Fabio Grobart en tres tiempos


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I

No se llamó Fabio Grobart desde un principio.

El niño Abraham, o Avreml, nació en una familia muy pobre de la aldea de Trzciany, Polonia, cerca de Bialystok y casi en la frontera con Lituania –perteneciente entonces al Imperio Ruso–, un 30 de agosto de 1905. Era zona de proletarios judíos en su mayoría, proclives a movilizarse y protestar por el ejercicio de sus derechos. Al estallar la Primera Guerra Mundial, conminados por la búsqueda de mejores oportunidades de vida y huyendo de la persecución a los judíos, sus padres deciden trasladarse a Bialystok, y el niño Abraham puede asistir a una escuela hebrea; pero al quedar huérfano, con 9 años de edad, se ve obligado a mudarse junto con sus hermanos a casa de una tía materna.

Allí, en Gonyodz, cerca de la fortaleza de Ossovietz, comenzó a trabajar como aprendiz de sastre, y sirvió como repasador de aritmética y religión judía para los hijos de algunas familias de mejores condiciones económicas; sobre los 15 años tiene que dejar de estudiar y se coloca como aprendiz en la confección de calzado; fue víctima de la cruda represión y explotación hacia el obrero, y eso lo conmina a dejar el trabajo; pero también conoció y fue partícipe del recurso de la huelga como estrategia de lucha y la formación de sindicatos clandestinos.

Esos antecedentes de la situación política y social de Polonia, más el descubrimiento de Marx en las lecturas y el influjo de la Revolución de Octubre, el ver por primera vez al Ejército Rojo y a los más humildes entonar la Marsellesa y la Internacional, conforman resolutivamente su ideología comunista.

El joven Abraham se incorpora a la Liga Juvenil Comunista de Polonia, de la cual es nombrado secretario provincial en Biaystok; cumple desde la clandestinidad diferentes misiones, hasta que la persecución policial se hace intolerable, tiene que esconderse con ayuda de su tío, y con un pasaporte falso, a nombre de Avreml Simjovitch, viaja a la ciudad bielorrusa de Grodno, en el límite con Polonia. Allí se vincula a la juventud comunista local, y dicta clases y conferencias para la formación política de sus militantes, entre ellos una buena parte de activistas judíos, por lo cual es nuevamente perseguido; con el apoyo de otro de sus tíos, sobreviviente de la Revolución Rusa residente en Canadá, de su hermano y del Partido Comunista, obtiene nuevos documentos y cruza la frontera polaca, rumbo a Alemania, y de ahí a Rotherdam, Holanda. El verdadero destino, Cuba.

II

Estamos a mediados de 1924.

Tras una corta escala en Haití, llega el joven a La Habana.  Forma parte, pues, de los primeros polacos que entraron como exiliados al país; el mayor reto, el idioma. Además de trabajar en un taller de calzado y en una sastrería de sus coterráneos, se incorporó activamente a la Sección Hebrea vinculada a la Agrupación Comunista de La Habana, y su vinculación con el movimiento obrero le permitió confraternizar con personas que marcarían su vida para siempre: Carlos Baliño, uno de los precursores más lúcidos del pensamiento marxista cubano y fundador junto a José Martí del Partido Revolucionario Cubano; y Julio Antonio Mella, el más auténtico líder estudiantil de su época, revolucionario de talla mundial.

Con ellos está en el momento de la fundación del primer Partido Comunista de Cuba, el 16 de agosto de 1925. Con Mella, en 1928, organiza la Liga Juvenil Comunista. Para poder asumir sus responsabilidades de manera encubierta adoptó diferentes pseudónimos: Yunger Semjovich, Otto Modley, Aaron… definitivamente, Fabio.

Su labor revolucionaria le permitió confraternizar con Rubén Martínez Villena, jefe reconocido de la clase obrera cubana y abogado asesor de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), de quien fue colaborador y amigo. Y su estadía en prisión en el Castillo del Príncipe tras las concentraciones obreras del 1 de mayo de 1930 hizo posible una relación de pensamiento y amistad para toda la vida con otro de los grandes políticos y dirigentes revolucionarios de Cuba: Blas Roca Calderío.

En 1932, acogido a una amnistía tras cinco meses de cárcel, Fabio Grobart sale a las calles, pero muy rápidamente es arrestado y expulsado del país por la dictadura del “asno con garras”, Gerardo Machado. Cinco años después, de nuevo en tierra cubana y aprovechando el corto periodo de legalidad del Partido, desempeñó importantes responsabilidades, entre ellas la secretaría de Organización.

En 1944 el Partido Comunista cambia su nombre por el de Partido Socialista Popular, y en 1951, para evitar la persecución y posible asesinato que pendía sobre él y otros muchos comunistas, le es asignada a Fabio la tarea de representar al PSP en la Federación Sindical Mundial; desde su cargo pudo promover la solidaridad internacional con la lucha de los cubanos contra el dictador Fulgencio Batista. Estuvo como exiliado en Budapest, Praga y Viena; y en 1952 –bajo el pseudónimo de Alberto Blanco– fue designado para atender a los sindicatos de América Latina, lo cual le posibilitó una estrecha relación con importantes líderes obreros de la región durante nueve años.

Allí, en el extranjero, recibe la anhelada noticia: ha triunfado la Revolución Cubana.

III

Sus responsabilidades no le permiten regresar de inmediato. En 1960 recibe a Raúl y al Ché en Checoslovaquia, y comenzando 1961, ya en Cuba, es su primer encuentro con Fidel. De ese momento en adelante, se entrega por completo a las tareas emanadas por la Revolución.

Se incorporó al trabajo como miembro del Comité Nacional del Partido Socialista Popular, y fue director de la revista Fundamentos, hasta la constitución del Partido Comunista de Cuba en 1965, en el cual fue integrante de su Comité Central hasta el IV Congreso, en 1991; tuvo el privilegio merecido de presentar a Fidel como Primer Secretario en los tres primeros Congresos. Representó a su pueblo cubano como diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, y fue miembro del Consejo de Dirección de la Revista Cuba Socialista y Director del Instituto de Historia de Cuba. En 1985 le fue otorgada la distinción Héroe del Trabajo de la República de Cuba por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Administración Pública (SNTAP).

La longevidad le permitió vivir uno de los momentos más duros para su generación, ser testigo de la caída de la Unión Soviética; y una de las mayores satisfacciones, ser partícipe directo del proceso revolucionario en Cuba. Al fallecer en La Habana el 21 de octubre de 1994, a los 89 años de edad, se inmortalizó para la Historia uno de los más transcendentales luchadores comunistas: Favio Grobart.


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