Bola de Nieve: Un paradigma singular en la música cubana Por: Oscar Oramas Fecha: 2011-04-06 Fuente: CUBARTE
Bola de Nieve: Un paradigma singular en la música cubana


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                                                                               Antonio Maceo


Este año se conmemora el centenario del nacimiento del cantante, pianista y compositor, Ignacio Villa, popularmente conocido por el sobrenombre de Bola de nieve, con el que inmortalizo piezas antológicas de nuestra cancionística. Nació en la legendaria villa de Pepe Antonio, en esa ciudad tan especial, que es Guanabacoa, provincia de La Habana, el 11 de septiembre de 1911 y muere en Ciudad México el 2 de octubre de 1971. En esa prodiga tierra, cuna de un folklore de particular importancia se nutre de los valores más acendrados de nuestra cultura y se adentra en el conocimiento de aires y cultos que están en la base de su cultura. Uno de los más geniales músicos que ha dado la isla caribeña y un genuino icono de la idiosincrasia cubana.

Sus padres fueron Inés Fernández, ama de casa, y Domingo Villa, cocinero de una fonda. Ignacio tuvo doce hermanos y aunque las condiciones económicas en que vivían no fueron las más favorables, trataron de darles una educación. Además participaban en las actividades festivas de Guanabacoa, y ello dejo su impronta en la personalidad creadora, la bohemia y la alegría del artista. De su mamá Inés aprendió el arte de la cocina y dicen los que lo conocieron que, era un buen maestro en la confección de platos deliciosos. A esa madre buena, le dedico una de sus composiciones. La madre, dicen las crónicas, era negra de budeque, es decir, mujer fértil y florida, que dio a luz trece hijos. Criada por congos y carabalíes, tenía en sí la gracia de la tradición oral, el ánimo de bailadora empedernida en jolgorios hasta el amanecer, lo mismo en fiestas de vecindad que en improvisados toques de rumba con palos y latas, talentosa lo mismo para la mejor rumba de cajón que para un toque de Yemayá, educada por el padre, ñáñigo y capataz de los muelles, entre congos, carabalíes, comparsas de diablitos bailarines y salidas de cabildos... En ese ambiente de danzas ancestrales, de babalaos y fiestas del bembé fue creciendo el futuro Bola de Nieve.

Gracias al interés de su abuela, había estudiado música desde temprana edad en el Conservatorio Mateu en Guanabacoa y este conocimiento, enriquecido con la crianza en un ambiente de folklore de la tradición africana, de frases yorubas, tambores bata, de festividades a las deidades, como Ochun, imbricaron en este carismático artista una manera muy particular de interpretar sus canciones. Comenzó clases de solfeo y teoría musical. Primero pensaron en la flauta, que resultaba de fácil entrada en cualquier conjunto y resolvía necesidades, luego en la mandolina, pero el piano decidió su destino.  Lo real maravilloso de Alejo Carpentier. Su estilo, su melodía, su gestualidad, el tono de su voz y la forma de tocar el piano, constituían un don especial que lo caracterizó en su cubanía para todos los tiempos. Tenía un dominio técnico de la pianística entroncado con las más genuinas raíces del pianismo patrio, de Saumell y Cervantes. Así se forja este singular cantante, pianista y compositor. Según el sitio Wikipedia Su aspiración era ser doctor en Pedagogía y en Filosofía y Letras, pero cuando se matriculó en 1927 en la Academia Normal para Maestros, la crisis que provocó la dictadura de Gerardo Machado le hizo dedicarse a la música para vivir.

Bola de Nieve es uno de los grandes pilares de nuestra música. Hay seres humanos que nacen para sembrar el suelo en que nacen y uno de ellos, es este cubano ilustre. Hombre de profunda cultura musical y de fino talento, quien se caracterizaba por su afilado humor, como me ha dicho el fraterno Raúl Roa Kouri, recordando la estancia del cantante, en Praga, cuando frente al desaguisado de un compatriota, de un atrevimiento procaz, tal vez una estatua de sal, Bola respondía con supina ironía. Su andar por los laberintos de la vida, en todo momento, fue con mucha dignidad y alejado de la vulgaridad, como se hace con las enfermedades contagiosas.

Este entonces desconocido intérprete y pianista comenzó actuando en un cine silente de su villa natal, en medio de grandes dificultades.

