Regresa el público a la Morada de Buena Fe


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Imágenes tomadas de Buena Fe.

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Justo a la hora del cañonazo, cuando la capital despierta a un nuevo sentir: la noche, con su magia de encuentros y desencuentros, de añoranzas y remembranzas, Buena Fe en el Anfiteatro del centro histórico de La Habana se reencontró con su público luego de dos años en que la pandemia puso distancia física a sus acostumbrados abrazos.

La mejor manera de lograrlo fue su invitación a entrar a su Morada; la más reciente propuesta discográfica de la agrupación. De esa manera les permitieron degustar una  taza de “Café” que sirvió no solo de referente obligado para significar una de las más contagiosas canciones del disco; sino también como símbolo de la cubanía sonora que distingue al disco.

 

"¿Cuánto hay de nuestros padres en los adultos que somos? Agradecidos hasta la médula. Qué hermoso ver a tantos niños en el concierto de anoche. A nuestros padres ¿Quién olvidó?"

“No juegues con mi soledad”,  “Volar sin ti” “Catalejo”, “Cámara lenta”, en forma de collage fueron los temas de presentación del concierto que, en dos jornadas consecutivas, Buena Fe le regaló a La Habana. Tal vez porque como dice uno de los temas de este álbum, “Las más viejas”, son las mejores canciones para unir anhelos, emociones y sobre todo, a generaciones. Este tema que salió al mercado con un muy sugerente video clips fue esencia y faro de un concierto donde el tiempo giró, justamente, en torno al sentimiento.

Israel, refirió: “cuando esas canciones se oyeron por primera vez, nadie daba un peso por ellas; pero hoy son de ustedes”. Y exactamente fue esa la dinámica de las noches en que se volvieron a entonar. Al entrar en esta Morada músico- conceptual, el público, además de placer, resignificó su complicidad con aquellas letras comprometidas con la vida.

Madurez musical, arreglos de excelente factura se afirman en este disco compuesto por  catorce composiciones. Son, conga, pop rock y la trova, como la gran anfitriona de esta Morada, son los géneros que la albergan. Una vez más la reflexión intimista cala hondo y cada tema da ilusión de que cobija y arropa. Lo más importante es que al final, el disco deja un sabor a vida porque lo mismo no faltan lágrimas que tienen que ver con la introspección de un tema como “Carnes”; como tampoco los saltos y el jolgorio que tanto infantes como sus padres simultanean, al escuchar los acordes de “El hipopótamo”.

Israel Rojas ha enunciado en varias entrevistas que la mayor expectativa con Morada es que llegue a la mayor cantidad de público posible y que sea una caricia para todo aquel que lo necesite”.

A juicio de esta espectadora fue logrado ese impacto inicial, sobre todo porque alternó perfectamente con sus temas de siempre, lo que significa que forma parte armónica de ese universo de interrogantes y disyuntivas que, al ritmo de la vida, Buena Fe propone y conforma.

"¿Cómo estuvo el concierto de anoche? ¡Una imagen vale por mil canciones! Y esto apenas comienza: vamos por Cuba. Vuestro amor es nuestra Morada."

Por eso en su presentación junto a los bienvenidos nuevos temas, hubo oportunidad para corear al unísono “Quién soy yo”, mientras una “Música vital” instaba a compartir y defender un “Patakí de libertad” que sigue teniendo en Cuba su Morada.


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