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Cristo Hoyos: brisas de "Silencio" desde Sahagún a Cuba


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Cristo Hoyos.

El Caribe colombiano, la violencia, la historia, la indagación constante y el compromiso social. Podría afirmarse que son estos los ejes sobre los cuales se ha movido el sentido de la creación en Cristo Hoyos. Artista visual, investigador, curador, historiador y académico en las cátedras de Dibujo, Diseño, Pintura e Historia del Arte en Colombia, llegó a Cuba recientemente para exhibir en la Galería El Reino de Este Mundo, de la Biblioteca Nacional, una de sus muestras más reveladoras: Silencio.

Su quehacer artístico se basa en estudios socio-históricos previos. De ahí que sus series Silencio (1996-97), De cerca y Bordes (2000), Uré, Pezuñas y Bahareque (2003), Cuadros vivos (2008-2011) y Silencio/Coronas de azucenas (1999-2014), afirmen sus preocupaciones por la memoria histórica, el autodescubrimiento, las ritualidades y los mestizajes.

Se mueve cómodamente entre el dibujo, la pintura, la fotografía y la instalación, y es capaz de mixturar en una pieza varias técnicas y lenguajes. Su obra ha estado expuesta en Nueva York, Santo Domingo, Bogotá, Caracas, Asunción, Puebla, Antioquia, Cali, Barranquilla, Santa Marta y Cartagena.

De él ha expresado su coterráneo, el escritor Andrés Elías Flórez: “Pinta porque le nace, porque nació con la vocación de artista. De maestro del arte. Pinta por la pasión que siente al hacerlo. Por ello sus exposiciones son así. Novedosas. Raras. Singulares… entrega en ellas lo que siente y sabe. Lo que desea encontrar y desea dar. Suelta lo que acumula de su experiencia de pintor, historiador, educador e investigador. (…) Además, le preocupa el entorno. El contexto social de las cosas. Por tanto, sus exposiciones tienen un alto contenido social. Pero esas cosas, a veces, no están dichas a flor de piel. Van por dentro. En el contenido. El espectador tiene que bucearlas. O juntarlas. O cotejarlas… sumergirse en la obra o sacudirse y explicitarse frente a lo que expresa y le comunica el autor”.

Aprovechando su estancia en Cuba, dialogamos con el creador colombiano, buscando explorar en los resortes internos que han marcado su trayectoria artística.

La condición de haber nacido y crecido en el Caribe colombiano, además de su formación como historiador, han sido dos factores determinantes en los rasgos tipificadores de su obra plástica…

Soy el artista típico colombiano que se fragua a partir de los años 80 de una manera tardía. Primero estudié Historia y luego empiezo a incursionar en el arte. El desarrollo de mi trabajo estético ha estado muy marcado por esa visión humanista de formación en el campo de la historia, la etnografía, la arqueología, la antropología, la sociología y la economía. A estas alturas no sé si para bien o para mal, porque los artistas puros hoy día no creen necesarios esos ingredientes dentro de la estética. Sin embargo, existen otros que no separamos la expresión de la condición personal y el contexto social, el cual creemos totalmente necesario.

Yo me he desarrollado entre esas dos posturas, pero he terminado siendo fiel a mi posición de humanista, sobre todo cuando nos acechan las reflexiones de qué sentido tiene el arte y para qué sirve. Esas cuestiones han sido la impronta en todo el desarrollo de mi trabajo. También ha influido mi condición de no ser artista de una metrópoli, sino nacido en una provincia y en un pueblo del Caribe colombiano, Sahagún, Córdoba, que oía más las emisoras cubanas que las del interior del país. Crecer en un pueblo marcado por un contexto social muy particular no lo he podido superar. Puedo estar en cualquier parte del mundo, pero mi obra mantiene el sello de lo popular, lo regional, lo pueblerino, lo provincial. No soy un artista que haga parte de un circuito internacional de arte ni trabajo con galerías. Mi obra no es comercial, lo que hago es investigar.

En ese sentido, varios de sus estudios sociológicos e históricos han sido fuente de inspiración para el desarrollo de una obra artística posterior…

Mis investigaciones tienen mucho de estética, pero también mucho de la condición, de qué somos nosotros dentro de esta gran cuenca a la cual pertenecemos, pero de la cual hemos estado de espaldas.

La serie Pezuñas surgió de una investigación que hice sobre un palenque donde han convivido tanto los negros de origen africano como los indígenas precolombinos de mi país. Ese palenque es un laboratorio muy especial de expresiones que incluyen gastronomía, música, cantos, tejidos, diseño, y todo eso lo llevé a la parte artística. Hice una instalación en el Museo de la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá, que consistía en una cenefa de 70 piezas conformando un zócalo a ras de piso donde se trabajaba la pezuña del ganado.

Esta era apenas el pretexto para señalar un elemento importante en la vida e historia de mi país: la tierra, el móvil que ha llevado a Colombia a todo, a lo bueno y a las circunstancias dolorosas en que vivimos. La tierra es el motivo de la investigación y la historia para mí. Si tocamos temas como la independencia, la abolición de la esclavitud, las culturas hoy día, tenemos que abordar el tema de la tierra.

