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Itinerario Bienal: Proyecto Zona Franca


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Franquicia en Zona Franca

Sin precedentes la megaexposición de arte cubano contemporáneo titulada Zona Franca, ubicada en  el Complejo Morro-Cabaña, como principalísima muestra colateral de la Duodécima Bienal de La Habana. Banderas magenta y blancas y carteles magenta y negros anuncian, a través de toda la ciudad  con un diseño muy atractivo, el trayecto de esta gran muestra que reúne a un total de 240 artistas, bajo la curaduría general de Isabel Pérez.

Pero este privilegio, dispensa  y concesión que aporto la idea central para la selección diversa de lo creado por nuestros artistas en la última década, con obras incluso concebidas para esta Bienal, nos da la medida de las líneas de trabajo en las que ha incursionado la plástica cubana en los últimos años. Zona Franca presenta una diversidad creativa que va de los más disímiles soportes y tendencias discursivas, abarca el quehacer de todas las provincias del país y expone lo hecho por integrantes de generaciones heterogéneas  con el objetivo de ofrecer las visiones complejas y plurales de su entorno y de lo que sucede más allá de las fronteras del país. Isabel Pérez ha referido en varias ocasiones que el concepto bajo el que se preparó esta megaexposición tuvo en cuenta los perfiles  trabajados por nuestros creadores sobre la historia, la identidad , la memoria individual y colectiva, los problemas actuales de la comunicación  e incomunicación entre los seres humanos, la insularidad, así como las trabas que enfrenta la propia contemporaneidad. 

Más de ciento diez artistas tienen allí sus muestras personales, mientras alrededor de veinte se vinculan a exhibiciones colectivas. Sin lugar a dudas, Zona Franca es algo que no debemos perder de vista y que hay que admirar con una visión plural y desprejuiciada. No es algo para ver y pasar, hace falta detenimiento y tiempo para apreciar a profundidad. En bienales anteriores, el Complejo Morro Cabaña fue empleado como centro principal de exhibición, pero si  a su favor ha estado la amplitud de las naves y el encanto del lugar, siempre ha tenido en contra la lejanía de la ciudad y la imposibilidad de llegar allí con inmediatez. La estrategia de una línea de transporte para alcanzar sus inmediaciones, como ocurre durante las Ferias del Libro, hubiera sido una solución efectiva para que una mayor cantidad de personas pudieran observar lo mejor de las artes visuales de hoy en nuestro país. Sin embargo, esta megaexposición que ha estado acompañada de un megaesfuerzo por sus organizadores no ha tenido toda la asistencia de público prevista, precisamente, por las dificultades del acceso.

Y es una verdadera pérdida porque la visita merece la pena para conocer por donde va el arte contemporáneo Hecho en Cuba. La posibilidad de que artistas de la plástica de otras provincias rompan el fatalismo geográfico que a veces impide que sus obras sean apreciadas fuera de sus fronteras, al mismo tiempo que dar el espacio merecido a muy jóvenes creadores con un talento que despunta, es una oportunidad  que ha brindado, en esta Duodécima Bienal, el Proyecto Zona Franca.

Un sentido…

Pero ante tanta obra no hay imprecisiones, la curaduría está bien urdida, nada desentona, todo fluye de manera natural y ayuda a valorar el contenido de las obras. Un diseño gráfico muy  estructurado promueve la exposición por toda la ciudad, la  que cuenta con grandes figuras, entre ellos, los recientes Premios Nacionales Eduardo Ponjuán y Lázaro Saavedra. Otros, también muy reconocidos como Ernesto Rancaño, Esterio Segura y Roberto Diago, junto a representantes de una generación anterior como Roberto Fabelo, Nelson Domínguez, Manuel López Oliva y Lesbia Vent Dumois,  comparten el espacio con una muy joven generación entre los que destacan Sandra Ramos, Iván Capote y Abel Barroso, por mencionar algunos.

Zona Franca permite la confrontación, el discernimiento, las rutas escogidas por el arte que se hace en la Isla. En ella conviven múltiples generaciones,  diversas tendencias, estilos y soportes, que posibilitan la mirada plural de cómo se ha  tejido el entramado de las artes plásticas en los últimos años del presente siglo. Zona Franca, desde su magnitud, hace un llamado a la necesidad de conformar  el museo de arte contemporáneo que aún no tenemos.   


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