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Opinión
Las revista literarias hispanoamericanas (IV parte) Fecha: 2011-06-10 Fuente: CUBARTE
Las revista literarias hispanoamericanas (IV parte)
Las revista literarias hispanoamericanas (IV parte)

Otras revistas literarias hispanoamericanas se han comprometido, de manera declarada o de forma indirecta, con las poéticas de las vanguardias literarias. El ultraísmo argentino, que fue el más vinculado a las publicaciones periódicas, produjo Prismas (1921-1922), Proa (1922-1923 y 1924-1926), Inicial (1923) y Martín Fierro (1924); la primera fue una revista mural fundada por Jorge Luis Borges, su primo Guillermo Juan, Eduardo González Lanuza y Guillermo de la Torre, y quizás, como ha escrito César Fernández Moreno, “su importancia se resume en la ‘Proclama’ de su primer número”, que según De la Torre, fue redactada exclusivamente por el joven Borges recién llegado de Europa, deslumbrado por el ultraísmo español e influido por Rafael Cansinos Ansens; sin embargo, Prismas dio la primera señal de una avanzada vanguardista en América, dirigida por González Lanuza, el escritor de mayor prestigio del grupo, pero no hay que exagerar su importancia, pues como ha dicho el propio Borges, se trataba de “un cartelón que ni las paredes leyeron, fue una disconformidad hermosa y chambona”. Más importancia tuvo Proa, especialmente en su primera época, entre 1922 y 1923, cuando el movimiento ultraísta argentino había llegado a su cumbre bajo la dirección de Borges y González Lanuza, y apoyado por ultraístas españoles y otros escritores argentinos; aquí escribían Ramón Gómez de la Serna, Macedonio Fernández, Ricardo Güiraldes… y la publicación se había orientado hacia la cultura argentina, transformada en nacionalista; dejó de publicarse y en su segunda época tomó otro rumbo más desdibujado, pues participaron autores franceses, aunque continuaron colaborando argentinos como el propio Güiraldes y Raúl González Tuñón. El grupo ultraísta se reagrupó para crear Martín Fierro, tabloide quincenal fundado por Ever Méndez, que centralizó y concretó el movimiento hacia obras más maduras; por esta razón acabó por prestarle el nombre a toda una generación, los “martinfierristas”; en la dirección de este último breve proyecto editorial participaron Oliverio Girondo y, al final, Güiraldes; allí se publicó el famoso “Manifiesto de Martín Fierro”, y como “revista de combate, literaria, agresiva y anticlerical”, se alzó contra la mediocridad argentina del momento, hizo una apología de los progresos que llevarían al futuro y confió en los valores nacionales para impulsar la cultura; Martín Fierro le hizo un homenaje a Marinetti, el líder futurista italiano ―el crítico argentino Adolfo Prieto ha llamado a esta publicación “una curiosa revista de orientación futurista”―, y entre otros temas se destacó la polémica entre los grupos de Florida, entregado al arte puro, y el de Boedo, interesado en participar en los debates de los problemas sociales; colaboraron Darío, Ingenieros, Payró, Ugarte, Jaimes Freyre… En Argentina fueron importantes también otras revistas de orientación vanguardista como Que (1928), de Aldo Pellegrini, y su tardía continuadora A Partir de Cero (1952), de Enrique Molina, defensoras de la poética surrealista.

