El trabajo sonoro en el audiovisual y sus desafíos en Cuba


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Es un hecho que cualquier obra audiovisual, ya sea de cine o televisión, es el resultado de un arduo trabajo en equipo.

Cuando el cine deja de ser silente por completo, desde finales de 1920, y los espectadores tuvieron la oportunidad de escuchar además de música en función ilustrativa o descriptiva, un cine parlante, comprobaron que imagen y sonido no podían interpretarse por separado.

El sonido enfrenta muchas dificultades durante el proceso de realización; una de ellas es la no implicación de dicha especialidad desde la escritura del guion, un problema que en la actualidad está latente en las tres etapas productivas del cine o la televisión.

Los avances tecnológicos han brindado disímiles caminos en el desarrollo de la creación audiovisual; por ejemplo, en la fotografía y sus diferentes vías para variar la intensidad de la luz y corregir colores con programas digitales. El tratamiento sonoro no se ha quedado atrás, no solo con el sonido directo y posterior mezcla de los elementos que le conforman (diálogos, música, efectos y ambientes, foleys, silencios), sino en cuanto a la construcción de la banda sonora.

Rehacer cada uno de los efectos y los ambientes es una tarea que exige investigación, búsqueda, creatividad, exigencia, trabajo arduo en equipo, para hacer creíble cada movimiento dentro de la imagen, para que puedan jugar sus roles en la obra. El avance de las técnicas ha permitido registrar, transformar y procesar el sonido, abriendo infinitas oportunidades para ampliar el lenguaje sonoro audiovisual.

La construcción minuciosa de ambientes y efectos sonoros para imágenes en movimiento han sido creados por artistas anónimos quienes editan y reconstruyen ambientes, efectos, diálogos, realizan doblaje de voces, efectos de foley hasta que se ejecuta la mezcla final.

En televisión a nivel internacional, a los programas seriados, por ejemplo, se le realiza este trabajo para la distribución comercial, así el país comprador puede realizar el doblaje de voces en su propio idioma e incorporarlo al sonido del material, conservando los ambientes, los efectos y la música construidos originalmente para el audiovisual, para facilitar al público la comprensión del lenguaje, pero que sienta y escuche los entornos concebidos para la obra. Esto es posible gracias a la llamada banda internacional.

En la pista internacional los diálogos y doblaje de voces, ambientes y efectos, efectos foley y la música, están separados, para poder discriminar las voces u otro sin dificultad; es decir, esta banda internacional es una reproducción (sin los diálogos) del diseño sonoro ya concluido, de lo contrario el receptor recibiría solo las voces de doblaje sin ningún ambiente, algunos efectos puntuales y ambientes en donde no hay diálogos o en principios y finales de escenas. En la aclamada serie japonesa de los 80´ “Oshín” muy popular en nuestro país, se contó con la banda internacional, el doblaje de voces en español se realizó en México y luego se distribuyó en toda Latinoamérica con gran éxito.

Los abaratados costos de producción han atentado contra la realización de la banda internacional y la construcción de los elementos sonoros en los materiales audiovisuales, aunque vale aclarar que en las películas este trabajo se realiza en la mayoría de las producciones, aprovechando las ventajas artísticas y comerciales que trae.

Nuestra televisión debe pensar en perpetuar sus audiovisuales para las producciones de unitario y seriados, concibiéndole al proceso de posproducción de sonido la importancia que merece, siempre con una mirada futura. Trabajo que de hecho se realiza en esta etapa de la que solo requeriría exigir su cumplimiento, evaluar los tiempos para la entrega en soportes adecuados y que sean conservados.

 


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