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Opinión
Somos, las editoras y los editores cubanos, un gremio privilegiado Fecha: 2011-03-05 Fuente: CUBARTE
Somos, las editoras y los editores cubanos, un gremio privilegiado
Somos, las editoras y los editores cubanos, un gremio privilegiado

Muy buenos días, compañeras editoras y compañeros editores:

Es muy grato encontrarme con tantos compañeros de diferentes editoriales, a algunos los veo a cada rato, a otros de Pascuas a San Juan, a algunos de Feria en Feria, y de la nueva hornada de editores, a muchos no los conozco, pero es muy bueno saber que el gremio se va renovando, con la esperanza siempre de ser mejores profesionales cada vez.

Hemos tratado, los compañeros del Comité Organizador del Encuentro de Editores, de planear para estos tres días intervenciones de distintos especialistas sobre temas que pensamos nos van a interesar a todos.

La selección de estos temas la hicimos contando con las opiniones de una buena parte de los editores, y así se está rompiendo definitivamente con los temas escogidos para anteriores Encuentros, casi todos muy criticados por nosotros, y algunos de ellos verdaderamente infelices.

Debemos comprometernos con que en futuros Encuentros de nuestro gremio se planteen asuntos de interés general y, en particular, que puedan servir a los editores de cada una de las especialidades de los libros con los cuales nos enfrentamos.

De todos es sabido que la especialidad en edición existe. No es lo mismo enfrentar textos de letras, que de las artes, de las ciencias sociales, científico-técnicos o de la literatura infantil o juvenil. De igual modo sucede en la especialidad de las publicaciones periódicas.

A veces, nos encontramos con editores especializados en algunas de estas ramas de la edición, que no desean enfrentarse a trabajar en otras y, en mi opinión, tienen toda la razón, pues saben a ciencia cierta que no podrían hacer el trabajo de edición con la perfección que puedan hacerlo en su propia especialidad, aunque existen sus muy buenas excepciones. Una de tales excepciones la tuvimos en un compañero que nos abandonó de pronto, en diciembre pasado, quien, en un principio, fue un excelente editor de las ciencias sociales y, después, también lo fue en la especialidad de letras, y me refiero al querido Ángel Luis Fernández, quien fuera, además, magnífico traductor y ensayista, pero sobre todo, alguien que, a pesar de sus problemas visuales, dedicó todas sus fuerzas a la edición de nuestros libros.

Especialistas de una y otras ramas, graduados de diferentes carreras universitarias, siempre hemos tenido como denominador común el afán de perfeccionar cada vez más el dominio de nuestro idioma español por sobre todas las cosas.

Los idiomas los hacen los pueblos, y en nuestro caso, el idioma español, es la lengua que utilizamos para comunicarnos alrededor de quinientos millones de personas de cerca de veinticinco naciones de América, Europa, Asia y África, y por suerte tenemos una institución rectora, la Real Academia Española, que en los últimos años ha trabajado conjuntamente con la Asociación de Academias de la Lengua Española, que alberga a 22 de estas academias nacionales, para normar el uso de nuestra lengua.

También en los últimos tiempos, han venido a engrandecer nuestro idioma miles y miles de acepciones que se usan principalmente en América, así como voces americanas, incorporadas todas al léxico oficial de la Academia Española. Y resalto esto para insistir en el respeto al empleo de nuestras voces y acepciones vernáculas que aparezcan incluidas en los textos que trabajamos, por supuesto, cuando se trate de autores cubanos que hayan deseado usarlas, y de respetar, asimismo, la norma cubana del uso del español en estos textos. Por ejemplo, cuando una voz tiene dos grafías y la Academia prefiere usar una de ellas y la norma cubana emplea la otra, no podemos titubear en dejar la forma que ampara la norma cubana. Decía Martí:

 [...] el lenguaje es el producto, y forma de voces, del pueblo que lentamente lo agrega y acuña, y con él van entrando en el espíritu flexible del alumno las ideas y costumbres del pueblo que lo creó.

Somos, las editoras y los editores cubanos, un gremio privilegiado, gremio en el que se encuentra una parte de las personas más cultas del país, gremio cuyo trabajo se relaciona estrechamente con las personalidades más importantes y cultas de las letras y las ciencias cubanas, y también del extranjero. Por eso resalto: Somos los editores, todos, muy privilegiados.

A pesar de que el trabajo de edición se hace en solitario, podemos afirmar que esta soledad no nos ha convertido ni en seres egoístas ni egocéntricos, pues son muchos los casos de editores con experiencia que brindan sus consejos a los nuevos en este trabajo. Y es esta reunión un ejemplo vivo de con cuánta sencillez venimos a intercambiar criterios y a escuchar las opiniones de los demás.

