Comandante en Jefe, en tu Aniversario: ¡Seguimos y seguiremos venciendo!


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¿Dónde estás mi Comandante?

Necesito verte, escucharte,

necesito tu sonrisa,

tus exigencias, tus noches de desvelo

junto al pueblo;

necesito tus enseñanzas en diálogos y discursos profundos, humanos,

al lado de Aquel a quien elevaste

en semblanza de juventud Centenaria,

con la fuerza invencible de su vida y su obra:

nuestro José Martí.

Necesito, una vez más,

tu inefable caudal humano,

de cubano revolucionario, de Líder de todos y para todos los tiempos.

¿Dónde estás, mi Comandante?

Estoy en Las Coloradas desembarcando, junto a valientes

y junto al más grande Héroe cubano del siglo XIX,

para renacerlo.

¿Dónde estás, mi Comandante?

Estoy en cada machete mambí

alzado en la mano digna de cada caído;

estoy en la discreción y valentía

de cada combatiente silencioso.

Estoy en la impronta de cada uno,

de cada página de la Historia

que seguimos escribiendo.

¿Dónde estás mi Comandante?

Estoy en las montañas serranas,

en Los Andes,

en las selvas bolivianas,

en el río Ñancahuazú,

en la escuelita de La Higuera,

en el pensamiento e imágenes de aquellos quienes más que íconos,

como el Che, sus compañeros y tantos otros.

son y serán cada vez más invencibles

en la historia secular de nuestras tierras sufridas, explotadas,

¿Dónde estás mi Comandante?

Estoy cabalgando junto a Martí.

en aquel caballo regalo-ofrenda

de un hijo negro de esta tierra:

de José Maceo, héroe,

no menos grande que Antonio.

Estoy y estaré en aquel tanque

al que no querían que subiese

y al que yo, ¡!coño!!, subí,

porque el cuerpo y el ejemplo del Líder

siempre irán al frente.

¿Dónde estás mi Comandante?

Estoy en las reuniones de grandes y pequeños,

de valientes nobles y honestos,

y de miserables e hipócritas serviles.

Estoy y estaré debatiendo y acusando

el lenguaje de una diplomacia simuladora y egoísta,

estaré acallando a todos los que se vanaglorian de ella

y que continúan sembrando, en su lugar,

el lenguaje del dominio imperial.

Estoy y estaré en cada tribuna

defendiendo las aspiraciones y derechos

 de los humildes, de los desposeídos,

y en las filosofías, plumas y voces

de los constructores de genuinas identidades y culturas.

¿Dónde estás mi Comandante?

Estoy y estaré siempre en las Naciones Unidas

Acusando, con potente voz, las maldades de un grupo de vendepatrias,

la riqueza de los desenfrenados,

la orgía sangrienta de los cobardes.

Y, ante todo, enarbolando la palabra de Cuba, de mi pueblo, por siempre y para siempre en Revolución.

¿Dónde estás mi Comandante?

Estoy y estaré siempre allí

defendiendo a quienes con su sudor aman y construyen,

al lado de los niños sin pan,

de las madres y mujeres maltratadas,

de los ancianos desamparados de todo el mundo.

Estoy y estaré ofreciéndoles,

las experiencias de lo mejor y más genuino de mi pueblo:

su belleza de corazón y amor solidario.

Nunca los abandonaré.

Me tienen y tendrán siempre,

muy, muy cerca de ustedes y sus familias.

Junto a cada pequeño de círculo infantil,

aguardando a cada estudiante a la entrada de cualquier

escuela

para saber, con sumo interés, cómo van los estudios

y cómo deben comportarse para llegar a ser como aquellos

a los que aspiraba el Hombre de La Edad de Oro.

Estoy y estaré en cada universidad con sus puertas siempre abiertas

para aquellos jóvenes de mentes sanas e inteligentes,

mas, no así, para oportunistas y sietemesinos.

Estoy y estaré al lado de cada mujer, de cada madre que,

forjada en el recuerdo de Vilma,

ame a su hijo y esté dispuesta a cuidarlo,

a protegerlo;

a hacer de él un hombre de bien para su Patria.

Estoy y estaré en el pensamiento,

en la ideología, en la poesía

de intelectuales honestos y revolucionarios;

de artistas creadores y conscientes;

en la plenitud y guarda imperecedera

de nuestra Cultura nacional.

Estaré en el ritmo del trabajo

de cada obrero, de cada campesino,

de cada trabajador de bien de este país.

Estaré junto a la voluntad y amor intenso

a la palabra Revolución;

a la necesidad, hoy más urgente que nunca,

de protegerla, de defenderla, de extenderla en enseñanzas a cualquier punto cardinal;

de continuar junto a ella,

con más fuerza y valentía,

sin ajuste de compromisos con elementos foráneos y recalcitrantes

imbuidos en menesteres con

apego a dinero, intereses oligárquicos

y exorbitantes riquezas.

 

¿Dónde estás y estarás por siempre y para siempre, mi Comandante?

En aquella paloma posada sobre mi hombro

que algunos aún atribuyen

una enviada de dios.

Mas, no es así…

En las acciones que tú y todos realicen

por el bien de este país, de este pueblo,

por mejorar y enaltecer lo bien hecho

en la labor cotidiana;

en cada compromiso revolucionario

que es igual a engrandecer

nuestra riquísima Historia…

En la irrevocable lucha de un revolucionario

de cualquier punto de este planeta;

en la filosofía de protección y cuidado

de nuestro medio ambiente

para que no perezca el hombre como especie.

Y, en especial:

en nuestro ejército de batas blancas,

en nuestros profesionales de la Medicina cubana;

ejército de hombres y mujeres

armados por su disposición a brindar servicios y apoyo desinteresado en cualquier rincón del mundo…

Te digo y estoy convencido que:

de cada triunfo y de cada revés,

emergerá una enseñanza y un ulterior proceder, con mucha más fuerza y unidad revolucionaria.

¡Hasta la victoria siempre!

¡Seguimos y seguiremos venciendo!


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