“Debemos hablar nosotras desde nuestras miradas y vivencias”


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Rosa María Rodríguez (Holguín, 1988) es para mí una vieja conocida. Hace más de doce años nos conocimos en nuestro natal Holguín, y desde ese entonces hemos coincidido muchas veces en espacios creativos y proyectos en común; también durante este tiempo hemos compartido unos cuantos amigos. En diferentes momentos ambos decidimos radicarnos en La Habana, aspirando a espacios de definición mejor, como escribiría Lezama. En verdad lo hicimos para poder “hacer”.

Casi podría decir que “la he visto crecer”. Aunque la frase parezca demasiado manida, el hecho es que en verdad ha crecido: posee una prometedora obra como directora de cortometrajes, inició estudios en la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV), y ahora, en medio de una pandemia y refugiada en casa, ha escrito la primera parte de lo que será su ópera prima.

Quisiera trazar un arco entre esta conversación y la que sostuvimos hace aproximadamente un año —publicada en este mismo espacio bajo el título “Retratar una parte esencial de nosotros”. Este último encuentro me ha permitido conocer acerca de La levedad de ella, obra seleccionada en la modalidad de Escritura de Proyectos de Largometraje de Ficción y Documental de la primera convocatoria del FFCC. 

Al leer la sinopsis se perciben puntos de contacto entre la historia de Nara y La costurera, e incluso Las 12 chicas. ¿Se trata de una revisitación a ti misma o una insistencia sobre un tema y sus múltiples aristas?

Al referir mis motivaciones para hacer esta película, expresé que “La levedad de ella es la historia de mi genética familiar, mis mujeres y mis muertos. Quiero hablar de la imperfección, de la enfermedad heredada, del derecho a morir como una mejor lo considere, de las cicatrices, de cómo intento cada día aprender a flotar y aligerar mi peso, dejar ir el miedo”. 

Tengo varios proyectos e historias que contar. Hablo en voz alta sobre mis personajes como si hablara de mi hermana, de mi amiga, de mi madre. Las personas cercanas a mí saben de mi sed por contar, pero el camino que he encontrado hasta hoy es la narración a partir de mi misma. Alguien me dijo una vez que contar desde nuestras vivencias, desde nuestras herencias, es la manera más directa de llegar a una historia universal. Entonces sí, me revisito todos los días, incluso llego a autoanalizarme. Eso de mirarme desde afuera se lo agradezco a la actuación y al camagüeyano Nelson Acevedo, mi maestro de teatro durante la adolescencia; él me regaló ese súper poder, al igual que estar pendiente de mi entorno y aprender a escuchar. Veo mis pelis como un todo, las escucho como si fuera la primera vez y me descubro en cada fotograma.

En el referido diálogo mencionaste tu interés acerca del universo femenino. ¿Persiste en ti ese tema?

Claro, y reitero que debemos hablar nosotras desde nuestras miradas y vivencias; perder el miedo a poner en la pantalla a mujeres imperfectas, con virtudes y defectos. Seguiré defendiendo esas voces y sus historias.

¿Cuáles son las ventajas de que La levedad de ella haya resultado seleccionada por el FFCC? ¿Sientes que esta iniciativa amplía las posibilidades de desarrollo del cine cubano?

Durante la cuarentena me preguntaron acerca del Fondo, y dije que me salvó de volverme loca. Hoy lo ratifico. En marzo suspendieron las clases en la EICTV, donde estudio actualmente. Todo eran malas noticias. La despedida y la incertidumbre de estar contagiada por el virus fueron muy duras.

Amigos infectados por la COVID, el encierro, mi familia alejada… Mi padre es médico y en todo este tiempo no ha dejado de trabajar bajo un riesgo gigante. A mi madre la extraño muchísimo. Desde enero no los he podido ver. El Fondo fue como una lucecita distante, sobre todo porque era mi primera vez en cuanto a varios aspectos: escribir un argumento para un largometraje que resultó ser mi ópera prima, y producir sola un proyecto como El regresado, fuera de la escuela de cine.

La iniciativa amplía las posibilidades de desarrollo del cine cubano actual. Quiero creer que sí, no pierdo la fe. El FFCC demuestra la diversa gama de historias que esperan ser contadas, no solo las premiadas, sino también las que quedaron finalistas.