No siempre los movimientos vanguardistas latinoamericanos fueron representados o reflejados ampliamente en revistas; los aportes fundamentales del creacionismo del chileno Vicente Huidobro y del estridentismo del mexicano Manuel Maples Arce se concretaron en libros, al igual que la obra de César Vallejo, aunque Huidobro haya creado muchas revistas, entre ellas Pro (1934), Vital (1935) y Total (1936), y el movimiento estridentista mexicano motivara la publicación de Horizonte e Irradiador, las dos de 1926. En Cuba, sin embargo, el espíritu de las vanguardias se fue definiendo en las secciones de la Revista de Avance (1927-1930), en el suplemento literario del Diario de la Marina, renovado en 1927 y al que se le debe un estudio profundo, así como en las páginas literarias de Social y Carteles, incluso después de la llamada por Juan Marinello “década crítica” ―más bien en el período 1923-1933. a pesar de que Avance no puso su acento en la poesía vanguardista, publicó textos de esa naturaleza de los cubanos Manuel Navarro Luna y Mariano Brull, así como del poeta negrista uruguayo Idelfonso Pereda Valdés, que quizás haya inspirado a Ramón Guirao para impulsar el tema en Cuba; con periodicidad quincenal ―mensual a partir del número 18―, sus primeros editores fueron Alejo Carpentier, Martí Casanovas, Francisco Ichaso, Jorge Mañach y Juan Marinello, pero en el número 2 se retiró Carpentier y ocupó su lugar José Zacarías Tallet, en el 11, al ser expulsado de Cuba Casanovas, acusado de “comunista”, entró Félix Lizaso, y en el número 27 salió Tallet y quedaron hasta su desaparición los editores Marinello, Mañach, Ichaso y Lizaso. en las páginas de la Revista de Avance se difundieron las últimas corrientes literarias, artísticas y de pensamiento de la vanguardia, no solamente de Cuba, sino de España e Hispanoamérica, se dieron a conocer muchos nuevos escritores y se propiciaron amplias relaciones entre intelectuales y grupos literarios; publicó poemas, cuentos, ensayos, crítica de artes plásticas y de música, así como comentarios sobre asuntos históricos y sociales relacionados con la cultura; resultó un divulgador sistemático de las artes plásticas y la música; promocionó muestras de pintores de la vanguardia donde exponían Víctor Manuel y Carlos Enríquez…; propició la celebración de conciertos y dio a conocer figuras como Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla; editó números especiales dedicados a Federico García Lorca, Waldo Frank y José Carlos Mariátegui; creó una empresa editorial para publicar libros como los de Regino Boti, Juan Marinello, Rafael Suárez Solís…; en su último número, el 50, se anunció la muerte de Rafael Trejo, el primer mártir de la revolución antimachadista, y la prisión de Marinello; la represión del dictador Gerardo Machado impidió que continuara la revista. 

En México las primeras manifestaciones de vanguardia literaria se iniciaron con México Moderno (1920), de Enrique González Martínez, Falange (1922) y Ulises (1927); sin embargo, fue representada fundamentalmente por Contemporáneos (1928-1931), editada en 43 números por Jaime Torres Bodet, Bernardo J. Gastelum, Enrique González Rojo y Bernardo Ortiz de Montellano, aunque colaboraron de manera cercana los poetas Carlos Pellicer y José Gorostiza, junto a Salvador Novo, Xavier Villaurrutia y otros más que formaban parte del Grupo Contemporáneos; la publicación estuvo dentro de la tradición de la española Revista de Occidente y abogaba por un sistemático cosmopolitismo, el rechazo a todo tradicionalismo y la entrada de la cultura mexicana a las ideas y acciones de la modernidad europea y norteamericana; otros colaboradores enriquecieron la revista como los mexicanos Reyes, González Martínez, Azuela, Martín Luis Guzmán, Andrés Henestrosa, Julio Torri…, así como los latinoamericanos Borges, Huidobro, Neruda… y los europeos Cocteau, Gide, Maurois, Supervielle, Valéry, Eliot…; Contemporáneos puso énfasis en los valores del arte, la literatura y los conocimientos modernos, y sus estudios de arte o sociología, de música o teatro, de libros y literatura, se concentraron en destacar la validez de lo experimental o nuevo, más que resaltar lo aceptado o establecido. En otros países emergieron revistas que representaron grupos más tardíos de la vanguardia literaria; las más destacadas fueron: en Chile, Mandrágora (1938-1943) y en Venezuela, Viernes (1939-1941), que simbolizaron las aspiraciones de los grupos literarios homónimos. Mandrágora apoyó el movimiento poético vanguardista chileno con mucha simpatía hacia el surrealismo; estuvo bajo la dirección de Braulio Arenas, Teófilo Cid y Enrique Gómez Correa, y apoyaba la reivindicación de la irrealidad poética en un mundo subjetivo, la magia del arte, el placer de la libertad y la proclamación de una revolución espiritual y social fuera de los márgenes de cualquier orientación partidista; poetas como Gonzalo Rojas, en su “período larvario”, y Jorge Cáceres, entre otros, participaron. Viernes fue la revista del grupo vanguardista venezolano del mismo nombre creado en 1936 después de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez; primero sus integrantes se expresaron en la página cultural “Arte y Letra”, del diario El Universal de Caracas, pero en 1939 publicaron su propia revista, cuyo primer secretario de redacción fue el poeta de origen italiano naturalizado en Venezuela Vicente Gerbasi; esta publicación provocó un gran revuelo y escándalo con sus propuestas y constituyó una empresa editorial que dio a la luz varios plaquettes de los integrantes del grupo. Otros círculos de vanguardias se asociaron a publicaciones, como Los Nuevos, revista colombiana de 1925 que promovía trabajos del grupo homónimo de escritores, artistas e intelectuales, como Zalamea, Arciniegas, de Greiff, Maya, Vidales…; en Perú el Boletín Titikaka de 1925 y en Uruguay, Alfar, de 1929, dirigida por Julio Casal, estuvieron identificadas como revistas que representaron las vanguardias en esos países.

