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Opinión
Tras el legado de Nora Mendoza (I parte) Fecha: 2012-02-04 Fuente: CUBARTE
Tras el legado de Nora Mendoza (I parte)
Tras el legado de Nora Mendoza (I parte)

Como tantos y tantos guionistas radiales y televisivos, Nora Dalia Mendoza Reboredo (Camagüey, 14 de enero de 1936 –La Habana, 7 de febrero de 2011) había egresado en 1956, de maestra normalista. Ni en sueños pudo avizorar entonces, que a la radio y a la televisión dedicaría treinta y nueve fecundos años de su vida y que desde allí impartiría, a millones de cubanos, sus mejores clases.

En septiembre de 1968 (1), debuta en la radio con los proyectos educativos, ¿Qué piensa usted profesor? y Nuestros hijos. Casi de inmediato, escribe sus primeras narraciones, precisamente, cuentos para niños que preludian su vasta actividad como guionista de géneros dramatizados, primero en la radio y luego en la pantalla chica.

Las décadas del 60 y el 70, fueron claves para el proceso revolucionario. Una nueva sociedad emergía pujante, generando a velocidad vertiginosa; rupturas continuas y nuevas realidades, actitudes, comportamientos y concepciones sobre la vida y la sociedad. El escenario era convulso y dinámico. Tras la intervención estatal de las empresas radiales-televisivas, los medios adquieren objetivos de servicio público y enfrentan la reconversión de su programación. En 1961, se elimina la publicidad comercial y desaparecen espacios tradicionales de gran aceptación como La novela Fab, La novela Palmolive y La novela Kresto; patrocinados por firmas norteamericanas o por sus filiales radicadas en Cuba.

La coyuntura de contingencia nacional y de agresión foránea impone, además de las temáticas educacionales y culturales; la información y la formación de una nueva percepción ideológica, patriótica y política; tarea vital en la supervivencia del proceso revolucionario que la radiodifusión dignificó.

Ello implicaba transformar formatos, códigos comunicativos-dramaturgicos y contenidos consolidados en los programas y en los hábitos de las audiencias establecidos por varias décadas, en una radiodifusión comercial con trascendencia continental. Ya desde 1965, surgen otros espacios. En la novelística: Lo que el río arrastra, La novela de las tres, La novela cubana y en los policíacos: Sector 40 y Móvil 8.

En esa década transicional también escriben para la radiofonía, José Soler Puig, Félix Pita Rodríguez, Pepita Riera y Ely Menéndez (2). Es entonces cuando ingresan a este medio Nora Mendoza y el dramaturgo y escritor Joaquín Cuartas, quienes asumen los nuevos retos.

Contaba Nora que en los primeros meses de 1969, deja en el escritorio de Iris Dávila ―entonces a cargo de la programación radial― la sinopsis de una radionovela suya, convencida que la rechazaría. Recién llegada a su casa, Iris la llama, le cita para analizarla y finalmente, la aprueba.

Más allá de la noche ―su primera novela original― se estrena dos meses después en La novela cubana, de Radio Progreso; reservada para los más experimentados libretistas. Allí la novata, a fuerza de talento y decisión, potencia su creatividad y estrena durante diez años consecutivos sus obras. Sobre esa etapa comentó en una entrevista: Costó mucho trabajo encontrar el camino del gusto del oyente. Durante algunos años la audiencia se perdió completamente, pues tenía el hábito de sintonizar a determinada hora un programa y en los primeros años esa habitualidad se alteró, hubo muchos cambios. La audiencia solo se recuperó a partir de 1965.

Poco después adapta exitosamente obras teatrales clásicas de autores españoles, ingleses, rusos, búlgaros o húngaros e incluso, alguna de ellas escritas en verso.

Escribir dramatizados requería vasta cultura; sapiencia para seleccionar el repertorio, capacidad para narrar y dialogar, dominio de diversos géneros y de la síntesis; aptitud para ajustar versiones y originales a los tiempos difusivos; verismo e imaginación para sugerir o persuadir a los oyentes eludiendo el didactismo.

Generalmente estas habilidades y rutinas se adquieren con años de práctica y algunos, nunca las logran. Nora las adquirió sobre la marcha sin experiencia previa, estudios especializados en dramaturgia y comunicación, oficio y conocimientos del medio y se adecuó de inmediato al ritmo productivo ininterrumpido de entregar unas tras otras, solo posible con laboreo incesante y gran fertilidad imaginativa.

Cuando se suponía que debía estar aprendiendo, ella lo logra con su inteligencia innata, creatividad y osadía. Sus méritos se acrecientan por el momento y las circunstancias en que asume esta compleja tarea.

Había que respetar algunas prácticas establecidas hasta entonces por la radiodifusión precedente y a la vez; instaurar nuevas temáticas, ambientes, códigos, recursos expresivos y paradigmas para una reconversión genérica gradual que aportara una nueva mirada y esta revolución mediática debía lograrse con la aceptación de los públicos. Ahora parece sencillo, pero tal proeza solo podían acometerla, revolucionarios muy inteligentes, imaginativos, laboriosos y sensibles.

Venciendo todos los obstáculos aprende a narrar y a dialogar y en contra de pronósticos y probabilidades, sale airosa. La muerte de su esposo le aleja por unos meses y al retornar; se integra a Radio Liberación ―antes CMQ Radio― junto al prestigioso director Julio Lot, en la producción de novelas cubanas.

Después que llegó Colón, espacio con relatos costumbristas creado por ella, forja otro hito. Unas veces en serio, otras en tono humorístico criollo, recrea anécdotas, leyendas, hechos históricos, personajes típicos y otras narraciones. Su frecuencia diaria implica escribir, uno tras otro, veintiséis libretos mensuales durante años, con temas y estilos totalmente diferentes y a ello, Nora suma otros proyectos.

Durante los primeros quince años de la Revolución, realizó decenas de programas especiales que informaban sobre coyunturas críticas del país u homenajeaban aniversarios, efemérides o jornadas; realizados en su mayoría, de manera gratuita. Mucha de esa obra se perdió.

Al retornar a la novelística, adapta obras clásicas españolas que amplían su horizonte profesional, entre ellas: La tía Tula, Doña Perfecta y La hermana San Sulpicio. Luego, da otro punto de giro a sus recursos expresivos y convierte obras teatrales universales en novelas radiales: Casa de muñecas, La mal querida, Señora ama y El nido ajeno.

Posteriormente, escribe radionovelas sobre la vida de personajes históricos y finalmente se vuelca a las temáticas de la actualidad, priorizando primero las relaciones familiares y finalmente, su vertiente humorística.

Su obra no se restringe a la radio sino que también aporta sus facultades expresivas a la televisión, pero ya esa es otra historia.

 

 

 

Notas:

(1) Antes, en La Habana, entre otras funciones administrativas, fue secretaria de Abel Prieto, padre del actual Ministro de Cultura cubano.

(2) Hermana del músico José Antonio Méndez.

 

 

 

Imagen. Internet

Temática: Cine, Radio y Televisión
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Lector crítico
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