También trabajé las construcciones que en mi zona se llaman de cerca: son las cercas de palo que establecen los linderos y límites de la propiedad de la tierra. Concebí una obra casi abstracta, aunque yo soy un artista figurativo, pero era tal la continuidad y la secuencia de esas cercas interminables que se convertían en un obstáculo, permitiendo, a la vez, ver más allá. Con esto quise reflexionar sobre cuáles son los límites: por qué y para qué. Cuáles son los límites de una persona que vive en una isla como la de Cuba y cuáles son los que tenemos los ciudadanos del mundo, sobre todo los latinoamericanos, para no alcanzar muchas de las cosas que deberíamos tener. Allí entran en juego los límites de los derechos, de las personas y su mentalidad.

En su serie Silencio, se vale de la técnica serigráfica para crear un conjunto de coronas de azucenas, a primera vista similares, pero diferentes de acuerdo a los elementos que las acompañan y evocan instantes distintos del duelo, la muerte y la violencia. ¿Cómo surgió la idea de exponer estas obras en Cuba?

El nacimiento de esta muestra fue muy particular. Hace 15 años, España, con el apoyo de muchos países que luego conformaron la Unión Europea, hizo en Colombia un evento para hablar de la violencia y lo devastadora que había sido la guerra durante 60 años en mi país. En esa ocasión, a mí se me ocurrió hacer unas coronas de lirios y azucenas como si estuviéramos en un cementerio. El evento duró tres días y pasó sin mayor trascendencia. Yo recogí las coronas y las guardé. Hace dos años las retomé adosándolas con algunos símbolos para ubicarlas en un contexto más definido. Entonces, empecé a hacer la serie actual que consta de 60 piezas. Aquí trajimos 20 como parte de distintos momentos: unas tienen soportes de madera, sogas y elementos muy fuertes como las varillas de hierro y los alambres de púas, y otras poseen objetos decorativos como cintas de navidad, victorianas, etc.

La expo surgió como parte del proyecto que tiene Colombia de promoción de la cultura en el exterior, pero debo decirte que se relaciona más con el conocimiento de nuestro embajador Gustavo Bell, quien es además historiador y el primer Embajador de Colombia en La Habana que es del Caribe, no de los Andes. Él sabía qué clase de artistas deberíamos venir, artistas que además hemos estado apegados a Cuba y a La Habana porque compartimos el mismo litoral. Lo que más me emociona de este evento es que las circunstancias y el contexto en que estamos aquí en La Habana es propicio para la obra que traemos, por las conversaciones entre el gobierno y las FARC.

Usted es de esos artistas que no gusta de decantarse por una técnica en específico, sino que prefiere experimentar y adentrarse en diversas formas de hacer…

Soy también transgresor en eso. En esta obra que vino aquí trabajé un óleo clásico, académico, sobre una impresión serigráfica para lograr piezas que son fuertes desde el punto de vista conceptual, porque es imposible al apreciarlas no pensar en el mausoleo, en la bóveda, en la tumba, en la muerte, en el duelo y el dolor.

En la serie Uré, Pezuñas y Bahareque trabajé al óleo, pero también hice ensamblajes artesanales porque utilicé el bahareque, que es una técnica para la construcción ancestral de la vivienda nuestra. Eso no encaja dentro de una estética sofisticada hoy día, sin embargo, pude mostrar esa serie en Colombia, México, Venezuela y República Dominicana.

También he incursionado en el acrílico, el grabado y el dibujo, y me siento muy bien fusionando técnicas. Le doy más importancia al contenido, que puede ser la falla con relación al arte contemporáneo. Algunos piensan que el contenido no debe tener tanta fuerza, pero para mí es el móvil de la investigación, como te decía, no lo puedo dejar fuera. Casi todo mi trabajo estético fluye después de una investigación, ahí hay una manera distinta de pensar y presentar las cosas.

¿Cómo percibe el arte colombiano contemporáneo?

El arte colombiano hoy goza de buena acogida, como le sucede al cubano, pero nosotros siempre estuvimos un poco más rezagados que Cuba, Brasil, México… Por algunas circunstancias Cuba logró volverse muy visible en el mundo; creo que en eso influyeron muchos aspectos: el énfasis en la educación y la cultura, la Bienal de La Habana, han propiciado que los artistas cubanos sean muy apreciados en el mundo. En Colombia han surgido una serie de artistas de calidad que están posicionados en el circuito de arte internacional, pero la mayoría de ellos ha tenido de base las condiciones y el contexto de la sociedad colombiana.

A lo largo de nuestro diálogo ha mencionado varias veces a Cuba… ¿Había estado aquí anteriormente?

Nunca había venido, y lo lamento mucho estando tan cerca y sin tener ningún obstáculo de lengua y de cultura; aquí me siento en mi tierra. Escuché mucha más música cubana que del interior de mi propio país; la música cubana me llegaba, yo nací oyéndola. Escuchaba mucho a María Teresa Vera, que es la pionera, esa cantante con guitarra en mano y de patios, popular… con esa música crecí. También la danza, quién no conoce a Alicia Alonso en el mundo, pero no solamente eso, la literatura, las artes plásticas, para nosotros Cuba es un referente muy importante. No hay ningún país que supere a Cuba y ostente ese liderazgo y esa fuerza cultural en toda la cuenca del Caribe, aún con circunstancias más favorables que hemos tenido.

 


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