A finales de 1929 se presentó como aficionado en un espectáculo en el Teatro Nacional de Cuba imitando al argentino José Böhr, pero no tuvo un gran éxito. Su primer contrato como profesional fue con la banda de Gilberto Valdés, que tocaba en el cabaret La Verbena en Marianao. Una noche de presentación en 1933 en La Habana, en el bar Biltmore del hotel Sevilla, Rita Montaner quedó impresionada con su música, tanto que lo contrató como acompañante. Desde es entonces, su vestuario era impecable, con traje negro, símbolo de elegancia en los proscenios de la época y los lazos, también negros. Tenía su aura particular. A ese respecto es necesario recordar lo que dijera el poeta nacional, Nicolás Guillen, sobre el artista: “Triunfador será como siempre lo veremos. Bola con su frac en las grandes noches de mundana etiqueta. Bola con su sonrisa y su canción”.

No se puede escribir sobre Bola de Nieve, sin mencionar su fructífero andar junto a gloriosa cantante  Rita Montaner, a quien lo unía una profunda amistad y quien lo bautizó como Bola de Nieve, aludiendo irónicamente a su tez negra,  y a su cuerpo redondo, como los que lleva al lienzo el colombiano Botelo, a los siempre unía una sonrisa pletorita de amor al prójimo. ¿Era un amante de ese pecado capital, que es la gula?

Los orígenes de su apodo se dividen en dos opiniones. Para muchos, lo ideó Rita Montaner en una noche de espectáculo en el habanero hotel Sevilla en 1930 o 1931, cuando la acompañaba al piano en El manisero y Siboney. Para otros, como el periodista Fernando Campoamor, fue idea de un médico del barrio, Carlos Guerrero. Como ocurre con la vida de todos los grandes, son muchas las historias sobre la vida de ellos; y en este caso cuentan que a Ignacio le molestaba el apodo, ya en la época en que aún no era famoso, cuando en su barrio esperaba ante el Teatro Carral para sustituir al pianista de la función cuando éste faltaba, o bien para acompañar los filmes mudos que por entonces allí se proyectaban. Los muchachos del barrio, como era habitual en nuestro contexto, en burla, lo llamaban por los motes de “Bola de Fango” y “Bola de Trapo”, porque habían visto una película, cuyo personaje era Bola de Nieve y él se molestaba con ellos. No obstante fue realmente Rita Montaner quien hizo popular el apodo, que se vio por primera vez escrito en público en México, cuando la cantante hizo que pusieran en el cartel de presentación: “Rita Montaner y Bola de Nieve” y el motivo, no podía ser otro que promover un nombre que atrajera la atención del público.

Sobre la influencia de la llamada Rita de Cuba, en la vida del artista, dejemos que sea el propio Bola de Nieve, quien nos exprese sus consideraciones al respecto: “nunca tuve el plan de iniciarme para vivir del arte. En eso tuve la suerte de conocer a una de nuestras más relevantes figuras del teatro en aquella época. Se llamaba Rita Montaner” Como también mantuvo, en todo momento, un vivido recuerdo para los que le brindaron la luz de la enseñanza. Un arte siempre se aprende. Alma generosa, sin dudas, esa era una de sus facetas morales, más acusada. Había estatura, en ese ser humano. De mucha espiritualidad; pero a la vez terrenal.

Sus éxitos y forma peculiar de cantar, hacen que en 1950  haga sus primeras actuaciones en la importante cadena de radio CMQ, con el  programa “El gran show de Bola de Nieve”, en el que cantaba acompañado por una orquesta y artistas nacionales y extranjeros invitados de renombre. Elegante por antonomasia, siempre tuvo presente aquella máxima hogareña: “pobre; pero honrado”. Detrás de sus actuaciones había invariablemente muchas horas de estudio y de ensayos, con lo que mostraba una insuperable constancia en el esfuerzo. Sus performances eran impecables. Era momentos en que mostraba un dominio inusitado del piano, de las letras de las canciones que interpretaba y de gestos que llegaban al  cerebro de los espectadores, con su estilo original y único. Bola marco un hito en la historia de la música cubana, con esa voz de  “vendedor de duraznos y ciruelas”, como solía decir.

