Érase una vez la salsa… un solo golpe na má (II)


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Cómo entender los diversos acontecimientos que definieron la música cubana de los años noventa sin tomar en cuenta el papel del mercado discográfico que se desarrolló y que acompañó a los músicos en estos años.

La primera señal de que estaban por producirse cambios en la forma de ver, comercializar y producir discos, llegó en el mismo momento en que ARTEX decide comenzar a licenciar y a vender matrices discográficas que pertenecían a los fondos de la EGREM. La causa fundamental de este movimiento de mercado se relaciona con el surgimiento del Disco Compacto y el decreto que condenaba a ser pieza digna de museos al disco de Larga Duración o simplemente de vinilo.

El invento de la empresa SONY de los años ochenta, se comenzaba a imponer como nueva forma de producir y comercializar la música. El Disco Compacto o simplemente CD, ofrecía posibilidades de calidad extrema de sonido en el campo de la reproducción de la música que revolucionaron la industria en todos los sentidos. Fue la primera señal de la llegada del mundo digital y el anuncio claro de que el mundo analógico estaba condenado a desaparecer.

En el caso de Cuba el acceso a esa tecnología en esos años era toda una quimera por sus altos costes, habida cuenta de que la llegada de los años noventa vino acompañada de una severa crisis económica de proporciones insospechadas.

La solución adoptada por las autoridades fue una desregulación de la industria discográfica en Cuba y ese proceso sería rectorado por ARTEX en específico. Solo que mientras se dictaban las posibles reglas del juego y se otorgaban las posibles licencias hubo un actor nacional que se adelantó a este proceso, avalado por su prestigio profesional y por el hecho de que su propuesta era lo suficientemente integradora en materia de cultura. Ese actor será Pablo Milanés en el mismo momento que propone y recibe la autorización para crear la fundación que llevaría su nombre.

La Fundación Pablo Milanés fue diseñada y pensada para cubrir todos los posibles campos de acción dentro de la cultura nacional a los que alguna vez se vinculó el compositor y cantante; y uno de ellos sería la producción discográfica con la consiguiente existencia de sus propios estudios de grabación. Nacía PM Records, que entre sus objetivos estaba ir más allá de la extensa y monumental obra del trovador. Y para dirigir estas dos áreas –grabación y discografía— fueron designados el músico Eduardo Ramos y el trovador ocasional y funcionario de ARTEX (era en ese entonces su vicepresidente primero) Ciro Benemelis.

Coincidiendo en tiempo y espacio, el empresario uruguayo radicado en Cuba Enrique López, conocido por todos como Alí Ko, funda su empresa a la que llamará ART COLOR y el ICRT se mueve en esa misma dirección y crea dentro de su filiar RTV Comercial.

El ambiente musical de los años noventa tiene entre sus primeras manifestaciones de cambio las tandas bailables que se comienzan a desarrollar en el cabaret Tropicana una vez terminado su show y que culminan generalmente en la recién inaugurada discoteca del hotel Comodoro que se convirtió en el lugar de encuentro de turistas, exploradores comerciales, empresarios radicados en Cuba y los habituales diletantes y esnobistas criollos del momento. Fue en ese lugar donde surgieron y nacieron algunas de las tantas empresas españolas que se fueron radicando en la Isla en estos años y fue en ese lugar donde el publicista español Federico García decidió quemar sus naves y aplatanarse, y qué mejor modo de hacer fortuna o sobrevivir –según se mire— que involucrarse en el mundo de la música; y en ello tuvo peso su esposa que formaba parte de la planta de bailarinas del cabaret Tropicana y era cercana a algunos músicos renombrados de estos años.

Mientras esto ocurre el catalán Francis Cabezas llega a La Habana con un interesante proyecto bajo el brazo que consistía en organizar torneos de beisbol entre niños cubanos y de su ciudad natal. Solo que una noche en Tropicana, otra en la discoteca del Comodoro y un amanecer en el cabaret Papas de la Marina Hemingway provocan que su proyecto inicial se transforme y él comience a dedicar sus energías a la música cubana.

