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Opinión
Lo que dijo José Martí sobre el fonógrafo Fecha: 2011-04-18 Fuente: CUBARTE
Lo que dijo José Martí sobre el fonógrafo
Lo que dijo José Martí sobre el fonógrafo

José Martí estuvo muy atento al desarrollo científico y técnico de su tiempo. En sus textos existen innumerables pruebas al respecto. Una de ellas, y curiosa por lo que anticipa en cuanto a posibilidades de uso, es su referencia al fonógrafo, en un “Boletín” aparecido en el periódico El Partido Liberal, de México, el 12 de marzo de 1890. Aunque Martí, con optimismo, piensa “que el fonógrafo está ya en su periodo útil”, todavía su desarrollo era más bien rudimentario. Es verdad que el hombre llevaba tiempo tratando de apresar mecánicamente los sonidos y la voz humana. El mismo Martí señala antecedentes que encuentra en un libro titulado Ciencia loca y sabia ternura, y que remontan los primeros experimentos hasta doscientos años atrás.

 

Ya en el siglo XIX el francés Charles Cross intentó “fotografías de la voz”. El principio de surcos registrados verticalmente en un cilindro, reproducidos por una membrana con bocina, fue también el que utilizó el estadounidense Thomas Alva Edison casi simultáneamente, pero que, a diferencia del francés, pudo seguir adelante hasta construir el primer fonógrafo en 1877. La impresión del sonido se hacía en cilindros de cera, no muy pequeños, que tenían el inconveniente de desgastarse rápidamente. Estos aparatos, con sus grandes bocinas, fueron los que echaron a volar la imaginación de Martí en 1890. Aunque ignoraba que ya en 1885 la Deutsche Gramophon de Berlín había sustituido la grabación de cilindros de cera por discos planos, con incisiones en el surco no en profundidad sino laterales, lo que ya colocaba al invento en su fase mas viable.

 

Pero Martí prevé posibilidades en el nuevo invento que parten más de su imaginación que de las realidades técnicas del fonógrafo en aquellos momentos. Piensa primero en los poetas, y quizás en sus experiencias propias, aunque con un guiño de ironía, cuando describe hermosamente como estos “en las altas horas de la noche, cuando las ideas echan alas, y se tiñe la sombra de colores, y pasa una virgen llorando sobre su corazón roto, o una bayadera bebiendo champán, el poeta, que no puede perder tiempo en buscar fósforos, sacude las sábanas fogosas, palpa en la oscuridad el fonógrafo que tiene a su cabecera, habla por la trompeta al rollo que recoge sus imágenes y a la mañana siguiente, con poner en el fonógrafo el rollo, los versos salen cantado”.

 

Su imaginación le hace anticipar posibilidades que sólo en épocas más recientes, sobre todo con la digitalización del sonido por distintos medios, llegan a ser una práctica cotidiana. Así, habla del comerciante que dicta en su casa las cartas por la noche que al otro día le lleva al taquígrafo para que las pase en máquina de escribir. Con la ventaja de que cuando dicta al fonógrafo, éste a diferencia del taquígrafo, ni se cansa, se equivoca o ausenta: “el fonógrafo siempre está allí, obediente, seguro: pronto a toda mejora, rápido”.

 

También imagina su utilización en el correo. Será más fácil dictar la carta, poner el rollo en su caja, que Martí cree ligera, y enviarla. O se grabará música cantada o instrumental. Y hasta el poeta podría leer sus propios versos. Que podrán ser escuchados después, por la noche, con la familia reunida. Y aunque el cilindro admite ser utilizado de nuevo, “¿quién borrará la frase de la madre, la canción de la novia, la voz de la cantatriz, la palabra del buen amigo, el balbuceo del hijo muerto? En las horas de tristeza, en las noches de lluvia, el fonógrafo consolará la agonía del alma”.

 

Desde un aspecto humanista piensa que el ciego, que no puede escribir o leer, con el fonógrafo podrá, cosa que en realidad ya ha logrado hacerse en nuestros días. Y desde un punto de vista legal, cree que al recogerse a través de un aparato los pormenores de un contrato, lo grabado podrá utilizarse como prueba en los juicios. Y en los periódicos, urgidos por el tiempo, el cajista preparará las cajas de impresión oyendo directamente al fonógrafo; si se equivoca al escuchar algo, pone de nuevo el rollo y lo corrige. Al escribir Martí para México como si estuviese allí, alude a que en los Estados Unidos ya es frecuente ver, sobre todo a los comerciantes, llegar por la mañana a su oficia cargado de rollos. Y explica que los fonógrafos en aquellos momentos no se vendían, sino que se alquilaban por cuarenta pesos al año: un rollo, en donde cabían dos cartas y podía volver a usarse, costaba solo unos centavos.

 

Aunque se trata de un simple boletín informativo, el Martí escritor no puede sustraerse a dejar plasmadas algunas fuertes vivencias personales. Es el hombre ya inmerso en la lucha por alcanzar la independencia de su patria, en medio de muchas limitaciones y obstáculos al parecer insalvables. Es el creador ante la tensión de ideas que quiere expresar y no encuentra el sosiego y el tiempo para sentarse a escribirlas. Por eso se refiere a las ocasiones “en que la mente está como encendida, y manda andar: la mano está para espada, más que para plumas: sentarse en la silla es como sentarse en un potro: la cabeza alta, padece de inclinarse: las ideas chipean: no se puede soportar presencia humana: se echarían abajo las paredes de la casa, y se le diría al sol, “aquí estoy!”-el fonógrafo, manso y veloz, recibe entonces la palabra impaciente del militar, del ministro, del abogado, del orador, el amanuense, allá donde no molesta su tecleo en la máquina de escribir, vierte al papel la frase vigorosa y fresca, sin los rasguño y torturas de la palabra escrita: se escribe menos y mejor, porque la idea sale como se la concibe.”

 

Detrás de los personajes que invoca –el militar, el ministro (el político), el abogado, el orador, el amanuense-- está el propio Martí en algunas de sus facetas de entonces. Encontramos la pena cotidiana por el ruido del tecleo de la máquina de escribir que molesta a los que entonces ya duermen, y lo imaginamos en la soledad nocturna de su cuarto en la casa de huéspedes de Carmen Miyares. Pero está sobre todo la indomable impaciencia del hombre, colmado de ideas y acciones por realizar, para quien el tiempo parece no alcanzar. Y también está el escritor que lucha con su propio instrumento, la palabra, a la cual le exige más de lo que comúnmente le puede ofrecer. Y por eso este pequeño y al parecer intrascendente “Boletín”, se convierte en las manos de Martí en una optimista proyección hacia el futuro y en un dramático testimonio de su presente.

Temática: Cultura General
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Lector crítico
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