8 de Marzo Día Internacional de la Mujer / Por Fernando Carr Parúas


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Hace ya 108 años que se propuso instaurar el Día Internacional de la Mujer. Fue Clara Zetkin (1857-1933), la gran feminista alemana, quien lo propuso en la II Conferencia Internacional de las Mujeres Socialistas que se celebraba en 1910 en Copenhague, capital de Dinamarca. Al parecer, la fecha del 8 de marzo se escogió para conmemorar una huelga obrera textil en Nueva York, en 1857, donde murieron más de cien mujeres que pedían igualdad de salario respecto a los hombres y ocho horas de trabajo como máximo. El 8 de Marzo se celebró por vez primera en 1914 en Alemania, Suecia y Rusia.

Desde muchos años atrás venían las mujeres luchando por sus derechos ciudadanos. Fue en medio de la Revolución Francesa, en 1791, que con el empuje de Olympia de Gouges (seudónimo de la escritora francesa Marie Gouze, nacida en 1748 y guillotinada en 1793 por su defensa de los girondinos. Había advertido sobre los riesgos de dictadura y criticado fuertemente la política de Robespierre y Marat) fueron proclamados los 17 artículos de la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, inspirados en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

Hasta entonces, y hasta muchos años después, la mujer ha vivido dentro de las leyes que hacían y hacen los hombres, pues fueron estos quienes pusieron límites a los derechos de las mujeres.

Entre esos derechos legítimos, estaban el pago igual a igual trabajo; el derecho a la educación y a que los hijos llamados “ilegítimos” tuvieran iguales derechos a los denominados “legítimos”; el derecho a la administración de sus propios bienes y no por sus esposos; así como el derecho a la patria potestad de sus hijos, al divorcio y al más importante, aquel que le daría a la mujer iguales derechos ciudadanos que el hombre, es decir, el derecho a votar y a ser elegidas... por lo menos, hasta ahí.

Así, poco a poco, se fueron logrando algunos de ellos en los países que más desarrollo mostraban entonces, como los países escandinavos (Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia e Islandia), los Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

En cuanto a los derechos a la educación, estaba totalmente prohibido a las mujeres cursar estudios secundarios y, menos, universitarios. Sabemos de algunas mujeres que a principios del siglo xix alcanzaron sus títulos universitarios disfrazándose de hombres, y después ejerciendo como tales. Cuando en los Estados Unidos firmaron la Declaración de Independencia en 1776 más de cincuenta políticos, todos hombres, la señora Abigail Smith Adams (1748-1818), esposa de uno de los firmantes, y que más tarde fuera presidente de esa nación, el abogado John Adams (1735-1826), le escribió a él así: “De no tener forma especial una atención cuidadosa al desarrollo de las mujeres, nosotras estamos resueltas a dar inicio a una rebelión, y para ello no podrá frenarnos ley alguna en la cual no hayamos tenido participación ni se haya tenido en cuenta nuestra representación para ser promulgada”. Y así fue.

Mercy Otis Warren (1728-1814), la mejor propagandista norteamericana en la guerra contra la colonial Inglaterra, pionera del feminismo en su país, decía que la llamada “debilidad femenina” solamente correspondía a la educación inferior de las mujeres con relación a la de los hombres.

En 1821, en Nueva York, se fundó el Seminario Femenino Troy debido a la educadora Emma Hart Willard (1787-1870), pues ella deseó que las muchachas pudieran estudiar ciencias tales como Filosofía y Matemáticas, como lo hacían los muchachos.

Otros colegios fueron fundándose en los Estados Unidos, como el Colegio Femenino Vassar (hoy Vassar College), fundado en Nueva York en 1861; el Wellesley College, en Boston, en 1871 y la escuela Bryn Mawr, en 1880 en Filadelfia.

La primera escuela para varones y hembras fue Oberlin Collegue, en Ohio, fundada en 1833; en 1841 se graduaron allí tres mujeres con el título de bachiller.

Fue en 1849 cuando se graduó la primera mujer estadounidense en Medicina: Elizabeth Blackwell (1821-1910), en el Geneva Medical College, en Pennsylvania.

Cuba tuvo desde el siglo xix una relación cultural importante con los Estados Unidos. Los cubanos hijos de ricos, como sabemos, no solamente iban a estudiar a España y a Francia, sino también a los Estados Unidos, entre otros motivos, por estar más cerca. Este ir y venir retroalimentó las ansias de saber de las cubanas, pues fue Cuba uno de los países que más secundó los desarrollos acaecidos en el país del Norte.

