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Prensa, historia y software libre


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Hace unos diez años, mientras impartía una conferencia sobre temas de informática, un alumno preguntó sobre la posibilidad, en aquellos tiempos muy remota, de que un día no existiera el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba y qué se haría en ese caso, con todos los sistemas instalados en las computadoras para los cuales no teníamos licencia de uso. Mi respuesta no fue para nada compleja: pensaba y sigo en la misma línea: como todo el mundo, tendríamos que pasar hacia alguna variante de pago.

Más o menos por aquella época, circuló un rumor de que al consultarle a Bill Gates, conocido creador de Microsoft, sobre esa misma posibilidad del cese del bloqueo y la actitud de su firma ante las innumerables versiones de Windows instaladas en Cuba sin licencia, dicen que el magnate también fue simple en su respuesta: “ese día nos trasladaremos hacia la Isla y buscaremos una variante para cobrar nuestros servicios”.

Y llegó el 17 de diciembre de 2014.

Ojalá que eso significara que mañana, pasado o el mes próximo ya se resolvieron todos los problemas y el bloqueo pasara a ser una página en esta triste historia. Creo que todo se demorará todavía un poquito… pero… desde las mismas declaraciones iniciales del señor Obama, el tema de las infocomunicaciones, sus posibilidades y facilidades, han formado parte destacada de todas las variantes del problema: acceso a equipamiento, facilidades de conectividad e inversiones para el desarrollo.

Entonces, aquellas afirmaciones en una noche lejana de hace una década, pudieran estar más cerca y la pregunta será de otro tipo: ¿Estamos preparados en ese campo de las licencias? ¿Tenemos disponibilidad de recursos para asumir esos pagos? Y, sobre todo, ¿cuáles serán las condiciones?

Regresando a una de las palabras del título, vale la pena recordar la historia, con un ejemplo que viene al caso.

A finales de 1996, se estaban agotando las mínimas reservas del material fotográfico utilizado para la preparación de la prensa en los combinados poligráficos del país: papel opaco y transparente, rollos de fotografía, así como productos químicos para el proceso de revelado, todos ellos procedentes del antiguo campo socialista, con mucha incidencia en la desaparecida RDA y su conocida línea ORWO para estos trabajos.

Ya desde 1989 se había introducido el proceso de preparación digital de los originales para la prensa escrita. Se conformaban tiras de papel, las cuales, luego de un proceso de “corta y pega”, componían cada página de la edición. Las fotos continuaban su proceso normal, sin ninguna digitalización y al final se implantaban en la plana del original conteniendo texto, cuando ya esta había pasado a soporte transparente.

Recuerdo algunas diatribas en que nos enfrascábamos, en las noches de espera del proceso de tirada. Por una parte, la página central del periódico, para cumplir con su nombre, tenía una columna en su justo medio, la mitad de la cual se imprimía en la página izquierda y la otra mitad en la página derecha. Los fundamentalistas aducían que una página central sin esas características dejaba de cumplir su cometido.

Otro de los temas se refería a la tipografía de los encabezados de páginas, en el medio de prensa donde laboraba en aquel momento, utilizaban una fuente, American TypeWriter, modificada manualmente. Aquí se invocaba el manual de estilo del medio, pues las opciones digitales no eran exactamente iguales y eso conllevaba diferencias insolubles.

La lista puede hacerse larga, sumando redactores, correctores y directivos de los medios, cada cual con su razón, todas válidas, para no asumir completamente el proceso de composición digital de los medios de prensa escrita.

En la primera semana de diciembre de 1996 y casi sin reservas de insumo, nos llamaron y plantearon una decisión sencilla: en un mes todos los medios deben pasar a edición digital completa.

El proceso en los periódicos impresos en el poligráfico de La Habana duró unos cuatro meses. Desapareció la forma histórica de la columna central y hubo que utilizar la tipografía disponible en aquel momento, mientras que los manuales de estilo y producción también tuvieron que recibir las variaciones impuestas por la necesidad. Se hizo a la máxima velocidad posible, con una frase: “a como diera lugar”, que al final tuvo algunas implicaciones, pues mientras que calidad-velocidad casi nunca se llevan bien, errores-velocidad hacen una pareja casi perfecta.

Regresando al software libre, al 17 de diciembre y a lo que se nos viene encima.

Aquellas palabras puestas en boca de Bill Gates o de otros empresarios, pueden llevarse a cabo, a mi entender, en tres variantes: hay que pagar todo, un extremo; no hay que pagar nada, otro extremo; borrón y cuenta nueva, pero de aquí en lo adelante cambian las reglas del juego. A lo mejor, esta tercera pudiera ser la que se aplique.

En muchísimos casos, la única solución posible será migrar hacia plataformas libres, pero utilizando la urgencia y la velocidad que esta conlleva, al estilo de lo que pasó en la historia que les contaba.

¿Por qué no hacerlo poco a poco? ¿Por qué no ceder posiciones ahora que todavía tenemos tiempo para pensar, analizar y tomar decisiones? Creo que en la parte de arriba del reloj de arena ya no queda mucho contenido.


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