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Opinión
Pancho Amat: Pasión por el tres Fecha: 2012-02-05 Fuente: CUBARTE
Pancho Amat: Pasión por el tres
Pancho Amat: Pasión por el tres

En el lejano año de 1596, hace exactamente 408 años, se publicó un curioso libro titulado: Guitarra Española y Bandola, escrito por el doctor en medicina, guitarrista y compositor Joan Carlos Amat.

Este libro primorosamente ilustrado, nos muestra las posiciones de las manos en la guitarra barroca, es decir que hace ya más de 400 años un guitarrista de apellido AMAT nos mostraba la manera de tocar un instrumento de cuerdas… ¿Es este apellido una casualidad histórica?…  o por el contrario, ¿es que ya un Amat estaba predestinado a enseñarnos a “tañer y rasgar” los puntos naturales con estilo maravilloso, como expresa el mencionado libro?

Pienso que si bien es cierto que a veces, la casualidad nos suele mostrar como un apellido influye con el devenir de los años en algo tangente, también es cierto que en la actualidad, nos encontramos con otro excepcional maestro, guitarrista y compositor, que a la luz de los tiempos modernos, es capaz de mostrarnos, con su inteligencia y sabiduría, la forma de “tañer y rasgar con estilo maravilloso” otro instrumento musical, este genuinamente cubano. En efecto, Pancho Amat, ha devenido indiscutible maestro simpar del cubanísimo TRES NACIONAL.

Desde que el tres se hizo imprescindible para el acompañamiento de nuestra música, principalmente el son, hasta nuestros días, este instrumento ha recorrido un largo camino que comenzó, según refiere la historia, allá por el año 1893, cuando por los alrededores de la Plaza de Marte, en Santiago de Cuba, durante los carnavales de aquel año, un mulato, proveniente de las montañas de Baracoa, mostraba a los asombrados trovadores, una rústica caja de madera a la que le había adicionado un brazo por donde pasaban tres cuerdas enceradas que al rasgarse producían un peculiar sonido.

Al ser interrogado el poseedor de aquel instrumento, el novel inventor que resultó ser un mulato parrandero que respondía al nombre de Nené Manfugas, dijo sencillamente: ¡Es un TRES!... claro que así denominaba a aquella caja porque poseía tres cuerdas.

Luego vino la Guerra del 95, y los trovadores, la mayoría de ellos, marcharon a la manigua redentora. El tal Nené Manfugas desapareció de la escena. Quizás pereció en la contienda bélica y su nombre quedó en el más absoluto anonimato, porque aunque se sabe que la historia de las guerras no recogen los nombres de los soldados muertos, pero quedó en la memoria de los supervivientes el instrumento de cuerdas al que llamamos TRES.

Luego se fueron perfeccionando las guitarras de los trovadores y se encordaron en tres pares de cuerdas aceradas, metálicas.

El son reclamó imperioso por este nuevo compañero y pronto se hizo imprescindible. Sin tres no había ni habrá SON.

Así las cosas en un pequeño poblado del campo habanero, llamado Güira de Melena nació hace sesenta y un años un niño, hijo del carbonero Francisco Amat al que llamaban Kikí sus amigos del barrio. Aquel niño cuando escuchaba cualquier sonido que le pareciera música, tomaba un cacharro cercano y comenzaba a sacarle notas. Sus padres adivinaron en él su temprana inclinación hacia el mundo musical.

Y aconteció algo providencial: Uno de los clientes de Kikí, que no tenia con que pagarle un saco de carbón, le dio en cambio un viejo tres que el creía guitarra. El buen padre tomó el instrumento y dio por sentado que ese sería el mejor regalo para el pequeño Panchito. Al fondo de su casa rasgaba las cuerdas el tresero Herminio Pérez y Panchito no demoró mucho en fijarse como lo hacía.

Luego, acertó en ponerse en contacto con otro tresero pinareño al que llamaban Lucumí, organizador de una primitiva banda de músicos soneros que auspiciaba la fábrica de tabacos Montero.

Güira de Melena también es tierra de soneros, de tocadores de rumba para bailar en las noches de sábado, cuando todo el pueblo se convertía en un escenario propicio para que los cueros sonaran hasta el amanecer. Pancho no fue ajeno a estos rumbosos ajetreos pueblerinos y pronto lo veían sus vecinos golpeando un bongó.

Pero vino el rock y como numerosos muchachos de aquella época formó parte de un grupo roquero. Pero sucedió algo muy raro, el rock que tocaban los jóvenes de Güira sonaba más a son que a rock… habían inventado ¡el rock montuno!… “Los Vétales” y el dúo Los Compadres se daban la mano, a miles de kilómetros de años para dar una música, hasta el momento, nunca escuchada.