Fue la educadora cubana María Luisa Dolz y Arango (1854-1928) la que más hizo por la educación de la mujer cubana. Compró un colegio denominado “Isabel la Católica”, al cual le cambió el nombre por el de “Colegio María Luisa Dolz”. Tenía un profesorado mixto y, tras algunos cursos, en 1885 fundó el primer Instituto de Segunda Enseñanza para mujeres, lo cual redundó en la entrada de diferentes mujeres en la Universidad de La Habana.

Estudios para niñas y mujeres

Voy a tomar como muestra una de las ciudades del interior del país que tuvo un importantísimo auge en el siglo xix, pues en ella vivió el comerciante más rico de Cuba y del mundo en su momento: don Tomás Terry, y me refiero a Cienfuegos.

Desde 1845 que se funda la primera escuela para niñas hasta 1888, cuando se crea la última en ese siglo, fueron dieciséis las escuelas establecidas en esa ciudad. De ellas, dos totalmente gratuitas, por las donaciones de Teresa Dorticós de Terry (1817-1915) y Mariana Tarafa de Apezteguía (1808-1860), y el generoso aporte de varios mecenas. Además, se fundó el Colegio Superior para Señoritas.

Otras noticias sobre mujeres de Cienfuegos son las siguientes:

En 1886 las cienfuegueras María Hernández y María Barnet fueron las dos primeras mujeres graduadas de bachiller, en el Colegio de Segunda Enseñanza dirigido por Adelaida Colominas, en Santa Clara.

También de Cienfuegos, en 1886 las hermanas Dolores Figueroa Marty (1862-1944) y Eloísa Figueroa Marty (1867-?) se graduaron de doctoras en Farmacia en la Universidad de Filadelfia, y fueron las primeras mujeres cubanas en obtener títulos universitarios.

En 1893, graduada en una universidad estadounidense, Serafina Daumy fue a ejercer a su natal Cienfuegos como la primera mujer dentista.

Al finalizar el siglo xix se graduaban en la Universidad de La Habana las primeras mujeres, en carreras como: Farmacia, Asunción Menéndez y Mercedes Riba Pinós; Ciencias Naturales y Farmacia, Digna América del Sol; Derecho Civil y Canónigo, Francisca Rojas y Sabater; Medicina y Ciencias Naturales, Laura Mestre y Carvajal; Ciencias Físico-Naturales, María Luisa Dolz y Arango. Además, se graduaron otras dos mujeres no nacidas en Cuba, sino en Puerto Rico, ambas en Derecho Canónigo, y se trata de la poetisa Lola Rodríguez de Tió (1843-1924) y su hermana Patria.

En 1899, Blanche Zacharie de Baralt (1865-1947), nacida en Nueva York, hija de cubana, y casada con el santiaguero Luis Alejandro Baralt y Peoli —ambos íntimos amigos de José Martí— y con tres hijos nacidos todos en los Estados Unidos, regresaron a Cuba. En 1902 fue la primera mujer graduada en la Universidad de La Habana de la carrera de Filosofía y Letras.

Voto de la mujer

El primer país en el mundo que permitió el voto femenino, aunque con un sinnúmero de limitaciones y condicionamientos, fue Suecia, en 1862.

Después, el territorio norteamericano de Wyoming —que todavía no era un estado de la Unión— lo aprobó en 1869, y al ser admitido como estado, en 1890, resultó el primero en aprobarlo.

La Isla de Man —está situada entre Inglaterra e Irlanda, y tiene 572 km2, pero es un territorio que pertenece al monarca británico y no al Reino Unido, aunque esté ligado a este— permitió el voto femenino en 1881, cuando las mujeres votaron por primera vez al parlamento local.

El régimen federal de los Estados Unidos permitió que cada uno de los estados de la Unión aprobara el voto femenino, y así lo hicieron: en 1893 el segundo estado fue Colorado; en 1896, Utah e Idaho; y en 1912, Kansas, Oregón y Arizona.

Por su parte, un número de países, sin limitaciones ni condicionamientos, fueron los primeros en otorgar todos los derechos al voto a las mujeres igual que a los hombres: Nueva Zelanda en 1893; Australia, en 1902; y Finlandia, en 1906. Lo curioso es que estos tres países, aunque sus respectivos parlamentos podían legislar asuntos internos, no eran soberanos: Nueva Zelanda y Australia eran colonias de la Gran Bretaña, y el Gran Ducado de Finlandia era territorio dominado por Rusia.

