monarquía o república. La unión, con el mundo, y no con una parte de él; no con una parte de él, contra la otra”. (31) Este era el consejo martiano frente a los intentos de EE.UU. de utilizar la supremacía en los vínculos económicos como un medio de dominación política.
La sociedad que Martí propone es la siguiente: “En vez de un estado social donde unos cuantos hombres excepcionales se levanten por sobre turbas cada día más infelices, ¿no es licito procurar, conservando en su plenitud los estímulos y el arbitrio propio del hombre, un estado donde, distribuyendo equitativamente los productos naturales de la asociación, puedan los hombres que trabajen vivir con descanso y decoro de su labor?” (32)
Los gobiernos tienen que ser representantes del pueblo que gobiernan y conocer bien sus realidades. “Allí donde se gobierna hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con que elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.” (33)
Otro aspecto que Martí nunca olvidó fue la necesidad de la república de estar lista para defenderse. Y esa era tarea de todo el pueblo.
Asombra constatar la vigencia de estas observaciones que parecerían dichas hoy. Y es que cuando ama a su pueblo, el hombre se convierte en expresión de sus necesidades y aspiraciones, que sirven de base al genio del político sincero para servir de guía a sus compatriotas.
A los ciento cincuenta y nueve años de su natalicio, José Martí sigue siendo el autor intelectual de la revolución cubana.
Notas:
(1) José Martí: Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t. I, p. 95.
(2) Ob. cit., t. VI, p. 19.
(3) Ob. cit., t. IV, p. 131.
(4) Ob. cit., t. I, p. 279.
(5) Ob. cit., t. I, p. 395.
(6) Ob. cit., t. I, p. 480.
(7) Ob. cit., t. XIV, p. 59.
(8) Ob. cit., t. I, p. 91.
(9) Ob. cit., t. II, p. 241.
(10) Ob. cit., t. V, p. 43.
(11) Ob. cit., t. II, p. 304.
(12) Ob. cit., t. VI, p. 21.
(13) Ob. cit., t. XIV, p. 364.
(14) Ob. cit., t. I, p. 279.
(15) Ob. cit., t. I, p. 280.
(16) Ob. cit., t. III, p. 139.
(17) Ob. cit., t. XI, p. 128.
(18) Ob. cit., t. VIII, p. 290.
(19) Ob. cit., t. VIII, p. 36.
(20) Ob. cit., t. XII, p. 433.
(21) Ob. cit., t. XVIII, p. 43.
(22) Ob. cit., t. XXII, p. 204.
(23) Ob. cit., t. XI, p. 136.
(24) Ob. cit., t. VIII, p. 298.
(25) Ob. cit., t. VIII, p. 302.
(26) Ob. cit., t. VIII, p. 303.
(27) Ob. cit., t. XI, pp. 17, 19 y 146.
(28) Ob. cit., t. XI, p. 276.
(29) Ob. cit., t. XV, p. 192.
(30) Ob. cit., t. XVIII, p. 503.
(31) Ob. cit., t. VI, p. 150.
(32) Ob. cit., t. XI, p. 283.
(33) Ob. cit., t. VI, p. 17.
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