La primera ocasión en que cantó exclusivamente composiciones de su autoría fue en la ciudad de Matanzas, donde interpretó temas como Carlota 'ta morí y Mamá Inés, que rendía honor a su propia madre. También de su autoría hay otras obras antológicas, como: Si me pudieras querer, Ay amor y Tú me has de querer.

El triunfo de la Revolución cubana en 1959 no disminuyó su actividad y nada se le impidió, incluso ofreció conciertos gratuitos. Aun prudente en temas políticos, simpatizó con la revolución y continuó dedicándose a su arte y a expandir la música cubana por el mundo.

Sobre sus orígenes en la vida artística, Bola de Nieve ha dicho, con toda la humildad que lo caracteriza y lo que es una de sus aristas fundamentales: “Yo no sé si me inicié en el arte o si me iniciaron, no pude decir: quiero ser. Yo era un aspirante a la universidad, cuando vino una revolución en Cuba. Fue en la época de Machado (años 30) y yo tocaba el piano, sabía música, tenía nociones de lo que era hacer música popular, que es la que siempre he hecho. Pero entonces hubo que comer y me dediqué a tocar el piano en un cine, acompañando a una cantante”...

Notable pianista, como cantante mostró un estilo original de interpretación de la canción muy cercana a la de los chansonier franceses. Bola de Nieve no es un simple cantante, es el “diseur” cubano de la canción. Autor de canciones inolvidables, conocidas internacionalmente, tales como: Si me pudieras querer, Ay amor, y Tú me has de querer, entre otras; interpreta en distintos idiomas: español, catalán, inglés, francés, italiano y portugués, actuando además en los principales escenarios mundiales, sólo o en compañía de los más importantes artistas de su época.

Bola era una persona de una notable cultura literaria y cultivo la amistad de notables escritores, pintores y músicos coetáneos, entre ellos, Alejo Carpentier, Portocarrero, Milian, Víctor Manuel, entre otros y su bello apartamento, en la calle 26, en Nuevo Vedado, frente al parque Zoológico, estaba finamente decorado con obras de los grandes pintores de la época. Un piano stainway complementaba el entorno, que le permitía vivir y encontrarse, para poder crear y brindar su arte. Era un conversador fabuloso y amante de los chascarrillos, como todo buen criollo, hijo del ajiaco de don Fernando Ortiz.

La vida artística la inicia como pianista acompañante de la Montaner en 1933 en la ciudad de México. Al regreso de la artista a Cuba, Bola se mantiene en la capital mexicana acompañando a diferentes artistas de revistas teatrales; hasta que según se cuenta, de manera fortuita realiza su primera actuación como solista, en el teatro Politeama de México, con el tema Vito Manué, tu no sabe inglé, de los autores cubanos Eliseo Grenet y  el poeta nacional Nicolás Guillén, sustituyendo a la artista que debía interpretarlo, es decir, la misma Rita Montaner. Allí se desarrollo su presencia escénica. No se puede soslayar en su repertorio canciones como: Hay que decir que interpretó con luz o mirada propia.

Su éxito fue enorme y desde entonces, aunque la Montaner había regresado a Cuba en el mismo 1933, continuó tocando en lugares como los teatros Principal, Lírico y Cine Máximo. En este último tocó por primera vez con el pródigo Ernesto Lecuona, quien se convirtió en su asiduo espectador y llegó a convencerle de que retornara a su Cuba natal, a tocar el piano para el público cubano.

El Bola afirmaba que México era su segunda patria, porque esa noche nació por segunda vez. Tenía entonces 22 años. Corría 1933 y aunque era popular en tierra azteca, nadie le conocía en Cuba.  Le sucedió lo mismo que a otros grandes, como Benny Moré, quienes primero triunfaron en México y después en el suelo que los vio nacer.

