Locución cubana: el reto de no renunciar a la herencia


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Sexto Taller Científico Nacional de la Locución en Camagüey

Entre el 3 y 6 de marzo, la  Sección de Locutores de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la UNEAC, desarrolla el Sexto Taller Científico  Nacional de la  Locución en Camagüey, valorada como una Ciudad Histórica de la Locución, según se lee en la convocatoria de la cita.

En el evento participan locutores de todo el país, periodistas, investigadores, historiadores, críticos, comunicadores sociales, entre otros. Motivados por este acontecimiento, reflexionamos un poco sobre la locución en Cuba, una profesión admirada y que en nuestro país cuenta con un sinnúmero de excelentes profesionales.

PROFESIÓN DE ESMERO

Ser locutor o locutora en Cuba es una suerte de jerarquía social o algo parecido. Las personas asocian al locutor como el ser inmaculado, incapaz de cometer errores, al menos a la hora de hablar, o como el diccionario ambulante: llenos de vocablos desconocidos.  Muchas veces el locutor pasa a ser, según el lugar de residencia, un gurú de la gramática y el buen decir.

Sin embargo, cuando la imagen y la voz trascienden las fronteras y se rompe con el anonimato, las responsabilidades aumentan, a tal punto que el miedo al equívoco, la palabra mal dicha o incorrectamente pronunciada, tocan a la puerta constantemente.

Un error en televisión o en la radio es capaz de provocar noches de insomnios a más de un profesional de la voz. Las tensiones son generales y diferentes. Está demostrado que sólo el estudio constante sigue siendo para un locutor su mejor arma.

Ahora bien, ¿quién asegura que en la locución no se descubren, diariamente, estilos distintos a los estudiados en la Academia? ¿Por qué negarse o mostrar resistencia a las variaciones en los tonos, las interpretaciones, la alegría, el entusiasmo o la seriedad ante una nota?

¿Cómo se puede palpar, contar o si se quiere tener entre las manos las emociones  que se experimentan  mientras la mente, la mirada, los nervios y todo el cuerpo se sumergen , por ejemplo, en una noticia de impacto internacional? ¿Quiénes prohíben: los viejos, los jóvenes o los que nadan fuera del mar?

Ser locutor va más allá de la buena imagen y está muy lejos de las voces añejas que nuestros abuelos disfrutaron en los años cuarenta y cincuenta. Ser locutor es un gran compromiso para toda la vida.

HÁBLAME COMO SOY…

Uno  de los más importantes y populares locutores de Cuba, José Antonio Cepero Brito, expresó: La locución depurada se puede lograr con buena voz, dicción y técnica.

(Lea: Un hombre que usaba una guayabera por dentro. Entrevista de Josefa Bracero Torres publicada en el libro Otros Rostros que se escuchan. Editorial Letras Cubanas).

Estamos frente a la opinión de un hombre que marcó un estilo difícilmente repetido por algunos y le imprimió a la locución cubana aires de renovación. Sin embargo,  el Maestro Cepero se circunscribe sólo a tres aspectos para que la locución sea “totalmente” depurada: buena voz, dicción  y técnica.

Aplicar tal criterio hoy no sería del todo un error, teniendo en cuenta que las normativas de la locución cubana descansan en estos troncos. Pero la contemporaneidad nos dice que un locutor cubano exige más que estos tres elementos expuestos por el recordado profesional.

Creemos que los cambios u olvidos (provocados o no) de un lenguaje sencillo y la inserción de extranjerismos tomados de televisoras internacionales, complejiza el ejercicio de la locución en Cuba.

Valorando otros aspectos, consideramos que más allá de la voz, la dicción y la técnica, un locutor debe estar sumergido de manera total en los principales acontecimientos del país en el que vive y saber, al menos, los hechos más divulgados del mundo al que pertenece.

Resulta inadmisible escuchar a ciertos profesionales repetir (con buena voz, técnica y dicción) grandes disparates. Algunos intentan “comentar” hechos o se refieren a personalidades de las artes sin saber el más mínimo detalle de esa persona.

A la hora de la improvisación es horrible oír a un locutor repetir, una y otra vez, las mismas palabras, las mismas frases, sólo porque no ha querido(o nadie se lo exige) informarse antes de entrar al estudio o porque no valoran la importancia de esta carrera. 

Otro fenómeno muy visible hoy, es la mala selección de profesionales del lenguaje para programas de televisión y de radio. La total responsabilidad recae en los directores. No siempre, por ejemplo, los mejores actores conocen las técnicas de la locución o el cómo proyectarse en un espectáculo.

Tal “desastre” se ve en estos días por la televisión cubana.

Sobre este y otros aspectos debatirán los locutores cubanos reunidos en Camagüey. Pensar en una profesión activa y en profesionales dispuestos a la polémica, demuestra que este arte se mantiene vivo en nuestro país, caudal de excelentes profesionales.


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