Sin embargo, por ser el que les habla tan antiguo en esta profesión –no viejo, que conste–, a veces se nos acerca algún compañero del gremio y nos cuenta cosas con las cuales sufrimos, pues está en medio de ellas la incomprensión. Y voy a citar algunas de ellas:

  • A una editora, acabada de estrenarse en la profesión, en dos oportunidades se le acercaron compañeras con la antigüedad suficiente como para poder brindarle buena ayuda, y le dijeron que en cualquier momento podía contar con ellas, pero la novata nunca la ha solicitado ni a ellas ni a compañero alguno.
  • A veces, las obligaciones burocráticas llevan a quienes tienen que cumplir esas tareas, a emitir expresiones que nunca debieron ni decirse ni pensarse. Me cuentan que dos jefes de redacción conversaban animadamente, y uno dijo al otro: “Yo no quiero tener gente inteligente, sino que hagan libros”, y el otro asintió.
  • También sucede que llega alguien a una editorial en busca de trabajo, y dice que es graduado de tal cosa, y el jefe que lo recibe, inmediatamente le ofrece una plaza o un contrato porque necesita cumplir el plan, y ahí después vemos que sí, que se ha “cumplido”, pero ¡con qué libros!”. Y esta culpa no se le puede achacar al recién llegado.
  • Me dice una antigua compañera, magnífica editora, ya jubilada, pero no retirada, que en una editorial de reciente inauguración ninguno de los editores tenía experiencia en el oficio ni había allí alguien que los pudiera guiar.

 Por supuesto, sabemos que, a pesar de los esfuerzos que se han hecho con relación a la preparación de editores, por parte del Instituto Cubano del Libro y las universidades de Las Villas y de La Habana, todavía no es suficiente. Debemos pensar en una forma que garantice que los textos sean editados por personas que, cuando se inicien en una editorial, tengan los conocimientos primarios para enfrentar la profesión.

De igual modo, las administraciones deben tener el tacto y la inteligencia necesarios para impedir que se pierdan editores talentosos y con experiencia de varios años en el giro. Es de todos conocido que esta profesión, además del amor que en ella se deposite y el talento individual, se consolida con los años de experiencia.

Los editores tenemos también que dedicar una parte de nuestro tiempo a la labor de gestores, a la cual muchas veces se le da de lado, y debemos practicarla con mayor asiduidad.

Sabemos que existen libros que clasifican como “clásicos”, tanto en las letras como en las ciencias, ya sean cubanos o extranjeros. Sin embargo, no se publican ni en la frecuencia ni en las cantidades necesarias. Lo mismo pasa con títulos de los autores cubanos contemporáneos que más brillan. Son libros que siempre deberían estar en las librerías, pues tienen gran demanda, y como estos, otros muchos de la literatura universal que se estudian en las aulas de los preuniversitarios y de las universidades, y los alumnos a veces solo cuentan con un ejemplar en las correspondientes bibliotecas de sus escuelas. 

Quiero anunciar aquí que, la Dirección del Instituto del Libro ha tomado una decisión importante, y me refiero a que ha tenido en cuenta la publicación de libros no solo desde el punto de vista cultural, sino también del comercial. Debemos también publicar libros que el pueblo en general necesite y compre, como es el caso, además de los ya citados, de los demandados libros de cocina, del cuidado de animales domésticos, de plantas medicinales, etcétera, así como libros de entretenimiento, como por ejemplo, de crucigramas, pues todos ellos también son fuente de cultura para la población. Y en eso tendrán que ser los editores verdaderos gestores, y proponer a las administraciones títulos que se vendan rápidamente, y así los ingresos que se generen sirvan para la continuación de nuestras publicaciones.

Por otra parte, en esa labor de gestión es necesario que los editores propongan que de los libros de amplia demanda se hagan tiradas mayores, para abaratar costos y poder rebajar los precios de venta, pues es de todos conocido que, en la actualidad, hay una gran parte de la población a la que no le es posible la adquisición de libros. Igualmente, deben alertar cuando se quieran hacer grandes tiradas de títulos de los cuales se sabe que tendrán poca salida, para evitar que vayan a engrosar las ya gruesas existencias en almacenes, y manifestarse entonces por una reducción en el número de ejemplares. Estamos obligados a trabajar en este sentido.

Puedo adelantarles que se está gestando una nueva composición en el Consejo Técnico Editorial del Instituto Cubano del Libro, al cual han sido llamados para que lo integren no solo editoras y editores del propio Instituto, sino también a los de mayor experiencia de las principales editoriales del país. Y es de esperar que de tal cónclave puedan salir las mejores ideas para afianzar nuestro trabajo de edición de textos, y saber enfrentar las dificultades que se nos presentan.

 Demos, entonces, comienzo a esta nueva jornada del año 2011 en el Encuentro de Editores.

 Muchas gracias.

Palabras de apertura del Encuentro de Editores
Feria Internacional del Libro, Fortaleza de San Carlos de La Cabaña
Sala Guillén
La Habana, 17 de febrero de 2011
 

Temática: Libro y Literatura
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