Mientras tanto, Pancho Amat se iba convirtiendo en un estudioso de todo lo que fuera música, y sobre todas las cosas, de los instrumentos de cuerda, donde primaba el TRES. En los años setenta con el triunfo de Salvador Allende en Chile se abrieron las grandes alamedas culturales y la música andina se recreó en nuestros sentidos, llenándonos de la exquisita dulzura de la Quena y el rasgueo del cuatro, sonidos nuevos para nuestra cultura musical popular.

Vinieron músicos chilenos deseosos de saborear el cubanísimo SON y los jóvenes cubanos quisieron también degustar la melodía de Los Andes.

Pancho Amat fue entonces alma, guía y conductor de “Manguaré”, a tal punto, que todavía hoy se le llama en algún lugar “Pancho Manguaré”.

En esto tuvo que ver quien él considera su primer maestro-sabio Frank Fernández.

Pancho anduvo por tierras chilenas enseñando el son y al mismo tiempo recibiendo las enseñanzas de aquella música nostálgica y soñadora que los cubanos siempre asociamos con la epopeya gloriosa vivida por nuestro querido Comandante Che Guevara.

Cuando se funda el Movimiento de la Nueva Trova, Pancho Amat figura entre sus iniciadores. Es parte de su directiva con un importante cargo, no puede ser de otra manera, pues desde mucho antes ya estaba vinculado a cuanta música cantada le pareciera gratamente acariciada por el pueblo. Sindo, Corona, Carlos Puebla, María Teresa, serían algunos de los nombres largamente estudiados por él.

Siempre aferrado a su tres participa en la grabación del primer disco del trovador Silvio Rodríguez: Días y Flores. Mientras tanto va bebiendo del agua fresca y pura que brota del tres de otros grandes que lo antecedieron: Isaac Oviedo, El Niño Rivera, Arsenio Rodríguez... une en una simbiosis extraordinaria dos vertientes musicales muy populares: La trova y el son que confraternizan en las cuerdas de su tres. El timbre sonero como esencia básica, en fin, “sonear la trova” y “trovar el son”.

No es posible resumir en unas pocas líneas el quehacer musical de este gran señor del TRES. Compositor para el cine; musicalizando documentales de Lisette Vila y Roberto Chile; dirigiendo espectáculos donde su sabia experiencia hace derroche de maravillosos devenires artísticos; productor discográfico, poniendo toda su sabiduría para que perdure en compactos la pura sonoridad de la música.

Como compositor Pancho Amat nos ha brindado la oportunidad de escuchar la cubanía de nuestros ritmos en obras que se han recreado por la Sonora Ponceña de Puerto Rico, por solo citar un ejemplo de algunos de los importantes grupos musicales que han tomado su música para el repertorio en sus presentaciones internacionales.

Si bien es cierto, que en 1930, otro gran maestro del tres, Isaac Oviedo llevó y dio a conocer este instrumento en Puerto Rico y República Dominicana, tenemos que reconocer con plena satisfacción de cubano amante de nuestras mas ricas tradiciones musicales, que Pancho Amat paseó el tres por Berlín, Roma, Nueva York, Tokio y ha recorrido países de América como Venezuela, Colombia, México, Perú, Chile, Ecuador, Argentina y otros países del Caribe.

Hoy, el TRES, a ciento once años de que apareciera en los carnavales de Santiago de Cuba, está de fiesta. Celebramos jubilosos su victoria sobre otros instrumentos foráneos que no pudieron resistir el paso avasallador del pueblo atrincherado en las montañas, al ritmo del changüí, del nengón, del caribá o del son montuno, que luego se tornó citadino, se embarcó rumbo a Europa y allí con el TRES, siempre presente, se hizo música nuestra, de la cual nacieron otros ritmos y bailes, pero siempre con el tres omnipresente, como gran patriarca de las cuerdas cubanas.

A Pancho Amat le debemos todos, el gran honor de que este cubanísimo instrumento sea tenido como el mejor para “el alma divertir”.

Hace poco en el pasado Festival Cubadisco 2011, en la inauguración del monumento al Tres, en la Plaza Dolores de Santiago de Cuba, el viceministro de cultura Abel Acosta, le preguntó a Pancho Amat: ¿Tú serías capaz de interpretar el Himno Nacional con tu Tres?... Pancho se quedó pensativo unos instantes y le respondió categóricamente: ¡Si, puedo!

En efecto, al poco rato ante la expectación del público, Pancho Amat se puso de pie con su Tres sobre el pecho y acometió genialmente las notas de nuestro Himno Nacional Cubano. Al concluir, se hizo un respetuoso silencio de admiración y alguien del público gritó: ¡compañeros, se sabe que el Himno no se aplaude, pero este si tenemos que aplaudirlo!... Entonces se escuchó una ovación del público presente que así premiaba el virtuosismo de uno de nuestros más grandes músicos cubanos, Premio Nacional de Música.

 

 

 

Imagen: Internet

Temática: Música
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Lector crítico
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