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Opinión
Ramón Meza. Dibujar con púas de acero Fecha: 2012-01-29 Fuente: CUBARTE
Ramón Meza
Ramón Meza

Ha cambiado mucho La Habana Vieja desde aquel 28 de enero de 1861. En una  mansión, en la esquina donde convergen Aguiar y Obraría, nació el escritor Ramón Meza, en el seno de una familia acomodada, hijo de Luis Francisco Meza y Doña Dolores Inclán.

Rodeado de lámparas preciosas, muebles finos, escritorios de estilo, lo arrulló más que las canciones tradicionales de cuna, la música clásica de Bellini, Donizetti y Verdi. De noche se dormía leyendo a Dinkens  y suspirando de amor  con los personajes de Shakespeare. Los muros del Real Colegio de Belén protegerían al niño Ramón de una Habana a la que llegaban los ecos de la Revolución iniciada en Bayamo en 1868 y  loapartarían de las reyertas cada vez mayores entre criollos y peninsulares. Condiscípulo suyo sería el joven Julián del Casal, un alma gemela, ávida de conocimiento y predispuesta al dolor. Época fecunda que no olvidaría Meza y a la que volvería muchos años después cuando escribió sobre este amigo de su infancia.

Nos hallábamos en el período agudo de la fiebre de lectura, tributábamos, por segunda o tercera vez, los grandes honores, la admiración profunda que se merecen los genios Esquilo, Sófocles, y Virgilio, Dante, Goethe, Petrarca, Milton, Shakespeare... ¿Qué no leíamos? ¿…Qué autor de universal celebridad no conocíamos? Aquella mole abrumadora de lectura comenzó a pesar sobre nues­tros pulmones. Nos dio tos y fiebre. Yo hube de combatirla con gimnasio y esgrima... Todos pagamos nuestro tributo de salud al afán inmoderado, a la fiebre de lectura, al exceso de labor mental. Aquella brega comenzó a minar la salud de nuestros constantes compañeros, Cruz, Casal, Mitjans. Escapamos algo mejor los sobrevivientes de aquel  grupo, Hernández Miyares y yo, no más que con una deprimente manifestación neurótica que nos ator­mentó horriblemente durante largos años.

Como todo buen joven acomodado, Meza se graduó en 1882 de Licenciado en Derecho Civil y Canónico. Pronto se impuso su amor por las letras y en 1883 comienza a publicar artículos en  más de un periódico  El Triunfo, La Discusión y La Uniónde Güines, en los cuales se pueden seguir las huellas de La Habana de finales del siglo XIX, sus calles, sus costumbres, así aparece su primera novela bajo el título El duelo de mi vecino, en 1886. Utiliza la sátira para arremeter contra esa costumbre de los hombres, de las capas privilegiadas de aquel entonces de resolverlo todo a través del duelo. Ese mismo año aparece Flores y calabazas, obra de corte sentimental.

La mulata criolla que se pasea con donaire por las adoquinadas calles de una ciudad,  que ya no podía permanecer callada ante los desmanes de un régimen como la esclavitud,  que hacía de estas mujeres de singular belleza una víctima  que venía avalada por un origen oscuro, fruto de la unión entre españoles y africanos, sería la musa inspiradora de otra de sus novelas cortas en 1887,  Carmela, y aunque lograría con esta obra su primer éxito literario, muchos como Enrique José Varona la consideran una hermana menor de Cecilia Valdés, pero más que de otro autor, Ramón Meza  copia de la realidad. Observa a través de sus lentes lo que lo circunda. Esa mirada se vuelve más aguda en las obras que publicaría posteriormente  Mi tío el empleado y Don Aniceto el tendero, en 1887 y 1889, respectivamente.

José Martí había nacido al igual que Meza un 28 de enero, pero de 1853, también en La  Habana de intramuros,  como él  se graduó en Derecho Civil y en Filosofía y Letras, y ejerció el periodismo, su entrega por completo a la causa revolucionaria, no le impidió aquilatar la novela Mi tío el empleado, a propósito afirmó:

Esta es la historia del poblano don  Vicente Cuevas, que llegó a Cuba en un bergantín, de España, sin más seso, ciencia ni bienes que una carta en la que el señor Marqués de Casa Vetusta lo recomendaba a un empleado ladrón… Esta es la vergonzosa historia, dicha con sobrio ingenio, cuidado estilo y varonil amargura.

Magistral uso del adjetivo vergonzoso, sobrio y varonil que evidencia  la elegancia y la agudeza de la crítica martiana y su poder de síntesis, algo que tanta falta nos hace a los críticos de ahora.

Sobre la novela Don Aniceto el tendero, escribió en las páginas del periódico El avisador cubano, el 25 de abril de 1888, en Nueva York, una crítica difícil de superar aún en nuestros tiempos:

Es como ciertos pintores que no dibujan con lápices, sino con púas de acero. Achica de propósito sus personajes ruines con lo mínimo de sus detalles, como el que se entretiene en sacar flores, pompones y tufos a un perro de lana. No dice « ¡Ése es!», porque pudieran no creerle; sino hace que el personaje diga « ¡Yo soy!»

José Antonio Portuondo considera a Mesa como uno de los escritores olvidados de la república, y precisamente el pasado año, su centenario pasó con más penas que gloria, a pesar de la bella publicación que la Editorial Letras Cubanas hiciera de su novela Mi tío el empleado, tal vez sea un problema de difusión, de enseñanza en los niveles elementales de nuestra educación donde al lado de tantos clásicos y figuras cubanas que se repiten de generación en generación, podría y debe haber un lugarcito para Meza. Tal vez los Institutos de Radio, Cine y Televisión, deberían retomar su obra y para variar ofrecernos alguna de sus novelas en un serial. Los escritos que sobre este autor realizó José Martí, analizados en la actualidad,  muestran, una vez más, el acertado crítico literario que fue, dibujó con púas de acero su obra, supo ver más allá del hombre con sus virtudes y defectos y se adelantó a los criterios de contemporáneos suyos como Manuel de la Cruz que no supieron aquilatar en toda su valía la obra de Meza.

Ha cambiado mucho La Habana y sigue siendo la misma,  a las nueve se escucha el cañonazo, algunas calles continúan adoquinadas. Las mulatas se pasean con su andar característico, los vecinos se pelean y los burócratas siguen travestidos tras los mostradores. En la calle Paula, la ayer humilde morada de José Martí desafía el paso del tiempo en una comunidad que la protege orgullosa. En la antigua mansión donde nació Meza  hay una ciudadela, a falta de una tarja que identifique el lugar, los   actuales inquilinos desconocen al escritor que compartió el mismo espacio. Cerca de allí y en toda Cuba se celebrará justamente el 159 aniversario del nacimiento de Martí, desde este periódico no he querido pasar por alto el  151 aniversario del nacimiento de Meza, para muchos uno de los  más grandes novelista cubanos de todos los tiempos.

 

 

 

Imagen: Cortesía de la autora.

Temática: Libro y Literatura
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Lector crítico
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