Ha sido un año duro. Me quedo con la parte de que el cine cubano está en un momento hermoso por todas estas historias poderosas que promueve el FFCC, pero verlas en pantalla grande sigue siendo un sueño.    

Como miembro de una nueva generación de cineastas cubanos, quisiera conocer tu opinión acerca de los puntos de continuidad y ruptura del cine joven respecto al realizado en décadas anteriores.

Si algo agradezco en mi vida es la posibilidad de volver a estudiar a los 32 años. A los 15 comencé los estudios de Arte Dramático, y no tenía idea de muchas de las informaciones que circulaban por mi cerebro, mi alma, mi piel. De hecho, creo que no es muy productivo empezar tan joven una carrera como esa. Con 16 años interpretas a Luz Marina, de Aire frío, una pieza de teatro psicológico de Virgilio Piñera, y no comprendes con claridad lo que estás haciendo.

Digo todo esto porque estudiar te hace percatarte, sobre todo en la adultez, de que el “cartelito” de cine joven no es sinónimo de novedoso o auténtico. Muchos sienten, ya sea producto de la juventud, la inexperiencia o la incultura cinematográfica, que están haciendo algo único, y niegan nuestra historia, el cine anterior.

Lo que hacemos hoy es el resultado de lo que hicieron otros cineastas décadas atrás, como la lucha de las mujeres por el empoderamiento femenino; siempre digo: gracias a una mujer yo soy artista. Las diferencias del cine anterior respecto al actual se deben a que los tiempos cambian y los temas mutan, evolucionan o involucionan; a que cada creador es un mundo, y las tecnologías se desarrollan con mayor velocidad. Al estudiar la historia del cine podemos entender aquel que hacemos hoy y sus disímiles aristas. Es una lección de humildad que a muchos nos falta.

También tu trabajo como productora ha sido reconocido, pues el proyecto El regresado, de Armando Capó, está entre los seleccionados en la categoría de Desarrollo de Proyectos. ¿Cómo logras vestirte de directora y de productora al mismo tiempo?

La culpable de que actualmente curse el tercer año de la carrera Producción en la EICTV es Martha Orozco, productora mexicana que para mí es un genio. El “bichito” de ser productora surgió al verla proyectar la producción desde la imaginación y la responsabilidad, no solo financiera y de derechos, sino también creativa. Muchas personas no asocian esto último a la producción y solo ven la parte de “conseguir el dinero”.

Esa visión está muy alejada de la realidad. Desde que decidí estudiar Producción siempre defendí que mi aprendizaje desde la actuación y la dirección era muy útil al acompañar procesos de otros y aportar. Estoy enamorada de mi carrera: concebir la película como un mapa con muchos caminos y escoger el ideal según las debilidades y fortalezas de cada proyecto. Me encanta apoyar las nuevas voces como en algún momento me apoyaron a mí; contribuir a que existan más películas. Ahora mismo estoy inmersa en varios proyectos, muy diferentes unos de otros. Eso me gusta mucho. Me siento deseosa de continuar aprendiendo en la EICTV. Tenemos fecha de inicio de curso para los primeros días de febrero de 2021.

Agradezco a mis profesores, a mi cátedra hermosa, a Ivette Liang y Maricarmen, a la generación de productores que cada día me enseña desde sus países acerca de sus ideales y su manera de ver el cine. Creo que es el mismo vestido, con la magia de teñirse de diferentes colores, dependiendo la ocasión.

Por otra parte, Nara se encuentra seleccionada en la competencia oficial del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Cuéntame sobre el recorrido de esta película en festivales y muestras.

Es una noticia hermosa. El Festival de La Habana representa mucho para mi equipo y para mí. Todos hemos crecido junto a este Festival maravilloso. No puedo dejar de mencionar mi deseo de que se retome la Muestra Joven para que Nara esté en ella. Esta obra ya había sido presentada como proyecto en la sección Haciendo Cine, por eso agradezco tanto a la Muestra. Volver a ella desde el respeto, la resiliencia, la diversidad de criterios y el aprendizaje de un año duro es muy necesario. Y sí, puedo decir hoy que Nara es mi película más madura, mi despertar más reciente.

 


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