Al llegar a La Habana tocó junto a Ernesto Lecuona en el teatro Principal temas compuestos por éste, como El cabildo de María la O y Como arrullo de palmas. Continuó en una gira por la Isla y en 1936, como parte del elenco del compositor que lo había lanzado en Cuba, paseó su arte por toda América Latina, Estados Unidos, Europa, Rusia, China, Corea, además de participar en algunas grabaciones con ellos. Compartió escenario con grandes artistas, como la española Conchita Piquer; Teddy Wilson, Art Dayton y Lena Horne en Filadelfia; Ary Barroso y Dorival Caymmi en Brasil; la cubana Esther Borja; la argentina Libertad Lamarque, siendo uno de los pocos artistas extranjeros, que tuvo el privilegio de interpretar en el teatro “Colon”, de Buenos Aires. Su timbre rauco, áspero pero con el algo especial de ser todo sentimiento se hizo escuchar, en muchas latitudes, poniendo en alto el nombre de Cuba, de su Cuba. Al decir de la gran cantante peruana, Chabuca Grande, Bola de Nieve era único cantando la famosa melodía, Flor de la canela.  La gran cantante francesa Edith Piaf se sorprendía porque Bola de Nieve cantaba de manera muy especial su canción emblemática, La Vie en Rose y Andrés Segovia decía  que escucharlo era como asistir al nacimiento de la palabra y la música.

El  periódico New York Times lo comparó con esas grandes figuras que fueron y son Nat King Cole y Maurice Chevalier, en la Academy of Music de Filadelfia. Allí, el tenor Paul Robenson lo oye en el Café Society y le hace un emotivo homenaje, cantándole en el camerino.

En 1965 el restaurante Monseigneur del centro de la capital cubana fue reparado y convertido en el Chez Bola. Este sitio se convirtió en habitual para sus actuaciones y le permitía estar más cerca del público. Bola de Nieve cantaba principalmente en español y cuando era preguntado por su nacionalidad, siempre se definió latinoamericano, aunque también interpretó numerosas canciones en inglés, francés, italiano, catalán, portugués y su versatilidad era de tal magnitud que, Drume Negrita, la cantó en chino

Las paredes del restaurante Monseigneur lo deben recordar, pues, una buena parte de la clientela del mismo, no solo iba a degustar los exquisitos platos del mismo, sino para escuchar  a Bola, como me mostrara un día, el viejo connoisseur, el entrañable amigo, ya fallecido, Dr Joaquín Toledo, más conocido por Cuquito. Recuerdo aquello de que una persona, también se conoce por sus gustos musicales, es decir por su sensibilidad musical. Aquel lugar era, en esas noches de Bola, el jardín de las delicias, porque el intérprete entregaba su alma, a través de sus manos y su voz. Era, entonces, la Habana una ciudad con una vibrante vida nocturna.

Bola de Nieve padecía de diabetes y asma y en enero de 1969 se le descubrió una cardiopatía artero esclerótica. A pesar de un infarto que sufrió en 1970, declaraba “los trastornos que me está ocasionando la diabetes no me incapacitan para continuar martirizando al piano y a mi público”. Su última actuación fue el 20 de agosto de 1971 en el teatro Amadeo Roldán, durante un homenaje a Rita Montaner.

Todos debemos recordar las siguientes palabras de Miguel Barnet sobre el artista: “Invariablemente todos reconocen que Bola es un Pegaso, lleva alas en sus claros acentos y su pode expresivo es talque produce el éxtasis, lo inefable, ha llevado la canción a su extrema tensión”

Ciudad México era una de las capitales preferidas del músico y quiso el destino que allí diera su último suspiro, en viaje hacia Perú. ¿Qué rara es la vida, verdad?, pues en dicha ciudad vicio momentos muy felices, al comprobar el aprecio que tenían sus habitantes por sus geniales interpretaciones. Fue trasladado a su amada Cuba y sepultado en su ciudad natal, donde sus coterráneos y el pueblo en general le rindieron un homenaje inolvidable, a este sencillo; pero ilustre compatriota. El que se enamoro profundamente de la música y vivió con ella hasta el final de su existencia.

Este año se cumplirá el centenario del nacimiento de Bola de Nieve y sus compatriotas no podemos de dejar de expresarle nuestro agradecimiento, por su obra de la vida, y por tanto debemos rendirle un homenaje, que contribuya a perpetuar su memoria. Su aporte a la cultural nacional, mediante la música es extraordinario, pues ella nos identifica y nos revela en nuestra particularidad. Cuentan que el Poder Popular de la Villa de Guanabacoa acordó hace varios años, ponerle el nombre de su hijo ilustre a una calle y creo que, es necesario hacerlo ahora y cumplir lo decidido. Como creo y sugiero que esa calle lleve un busto, de quien en vida fuera, el Gran Bola de Nieve.  Ya la ciudad monumento que es Bayamo, cuenta en el Museo de Cera, con una estatua tamaño natural del inolvidable Bola de Nieve.

Temática: Música