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Reseñas
Alejo Carpentier y la crítica cinematográfica Fecha: 2012-03-21 Fuente: CUBARTE
Portada del libro.
Portada del libro.

Alejo Carpentier coincidía con Jean Cocteau en que “el cine era la décima musa”, hombre que vio crecer “un oficio del siglo X” (la frase es de Guillermo Cabrera Infante) también suscribió el aserto de Lenin que “de todas las artes resultaba la más importante”.

El cine, décima musa es un libro que reúne casi todas las crónicas cinematográficas del autor de El Reino de este mundo, por cierto, la novela ambientada en Haití era la lectura de Mario Vargas Llosa en el momento en que recibió la llamada telefónica de los académicos con la noticia de que había obtenido el Premio Nobel.

La editorial del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y la Fundación que lleva el nombre del creador de “lo real maravilloso”, tuvieron a su cargo la edición El cine… mientras que, el notable investigador Salvador Arias realizó la compilación.   

Según Arias aseveró al autor de este artículo, en el volumen aparece todo lo que se pudo reunir del escritor en este rubro de su obra creativa, desde la primera crónica El cine, décima musa, aparecida en El País, el 3 de julio de 1925, hasta el intitulado En el vigésimo aniversario del ICAIC, publicado en el periódico Granma, el 21 de marzo de 1979.

Salvador Arias tiene la convicción de que hay más trabajos de Alejo Carpentier sobre el cinematógrafo, los que quizás yacen dormidos en el fondo de un escritorio, o en “otra maleta perdida”, ¿quién sabe?

Alejo Carpentier, antes del triunfo de  la Revolución, no tuvo fortuna en la plasmación de sus novelas y narraciones al cinematógrafo, Luis Buñuel, compañero de andanzas surrealistas del creador del estilo de “lo real maravilloso”,  quiso rodar El Acoso, cuento largo inspirado en un delator ex comunista, y no pudo por razones económicas.

Tyrone Powers, le compró los derechos de filmación de  la novela Los pasos perdidos, pero falleció antes de un infarto sufrido en pleno rodaje de Salomón y la reina de Saba.

Después del 1ro. de Enero de 1959, las obras de Carpentier llevadas al cine fueron El recurso del método, del chileno Miguel Littín; El siglo de las luces, de Humberto SolásConcierto Barroco, por el mexicano Paul Leduc y Derecho de asilo, del cubano Octavio Cortázar.

“El cine ―dijo Alejo― nos ha revelado la vida oculta y misteriosa del mundo en que vivimos; nos ha hecho ver con una plenitud que no conocieron los hombres de ayer”. Lo cierto es que el periodismo que ejerció durante toda su vida tuvo en el cine otra temática feliz, como la literatura, la música, el teatro, la danza o las artes plásticas.

Carpentier fue también un escritor afortunado que pudo contemplar los primeros balbuceos del cine mudo, las contradicciones y semejanzas con el teatro, la fotografía y el cine hablado, las complementaciones y alejamientos entre el séptimo arte artístico europeo y el comercial estadounidense. También George Mélies, Man Ray, D.W. Griffith y Florelle.

Por las páginas de El cine, décima musa, desfilan genios como Charles Chaplin, a quien le dedica memorables páginas, entre las que destaca su defensa brillante acerca de la válida utilización del vapuleado melodrama en Luces de la ciudad o Candilejas.

A este tenor Alejo solía repetir de que no existían obras mayores o menores, sino artistas que alcanzaban o no lo que se proponían y citaba a guisa de ejemplo al Arthur Conan Doyle de Las aventuras de Sherlock Holmes; el Víctor Hugo del “gran folletín Los Miserables”; el Eugenio Sue de Los Misterios de París y el genial creador de El Conde de Montecristi, creador de fantásticos personajes como el sabio y reflexivo Abate Faría, el detectivesco Abate Busoni, y el compinche ambicioso Caderousse, todos personajes perdurables en la literatura por el perfecto trazado de los mismos.

Sus lecturas, impresionistas, contaban con el poderoso soporte de su fabuloso y bien entrenado intelecto que establecía pertinentes intertextualidades y citas, deslumbrantes parecidos y conclusivas remembranzas.

Al cineasta Orson Welles, desde El ciudadano Kane, filme que Alejo vio en su estreno habanero, le concedió la posesión de una singular genialidad que corroboran otros memorables  trabajos como Otelo y Mister Arkadin, al también director de la emisión radial de La guerra de los mundos le concedió el divino derecho a manifestarse contradictorio y diverso.

Los nexos del cine con otras artes aparecen de continuo, y por eso alaba el contrapunto, término musical, llevado a la pantalla grande con los mismos objetivos y similar éxito formal, las acciones paralelas del John Dos Pasos de Manhattan Transfer, la intensidad que el cine ha influenciado en la novela, frente a otros ejemplos más densos y lentos en Marcel Proust, James Joyce o Thomas Mann, o la gloriosa anticipación a la cinematografía del Valle Inclán de Tirano Banderas o El ruedo ibérico.

En crónicas de matiz supuestamente mundano como Las campeonas del Sex Appeal, desnudó las sociedades capitalistas gestoras de los universos de cartón de los grandes estudios, en el que los menesteres de “la fábrica de sueños” (ganancias, fama, mito y taquilla) pueden hasta ser perjudiciales para la salud.

El Alejo entrevistador, es otro jugoso descubrimiento de la compilación, que nos trae su conversación con Serguei Eisenstein, y con ella no solo un soberbio retrato del autor de Potemkin, también la constatación de la imposibilidad de una mítico culto de las divas al estilo de Greta Garbo, en la entonces Rusia soviética, como consecuencia de la batida oficial de aquel sistema contra el individualismo, acción que provocó como daño colateral, la destrucción de la necesaria individualidad.

El cine latinoamericano no escapó a la pupila del autor de La consagración de la primavera, mediante sus observaciones al Buñuel de Los olvidados o la María Candelaria de “El Indio” Fernández.

Carpentier habló con entusiasmo del “florecimiento de un cine de naciones”, a partir del “aperturismo” cosmopolita del festival de Cannes, en el que aparecieron cinematografías ya vigorosas como las de Polonia, Checoslovaquia, Egipto, Suecia, México, Argentina, Brasil y Chile.

El libro cierra en un final premonitorio, con la crónica Páginas del Diario de José Martí. Nuevo filme cubano de José Massip, el flamante Premio Nacional de Cine 2012, Alejo evoca al Martí de 1895 en Cuba y pondera al director de filme, “al concebir la obra mayor que hoy se ofrece a nuestra admiración…Y sobre todo, ¡sobre todo!, debe alabarse el tacto maestro, el afán de veracidad, de autenticidad, con que José Massip ha culminado la proeza (pues proeza es y no menuda) de animar las figuras de Máximo Gómez y de José Martí sin haber restado nada a su sencilla y humana grandeza…”

Un Carpentier culto, analítico, indagador, profundo, extensivo y siempre ameno emerge de la lectura de El cine, la décima musa, que debería alentar por el ICAIC la publicación de las crónicas cinematográficas de otros grandes autores cubanos.
 

 

 

Imagen: Cortesía del autor.

Temática: Libro y Literatura
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Lector crítico
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