Nisia Agüero: una personalidad imprescindible para la cultura cubana


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El 3 de junio de 1935 la ciudad de La Habana vio nacer a una niña mestiza que nadie se atrevió a predecir que sería una personalidad imprescindible para la cultura cubana: Nisia Agüero. A sus 85 años, se percibe en ella una juventud eternizada en su espíritu y su imagen al vestir, andar y conducirse. Definitivamente, Nisia es una muchacha de ocho décadas y media.

Pero en esa eterna juventud hay también –y no es contradicción– una madurez temprana. Concluyó el bachillerato y estudió nada menos que cuatro carreras en la Universidad de La Habana antes del triunfo revolucionario de 1959: Servicio Social, Licenciatura en Derecho Diplomático, Licenciatura en Derecho Administrativo y Doctorado en Ciencias Sociales; fue presidenta de la federación estudiantil Universitaria (FEU) de los estudiantes de Servicio social en la escuela de Pedagogía y Ciencias Sociales, integró también el Coro Universitario y para completar su preparación artística, estudió Piano en el Conservatorio Falcón, que estaba ubicado en la calle F y 3ra., del Vedado y Declamación con la maestra Coralia de Céspedes.

Tuvo una vida revolucionaria activa en sus años estudiantiles y juveniles compartida con Fidel Castro, Alfredo Guevara, Ricardo Alarcón, Ana Echegoyen y los compañeros del Directorio Revolucionario 13 de marzo.

Una anécdota me contó sobre el racismo en aquella república que hoy reconocemos en su carácter neocolonial. Ocurrió en 1951 cuando Nisia contaba 16 años de edad y era presidente de la república el doctor Carlos Prío Socarrás. Este se propuso –o al menos así lo declaró– trabajar en función de enfrentar la discriminación racial que era impugnada por la Constitución de 1940 y a la sazón hizo un llamado al respecto.

En consecuencia, varios propietarios de grandes tiendas por departamentos de la capital, decidieron emplear como dependientas a algunas mujeres negras –en la época, al decir negras, se incluían las mulatas- pues esas funciones la realizaban exclusivamente mujeres blancas. Se hizo una convocatoria por las tiendas “El Encanto”, “Fin de siglo” y otras y se presentaron las candidatas y entre ellas, algunas fueron contratadas entre ellas, Nisia, en “El Encanto” y allí evidenció discriminaciones de todo tipo: mujeres blancas “de la alta sociedad” que se negaban a ser atendidas por dependientas negras y caballeros que les hacían propuestas deshonestas e insinuaciones de cualquier tipo, entre otras cosas.

Antes de 1959, Nisia también trabajó en la Audiencia de La Habana desde sus días de estudiante de Derecho y al triunfo de la Revolución pasó al Ministerio de Bienestar Social y entre 1960 y 61 fue enviada a trabajar a Santiago de Cuba, la capital de la entonces provincia de Oriente, atendiendo la comunidad Nuevo Vista Alegre enfrentando, como trabajadora social, las prácticas de prostitución, pobreza y drogadicción entre otros males.

En lo adelante trabajaría varios años junto al doctor Mario Escalona Reguera, viceministro de Salud Pública, siendo Jefa de Asistencia Infantil, atendiendo a las embarazadas y los bancos de leche además de otras cuestiones, una especie de antecedente del actual Programa de Atención Materno- Infantil (PAMI).

En 1967 parte a México a trabajar en un programa de desarrollo de comunidades y posteriormente a la Organización de Naciones Unidas (ONU) para la esfera de Hábitat. De regreso a Cuba, dirige, a partir de 1980, el Centro de Control y Desarrollo de Comunidades y más tarde, comienza a trabajar junto al doctor Armando Hart Dávalos, ministro de Cultura. Atiende CODEMA (Consejo de Esculturas Monumentarias), la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA) y el Fondo Cubano de Bienes Culturales.

En 1990 es nombrada directora del Teatro Mella y posteriormente del Teatro Nacional de Cuba hasta que en el 2005 es nombrada Vicepresidenta del Consejo nacional de Casas de Cultura, desempeñando esa función durante diez años y en 2015 pasa a trabajar en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Entre lo más preciado que guarda Nisia en su corazón está su entrañable amistad con Elena Burke, José Antonio Méndez, Bobby Collazo, Mario Fernández Porta, Berta Velázquez y Pacho Alonso, corriendo el riesgo de olvidos imperdonables según declaración de nuestra encuestada.

Muy querida y multipremiada, pero en su humildad y modestia ella prefiere no referenciar sus galardones que son muchos, aunque con orgullo de cubanísima no puede ocultar su alegría cuando en ocasión de este último 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, fue felicitada personalmente por el presidente de la república.

¿Cómo conceptualizar a una mujer tan versátil? Sencillamente no se puede encasillar en algo específico. Trabajadora social, jurista, promotora cultural, directora artística, mujer, madre, maestra… Es miembro de la UNEAC y de su Comisión José Antonio Aponte y lo que sí no da lugar a dudas y es por donde comenzamos desde el título de este artículo: una personalidad imprescindible para la cultura cubana.

 


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