La segunda parte de Si tu supiera, uno de los más famosos Motivos de son, puesto en música por el maestro Eliseo Grenet, y que los más importantes críticos de Guillén, y hasta el propio poeta dan como un puro juego de sonoridades, es leído de manera diferente por el crítico cubano-americano Roberto González Echeverría (RGE), simplemente altera las jitanjáforas del poema de Guillén, hasta formar tres palabras: son, congo y songo.
Este sencillo ejercicio enseguida revela que el poema alude o se vale de elementos de la cultura conga, o bakongo, una de las tres principales culturas africanas de Cuba.
Y seguidamente escribe:
La importancia del “son” ni siquiera necesita ser destacada.
Canción, canto ritual, el son se convirtió en la forma musical
afrocubana o, simplemente, cubana por excelencia. Por lo
tanto, “son”, que por supuesto alude al título del libro, quiere
decir “este canto ritual”, que yo canto aquí – no se trata de
puras palabras o sonidos musicales.
El crítico ha formado tres palabras que no están en el poema de Guillén; además, le ha atribuido al son una condición de canto ritual que nunca tuvo. En sus manifestaciones iniciales, el son es un baile rural, absolutamente profano, que poco a poco a pasa a las ciudades, empieza a ser interpretado ―y compuesto― por grupos profesionales y, desde la década del veinte, del pasado siglo, las grandes disqueras norteamericana realizan y distribuyen grabaciones de ellos, como son el Sexteto Habanero y el Trío Matamoros. Hay una ascendencia musical bantú en el son, pero su texto se inscribe en la tradición de la poesía de estribillo del español, como la letrilla y el villancico.
Creo que el capaz crítico que es González Echeverría, hace aquí una lectura errónea y ese desacierto proviene de la aceptación de los puntos de vista de José Piedra y Vera Kutzinski porque, nos dice, “es solo en la obra pionera” de estos autores.
“(…) que empezamos a encontrar una crítica que no se enfrenta a lo que suena, a oídos laicos como música
(o ruido), como si no tuviera significado”. (1)
Piedra y Kutzinski, identifican la cultura del negro cubano con la del negro estadounidense, pero existen diferencias esenciales entre ambas. El negro norteamericano, fue absolutamente forzado a aceptar la cultura blanca europea. Perdió sus tambores y todo vínculo con África. El negro cubano fue transculturado, fundió África y España: su expresión incluyó lo africano y por ello nunca tuvo que regresar a esos orígenes para encontrar su identidad. Por algo, Nicolás Guillén se ha considerado, mejor que negro, mulato.
A pesar de la voluntad de Roberto González Echeverría de ser exclusivamente cubano, su formación norteamericana incide en su perspectiva de lo cubano y en la lectura de un autor tan hondamente nacional como es Nicolás Guillén.
Me parece que González Echeverría tendría que distinguir entre el desarrollo de la cultura del negro en Estados Unidos, y cómo se manifiesta un proceso análogo pero diferente, cuando se quiere comprender el desarrollo cultural del negro cubano. Si no se atienden esas diferencias, esa voluntad de ser cubano que González Echeverría manifiesta no le valdrá de mucho al abordar ciertas peculiaridades de la literatura cubana.
Nota
(1) Ibídem., p. 187.