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Predicciones climáticas en el imaginario rural cubano


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El guajiro cubano conoce bien, desde ancestrales tiempos sobre la interpretación de la presencia de neblina y la dirección de los vientos.

Las civilizaciones más antiguas del mundo, poseían determinadas experiencias y sapiencias prácticas acumuladas por generaciones, las cuales permitirían a ciertos grupos sociales incorporar pericias y aptitudes, relacionadas con las predicciones de los fenómenos climáticos. El imaginario rural cubano contiene abundante repertorio de estos saberes tradicionales, transmitidos de forma oral de una generación a otra; enriquecidos a través de los años con elementos culturales de otras etnias y pueblos. Legado que ya se va borrando de la memoria popular, al no ser admitido a las nuevas formas de adquisición y transmisión del conocimiento.

Existe constancia histórica que cinco milenios antes de nuestra era, ya se realizaban habitualmente predicciones climáticas en base a observaciones y experiencias prácticas.  Habitantes de la antigua región de “Sumeria, en la porción baja de Mesopotamia, eran capaces de predecir la cantidad de lluvia concedida al año próximo, observando la forma de las nubes y el movimiento de los astros. En el continente americano, las etnias mayas, aztecas y aymarás entre otros pueblos, también realizaban este tipo de predicciones, de la misma manera que aun la practican indígenas, mestizos y campesinos de México; Centroamérica; Venezuela y República Dominicana”. (1) Gracias a los antecedentes aborígenes, hispanos, africanos y asiáticos, que influenciaron en la formación de la nacionalidad cubana, nuestros campesinos han transmitido de bocas a oídos por generaciones, este saber tradicional que permite predecir el clima y obtener buenos resultados en las cosechas. Pero han sido por demasiado tiempo considerados tales conocimientos, como supersticiones y/o prácticas místicas, de manera que han quedado rechazados por el conocimiento científico y no admitidos por las nuevas formas de adquisición del conocimiento, con lo cual corren el riesgo de desaparecer de la memoria compartida del género humano.

Afortunadamente, antropólogos culturales, pedagogos, lingüistas y sociólogos,  de todo el mundo, junto a otros valiosos intelectuales, investigadores y “cruzados del conocimiento”, están permitiendo la recopilación y conservación de estos métodos tradicionales. La Etnoclimatología, también llamada Etnometeorología, ha venido en rescate de tales sapiencias y permitido enfocarles desde el punto de vista cultural, con lo cual ya es paso de avance e invitación a su preservación. Tomando como base un interesante y bien documentado trabajo del profesor Julio Ismael Martínez Betancourt, biólogo e investigador del Jardín Botánico Nacional de Cuba, aparecido en la prestigiosa Revista Cubana de Antropología, Catauro. (2) Se presentan en este artículo de manera sucinta e inevitablemente ajustada, algunos de los vaticinios que con relación al clima, realizaron por mucho tiempo los campesinos cubanos.

La predicción de “Las cabañuelas”

Se realiza en el mes de enero y consiste en observar y anotar como vienen los días de este mes, con relación las lluvias. Los primeros 12 días, corresponderían a los otros tantos meses del año. “Las cabañuelas al derecho”, implica que el día primero de enero, corresponde al mes enero; el día 2 es febrero; el tres es marzo y así sucesivamente. Pero llegado el día 12, que sería diciembre, deben comenzarse entonces “las cabañuelas al revés”, o “de regreso”. El día 13 viene a ser diciembre otra vez, el 14 es noviembre, el 15 es octubre y así hasta llegar al día 24, que sería enero. De esta manera, observando cada día y anotando sus características en cuanto al tiempo, se adivina como va a venir el año, mes por mes. (3)