Como parte de un proceso ideológico en que las nuevas tendencias culturales latinoamericanas se acercaron a las ideas políticas más avanzadas, y viceversa, moviéndose hacia objetivos de independencia económica y emancipación social, política y cultural, algunas revistas literarias y culturales acompañaron estas causas. Si bien los escritores del Grupo Boedo argentino, como Leónidas Barleta, comenzaron a orientarse en esta dirección y por los años 20 fundaron Claridad en Buenos Aires, sobre todo para crear un nuevo público que aceptara los vínculos entre estética literaria y acontecer político, mediante poemas y relatos dentro de un realismo de orientación socialista, solo con la llegada de Amauta (1926-1930) ―con 32 números― se presentó el mejor ejemplo de esta integración, debida a la magistral dirección del original pensador marxista peruano José Carlos Mariátegui, quien constituyó uno de los paradigmas del mejor impulso creador en la interpretación integral de la sociedad, no solo de la cultura peruana sino del Continente. Amauta ―que en quechua significa “consejero que escribe”― supo combinar con eficacia y rendimiento diversos temas de la economía, la sociedad, la política, la filosofía y la cultura, el nacionalismo y la universalidad, la tradición auténtica y la modernidad necesaria, el equilibrio clásico y la rebeldía vanguardista; tuvo importantes colaboradores peruanos, entre ellos poetas de estéticas tan distantes como José María Eguren y Emilio Adolfo Westphalen, el pensador y político Víctor Raúl Haya de la Torre, el narrador Enrique López Albújar, el mítico Carlos Oquendo Amat…, y grandes intelectuales extranjeros como el francés Henri Barbusse, la alemana Rosa Luxemburgo, el chileno Pablo Neruda y los españoles Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset. Amauta, balance de una época y acicate para “crear un Perú nuevo dentro del mundo nuevo”, tenía orientaciones marxistas bien claras, dirigidas a promover ideas de justicia social, y militaba activamente junto a los movimientos sociales del Perú, incluido el indigenismo; luchaba por el socialismo, pero no se sometía a los designios hegemonistas de Moscú, pues el propio Mariátegui aclaraba: “no queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica”.

De enfoque literario-político puede mencionarse la polémica publicación chilena Multitud (1939-1963), a veces agresiva e iconoclasta siempre, mantenida por el controvertido poeta Pablo de Rokha ―quien en 1925, en los momentos de auge literario vanguardista, había fundado Dínamo― como una empresa individual. Con la voluntad de denunciar la demagogia fascista que desembocó en la Segunda Guerra Mundial y dentro del espíritu de no eludir la necesaria y natural relación entre arte y sociedad, pero con prioridades diferentes, se fundó en Montevideo, Uruguay, la revista político-cultural Marcha (1939-1974), dirigida por el periodista Carlos Quijano, quien la condujo en una larga existencia durante la cual mantuvo gran prestigio literario y civismo político en momentos muy difíciles de su país; en amplio formato de periódico y usando la caricatura política con mucha eficacia, fue antifascista y antiimperialista, latinoamericanista y tercermundista, tribuna de escritores como Juan Carlos Onetti y Eduardo Galeano; en ella apareció en 1965 la célebre entrevista realizada por Quijano al Che Guevara, conocida como “El socialismo y el hombre en Cuba”. Las relaciones entre figuras de las letras o el periodismo y líderes que encabezaban el compromiso con la justicia social, se proyectaron hacia la época de la neovanguardia de los años 60 y 70. Posiblemente la última publicación de esta estirpe fue Crisis, una revista cultural bonaerense (1973-1976) que llegó a publicar 34 000 ejemplares en el año 1975 y representó una opción de la intelectualidad de izquierda del peronista Partido Justicialista, en una época de respiro entre dos dictaduras militares; Crisis estuvo vinculada estrechamente a autores de indiscutible reconocimiento como Eduardo Galeano, Ernesto Sábato, Juan Gelman, Manuel Rojas, Mario Benedetti, David Viñas y Haroldo Conti, entre otros; a finales de los años 80 hubo intentos de recuperar el espíritu de la revista, pero sin éxito: las condiciones que motivaron esta relación entre estética y política estaban desapareciendo por el avance del neoliberalismo.

Continuará...

Temática: Libro y Literatura
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Lector crítico
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