Los países escandinavos e Inglaterra y Canadá fueron otorgando el derecho al voto femenino poco a poco, pero con ciertas limitaciones:

  • Noruega comenzó a otorgarlo en 1910 y terminó otorgándolo, ya sin limitaciones, en 1913.
  • Islandia, dependiente de la Corona danesa, pero con parlamento propio para asuntos internos, con condicionamientos, en 1915.
  • Dinamarca, con iguales limitaciones, en 1915.
  • Inglaterra y Canadá en 1918, con restricciones que cesaron totalmente en 1928.
  • Y Suecia comenzó a abolir las limitaciones en 1918, hasta que las suprimió todas en 1921.

Pero, antes, al surgir la Revolución de Octubre, la Rusia comunista otorgó el voto sin restricciones a las mujeres en 1917.

En 1919, en los Estados Unidos se propuso la Decimonovena Enmienda a la Constitución, por la cual se le otorgaba el voto a la mujer y se alcanzó las tres cuartas partes de los votos de los estados al año siguiente, el 26 de agosto de 1920. Por cierto, cinco estados la rechazaron: Georgia, Carolina del Sur, Misisipi, Luisiana y Delaware, pero, al final, tuvieron que aceptarla.

El voto de la mujer en Cuba

No podemos dejar de señalar la enorme cantidad de mujeres que integraban las organizaciones de base del Partido Revolucionario Cubano (PRC) fundado por Martí, dentro y fuera de Cuba, y según Martí creó en las bases del PRC, estas mujeres ejercían su derecho al voto para elegir a los funcionarios del Partido. Cuando los españoles terminaron su gestión colonial en Cuba y los Estados Unidos llamaron a hacer la Constitución de 1901. Allí se propuso el voto de la mujer, y los constituyentes le cogieron miedo y votaron 17 en contra y solo 9 a favor.

Una feminista cubana muy importante, sobre todo por su gestión independentista en la Guerra de 1895, lo fue Magdalena Peñarredonda (1846-1937), y en un artículo al efecto preguntaba: “¿Por qué no han de ser las mujeres electoras y elegidas?”. Y continuaba: “Para (...) votar por negocios como el del Dragado, el Arsenal (...) no hace falta ni grandes energías viriles ni gran inteligencia”. Así se refería, con choteo, sobre los negocios de la época (1909-1913) del Tiburón que se mojaba, pero salpicaba a sus secuaces parlamentarios. (El presidente entonces era José Miguel Gómez).

El gobierno de Mario García Menocal favoreció la aprobación de leyes como, en 1917, la ley de la patria potestad y, en 1918, la ley del divorcio. Cuba fue el primer país de América Latina y uno de los primeros del mundo en votar estas leyes.

Sin embargo, en dos oportunidades más se presentaron proyectos sobre el voto de la mujer, y fueron negados por el Congreso de la República por dos veces. Los congresos femeninos de Cuba de 1923 y de 1925, pidieron a toda voz el voto femenino.

Fue el dictador Machado quien, en 1931, aprobó el voto femenino con el fin de atraerlo; pero como todo lo que se legisló entre 1929 y 1933, cuando Machado fue derrocado quedó suprimido de la legislación cubana, no tuvo efecto. Solo el 10 de enero de 1934 en el Gobierno de los Cien Días, el presidente Ramón Grau San Martín decretó el voto de la mujer. Por su parte, su ministro de Gobernación Antonio Guiteras Holmes nombró a las dos primeras mujeres cubanas para puestos públicos, como alcaldesas: Elena Azcuy, en Güines; y Caridad Delgadillo, en Jaruco.

Las primeras elecciones en que votarían y serían elegidas mujeres en Cuba, fueron las de 1936. Resultaron elegidas a la Cámara de Representantes ocho mujeres, cuatro por el oficialismo y otras cuatro por la oposición, por diferentes provincias. Las primeras dos mujeres electas para el Senado lo serían en las elecciones de 1940.

En América Latina se legisló el voto femenino antes que en Cuba en: Ecuador (1929, con derechos condicionados), en Chile (1931, con limitaciones) y Uruguay (en 1932, sin condicionamientos). Cuba decretó el voto femenino sin condiciones, como ya dijimos, en 1934.

Antes también se legisló por la España Republicana, en 1931.

Sin embargo, bien sabemos que los derechos femeninos no solamente están sustentados por el derecho al voto.

El derecho más importante de toda mujer, como de todo hombre, es el derecho a la vida, y ese se ha conquistado solamente en Cuba con el advenimiento de la Revolución.

¿Acaso es necesario decir cuáles son los derechos que hoy tienen las mujeres cubanas? Tienen todos a los que puede aspirar cualquier mujer en el mundo actual.

Esperemos que en los próximos años las niñas de hoy puedan disfrutar todos los derechos que les otorgue la sociedad en que vivimos, y no se recuerde nunca, en un 8 de marzo, los que les falten por obtener.


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