La Predicción de “las Cabañuelas” parece tener origen español y fue método profusamente utilizado en los campos de Cuba, desde la época colonial, durante todo el período Republicano, e incluso ya después de la Revolución, por los campesinos más viejos, que a su vez dejaron sus libretas de apuntes a sus hijos y nietos, de los cuales alguno que otro, es posible que aun conserven y utilicen. Pero además hay otro método mucho menos complicado. “Las Cabañuelas” también se pueden hacer con 12 pequeños montículos de sal, sobre una mesa de madera (cada pilada será correspondiente a un mes del año, comenzando por la primera como enero). Con este método, si la sal al siguiente día permanece húmeda, indica lluvia. Por ejemplo: si se humedece el cuarto cúmulo, significa que el mes de abril será lluvioso. Por tanto si es mayor el número de montículos secos, que húmedos, puede decirse que será entonces un año de sequía”. (4)

Pronósticos por conductas de animales e insectos

Cuando en la casa hay muchas hormigas y moscas, es porque va a llover. También los campesinos saben, que “cuando las ranas plataneras cantan, es que viene agua. Si las mariposas diurnas vuelan luego de la lluvia, presagian una tarde de buen tiempo. Y no tienen dudas, que cuando salen las jicoteas de sus escondites, después de un buen aguacero, es porque no volverá a llover”. (5) Así también han podido constatar los hombres y mujeres que hacen germinar las cosechas en los campos de Cuba, que: “cuando las avispas se esconden, es porque se aproxima un frente frío con carga de lluvia. De la misma manera ocurre, cuando las bibijaguas se dedican por horas y horas a transportar hojitas para sus cuevas”. (6)

Oráculos vegetales y animales

Los presagios climáticos basados en el comportamiento de las plantas y algunos animales, tienen también gran antigüedad y fueron en su tiempo, auxiliares muy precisos para lograr buenas cosechas. “De esta manera se sabía, cuando las hojas de yagruma están invertidas (con el envés blanco hacia arriba), es porque sin duda, hay que prepararse para tiempo lluvioso. También, cuando se observen en el cielo, bandadas de aves provenientes del norte, quiere decir que detrás de ellas, de seguro viene un frente frío y cuando van de regreso, es porque ya el invierno se termina allí, de donde vienen. Entre los pájaros migratorios, está el tomeguín de la tierra; el azulejón; el azulejo; la mariposa y otros muchos, que regresan raudos a su lugar de origen. Otros agricultores de la cuenca del Caribe, consideran como signo de lluvia la aparición de las hormigas aladas; el baño de las palomas; el orejeo constante en las mulas y los calambres en los animales”. (7)

El oráculo de la Luna

En este conocimiento empírico del campesino cubano, se vale de una verdadera herramienta auxiliar para las cotidianas labores agrícolas con la percepción de las fases de la luna: “en la luna nueva de marzo y abril, es cuando deben cortarse las estacas de almácigo, con las cuales se van a montar las cercas vivas que rodean parcelas agrícolas y sembradíos. Y en menguante, se cortan los postes que no son para nacer, sino para fortalecer las cercas, o para hacer muebles, casa u horcones, porque, cortados así, no cogen bichos”. (8) También en esta etapa lunar “deben cortarse estacas de plantas para propagar, como los bejucos de boniato, los cangres de yuca. El menguante es además el momento más adecuado para la pesca, es cuando la luna está más oscura y en los cambios de luna paren las reses; si la luna está muy baja, con dos puntas hacia abajo, es señal de lluvia; si el cielo está limpio de estrellas, indica que al otro día lloverá; si está estrellado, habrá buen tiempo. En luna nueva, son más frecuentes las plagas de garrapatas en las reses”. (9)

La neblina y los vientos como indicadores

El guajiro cubano conoce bien, desde ancestrales tiempos sobre la interpretación de la presencia de neblina y la dirección de los vientos: “amanecer con neblina, indica calor; si la neblina se mantiene entrada la mañana, la tarde será muy calurosa (y soleada); la neblina casi siempre trae enfermedades para cultivos como el ajo y la cebolla; así como también es conocido, los vientos fuertes de cuaresma (también conocidos como vientos del sur), traen como consecuencia poca cosecha del mango en el verano y el aguacate, pues con ellos se caerán las flores de los árboles y será pobre la fructificación, además y de seguro, pueden caer frutos en etapa de crecimiento”. (10)