Grosso modo esa es la historia fundacional de las tres empresas extranjeras que habrán de liderar el mundo de la discografía cubana durante los años noventa. Cada una con sus particularidades, sus propios intereses y sus desenfados y desatino serán determinantes en el desarrollo y proyección de la música popular bailable cubana en diversas zonas geográficas y cada una de ellas intentará tocar el cielo con su catálogo y sus propuestas discográficas. Y ese cielo no era otro que incorporar a sus músicos al carrusel de la distribución internacional a gran escala.

Todo indicaba que el mercado de la música popular cubana estaba bien repartido, o al menos eso era el panorama que encontró el empresario caboverdiano José Da Silva en el momento que llegó a La Habana; no había disponible talento de alta demanda en el que invertir para promover la música cubana. Solo que la vida lo puso en contacto con el periodista Joaquín Borges Triana y el especialista de la empresa Ignacio Piñeiro llamado Jorge Carbonell y Da Silva tuvo acceso al diamante en bruto de la música cubana de esos años: Polo Montañez, aunque también incorporó a su catálogo a la orquesta Aragón, a la orquesta Anacaona y a una cantante guantanamera llamada Leyanis López. Pero “el guajiro natural” fue su llave de éxito.

Mas en la periferia musical de estos años hay también otros actores de fuerza que participan de esta ola de grabar y contratar músicos cubanos.

Uno es la empresa Manzana Records, por medio de su división EUROTROPICAL entre sus adquisiciones están Manolito Simonet y su orquesta; el grupo Klimax del baterista Giraldo Piloto; la cantante Liuba María Hevia y para no dejar pasar el tren de las celebridades de otras épocas incluye a Faustino Oramas, El Guayabero, como una de sus grandes apuestas.

Desde los Estados Unidos llega un hombre de cine llamado Jimmy Maslon y funda su sello al que pondrá Ahí-Namá y formará parte de su empresa a la que nombra Iré Productions y se lleva el premio gordo del jazz cubano de ese momento: Orlando Maraca Valle y su grupo Otra visión, y suma a su carro al grupo Bamboleo, entre otros proyectos.

Y desde la lejana Persia, aunque radicado en Londres, un buen día llega a la Habana Mo Fini quien hasta ese momento se había dedicado a promover y grabar con su sello Tumi Music cantantes folklóricos de Suramérica y con ellos había ganado cierta notoriedad en el complejo y exigente mercado inglés de la música. Mo Fini se mueve como todo un outsider de la industria, a diferencia de los anteriores que abren oficinas en Cuba y contratan personal; lo que le permite una relación directa con los músicos a los que decide grabar. Y sin hacer mucho ruido comienza a conformar un catálogo tan extenso como el de sus competidores, en especial Francis Cabezas y Magic Music. Y es que ambas empresas fueron más allá de La Habana en busca de talentos y propuestas musicales novedosas e interesantes.

Aunque estos no son los únicos actores interesados en el asunto grabación de música cubana, sí son los más conocidos y los que con mayor fuerza e interés se dedicaron al tema. Los años noventa fueron terreno fértil para que más de un aventurero apostara a la música cubana y en esa apuesta birlara a nuestros músicos; otros en pleno uso de sus facultades ofrecieron la posibilidad a algunos músicos de poder contar con su primer fonograma y esas acciones fueron actos de benevolencia y respeto hacia nuestra cultura y su música. Es justo decir que entre los beneficiarios de este proceder se encuentran muchos proyectos nacidos en Santiago de Cuba y otras provincias a las que no llegaron el grueso de las discográficas que prefirieron que el talento viniera a ellas en vez de salir a buscarlo.

Así las cosas, ARTEX se monta en el carro de la discografía y funda el sello BIS MUSIC con el que se convertirá en un actor importante a lo largo de la década y suplirá por momento el papel de la EGREM como empresa rectora de la discografía nacional hasta el mismo momento en que se propone y acepta otro cambio de las reglas.

Las cosas no volverán a ser las mismas, sobre todo a fines del año 1999.


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