Remedios y prohibiciones tradicionales

Aparejados a estas predicciones y presagios, el imaginario popular heredaba también, de generación en generación, un buen repertorio de remedios para “hacer cesar”, o aminorar los fenómenos climáticos, así como prohibiciones tradicionales para evitar sus consecuencias. Entre estos se encontraban los siguientes: “El arco iris sale para beber agua de la tierra al dejar de llover; cuando se quiere alejar una tempestad, se hace una cruz de ceniza con Guano Bendito y se pone un hacha encima del centro de la cruz; los rabos de nube se cortan con una tijera, o un cuchillo bien afilado; antes de comer mango en temporada, tomar agua de mayo; viernes santo no se barre, ni se come carne, porque la casa se llena de hormigas; cuando las auras tiñosas se unen en un punto determinado del cielo, es señal que  agua o temporal habrá; y si estás lavando la ropa y amenaza con llover, debes salir al patio con un vaso de cristal lleno de agua, con una cuchara provocas un remolino dentro del recipiente y dices —San Isidro Labrador quita la lluvia y pon el sol—. Cuando un ciclón se avecina, los gallos cantan a toda hora sin parar, las vacas corren por el potrero, el cielo se pone rojo y carga de nubes que pasan muy rápido; si se forman lengüetas blancas hacia abajo en el cielo es señal de tornado; en tiempo de ciclón se forman los temporales, el cielo se nubla por varios días, la lluvia es persistente durante el día y la noche y los truenos son sordos. (11)

Predicciones y presagios de un imaginario compartido

En su momento histórico, estas formas tradicionales de predecir el clima fueron bien acogidas. La naturaleza nos habla en su lenguaje sublime y lo hace en todos los momentos de la vida; hay mensajes ocultos en el movimiento de las hojas de los árboles; el color del pelaje de los animales; en el comportamiento de los insectos; las formas de las nubes, los cambios de dirección de los vientos; las influencias energéticas de la luna, y millares de otras representaciones y maneras extremadamente diversas de energías o de sus manifestaciones, que la mayoría de los humanos actualmente no “tenemos tiempo” para comprender. En realidad, donde quiera que haya presencia de cualquier forma de energía, siempre habrá información. Todo se resume a las posibilidades de detectarles, identificarles y procesarles correctamente.

Por eso es que hay sabidurías ancestrales en muchas de estas predicciones y presagios de tales imaginarios compartidos, que según sea aplicada sobre ellos, la observación desprejuiciada, minuciosa y analítica, llevada a cabo en el verdadero y profundo conocimiento científico, poco a poco irán dejando de ser vistos como vanas creencias místicas, para ser incorporados al conocimiento científico. Así ha venido sucediendo desde el principio de los tiempos, cuando el primer hombre temió al ver el cielo de pronto teñirse de negro, quedó cegado por el gigantesco destello luminoso en medio de tan profunda oscuridad,  y sintió el horrendo estampido ensordecedor del primer trueno.

 

 

Notas

(1) Julio Ismael Martínez Betancourt: “Predicciones climáticas y el conocimiento popular tradicional del campesino cubano”. Ver: Catauro. Revista cubana de Antropología. Año 12/No. 22 /2010.

(2) Ibídem.

(3) Ibídem., p. 123.

(4) Ibídem., p. 124.

(5) Ibídem., p. 124.

(6) Ibídem., p. 127.

(7) Ibídem., p. 127.

(8) Ibídem., p. 127.

(9) Ibídem., p. 128.

(10) Ibídem., p. 128.

(11) Ibídem., p. 128.


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